Todos extraños en Mérida

El pasado miércoles en Mérida tuvo lugar la presentación de Todos extraños, editada por Tirano Banderas (se puede encontrar en Libros del Sur)

Los responsables de la Asociación cultural La enredadera programaron esta presentación entre sus variadas actividades de difusión de la cultura, el pensamiento crítico, la solidaridad y el compromiso social. Gente joven entusiasta que quiere dar vida y movimiento al espacio cultural de la bella ciudad de Mérida, proponiendo un nuevo lugar abierto al debate, la curiosidad y el encuentro.

La presentación de los participantes la hizo Montserrat Girón quien señaló algunas de las características del libro e hizo una glosa acerca de la autora y de Eladio Méndez, poeta, el presentador y crítico de la obra, quien con su sensibilidad y buen hacer dijo una serie de cosas verdaderamente interesantes y que se incluyen aquí.

Antes de escuchar las palabras de Eladio Méndez, se proyecto un precioso video, elaborado por Francisco Cánovas Almagro, el muy conocido pintor murciano que, generosamente, se había ofrecido a hacer una interpretación en imágenes de la novela. Como era de esperar el resultado final es de una finura exquisita, tanto en la música como en la imagen y sumamente sugerente. Los asistentes que aún no habían leído la novela ni sabían siquiera cuál era su contenido de manera aproximada, tras oír a Eladio Méndez volvieron a ver el video completo y, entonces, pudieron darse cuenta de la hondura y acierto de sus imágenes y de la composición.

He aqui el texto de Eladio Méndez:

Todos extraños. Es una novela híbrida, donde la autora nos muestra a su familia describiendo y conjugando con sutil maestría la narración histórica con la más verosímil de las leyendas.

Aunque el hilo conductor de la novela es la evocación de su propia familia, no es menos importante el recorrido que la autora hace en paralelo sobre la cultura árabe y la historia de la España más sencilla, que abarca casi un siglo.

Historias cotidianas, sí, ese tipo de historias que pasan inadvertidas para los eruditos analistas y que sucumbirían irremediablemente en el anaquel del olvido si no fuesen contadas por este tipo de heroínas anónimas (como es el caso) empeñadas en haceros saber que dentro de la historia subyacen infinidad de pequeñas historias y no por ello menos trascendentes parael común de los mortales.

La novela está constituida en cuatro núcleos estructurales:

Por un lado la autora nos narra las vicisitudes de la rama materna de la familia, en la que por diversos motivos se ven abocados a un exilio interior para salvar la vida el cabeza de familia (abuelo de la autora) un hombre luchador, hecho a sí mismo y que allá por los años veinte del siglo pasado regentaba en Barcelona un almacén de leña, que compar¡tibilizaba con otros negocios, entre ellos el desguace de barcos, la venta de chatarra y el poseer una báscula para la pesa de mercancías, circunstancias estas que lo pusieron en la mura de los revolucionarios más extremos que en el primer cuarto del siglo pasado pululaban por Barcelona.

Un itinerario en Barco como puede ser el de Barcelona a ceuta y que hoy nos parecería una travesía anodina y carente de interés sobre todo para los autóctonos del levante español, la autora nos lo muestra a través de los ojos de a infancia de sus antepasados y en apenas un par de páginas como una verdadera aventura por países exóticos. Las escalas en Valencia, Cartagena y Málaga antes de arribar a Ceuta bien podrían haber sido en las Antillas, el Caribe o las Filipinas.

Cuando habla de su abuela, nos advierte la autora sobre sus dudas entre lo que puede ser historia o simplemente una leyenda familiar, por eso creo que acertadamente enlaza con soltura historia y ficción, mezclando ambos conceptos para conseguir un halo de intriga y romanticismo logrando que el lector no sea capaz de discernir con seguridad cuando comienza y termina realidad y ficción.

El segundo núcleo de la novela lo conforma la biografía de su padre y utilizando la autora el mismo criterio que anteriormente esgrimió con su abuela, nos describe las circunstancias en las que su padre emigra desde su aldea natal situada en el interior del Líbano hasta Ceuta, al valerse la autora indistintamente de realidad y leyenda consigue mantener en el punto más alto la atención del lector.

En el tercer apartado la autora nos va desgranando la vida en común de la ya familia Diab-Carles, con todos los acontecimientos en los que se vieron envueltos mientras residían en la ciudad de Ceuta y que ocupaban desde la génesis de los nuevos negocios familiares hasta su marcada neutralidad en el conflicto fratricida  que fue la guerra civil.

