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Santa María de la Arrixaca en Caravaca de la Cruz

El pasado sábado 18 de noviembre se celebró la peregrinación de la Antigua Hermandad de devotos de Santa María de la Arrixaca al Santuario de la Vera Cruz de Caravaca en su año Jubilar, acompañando a la imagen de la Virgen.

Esta peregrinación tenía como doble motivo el de ganar el Jubileo del Año Santo de 2017 y ofrecer una rogativa para que, por la intercesión de la Virgen, llueva y termine esta terrible sequía que amenaza a los cultivos y a la ganadería de la Región de Murcia.

En el Templete, frente a la Iglesia de La Concepción se reunieron los cofrades, acompañando a la imagen de Santa María de la Arrixaca. Por turnos se portó el palio y la imagen de la Virgen por toda la Glorieta, pasando frente al convento de los frailes Carmelitas, para seguir por la calle Rafael Tejeo y luego a la calle Mayor, pasando por delante del antiguo convento de las Carmelitas, hasta llegar a la Parroquia de El Salvador.

Entrando en la Iglesia de la Concepción

La Virgen en el altar mayor

Caminando por La Glorieta

La Virgen pasa por delante de la antigua casa de don Angel Blanc

La Virgen por la calle Mayor pasa delante de la antigua iglesia de la Compañía

La Virgen es recibida por don Francisco a la puerta de la parroquia de El Salvador

La imagen ocupa su lugar de honor en el altar mayor

Entrando a la explanada del Castillo Santuario

Desde la Parroquia de El Salvador en procesión, precedida de la cruz de Caravaca, se asciende al castillo santuario para asistir a la celebración de la solemne eucaristía.

Se inicia la celebración con el incensado de la reliquia de la Cruz

Y de la imagen de Santa María de la Arrixaca

Tras la celebración religiosa y quedar la imagen de la Virgen en el Santuario para veneración de los fieles hasta su despedida y regreso a su capilla en la Parroquia de San Andrés de Murcia, tuvo lugar la recepción del Señor Alcalde de la ciudad, quien como ya ha ocurrido en otras ciudades de la Región, obsequió a la Virgen con la bandera de la ciudad y recibió una réplica de la Virgen como testimonio de parte de la Hermandad.

Tras este acto institucional se celebró una comida de fraternidad con todos los cofrades.

Fue un hermoso día y esperamos que la Virgen escuche nuestras súplicas y nos conceda la benefactora lluvia.

Hamburguesas de pollo y mejillones

Las hamburguesas de pollo no necesitan de nada. Si las encargáis en la carnicería de costumbre ya están suavemente aliñadas y sin aditivos. Se ponen a la plancha con un chorrito de aceite y se sirven. Al que le guste puede ponerle mostaza de Dijon o un buen ketchup.

Los mejillones se cuecen al vapor y no necesitan sino un chorrito de limón. También son buenos los congelados cocidos que vienen con una valva.

Estos platos que parecen poco elaborados, en realidad son suficientemente sabrosos por sí mismos. Se evitan con ellos añadidos de acompañamiento que engordan o añaden grasas innecesarias. Si queréis adornar un poco las hamburguesas unos tomatitos cherry y un poco de rúcula se rán suficientes.

En el año de Gracia de 2017 (Parte II)

Celebrada la cena tal como se refirió en la Parte I, los asistentes se lanzaron a danzar una melodía que, por gentileza de J.R. representaba muy bien al colectivo ‘Gallinero playuqui’ con que se conoce a este vecindario mundialmente.

En las imágenes se puede observar como un catedrático emérito de Lengua y literatura hebreas de la UCM se desmelena y presenta una actitud poco conveniente a tan conspicuo docente. Pero, estas son cosas que ocurren en verano, con la caló. Normalmente se trata de un señor muy serio para sus cosas y de ello no se debe inferir iguales actitudes en miembros del colectivo de catedráticos de Universidad.

 A la voz de. ¡Cari, vamos a deliberar! Los majos salientes, en actitud un tanto desenfadada y poco conveniente ante las miradas de los asistentes, quienes no dejaron de lanzar sus interjecciones y vítores, se reunieron muchísimo a deliberar y a traición le colocaron la banda a los nuevos majos que instantes antes estaban así de contentos y despistados.

