Talón alado

Se conmemoran los cuarenta años de la Constitución y cada cual hace su lectura, según el papel que le ha tocado representar en el presente y en las circunstancias actuales. Por ello, para unos se trata de un tiempo perdido para hacer justicia a los que eran perdedores de la guerra fratricida; otros piensan que no llegó a ser una revolución y por tanto engulló a sus líderes, dejando sólo a los que se adaptaron y siguieron en lo suyo; otros, en fin, están convencidos de que se trata de la mejor obra de los últimos dos siglos y eso, para ellos, significa que no hay que retocar en absoluto el cuarto de baño, aunque esté dotado de una turca.

Me indigna un poco que esto sea así, lo de los unos, los otros y los de más allá. Sobre todo porque en un número importante no vivieron aquella época. Alguno incluso habla de abuelos, equivocándose, porque eran sus padres realmente, a tanto llega su lejanía de aquella realidad. Y a pesar de no haberla vivido y de tener cerca a gente lúcida, que la vivió en plena juventud y dominio de su mente y cuerpo, se permiten interpretar los sentimientos (no ya las acciones) y hablan de miedo y de otras cosas que, desde luego, puede que alguien sintiera, pero que no representan el sentimiento general.

Los que vivimos aquella época, nos sentíamos esperanzados, nos sentíamos alegres e ilusionados con un futuro que estábamos construyendo, procurando dejar de lado las rencillas y resquemores. Teníamos la perspectiva de que había que construirlo todo de nuevo y que, a lo mejor, nos iba a quedar habitable, pero que en su momento lo tendríamos que modificar, porque cambiarían las circunstancias y las necesidades. No teníamos la idea de que aquello era palabra de Dios, intocable e iluminada. Era la labor de encaje de tendencias incluso centrípetas, pero que creían en el futuro. De hecho sólo se descolgaron de ella, se enrabietaron, los inmovilistas que sacarían las garras en 1981. Tan evidente fue que no eran representativos de la mayoría que el asunto no prosperó.

Hoy, en que seguimos inmersos en una crisis que nadie sabe resolver, cuando las distintas tendencias ideológicas parecen más ocupadas en sus propios intereses que en buscar soluciones y proponer cambios y sentimos que nos fallan la ilusión y la esperanza, por favor, no lean la historia privándola a ella también de la ilusión que ellos mismos han contribuido a desbaratar y a arrebatarnos. Pues con aquella ilusión se construyeron logros y hoy ni siquiera los han sabido mantener.

Me sentía deprimida, me sentía tocando fondo viendo este desazonador espectáculo, pero como soy mercuriana, mi talón alado me está sirviendo para remontar la pendiente en que nos han sumido. Parece por otra parte, que la evidencia de que están tocando el bombo está llevando a algunos a enmendarse y a buscar aspectos que conviene plantear y desarrollar. De lo que no parecen darse cuenta es de que sólo tienen que reconstruir, porque el edificio es sólido y no necesita sino reparaciones menores de aggiornamento. Pero ellos creen que están descubriendo la pólvora y yo me consuelo pensando en que soy mercuriana.

 

Murcia sorprendente

Parece que ya me voy acostumbrando a vivir en esta ciudad. Tanto es así que ya me sorprenden pocas cosas. Es decir, me parecen normales sus plazas, su clima, sus calles, la alegría y la tranquilidad que se respiran, a pesar de que los políticos, al menos algunos, sigan haciendo de las suyas. Pero no quiero dedicarles ni una sola línea a esas criaturas que parecen venir de otro planeta.

Quiero hablar de lo que resulta sorprendente y pone de manifiesto que esta es una ciudad viva, contrastada y hasta se podría decir que paradójica. Desde los primeros meses en que me asenté aquí, me llamó la atención la viveza cultural; numerosisimas manifestaciones de todo tipo, desde las más cultas a las más populares. Desde el ballet clásico, pasando por conciertos, exposiciones, hallazgos de todo tipo, exposiciones, hasta la música en las calles o en las fiestas de los barrios.

A todo se acostumbra uno y ya no parece sorprenderse.  Sin embargo, de vez en cuando, la coincidencia de un par de hechos lo sacude a uno, lo despabila y cae en la cuenta de esa vivacidad cultural sorprendente y enriquecedora, que hace que puedan darse a un tiempo dos manifestaciones que satisfacen a públicos de gustos e intereses bien diferentes, de edades distintas o a aquellos otros que somos curiosos de todo lo posible, aunque con la edad nos hayamos ido volviendo algo selectivos.