Culmina la autora el cuarto núcleo de la novela con una autobiografía narrada en tercera persona, donde además de describirnos las peripecias y traumas normales que todo niño de una u otra manera arrastra como bagaje hacia la madurez, nos muestra como ajena a los circunloquios y entresijos de los mayores va perdiendo la candidez de su infancia más tierna, y asumiendo esos cambios, acepta con naturalidad que lo que antes podría ser una selva donde vivir innumerables aventuras, ahora era solo un balcón con macetas donde había muerto un pajarillo enjaulado y había desaparecido la tortuga, o el descubrimiento de quienes eran en realidad los Reyes Magos, estas circunstancias sin ella saberlo iban moldeando su carácter e introduciéndola en la madurez.

Es honesta la autora con ella y con sus lectores, ni se engaña ni pretende engañarnos, no es su intención ensalzar las proezas heroicas de sus antepasados (aunqueseguro que alguna habría) sino ser objetiva a la hora de enfrentarse a unos hechos que vienen siendo transmitidos oralmente de generación en generación, ya que en varias ocasiones asevera que «lo que ocurre en el seno de una familia, a lo largo de tres o cuatro generaciones, debe ser necesariamente entendido como una gran ficción». Y así, con sutileza lo desliza a través de las páginas de este libro (Eladio Méndez, 25 de septiembre de 2019, Mérida)

Tras las palabras de Eladio, la autora hizo un breve comentario acerca de cuáles habían sido sus objetivos para escribir esta novela, sus perplejidades y la cantidad de ficción que necesariamente tuvo que colarse en la narración para hacerla verosímil, de manera que lo que eran recuerdos o leyendas familiares se convirtiera en una gran estructura literaria que diera cuenta de la vida de unos personajes, en medio de determinadas circunstancias históricas. Las dos grandes guerras, la guerra civil, la emigración, la mezcla de culturas y las vidas comunes se entrelazan componiendo un cuadro que pueda resultar convincente y veraz al lector.

Tras esta intervención hubo un pequeño coloquio y, finalmente, se volvió a proyectar el precioso video de Almagro que, desgraciadamente, este formato no permite colgar para que todos los que leéis estas líneas lo disfrutéis. Pero, sin duda, lo podréis ver si asistís a la presentación en Caravaca, el día 10 de octubre, o en Murcia, cuya fecha se anunciará oportunamente.

Gracias a Eladio, a Almagro, a Montse Giron y los responsables de La Enredadera. Fue agradable compartir ese rato con todos vosotros y bebernos unas cerveza en compañía. Mucho éxito a vuestra labor cultural.

 

Vecinos y, sin embargo, amigos

Como cada año, cuando llega el mes de septiembre celebramos en la ‘urba’ de la playa, alias el Miño,  la despedida del año. El fin de año playero, se entiende.

La tradición, mantenida a lo largo de más de treinta años y de la que nosotros participamos gracias a la generosidad de los veteranos desde hace unos veinte, consiste -cómo no- en quedar a comer, más bien cenar, tocar las doce campanadas a la hora correspondiente, tocadas con una mano de mortero y una olla,  y comerse las doce uvas para iniciar un nuevo año en el que, si llegamos hasta el verano siguiente, nos volveremos a encontrar. Esta cena solía componerse a base de los platillos que cada cual aportaba.

El paso del tiempo, sin embargo, ha introducido ligeras variantes. Da mucha pereza ponerse a guisar, de manera que buscamos un restaurante en algún sitio y allá que nos vamos a que nos echen de comer. Generalmente la cosa sale muy bien, porque en todas partes en esta zona se come bien por precio módico. La juerga ya la ponemos nosotros. Como estamos en un lugar público, ya no nos atrevemos a llevar el caldero y la mano de mortero y tocar las campanadas. Tampoco se comen las uvas y una de las asistentes, que vive en Orihuela, ya no trae dulces navideños típicos de ese lugar.

Esta misma amiga comentaba, precisamente el viernes pasado en que tuvo lugar  la cena de fin de año, que esto ya no era lo mismo, que ya no nos divertíamos como antes. Como si de un conjuro se tratara, a partir de ese mismo instante no dejamos de reírnos a mandíbula batiente por las salidas ingeniosas de unos y otros, por alguna de esas cosas graciosas que te hacen soltar la carcajada y, luego, cuando intentas contarlo, quién sabe por qué han perdido la gracia.