Tras la investidura, se procedió como no podría ser de otro modo (frase que dicen últimamente mucho los políticos, aunque, por otra parte, cualquier cosa puede hacerse de muchos modos diversos, pero esta es una discusión para otro lugar…) a los discursos de ambos nuevos majos. De sus palabras y expresiones se deduce claramente, como no puede ser de otro modo (insisto) la emoción que los embargaba y que además se contagió a los asistentes, que corearon frases, lanzaron vítores y aplaudieron a rabiar, mostrando en cualquier caso un gran interés por las palabras de los oradores, casi mayor que el que les prestaban sus alumnos, cuando aún ejercían la docencia.

Este ambiente, en el que los sentimientos estaban a flor de piel, provocó en algunos de los asistentes actitudes de gran fraternidad, aunque juraban que sólo habían bebido cerveza 0/0.

A continuación se procedió a la toma de algunas imágenes muy originales en las que posaron los miembros del ‘Gallinero’ con los Majos recién nombrados. (No se puede hablar de elección, porque no fue precisamente eso, sino una designación a dedo. Aquí no nos andamos con tonterías de hacer que pase por democrático lo que es meramente impositivo. A ver si empezamos a llamar a las cosas por su nombre) (Perdón, que me he ido por otro lado… es que llevamos una racha…)

Para finalizar se llevó a cabo la tradicional fotografía de familia. Por una caída involuntaria, se produjo un escorzo violento, digno del mejor Barroco, que le dio a la imagen una cierta originalidad como se puede apreciar.

Una vez concluidos los actos protocolarios, dos manos inocentes convocaron a la lluvia y se armó… Aunque siempre hay quien tiene a mano un paraguas. Por otra parte el que alguien aparezca en un balcón, acodado en la barandilla con aire inocente no debe llamar a engaño al buen observador que verá a los pies un precioso barreño azul celeste.

Así, un poco pasada por agua, acabó la velada. pero todos parecían contentos y felices y no se produjeron daños mayores que camisetas empapadas.

Por fin, los agradecimientos: A los miembros del ‘Gallinero’ en su conjunto por confiarnos la honorable tarea de representarlos en toda clase de actos. Procuraremos hacerlo con dignidad. A Manolo que, mientras yo estaba distraída hablando con su señora, la Teo, nos trajo sendos montaditos con su tomate y todo. Estos son los detalles que hacen que una no pierda la fe en la Humanidad. A Isabel que hizo unas rosquillas aptas para celíacos, diabéticos, intolerantes a la lactosa y otros intolerantes, sin que por ello, milagrosamente, dejaran de saber como las de la abuela. A los autores de las imágenes, Mario y J.R. sin cuya colaboración no hubiera sido posible esta crónica o, al menos, habría quedado más deslucida.

Pedir disculpas a los posibles afectados; como Cristina y Jose que no aparecen más que de refilón. También están desparecidos Teo y Manolo y bien que lo siento, porque siempre he sido de estómago agradecido. El chino ‘malaleche’ de mi ordenador los ha suprimido, quién sabe por qué y no encuentro su foto por parte alguna.

Y esto es todo, si alguna falta hemos cometido, sabed disculparla.

Feliz fin de verano a todos y buen otoño.

Talón alado

Se conmemoran los cuarenta años de la Constitución y cada cual hace su lectura, según el papel que le ha tocado representar en el presente y en las circunstancias actuales. Por ello, para unos se trata de un tiempo perdido para hacer justicia a los que eran perdedores de la guerra fratricida; otros piensan que no llegó a ser una revolución y por tanto engulló a sus líderes, dejando sólo a los que se adaptaron y siguieron en lo suyo; otros, en fin, están convencidos de que se trata de la mejor obra de los últimos dos siglos y eso, para ellos, significa que no hay que retocar en absoluto el cuarto de baño, aunque esté dotado de una turca.

Me indigna un poco que esto sea así, lo de los unos, los otros y los de más allá. Sobre todo porque en un número importante no vivieron aquella época. Alguno incluso habla de abuelos, equivocándose, porque eran sus padres realmente, a tanto llega su lejanía de aquella realidad. Y a pesar de no haberla vivido y de tener cerca a gente lúcida, que la vivió en plena juventud y dominio de su mente y cuerpo, se permiten interpretar los sentimientos (no ya las acciones) y hablan de miedo y de otras cosas que, desde luego, puede que alguien sintiera, pero que no representan el sentimiento general.