Hace menos de una semana, se presentó en el Museo de la Ciudad una antología de verso, prosa y textos de viajeros sobre la ciudad de Murcia y sus huertos y jardines, compilada por ese espíritu superior, sabio y sensible (las tres eses que culminan en la ese de su nombre), Soren Peñalver. Un libro exquisito en su contenido, compilado con mimo y erudición, y en su formato, pues el color, la presentación y el papel hacen honor a la delicadeza de lo que encierra.

Hace un par de días nada más, en la Biblioteca Regional se presentó un cómic de Chema Lajarínez, titulado La Afroyaya. En la imagen podéis apreciar las diferencias formales que son sumamente significativas.

Que no despiste el envoltorio. Pues si el primero tiene todo el aspecto de una obra académica y erudita, porque lo es, el segundo no es menos erudito en otro orden de cosas y no menos digno de figurar en una academia de la ilustración contemporánea; qué derroche del autor y qué gozada de los amigos colaboradores y la variedad de todos sus estilos y propuestas en torno a un mismo tema. Es decir, también es una completa antología.

Si los jardines de Murcia presentan con rara habilidad un universo en donde la sensación que produce esta tierra es muy semejante a lo largo de los siglos y, aunque cargada de matices, ofrece un panorama que revela su esencia, esa Yaya, heroína de cómic, al menos en apariencia, refleja una identidad en el habla, en los valores, en la preocupación por la realidad contemporánea y alguno de sus oscuros aspectos que también revela una esencia cargada de ética.

Que estos dos libros aparezcan en el plazo de una semana es en sí mismo un ‘signo profético’. Es decir, algo que revela cuál es la esencia de esta ciudad plural, en la que confluyen generaciones diferentes , la de Soren y la de Lajarínez, con medios y métodos diferentes, pero preocupadas por la esencia de su tierra, por conservar sus valores y sus señas de identidad, sin chauvinismos trasnochados o patrioterismos funestos, con delicadez y sentido del humor.

Una experiencia sorprendente que hace que cada día me sienta más feliz de haber venido a parar aquí.

Unas fiestas solidarias: Las fiestas Patronales de Vistalegre

En las dos últimas semanas del mes de mayo y en torno a la advocación de Santa María Madre de la Iglesia, se han celebrado las fiestas del barrio de Vistalegre.

 

El barrio de Vistalegre, como todos los naturales de Murcia saben es un barrio que se articula en torno a un gran hospital público, el Morales Meseguer. De las antiguas alquerías de huerta murciana, se ha pasado a una cuadrícula de calles que empezó a ser una prolongación del núcleo urbano de la capital, aunque conserve sus rasgos de pequeña transición entre la urbe clásica y la más moderna. Muchos de los vecinos que aún habitan el barrio recuerdan esos orígenes huertanos y cómo fueron surgiendo edificios y manzanas de casas, en calles perpendiculares, no muy anchas, que protegen a los viandantes del sol.

Los vecinos de este barrio poseen un espíritu alegre y festivo y han venido celebrando con entusiasmo sus fiestas patronales durante algo más de treinta años. Pero este año 2017 y al calor de una nueva hornada de vecinos más jóvenes y que quieren revitalizar el barrio en su comercio y en su estética, las actividades lúdicas se han disparado. Desde carreras casi profesionales, hasta desfiles de carrozas, pasando por un concierto de rock o un verdadero festival de folklore huertano, sin dejar de lado experiencias culinarias para los más pequeños, demostraciones de yoga o concursos de ajedrez y de pintura en la calle, danzas preparadas por amateurs, la gran comida de paella gigante o el mercadillo de segunda mano, se puede decir que ha habido de todo. Se ha paseado a la Virgen por las calles en solemne procesión, con el apoyo incondicional de la Cofradía de la Virgen de la Fuensanta ‘La Peregrina’, se han tirado cohetes y quemado fuegos artificiales. Ha habido reinas de las fiestas, con sus respectivas cortes de honor y hemos visto a las autoridades presidir y participar en los festejos.

 

Sin embargo, dos cosas son muy importantes en estas celebraciones y dignas de ser destacadas. La primera de ellas, es que han sumado sus esfuerzos todos los grupos organizados  del barrio, desde la Parroquia y sus fieles con la Cofradía de la Fuensanta  ‘La Peregrina’, la Junta municipal, las Asociaciones de Comerciantes, de Scouts, de Vecinos, de la Tercera Edad y de la mujer, hasta la Peña El zaragüel, que lleva años conservando la tradición folclórica de la zona, o la recientemente implantada en el barrio Asociación Tacaná que se dedica a la ayuda al desarrollo en Centroamérica. La segunda cuestión digna de ser señalada, es que si bien el objetivo primero era el de festejar a la Patrona y divertirse de paso, las fiestas han tenido un fuerte componente solidario del cual se ha beneficiado un proyecto de la Asociación Tacaná.