Tras la cena que fue esplendida y asequible, nos fuimos a un nuevo lugar de ocio y copas, en el que aún a riesgo de salir volando, porque soplaba un levante poderoso y eso esta casi a la orilla de las dunas, nos tomamos unas ricas copas, hicimos el tonto como convenía a la ocasión, sin importarnos nada lo que opinaran los de alrededor y disfrutamos de un camarero que era una computadora. No solo fue capaz de repetir lo que cada cual había pedido y no éramos pocos, sino que supo a quién debía darle cada cosa. Un hacha, el muchacho.

En fin, una vez mas fue una noche agradable, sin nada especial, pero sí cargada de afecto, de risas y de aprecio mutuo. Es hermoso llegar nuevo a un lugar, aunque ya haga veinte años, y que te acojan como si fueras de la familia, cuando a los residentes les unían ya muchos lazos; unos de familia real, otros de vecindad y amistad desde la infancia. Dice mucho y bueno de los que acogen y obliga a los acogidos a ser agradecidos y a  tener en consideración que, además de vecinos ocasionales, solo del verano, son todos amigos a los que se aprecia y se valora.

Gracias por una velada tan agradable y divertida. Es muy de agradecer que te hagan reír, en este tiempo en que a donde mires no ves cosas agradables. Gracias por acogernos y querernos. Sois totalmente correspondidos.

Ah, se me olvidaba. Los unicornios. Se me ocurrió, porque así lo sentía, lamentar el desprecio generalizado que supone al mito de la joven virgen y los unicornios, el que hayan convertido a estos animales fabulosos en un flotador de proporciones monumentales, que los hayan convertido en toda clase de adornos cursis para habitaciones infantiles. Gracias a Dios, un levante fuerte se los llevó de la playa y pude descansar de mi enojo. Como el día 3 de septiembre cumplí años, estos amigos, de los que hablaba, tuvieron la genial idea de comprar un unicornio como regalo de cumpleaños. Menos mal que una voz sensata lo impidió, y le quedo eternamente agradecida. Pero, quien tuvo la genial idea me inundó el ‘guasa’ de unicornios y creo que merece que los recoja aquí, para que sepa que no le guardo rencor, a pesar de todo.

Bueno, un año más y un fin de año más; todos con salud y alegría, a vivir hasta el año próximo.

Personajes que provocan nuestros más bajos instintos

Ese señor (por llamarlo algo) de pelo imposible, por lo visto, se considera de una raza superior y tiene tan poco seso que no admite ni media crítica.

Al que le dice lo que no quiere oír lo manda ‘pa su pueblo’, sin caer en la cuenta de que YA ESTA EN SU PUEBLO. Pero, claro, son mujeres las que lo critican o le llevan la contraria, son mujeres de color tostadito. ¡Vaya por Dios!  ¡Qué atrevidas!

No sé cómo tanto los descoloridos como los que poseen un tinte más recio no han salido al paso a decir cuatro cosas bien dichas al señor del pelo imposible.

¿Dónde están esos hombres valientes, capaces de plantarle cara al lucero del alba?

Y en este punto, se hizo un silencio como de media hora.

Lo malo es que ya veréis los que me leéis con frecuencia que este texto no es tan fluido como otros que escribo, no tiene tanta soltura, carece de las imágenes sensibles y metafísicas con que suelo adornar mis escritos, es romo, patoso, lento y parece que no va a ninguna parte; es decir, a ninguna conclusión. ¿Sabéis por qué? Pues es muy sencillo. este señor del pelo imposible dice sandeces tan gruesas e imponentes, tan insultantes y estúpidas que me contagia, me anula el pensamiento. Solo me sale aquello de: ¿Pero es usted un imbécil o se lo hace? O lo que decíamos en el colegio para apabullar al contrario: Tú eres tonto o has comido bolitas.

Efectivamente, cuando un ser humano, del que sin saber por qué esperamos una cierta racionalidad, se comporta como un ser de la escala inferior, es decir un anélido, no existe posibilidad alguna de que se genere en respuesta un discurso inteligente y razonable, aunque sea para llevarle la contraria. Así que lo que ocurre es que nos desata, al menos a mí, -no quiero generalizar, porque igual es un fenómeno que solo me atañe a mí- mis más bajos instintos y como lo tengo lejos, no me da para darle un bofetón o una patada en zona noble, de manera que lo que me salen a bote pronto son insultos, desde los más suaves como ‘cabestro’ a otros más gordos que no diré aquí para no ofender a ojos delicados.