Los que vivimos aquella época, nos sentíamos esperanzados, nos sentíamos alegres e ilusionados con un futuro que estábamos construyendo, procurando dejar de lado las rencillas y resquemores. Teníamos la perspectiva de que había que construirlo todo de nuevo y que, a lo mejor, nos iba a quedar habitable, pero que en su momento lo tendríamos que modificar, porque cambiarían las circunstancias y las necesidades. No teníamos la idea de que aquello era palabra de Dios, intocable e iluminada. Era la labor de encaje de tendencias incluso centrípetas, pero que creían en el futuro. De hecho sólo se descolgaron de ella, se enrabietaron, los inmovilistas que sacarían las garras en 1981. Tan evidente fue que no eran representativos de la mayoría que el asunto no prosperó.

Hoy, en que seguimos inmersos en una crisis que nadie sabe resolver, cuando las distintas tendencias ideológicas parecen más ocupadas en sus propios intereses que en buscar soluciones y proponer cambios y sentimos que nos fallan la ilusión y la esperanza, por favor, no lean la historia privándola a ella también de la ilusión que ellos mismos han contribuido a desbaratar y a arrebatarnos. Pues con aquella ilusión se construyeron logros y hoy ni siquiera los han sabido mantener.

Me sentía deprimida, me sentía tocando fondo viendo este desazonador espectáculo, pero como soy mercuriana, mi talón alado me está sirviendo para remontar la pendiente en que nos han sumido. Parece por otra parte, que la evidencia de que están tocando el bombo está llevando a algunos a enmendarse y a buscar aspectos que conviene plantear y desarrollar. De lo que no parecen darse cuenta es de que sólo tienen que reconstruir, porque el edificio es sólido y no necesita sino reparaciones menores de aggiornamento. Pero ellos creen que están descubriendo la pólvora y yo me consuelo pensando en que soy mercuriana.

 

Vulnerables

Hace poco, estando en Nicaragua, una noche se desató una tormenta eléctrica considerable, seguida de un aguacero torrencial. Cuando ya los truenos lejanos anunciaban que empezaba a pasar, otros truenos que seguían inmediatamente al resplandor de los rayos señalaban que otro frente de nubes se aproximaba. Aquel sucederse en oleadas de las nubes electrizadas y cargadas de agua se repitió a lo largo de la noche, hasta casi el amanecer.

El techo de lámina parecía venirse abajo con el grosor y la fuerza de las gotas de lluvia. Cuando amainaba, aún caían con fuerza desde el árbol cercano, de modo que el ruido no cesaba, aunque escampara. Una gotera, primero tímida y luego decidida, empezó a desplomarse desde el falso techo e iba a dar sobre la cama de mi compañero. Este, al notar la humedad, buscó un cubo y un trapo, movió la cama y yo tuve que arrimar la mía a la pared. En medio del sueño, todas aquellas operaciones de salvamento y refugio me despejaron y, como suele suceder en esas ocasiones, se pone uno a pensar.

Lo primero que pensé (y me alegra que sea así) fue que, en esa parte del corredor seco de América, la tormenta era una bendición para las resecas tierras de los ranchitos de los cerros. También pensé, en segundo lugar que, si yo que vivía en la zona mejor del pueblo, había tenido que refugiarme de la gotera que entraba por los agujeros de la lámina, qué chorros de agua no se colarían sobre los pisos de barro apisonado y sobre las múltiples criaturas que suelen ocupar la única habitación de la mayoría de los ranchos.

Pensé, un poco después, que si la lluvia seguía con ese ímpetu sería un desastre más que un beneficio, porque se llevaría las tierras polvorientas y resecas, lavadas por el exceso de deforestación y los corrimientos serían el preludio de accidentes mayores.

Como de noche los ruidos crecen y se vuelven extraños, a cada instante me parecía que se oían pasos por el patio. Pasos de alguien ajeno a la casa que chapoteaba en los charcos y regueros, que se estaban formando en el agrietado e inclinado cemento. Un cierto temor se apoderó de mí y empecé a pensar que quizá todo se inundase, que quizá la vieja tapia de adobe se volviera al lecho de tierra que tenía debajo y del que probablemente había salido, que quizá un asaltante o simplemente alguien que no tenía donde guarecerse había saltado por encima de sus escombros y ahora, a tientas en la noche y chapoteando, buscaba una puerta por la que entrar a protegerse. Por primera vez, después de mucho tiempo, me sentí vulnerable.