Gracias al apoyo de todos los grupos implicados en las Fiestas patronales, se ha podido sacar adelante el proyecto denominado ‘Una puerta a la esperanza’, que consistía en conseguir los fondos para financiar un taller especial de terapia psicológica para cuatro de las residentes en el Hogar Luis Amigó de Urbina-Cantel (Guatemala).

Desde aquí y a pesar de las crisis económicas, de la brecha creciente entre ricos y pobres, de las pérdidas en coberturas sociales, nos cuesta trabajo hacernos cargo de que nuestro bienestar no es comparable con el de las personas que viven en determinadas regiones desfavorecidas. Se nos hace difícil a unos padres que cuidamos de nuestros hijos y nietos comprender que haya gente que no puede atender a sus hijos, que no sabe cuidarlos, que los explota o que los agrede sistemáticamente. Cuesta trabajo ponerse en el lugar de quienes no tienen cobertura sanitaria gratuita, de quienes no tienen acceso al agua o la electricidad. Muchos miran a las carencias que tenemos cerca y ya no son capaces de ver que las cosas pueden ser mucho peores en otro lugar. Es verdad que renegamos de nuestros políticos, de nuestros gobernantes, que nos hiere su incuria y su falta de honradez. Pero qué podemos decir de esos otros que han tomado a sus países como si fueran una finca de su propiedad, que no aplican la ley, que solo trabajan sistemáticamente en provecho propio sin que nada les ponga coto, que ejercen la violencia y no la atajan.

Por todo eso, es verdaderamente digno de poner de relieve, cuando los vecinos de un barrio son sensibles a estas realidades lejanas y son capaces de ser generosos con gente a la que ni siquiera conocen, fiados en la palabra de otros vecinos a los que, en realidad, acaban de conocer. No sé si nos damos cuenta de que es un caso raro o al menos poco frecuente el que se ha producido en este mundo en el que todos desconfían de todos.

Estas fiestas de Vistalegre han sido especiales, no cabe duda, por ambas razones; la unión de todos y la solidaridad.

 

Pentecostes

Con frecuencia los no creyentes, al menos aquellos que dicen no creer en el seno de una confesión organizada, acusan a los creyentes de aceptar mitos y planteamientos absurdos, que no resisten el mínimo análisis crítico. También suelen acusar a los creyentes de no ser espíritus libres y estar sometidos al poder, haciéndole el juego a los hombres de religión que se han erigido, apoyados en un pensamiento mágico, en la conciencia de todos.

Si se profundiza en ese tipo de acusaciones aparece, con cierta frecuencia, una cierta incapacidad para asumir las propias limitaciones con alegría o para entender el lenguaje simbólico. También rezuma, por debajo del discurso racionalista, un cierto olorcillo a anticlericalismo muy semejante al que ya se daba en el siglo XIX.

Dicho en lenguaje familiar: acusan a los creyentes de creer en patrañas o en los curas. Como si la actitud del creyente fuera ciega o poco ilustrada. Como si el creyente no fuera capaz de distinguir lo que es mágico de lo que es empírico, como si aún permaneciera en la edad infantil y tuviera su conciencia delegada en otros.

Los hay que, con un lenguaje sumamente ingenioso, reducen al absurdo dogmas y creencias, proponiendo lecturas que o bien encierran una gran violencia o son puro sofisma. No hace mucho alguien decía, con respecto a  esto de las primeras comuniones, que a los niños se les enseñaba a ‘comer carne humana y a beber sangre’.

No me considero una persona lerda, ni poco formada, ni violenta, ni fanática. Pero me considero una persona creyente y, sin duda, me molesta que con toda alegría se me tache de todo eso, de manera explícita o velada, y se me invite a entrar en polémica apelando a mi primaria reacción violenta.

Por eso, aquí y aprovechando la venida del Espíritu Santo, en este domingo de Pentecostés, voy a decir algo. Una de las consecuencias de la venida del Espíritu, tal como se narra en los textos revelados (esos mitos y patrañas), es que cada uno de los que recibieron el Espíritu hablaba lenguas y todos los que los escuchaban, los que venían de Siria, los árabes, los de Panfilia o de Capadocia y muchos otros lugares, los entendían sin esfuerzo. La pregunta no es ¿qué hablaban; esperanto? No. Hablaban el lenguaje común de los seres humanos. De repente se habían dado cuenta, por la fuerza del Espíritu, de que las diferencias las habían creado los hombres, pero que no existen tales diferencias entre los seres humanos. Todos somos personas y entendemos perfectamente el gesto de una mano tendida, de una sonrisa, de una actitud de acogida.