Así se montan las guerras. Si yo que soy una persona pacífica y pacifista, aunque tengo mi genio, me veo impelida a darle en ‘toloarto’ con una maceta de geranios, qué sería si tuviera a mano un misil o cosa similar, y me conformo con soltar sapos y culebras, mentándole la madre al tal individuo, por lo bajito, mientras hago equilibrios y malabares para escribir un texto tan poco brillante como este. Pero me concederéis que algún mérito tiene, al menos el de la contención.

Por favor, cuánto va a durar esta tortura.

 

 

 

Ya lo decía mi madre: No hay mal que por bien no venga

Hace tiempo, quizá más de diez años, que me molesta una afirmación formulada con algunas variantes, pero que viene a ser lo mismo. Unos dicen ‘las ideologías han periclitado’; otros dicen ‘todos los partidos son iguales’ y los hay que , incluso, generalizan más  ‘todos los políticos son iguales’. Pues bien, estas afirmaciones, en boca de ‘progres’ de salón o de otros que encubren su propia ideología porque eso sería comprometerse con algo, me han molestado a lo largo de todo ese tiempo que cifro en  diez años, por no decir  veinte.

Así que llevo mucho tiempo bastante molesta, quizá porque soy una persona un poco anticuada y todavía pienso que lo que uno cree debe reflejarse en lo que uno hace, porque si no es así, al final uno actúa y luego tiene que buscar razones donde quiera que sea para justificarse o, simplemente, jamás argumenta a favor de su actividad necesariamente errática.

Pero, en el último tiempo, han aparecido nuevos posicionamientos ideológicos en el panorama político español; uno de ellos nacido de la indignación y el disgusto populares, con una clara orientación de izquierdas, aunque no declaradamente marxista (porque lo de que las ideologías están obsoletas, pesa). Y por otra parte, ha nacido una derecha, disfrazada de liberal, que es como no decir nada, pero que pretende tener carácter social y a la vez conservador y nacionalista, nacida en contraposición a un nacionalismo más excluyente y restringido. Un tercer elemento se ha venido a sumar a estos anteriores que aún nadaban en la ambigüedad. Se trata de un grupo claramente fascista, de ultraderecha, asilvestrado y que se parece mucho a otros movimientos o personajes que a mí inevitablemente me recuerdan, cuando abren la boca y declaran sus intenciones, a esos individuos que acodados en la barra del bar sueltan todo aquello que mejor les peta, sin tener en cuenta lo que no es políticamente correcto o simplemente se refiere a derechos adquiridos con mucho esfuerzo y que ellos niegan porque el modelo único y válido es el que ellos mismos representan. Es decir, estos individuos no tienen ideología, son simplemente lo que los clásicos llamaban ‘chulos’.

Creo que  a estas alturas los que leen estas líneas habrán identificado ya los nombres con los que esos grupos políticos se presentan y, por tanto, no hace falta nombrarlos expresamente. Los dos primeros grupos parecían capaces de renovar el panorama, pero sus dirigentes, – que me recuerdan un poco al loco del pueblo de mi padre, al que ya he citado más veces, que quería que se murieran todos para ser él el alcalde- con una clara deriva autoritaria y déspota han conseguido desperdiciar su bagaje de apoyo popular y casi dinamitarlo en muchos casos. Por lo tanto he de reconocer que el tercero, ese de la ultraderecha, es el que tiene más posibilidades de perpetuarse y alcanzar un cierto avance.

Su orientación y sus formas me producen varias perplejidades; una de ellas es cómo se pueden decir determinadas cosas acerca de la violencia de género, del cambio climático, de los inmigrantes, de los ‘diferentes’ en todos los sentidos, sin tomar en cuenta ni la historia, ni los informes científicos, ni las luchas y los sacrificios de mucha gente o la violencia y la miseria y las injusticias. La otra es cómo es posible que mujeres militen en un partido con esa ideología claramente machista.

Sin embargo, como decía mi madre: ‘No hay mal que por bien no venga’, la aparición de este partido, que representa claramente una involución del pensamiento y de las actitudes en todos los terrenos que ya creíamos superados y encauzados, aunque no logrados del todo, ha conseguido algo sumamente importante: Las ideologías siguen vivas. Ahí están y obligan a autodefinirse. No todos los partidos, ni los políticos, ni los programas, son iguales. No, en absoluto. Así que, en los pactos de gobierno quien se alía con quien se alía, se retrata. Quien se niega a apoyar, se define. No vale decir ya que todos son iguales.