Además, si eso es así y somos capaces de entender este otro tipo de lenguaje, es porque Dios, que nos ha creado, nos ve a todos como iguales. Cualquiera, se diga religioso o no, se diga creyente o no, que lea esto de otro modo, simplemente está atendiendo a sus intereses terrenos y no a la construcción del Reino de Dios, que es otro ejemplo de lenguaje simbólico para decir que el mundo es de todos y nadie tiene derecho a convertirlo en su coto privado.

En virtud de estos razonamientos, ruego a los que consideran que me hallo en la edad infantil por mi fe que, por favor, se abstengan de negarme la capacidad de raciocinio que yo no les niego a ellos.

Mes de Mayo, mes de primeras comuniones

Se cumplen sesenta años redondos de mi primera comunión. Es un día que recuerdo. No sé si como el más feliz de mi vida, entonces nos decían eso, sino como un día especial en que, con mis compañeras de colegio, participamos en una celebración de la que éramos (eso creíamos) protagonistas. Después de la ceremonia religiosa en la capilla del colegio, hubo desayuno solemne en casa. Hay que recordar que, entonces, se ayunaba antes de comulgar, al menos durante doce horas. Por eso la celebración estaba circunscrita al desayuno, porque se salía de allí con un hambre feroz.

Por otra parte, ya teníamos siete años; la edad del ‘uso de razón’. Qué maravilla. Al menos una vez en la vida alguien nos concedía el privilegio de ser seres racionales, aunque fuéramos chicas, y además nos otorgaban el protagonismo,. vestidas de pequeñas novias porque, somo es sabido, las mujeres están destinadas al matrimonio. De manera que, racionales, sí, pero sometidas al matrimonio, también. Una cosa no quita la otra y como decían los primeros feministas: ‘Es mejor que una mujer sea racional y educada, porque así criará varones capaces’. (Esto era en el siglo XIX, pero a mediados del XX la cosa seguía más o menos)

Bueno. Algunas teníamos un precioso complejo de Electra que nos dura toda la vida y lo que recordamos es ir junto a papá, vestidas de princesas o de pequeñas novias, como se quiera, y que allí había una señora, la mamá, que también iba muy elegante, pero, papá era sólo mío.

Sin embargo, no escribo estas letras para contar intimidades como estas, sino para manifestar mi sorpresa mayúscula acerca de la regresión que se ha producido.

Cuando yo tuve hijos e hijas, ni se me ocurrió vestirlos de almirante o de princesa para que hicieran la comunión. Mientras tanto, había sucedido el Vaticano II y algunas cosas más. Eran los ochenta cumplidos y casi los noventa y no había ya razón alguna para pensar que el destino de una muchacha era el matrimonio o que el destino de los muchachos era embarcarse (me refiero metafóricamente; ir a la guerra, cazar mamuts, eso)

Pero, resulta que la primera comunión se ha convertido en un acto social. Bien. Ya no es obligatorio que te vean en misa mayor que si no te la juegas. Los padres y la mayoría de los niños que hacen la comunión, junto con los propios niños, no vuelven a pisar una iglesia, a no ser que estén de visita turística en alguna parte. ¿Para qué otro acto social visten a los niños de almirante y a las niñas de Sissi Emperatriz (o de cortina veneciana)? Creo que para ningún otro acto social. ¿A qué viene entonces vestirlos/as como hace sesenta años? Desde luego, no es porque se les reconozca el ‘uso de razón’, porque ahora cumplen los dieciocho y los treinta y siguen siendo adolescentes, y el uso de razón es una cosa de la que nadie habla, ni siquiera se le reconoce a muchos adultos…

Es una moda, es un negocio, es todo junto, es incongruencia, es ganas de prolongar el carnaval. No lo sé. Alguien tiene una explicación a este comportamiento regresivo. Y si nos diera por ponernos polisón…

La boda del año

Os anuncié debidamente que le iba a dedicar un relato a la boda del año. Bueno, la que para mí ha sido la boda del año, claro.

Se han casado Silvia y Antonio. Ella es mi sobrina y él es de otra familia pero, como diría mi madre, se ve que es buen muchacho. Esta realidad implica que el relato de esta boda no puede por menos que ser sesgado; estará inclinado, sin remedio, a un sector. En ese lado, a no dudar, estarán los más guapos y los más elegantes, sin que ello signifique que se desmerece al sector contrario.

Por otra parte y en cualquier caso, ya está sesgado de salida, sin echar cuenta de que se trata de dos grupos familiares diferentes, porque soy yo quien lo narra y, en ese sentido, todo estará mediatizado por mis propios sentimientos e impresiones, que son los únicos de los que puedo dar fe. Vamos a ver: si yo digo que la novia estaba feliz ¿significa eso que lo estaba? No. Significa que yo la veía feliz. Si me di cuenta de esa actitud de ella que invitaba a a creer en su felicidad, es porque ella me interesa, me interesan sus sentimientos, pero también quería dar por cumplidos mis deseos de que ella estuviera feliz. De manera que a eso me refiero. No se trata de tergiversar o de ser parcial; es que uno lo es necesariamente en el momento en que se mezclan los propios sentimientos y expectativas.

Debo decir que esta boda me hacía especial ilusión por muchas razones. La primera de ellas es que me apetecía que mi sobrina encontrara una buena pareja que la hiciera sonreír y con la que pudiera compartir todas sus inquietudes y proyectos, cosa que hoy en día es difícil cuando las mujeres son profesionales, piensan y tienen vida propia. (No nos engañemos, sigue teniendo más oportunidades, en lo que a casarse se refiere, la mujer dependiente, pero esto es para otro día).

La segunda razón es que la familia, últimamente, se ha reunido sólo y mayormente en hechos luctuosos y, aunque da gusto encontrarse, no es lo mismo si el motivo es una pérdida, ya que encontrarse para celebrar es mucho mejor.

Otra de las razones es más teórica y toca en cierta medida a los valores y las posturas filosóficas que tenemos frente a los acontecimientos de la vida. Aunque siempre he pensado que un matrimonio sólo debería tener lugar in articulo mortis, o dicho de otra manera; un matrimonio no es nulo hasta que se demuestra que los cónyuges han vivido mucho juntos (y en esto, pese a lo que muchos piensen, no hay diferencia entre un matrimonio civil y uno eclesiástico).

También creo que el compromiso entre dos personas debe tener un carácter público. Cuando amas a alguien, te encanta contárselo a todo el mundo. Apetece, si el amor es profundo y comprometido con la felicidad del otro, primero, y con la propia, después, ponerlo de manifiesto de manera solemne para señalar claramente a las intenciones, para que se acote el territorio, para que nadie piense que ni uno ni otro son terreno libre. Hay un compromiso de pertenencia que se quiere dejar patente y, porque cada cual quiere que sea definitivo y eterno, lo sella y afirma públicamente. Es decir, es una forma de manifestar que uno quiere volverse de la misma carne y alma que el otro. Es una forma de declarar que no hay nada más importante para nosotros que comprometerse en ese vínculo, que, además, nos suma a los que nos han precedido y nos abre a la posibilidad de otros a los que ofrecemos un futuro de vida. Un amigo me señalaba, no hace mucho, lo interesante que es la fórmula del matrimonio civil que hace referencia al cuidado de los descendientes, pero también de los ascendientes, cosa que no se menciona en el matrimonio religioso, y estoy de acuerdo.

Creo que cualquiera de estas razones; las afectivas o las ideológicas, sería suficiente para que me hiciera ilusión, pero aún hay otra que quizá sea simple y socialmente coyuntural. La de la inestabilidad de las relaciones afectivas y personales. ¡Cuán poca gente se casa y si lo hace es solo por razones de carácter legal o de conveniencia económica! ¡A cuánta gente le da pereza montar una boda porque es todo muy complicado! ¡Qué dependientes de las convenciones sociales! No importa caer en convenciones sociales si lo que de verdad te importa es que vas a declarar públicamente tu cariño por esa persona. ¿Si no eres capaz de montar una fiesta para participar a otros de tu alegría, esperanza y felicidad, qué serás capaz de hacer cuando estés mohíno, triste o aburrido? ¿Tan poco confías en tus afectos que no quieres dejarlos registrados porque es más fácil separarse si no había contrato que romper? Mucha gente dice eso de’por si se acaba el amor’, como si lleváramos a la espalda un depósito lleno que de repente empieza a tener pérdidas y se queda en seco. No. Los seres humanos no estamos en el mundo con nada predeterminado, sino con potencialidades y esas crecen, si las hacemos crecer.

En fin, no quiero aburriros con reflexiones sesudas. Sólo pretendo convenceros de que esta boda me ha hecho mucha ilusión y que tengo razones para ello. La última de todas es que he visto nacer, crecer y hacerse una mujer a la novia y eso provee de una ternura especial hacia todo lo que hace, sobre todo cuando la ves ya convertida en una mujer adulta, capaz de andar por el mundo por su propia cuenta. Espero que si habéis leído hasta aquí, sepáis ya que quiero a mi sobrina y que me hace ilusión que se haya casado.