Gracias a Dios.

 

¿Qué es política?

En este tiempo de transición entre unas elecciones generales, las locales y europeas y la constitución de los gobiernos respectivos y de las cámaras correspondientes, se van produciendo declaraciones que vienen a ser modos de advertencia a los posibles aliados de mañana o a los enemigos de siempre. Hasta aquí todo normal. Eso es lo que se espera; que cada cual marque sus posiciones. Sin embargo, hay quienes no tienen ni idea de lo que es política, confunden los límites de lo territorial local, con lo nacional y con lo europeo y, por tanto, supranacional.

Si no tienen claro ese límite tan sencillo entre lo que debe gestionar un ayuntamiento, una comunidad, el ejecutivo nacional o los diputados en Europa, mal vamos. Pero sí. Hay varios partidos, con sus representantes más conspicuos al frente, que confunden esas realidades que no son intercambiables.

No en vano los electores suelen discriminar esos ámbitos y votan a diferentes partidos (más o menos afines a la ideología de cada cual) en cada uno de esos comicios. Sólo cuando ninguno de los candidatos es afín a su ideología, más que el de un único partido, no alteran la elección de una consulta a otra. Esto suele pasar con los socialistas y con los comunistas de corazón, porque a estos les puede la ideología sobre su conveniencia.

Los demás distinguen claramente cuáles sean sus intereses en cada ámbito. No me importa si el alcalde es este o aquel, con tal de que tenga limpia mi calle, bien alumbrada, segura, con una recogida adecuada y no excesivamente cara y compleja de los residuos que genero y que no tase mi casa por encima del precio de mercado para cobrarme impuestos. Necesito que atienda adecuadamente a la educación pública, que fomente la cultura, que respete las diferencias religiosas y permita su manifestación, dentro del orden público establecido, etc etc. Pero no se me ocurriría pedirle al alcalde que marque las directrices de la política exterior del país, ni que intervenga en la gestión de una comunidad autónoma vecina y que no es la suya. No me parece propio que un Presidente de Comunidad autónoma le diga al gobierno cuál ha de ser su política general o, incluso, que se atreva a  sugerir que los militantes de un partido abandonen a su jefe y elijan otro al gusto del tal presidente, caso de que llegue a ser y ostentar ese cargo, pues eso aún está sujeto a negociación.

Por otra parte, y no menor, dónde queda el respeto a la voluntad del votante. Nada. Les dan su acta de diputado o de concejal y en ese preciso instante se difuminan, convirtiendo en una sombra a los electores.

Habrá que recordar a estos señores tan alegres de palabra que si están ahí es porque los hemos señalado los que votamos y que hacer política viene de ‘polis’ y una ‘polis’ no es nada sin sus habitantes.

Estas cosas me recuerdan una anécdota que contaba mi padre acerca del loco de su pueblo. Ya saben que en los pueblos pequeños había un loco, que andaba por todas partes y era, más o menos, amigo de todo el mundo. Pues bien, este loco del pueblo de mi padre iba gritando: ¡Quiero que os muráis todos!. Cuando se le preguntaba: pero, por qué quieres que nos muramos todos. Respondía categórico: Quiero ser el alcalde.

La identidad de las mujeres

El viernes pasado, en el diario El País aparecía un artículo de opinión firmado por Eva Borreguero, experta en asuntos políticos y profesora en la UCM. No conozco personalmente a esta investigadora y analista política y no creo que ella sepa nada de mí, aunque su artículo se titulaba Mujeres del Isis, verdades incómodas. El tema que abordaba, con acierto,  ya lo he tratado yo en muchos de mis escritos sobre la mujer y el islam. Lo he hecho desde perspectivas diversas; literatura, política, religión, historia y alguna más,  llegando a la misma conclusión de la señora Borreguero: es una cuestión de identidad el hecho de que una mujer se adhiera a algo como el Isis, y yo añadiría, es algo que tiene que ver con el empoderamiento femenino y su participación en el espacio público.