Bien, la cosa pintaba muy bien. Entre los preparativos para la boda, mi hija incluyó venir unos días antes y estar en casa con su mamá. Como nos vemos poco y sobre todo no hacemos mucho de ‘maris’, cualquiera puede comprender que esto era un aliciente añadido. Además, muchos sobrinos a los que veo de verano en verano, además de mis otros hijos y nieto, vendrían, de manera que se me ocurrió que podríamos tener una comida juntos al mediodía del día de la boda. A ellos se les solucionaba un problema de logística y yo podía disfrutar de encontrarme con ellos y verlos con calma a todos. Lancé el plan y hubo una estupenda respuesta, así que casi veinte personas nos sentamos a la mesa. Una delicia.

La mesa vista desde uno y otro extremo, como podéis comprobar. Los más pequeños de los comensales andaban por ahí jugando, pero ya los veremos más adelante.

A las siete de la tarde, con nuestras mejores galas, nos dirigimos hacia el lugar del festejo y la ceremonia. Un lugar muy agradable, al pie de un cerro y cerca de Los Ramos. Allí esperamos la llegada de la novia.

Los jóvenes, asomados a la balaustrada para no perder ripio. Las mayores, sentadas y cotilleando.

Por fin llega la novia, acompañada de su padre y que solo se hizo esperar lo reglamentario.

Como podéis observar, el padre, que iba elegantísimo y se aprecia que muy contento, sujeta el vestido de la novia para que no se lo pise. La niña que porta los anillos es hija del novio y estaba preciosa.

La novia llega a la carpa donde se iba a celebrar la ceremonia entre los aplausos y murmullos de los asistentes.

De verdad que estaba guapísima. Pero, no nos engañemos. Todo el mundo va a las bodas a criticar el vestido de la novia, el peinado o el maquillaje. Aquí se debieron frustrar muchos. La chiquilla iba estupenda. Podéis apreciar que el vestido es precioso por detrás, con esa airosa cola que sale de un talle alto, con una espalda escotada (no el terrible palabradehonor que no favorece ni a las delgadas) que se remata en un coqueto lazo, todo ello de una tela con cuerpo, pero no pesada. En fin, que ni pensado para esta criatura que ha sabido escoger un vestido precioso y que la favorecía mucho.

Aquí podría yo hacer un excurso acerca de esas personas que se ponen lo que está de moda, les caiga o no, y que parece que las viste el enemigo. No me entretendré en ello, pero os amenazo con contaros lo que pienso del asunto. Este, sin embargo, es el caso de todo lo contrario. Alguien que conoce bien su cuerpo y que, aunque normalmente viste informal, cuando se pone de gala, sabe escoger y llevar con elegancia lo que ha elegido. Un diez por el vestido de la novia y por el porte y soltura con que lo llevaba.

Se que estáis esperando que os muestre los detalles. Paciencia, todo llega.En esta otra imagen, podéis apreciar que el escote delantero y los costadillos del vestido le sentaban como un guante. El arranque de la falda era airoso y flotante sin ser exagerado. El peinado era muy favorecedor, ya lo veremos en detalle, pero las patillas sueltas y el adorno floral, delicado y de muy buen gusto, se le quedaba colocado con toda naturalidad, como si formara parte de su cabeza. Otro gran acierto, el colorido ramo de flores silvestres.

Esta preciosa imagen iluminada por el sol poniente revela muchas cosas: la mirada enamorada del novio y que tengo razón cuando os digo que el tocado y la trenza informal quedaban perfectos.

Durante la ceremonia, a parte del concejal y del rito matrimonial, tomó la palabra un amigo del novio, el propio novio que con mucha gracia nos informó del corte de su barba y de lo enamorado que está de su chica Silvia y el hermano de la novia, Jorge. Aquí se puede ver cómo las palabras del novio hacían reír a la novia que lanza además una mirada cómplice a su madre que estaba detrás de ella.

Jorge es el más pequeño de mis sobrinos, aunque a estas alturas ya es todo un hombre. Es cierto también que tengo debilidad por él, sobre todo desde que, cuando aún era un niño, descubrí que tenía una imaginación prodigiosa que quedaba oculta por una especie de  tendencia a expresarse en monosílabos. Espero que ahora, que ya es un adulto, sea capaz de seguir un consejo que le di entonces: Escribe eso que piensas e imaginas. Es verdad que en su intervención en la boda de su hermana hizo alarde de ambas cosas; de tener una gran imaginación y de escribir muy bien, aunque, a juzgar por el temblor de su mano, es posible que los nervios sigan siendo delatores de su timidez. Me encantó su intervención y me reafirmé una vez más en que es un muchacho valioso al que también deseo felicidad.

Tras la ceremonia nos trasladamos a una zona abierta a tomar un cóctel, mientras los diversos grupos se hacían fotos y comían, bebían y charlaban, esperando el momento de entrar al restaurante.

Un inciso. Mi nieto estuvo muy formal, aunque un poco enfurruñado, durante la ceremonia. Pero, es que ya se sabe, estas cosas de los mayores no son nada entretenidas. En fin.

Entre todas las fotos, quizá esta sea una de las más bonitas y entrañables (aquí se puede decir esto que la gente repite ahora sin sentido). Entrañable significa que conmueve las entrañas. Bueno pues resulta conmovedor ver a estos tres sobrinos juntos que además, en su día, siendo unos adolescentes, fueron los padrinos de bautismo de la novia. ¿No es bonito y tierno? Pues eso: entrañable.

Hablando de sobrinos. ¿Qué me decís de lo guapa que es esta otra sobrina que está con los padres de la novia? ¿Es pasión de tía? No.

Y entre los pequeños, este sobrino-nieto ¿es que es feo el chiquillo? A pesar del sesgo del que os hablaba al principio, trato en la medida de lo posible de ser objetiva.

Para demostrarlo, aquí van algunas de grupos

Por su parte, en el desarrollo de la fiesta, los novios hicieron todo aquello que se espera que hagan los novios; beber cava de entrada, cortar la tarta, entregar el ramo a una amiga casadera y  marcarse un bailecito con coreografía especial. Todo muy en su punto.

Mientras, los demás, nos poníamos morados de comer y llegábamos al postre con este ‘malacatón’. Luego, un ratito de dar saltos para bajar la cena. Una fiesta estupenda.

Larga vida a los dos y mucha felicidad y gracias por dejarnos participar.

Fiestas patronales en Vistalegre 12-28 de mayo

Nuestro barrio va a estar de Fiestas. Este año se supera el nivel de otros años. Todo el mundo está implicado; la Asociación de Comerciantes, la de Vecinos, Tacaná, el Centro de la Mujer, el Centro de Mayores, la Peña huertana y la Junta Municipal dándolo todo.

Este es el graciosísimo cartel anunciador. Luego se han hecho otros por actividades como el del Mercadillo solidario o el del ICertamen de pintura en la calle al que esperamos se apunten muchos artistas aficionados.

Como veréis, si os fijáis, la Asociación Tacaná está muy activa en estas fiestas y por eso anima a todos los socios, amigos y simpatizantes de la zona y Región que se acerquen en algún momento a participar.

El Programa detallado es el que sigue

El Mercadillo, el Certamen de pintura y la cantina son a beneficio de los Proyectos de Tacaná. Venid a disfrutar y a contribuir con vuestra presencia.

Vulnerables

Hace poco, estando en Nicaragua, una noche se desató una tormenta eléctrica considerable, seguida de un aguacero torrencial. Cuando ya los truenos lejanos anunciaban que empezaba a pasar, otros truenos que seguían inmediatamente al resplandor de los rayos señalaban que otro frente de nubes se aproximaba. Aquel sucederse en oleadas de las nubes electrizadas y cargadas de agua se repitió a lo largo de la noche, hasta casi el amanecer.

El techo de lámina parecía venirse abajo con el grosor y la fuerza de las gotas de lluvia. Cuando amainaba, aún caían con fuerza desde el árbol cercano, de modo que el ruido no cesaba, aunque escampara. Una gotera, primero tímida y luego decidida, empezó a desplomarse desde el falso techo e iba a dar sobre la cama de mi compañero. Este, al notar la humedad, buscó un cubo y un trapo, movió la cama y yo tuve que arrimar la mía a la pared. En medio del sueño, todas aquellas operaciones de salvamento y refugio me despejaron y, como suele suceder en esas ocasiones, se pone uno a pensar.

Lo primero que pensé (y me alegra que sea así) fue que, en esa parte del corredor seco de América, la tormenta era una bendición para las resecas tierras de los ranchitos de los cerros. También pensé, en segundo lugar que, si yo que vivía en la zona mejor del pueblo, había tenido que refugiarme de la gotera que entraba por los agujeros de la lámina, qué chorros de agua no se colarían sobre los pisos de barro apisonado y sobre las múltiples criaturas que suelen ocupar la única habitación de la mayoría de los ranchos.