Esto, como digo, lo he dicho ya en múltiples ocasiones y por eso creo que esta Profesora no me ha leído, lo cual no es de extrañar; muchas veces el conocimiento se encierra en compartimentos estancos o padecemos el prejuicio que consiste en creer que si alguien habla desde un enfoque filológico, pongamos, sus conclusiones nada tienen que ver con la política o al contrario. De todos modos he de decir que me conforta ver que investigadores más jóvenes se esfuerzan en entender lo que parece incomprensible y llegan a conclusiones semejantes a las que yo llegué en su día. Caminamos en la buena senda, pues.

Pero lo que me mueve ahora a hablar de estos asuntos no es reivindicar mi derecho sobre un ‘análisis brillante’ de la realidad y reclamar derechos de autoría. No. Me mueve a comentar este asunto la perplejidad que me produce hallarme con mujeres españolas, inteligentes, bien formadas, de clases acomodadas que se adhieren y defienden discursos de ultraderecha que son, precisamente, aquellos que niegan el espacio a la mujer, que niegan los derechos de la mujer en asuntos bien sensibles y que no han de ser tratados a la ligera o que si la colocan en sus filas, me da la impresión de que lo hacen para mostrar que hasta las mujeres están de acuerdo con su lenguaje machista y retrógrado. Es decir, las están utilizando de manera descarada.

Pues bien, en esta campaña electoral cada día me encuentro con alguna de estas mujeres que ha tomado partido por esa posición que, claramente al menos para mí, va en contra no sólo de sus derechos sino de sus intereses más básicos.

Creo, sinceramente, que en esta sociedad en la que se diluyen los valores, en la que la conciencia personal se vuelve realmente el último o único referente de nuestros actos y pensamientos (y eso es algo muy agobiante y opresivo), hay una necesidad de tener referentes , sean los que sean, que nos doten de una identidad definida y nos coloquen en el espacio público apareciendo bien diferenciadas de la masa: No hay mejor definición que la de un burka para ocupar un lugar ‘diferente’ en medio de la masa que viste de color o a cara descubierta.

Es casi tan provocador como desnudarse en un lugar público o significativo. Las mujeres que se adhieren a movimientos de derecha radical también están haciendo la revolución feminista; desde mi punto de vista, por la vía equivocada. Pero se están dando a ver en una sociedad que, no nos engañemos, considera a las mujeres como ciudadanos de segunda clase, aunque intenta disimular que ese sea su planteamiento y donde, por desgracia, aún hay muchas mujeres que favorecen que esos clichés de la ‘tontita’, solo buena para peinarse, se perpetúen.

Esta historia me trae a la memoria un caso sobre el que aún no he reflexionado lo suficiente pero que creo que puedo ya enunciar. Resulta que en Guatemala, donde saben muchos de los que leen esto, hemos estado apoyando a una señorita que gracias a ese apoyo y tras muchos avatares ha conseguido no solo graduarse de enfermera, sino que ha logrado un puesto oficial en una institución sanitaria con una remuneración con la que sueña el 90% de la población guatemalteca (hombres y mujeres). Esta señorita quedó embarazada de un novio que tenía y que se dio a la fuga en cuanto supo de la responsabilidad que se le venía encima (cosa que allí hace un alto porcentaje de varones). En la situación privilegiada de la enfermera, con la tan ansiada independencia económica, se entiende mal que, cuando se ha consolidado su situación profesional, el padre a la fuga haya regresado y le haya pedido vivir juntos. Dicho sea de paso, él tiene un empleo muy inferior, cuando consigue trabajo que no es siempre.

Esta muchacha a la que yo aprecio, pues la conozco desde que era casi una niña, me hablaba con cierto desprecio de su pareja, como alguien que depende de ella y se sitúa en un nivel inferior. Al principio no noté la forma sarcástica y despectiva porque el acento guatemalteco enmascara mucho estos matices para mi oído acostumbrado al español de España, pero al fijarme en ello, me di cuenta incluso de que lo consideraba como a alguien provisional y, por supuesto, no tenía ningún interés en formalizar su situación con él, a pesar de la insistencia del muchacho y de su familia. Creo que voy entendiendo lo que pasa en esta pareja o, más bien, lo que ella hace: Por un lado, al tener a un hombre a su lado, que además es el padre de su hija, esta muchacha legitima su estatus en la sociedad en la que vive, pero al mismo tiempo es consciente de que él es un parásito y al hablar despectivamente de él, lo pone en el lugar que le corresponde, afirmando su propia identidad. Qué difícil es todo en las relaciones interpersonales, cuando una parte no tiene clara su identidad.