Pensé, un poco después, que si la lluvia seguía con ese ímpetu sería un desastre más que un beneficio, porque se llevaría las tierras polvorientas y resecas, lavadas por el exceso de deforestación y los corrimientos serían el preludio de accidentes mayores.

Como de noche los ruidos crecen y se vuelven extraños, a cada instante me parecía que se oían pasos por el patio. Pasos de alguien ajeno a la casa que chapoteaba en los charcos y regueros, que se estaban formando en el agrietado e inclinado cemento. Un cierto temor se apoderó de mí y empecé a pensar que quizá todo se inundase, que quizá la vieja tapia de adobe se volviera al lecho de tierra que tenía debajo y del que probablemente había salido, que quizá un asaltante o simplemente alguien que no tenía donde guarecerse había saltado por encima de sus escombros y ahora, a tientas en la noche y chapoteando, buscaba una puerta por la que entrar a protegerse. Por primera vez, después de mucho tiempo, me sentí vulnerable.

En esos juegos en los que se entretiene el subconsciente, de repente comparé la situación con los viajes a Madrid y desde Madrid. Se sabe al minuto, yendo en tu coche un día cualquiera en que no sea salida de vacaciones, a qué hora vas a llegar a Albacete o a Ocaña y, consecuentemente a tu destino, sea cualquiera de los dos; Madrid o Murcia. Por la fuerza de la costumbre, heredada de otros viajes de hace años más azarosos, siempre calculamos el tiempo que nos va a llevar y no erramos ni en un minuto. Recuerdo que, en uno de los últimos, le comenté a mi compañero: Esto es un aburrimiento. No hay lugar para la sorpresa o la incertidumbre.

Sin embargo, esa noche, acostada en mi cama que había huido de la gotera, pensé qué difícil es vivir cuando todo son imponderables y, por eso, creo yo, me sentí vulnerable, pero muy cerca de aquellos que lo son permanentemente. Por este último pensamiento doy las gracias.

Viernes Santo en Totogalpa

El Viernes Santo es, en cualquier caso, un día intenso. Son muchas las emociones que se desbordan en este día en que el mundo recuerda y actualiza cómo se puede matar a todo un Dios encarnado, mediante falsos testimonios y acusadores comprados. No es difícil hacerse una idea de lo que hace dos mil años ocurrió, porque pasa cada día ya que ambición, soberbia, falsos respetos y desidia siguen abundando y son más fuertes que la bondad, la misericordia y el perdón.

No es de extrañar, pues, que en Totogalpa en este día se acumulen las demostraciones de fe tradicional, de oración y culturales que evocan aquel juicio injusto que condenó a una muerte ignominiosa al más dulce y bueno de los hombres, que además era Hijo de Dios.

Se inició el día con el Via Crucis hasta el Calvario, siguió con los Oficios y más tarde con la Procesión del Sepultado. Ya anochecido, tuvo lugar la representación de la Judea, llevada a cabo por el Grupo cultural Don Bosco que recrea las escenas más notables de la Pasión.

Los testimonios gráficos os permiten constatar cómo desde los niños a los ancianos, todos participan. Los pequeños penitentes que representan al Nazareno, a San Juan y a las Santas Mujeres. Los vecinos que adornan las estaciones y componen las artísticas alfombras. Las fuerzas del orden que vigilan para que no haya incidentes. Los porteadores, las señoras que perfuman al Cristo yacente y luego con devoción reparten los algodones olorosos, los que visten a las imágenes, los monaguillos, el presbítero y el pueblo, cargando sus sombrillas multicolores que sigue al cortejo. Los de la música enlatada que siguen con un carro a la procesión. Los que representan a los diablos (centuriones) que quedan derrotados al paso del Cristo muerto pero triunfador de la Muerte y el Pecado. Su fiel madre, su amiga Magdalena y su amigo, casi hermano, Juan, todos forman parte del cortejo, aunque se les mezclen los atributos y símbolos, como ya he señalado a los que me siguen en Facebook. Aquí no hay imágenes de los centuriones, tradición local totogalpina, porque ya en su día les dediqué atención. Solo empleo fotografías nuevas, en las que ser pueden apreciar los esfuerzos de todos para vestir dignamente a las imágenes.

De la representación de la Judea se recogen algunos instantes. Hay que decir que se van superando los actores cada año y se van ampliando los medios tanto de vestuario como de sonido, con el apoyo popular y del gobierno municipal.

La Procesión

La Judea

Ante Anás y Caifás

La traición de Judas

La lamentación de Pedro

La tentación de Cristo en el Huerto

La mujer de Pilatos

El resucitado y la Magdalena

Guardando el sepulcro

La última cena

El centurión

Ante Herodes

Ante Pilatos

La Crucifixión