Este ejemplo me ha venido pues a la cabeza porque es bastante evidente: No tiene nada que ver una opción de vida retrógrada con la falta de formación o con pertenecer a un nivel de vida deprimido. No. Tiene que ver con una identidad mal construida y necesitada de visibilidad. Es igual que aquello de que hablen mal de mí, pero que hablen. Lo que apunta  a una autoestima deficiente, favorecida por un entorno que en cuanto puede la rebaja aún más.

Gracias a la señora Borreguero he entendido algo que yo ya sabía.

Una tarde de política provechosa

Ayer, día 13 de mayo, acudí a uno de los espacios culturales que funcionan en esta ciudad de Murcia con las más variadas ofertas.

En el día de referencia, se trataba de la presentación de un libro; Una historia de aquí. Crónica política. 2014-2019 de Manuel Ponce Sánchez, editado por la Fea Burguesía, editora murciana que está llevando a cabo una más que digna labor de difusión de lo que se cuece en las letras y el pensamiento murciano actuales y rescatando la obra de autores prominentes del inmediato pasado.

Me envió la invitación mi amigo y editor, Paco Marín. Sea por esto o porque el presentador de la obra era Ramón Luis Valcárcel, ex-presidente de la Región de Murcia, y estos personajes siempre mueven la curiosidad, allá que me fui, quizá con no otra intención que la de estar presente.

Sin embargo, he de decir en honor a la verdad que lo que allí se desarrolló me enganchó. El editor planteó cuestiones interesantes, no digamos el autor del texto que le hizo una entrevista muy atinada al ex-presidente, pero la estrella fue sin duda el señor Valcárcel.

Me sorprendió, dicho sea de paso, que no asistieran en masa representantes del PP , más cuando nos hallamos en periodo electoral y con lo que parece le está lloviendo a ese partido. Pero, curiosamente, allí no había sino familiares y amigos cercanos del presentador del texto y contándonos nosotros no creo que se llegara a las dos decenas de personas. Una pena de verdad.

Como muchos que me conocen saben, yo no me siento cercana a la orientación ideológica del señor Valcárcel, tampoco he vivido en Murcia durante su mandato, bien prolongado por cierto, ni he seguido su trayectoria en las instituciones Europeas en los últimos cinco años, de manera que no tengo más que unos muy leves prejuicios hacia su persona. Por eso considero que su intervención brillante, y no dudo en calificarla así, aunque no compartiera cosas que dijo, fue algo que es lo que yo espero de un político que se pueda llamar tal cosa: Espero que me haga reflexionar, sacar conclusiones y me permita establecer cuáles son mis posiciones respecto a cuestiones políticas de calado.

Por ejemplo, por su declarada europeidad, me empujó a sentir que, efectivamente, lo que sigue siendo de imperiosa actualidad es que todos tengamos una conciencia clara de pertenecer a un continente, que goza de unos valores y unos principios inalienables y que no se dan con tanta claridad y definición en ninguna parte del mundo, aunque haya voces (muy ruidosas, por cierto) que se empeñen en negarlos o ponerlos en cuestión (léase los defensores del Brexit, por ejemplo). Europa es un lugar en donde no existe la pena de muerte, en donde funcionan (con deficiencias posiblemente) las leyes de la democracia, la participación ciudadana y la separación de poderes. No hay dictaduras, no hay manipulaciones y aunque pueda haber intentos, las propias leyes e instituciones se encargan de atajarlos y ponerlos en evidencia.

En Europa nos unen una Historia común, una cultura común, unos intereses económicos comunes, al tiempo que poseemos una gran variedad de identidades que enriquecen el panorama. Siendo mucho lo compartido, es mucho lo diferente y esa realidad nos presenta como un continente rico, vivo y en constante ebullición y progreso.

Otro ejemplo fue su clara opción por una visión global, al tiempo que ‘nacionalista’ por su  pertenencia a una región concreta, a la que sin duda aprecia y ama. Es decir, me planteó definirme como nacionalista, pero al tiempo que me considero ciudadana de Europa y habitante de un espacio más amplio que este continente, por lo que me siento concernida por lo que acontece en cualquier parte del planeta. Por sus afirmaciones, me sentí identificada con mi rechazo a los regionalismos y nacionalismos excluyentes, trasnochados y decimonónicos, que han perdido ese ‘glamour’ romántico que podían tener a finales de 1800.

Los riesgos de la fragmentación, de los populismos y los nacionalismos de miras estrechas, el rechazo a las migraciones, la política de cierre y encastillamiento, todo eso, nos dijo, son cosas rechazables y me di cuenta de cuánta razón tenía, pues me siento identificada con ese discurso de apertura a lo global, a las fronteras permeables, a los mestizajes y las mezclas, a las convivencias con las diferencias. En cualquier caso y dados mis orígenes y mi realidad actual, difícilmente podría yo encastillarme en ningún recinto, considerándolo propio y excluyente.

Cuando acabó la sesión, me atreví a preguntarle qué pensaba acerca de ese movimiento que pretende crear un ejército europeo único y, como si oyera mi propia voz, me respondió: No es conveniente ni oportuno. No creo que se haga. A otra de mis preguntas me contestó: Ojalá se le abran los ojos a mucha gente y se den cuenta de que no podemos estar al albur de lo que ocurre más al occidente de nosotros ni más al oriente de nosotros. Que no se cieguen por los populismos y por las revoluciones radicales. También a mí me pareció que, más que contestando, me estaba diciendo lo que yo pienso y que, además, me causa gran extrañeza; cómo es posible que en un tiempo en que parece más polarizado el mundo en extremos provocadores, no seamos capaces de ofrecer la solución del equilibrio, la democracia, la tolerancia y el sentido común, que son los valores europeos primeros.

Europa está llamada a aportar al mundo un modelo de paz, libertad, prosperidad, contención y sentido de la responsabilidad. Si todos los que abren la boca en los mitines políticos hoy en alza, por aquello de convencer al elector, abogaran por ese modelo, en lugar de azuzar las más bajas pasiones, el revanchismo y el todo vale, probablemente lo tendríamos muy difícil para votar, porque ese modelo sería único.

No crean, los que se atrevan a leerme, que yo tendría, después de oír al señor Valcárcel, la tentación de votar al PP. No. Yo soy una persona leal. Pero creo que el discurso de este señor es un discurso que puedo respetar, agradecer  e incluso apoyar, si se presentara la ocasión. No el tan manido recurso al miedo, la amenaza y la descalificación del contrario.

De manera que gracias al autor por su libro, gracias al editor, por invitarme y gracias especiales al señor Valcárcel por hablar con tanta claridad, aunque yo no compartiera con él más que lo que he dicho, que no es poco.

Un encuentro familiar

Con ocasión de la restauración de este retablo del siglo XV, dedicado a Santa María y todos los Santos, que se halla en la capilla de Gonzalo González de Cañamares de la Catedral de Cuenca y en la que la familia Girón, cuyo escudo figura en la reja, tiene el privilegio de enterramiento, mi cuñada María Isabel tuvo la feliz idea de organizar un encuentro familiar de todos aquellos que descienden de algún Girón. Este encuentro ha tenido lugar el pasado día 4 de mayo.

Con tan fausto motivo, ya que el retablo es una auténtica preciosidad y ha quedado estupendo, ocupando el lugar del altar mayor de la capilla, nos reunimos en Cuenca aproximadamente ochenta descendientes de Girón, contando a las esposas e hijos. Algunos de ellos tienen el apellido como tercero o cuarto, pero aún así siguen teniendo memoria de pertenencia a un mismo árbol genealógico, lo cual es muy bonito en estos tiempos que corren de tanto desarraigo e individualismo.

Tras una misa, celebrada en la Capilla Honda y una oración por los difuntos en la capilla familiar, se reunió la familia a comer en un restaurante cercano al río.

Por la tarde, tras la comida se fue de visita al Convento de la Concepción Francisca del cual mi cuñado (q.e.p.d.), antes mi suegro (q.e.p.d.), y ahora mi sobrino José Joaquín ostentan el patronazgo. Como siempre las religiosas de clausura nos acogieron con gran alegría, escucharon nuestras noticias y se interesaron por nuestras actividades y nos contaron cuáles son sus tareas de cada día y como se ganan la vida encuadernando libros y cosiendo, pues hacen arreglos y transformaciones o confeccionan prendas a demanda.

Nosotros, al día siguiente fuimos a oír misa en el convento y charlamos un rato con las religiosas, firmamos en el libro de visitas y nos hicimos esta foto a demanda de ellas, que son muy cariñosas y alegres. Pasamos un rato sumamente agradable, además cantan muy bien.

Así acabó felizmente nuestra estancia en Cuenca y el encuentro con los parientes. Una feliz idea muy bien organizada. Tres ¡¡¡ hurras!!! por María Isabel, la organizadora.