En esos juegos en los que se entretiene el subconsciente, de repente comparé la situación con los viajes a Madrid y desde Madrid. Se sabe al minuto, yendo en tu coche un día cualquiera en que no sea salida de vacaciones, a qué hora vas a llegar a Albacete o a Ocaña y, consecuentemente a tu destino, sea cualquiera de los dos; Madrid o Murcia. Por la fuerza de la costumbre, heredada de otros viajes de hace años más azarosos, siempre calculamos el tiempo que nos va a llevar y no erramos ni en un minuto. Recuerdo que, en uno de los últimos, le comenté a mi compañero: Esto es un aburrimiento. No hay lugar para la sorpresa o la incertidumbre.

Sin embargo, esa noche, acostada en mi cama que había huido de la gotera, pensé qué difícil es vivir cuando todo son imponderables y, por eso, creo yo, me sentí vulnerable, pero muy cerca de aquellos que lo son permanentemente. Por este último pensamiento doy las gracias.

La responsabilidad del arte

Ayer, como otras veces, asistí a una charla sobre pintura. Ya saben los que me siguen que es una de mis pasiones y también que, en ese tipo de actos, posiblemente por un cierto tic heredado de mi época asamblearia, suelo levantar la mano y preguntar cosas.

Al socaire de una alusión a Delacroix y de la responsabilidad del arte expresada en la ‘moralidad’ de lo caro de una pieza artística o un montaje, que salieron de las bocas de los intervinientes, se produjo mi pregunta.

Haré un inciso para que se entienda cuál era el sentido de mi pregunta sobre todo porque puede ser que alguien no esté muy familiarizado con la figura de Delacroix. Este señor, además de francés y gran pintor, fue embajador de  su país en una misión diplomática a Marruecos en torno a 1832, inmediatamente después de que se estableciera la colonia francesa sobre Argelia. En aquel momento, romanticismo, estaba poniéndose de moda el interés en Europa por el buen salvaje, las culturas primitivas y el exotismo de vestimentas y costumbres ajenas (entre los exóticos figuraba España, casualmente), muchas de esas cosas inspiradas en la visión que proporcionaban las Mil y una noches traducidas al francés. El señor Delacroix llevó a cabo dos tipos de obras; unas menores que figuran en sus cuadernos de viaje; son apuntes del natural que reflejan la realidad que estaba mirando, casitas blancas y chumberas, mujeres cargadas con haces de leña, hombres de toscas chilabas sin teñir montando a mujeriegas sobre asnos diminutos, etc. etc. Las otras obras son de gran tamaño, como el encuentro con el sultán de Marruecos ante las murallas de Fez o las célebres y múltiples odaliscas y mujeres en el baño tantas veces difundidas.

Lo que hacía el señor Delacroix era ver una realidad y tomar nota, para luego literaturizar otra realidad y pintarla a gran tamaño. Su pintura contribuyó en buena medida, junto a la de otros artistas, a crear una imagen de los árabes tocada de exotismo y sensualidad, pero tuvo aún un efecto mayor; los propios árabes se reconocieron en esa pintura manipulada y manipuladora. El contribuyó a crear los símbolos que acompañaron a la mentalidad colonial. El le dio el poder de la imagen a muchas palabras.

Mi pregunta, tras este inciso un poco pedante, era: ¿Qué responsabilidad tiene el artista? Y van y me contestan que esa es pregunta para un filosofo, que eso no le concierne al artista, que este está mas preocupado de la luz y el color, de los materiales y del tamaño de su obra. Que su influencia social es nula y que más responsabilidad tienen los políticos y los banqueros.

¡Toma ya! Es lo único que se me ocurre que no suene feo en boca de una señora.

Protestantes

El alcalde de Río, creo, es un pastor protestante recién elegido, también es protestante el presidente de Guatemala y el Papa Francisco va a participar en la conmemoración de los quinientos años de la reforma protestante.

Bueno, pues parece que en Iberoamérica los protestantes, en particular evangélicos que son un número creciente y causa de muchos conflictos de toda índole, empiezan a tomar conciencia ciudadana y a participar en la cosa pública. Ojalá que inculquen a sus comunidades el compromiso cívico que las haga darse cuenta de las desigualdades e injusticias sociales y los impulsen a luchar por la dignidad de todos los seres humanos. Que su actitud sea también acicate para los católicos y los no creyentes para sentirse comprometidos con su entorno.

Muy bien que el Papa vaya a sumarse a las celebraciones en memoria de Lutero y su reforma. Es una gran noticia. Muchas comisiones vaticanas llevan años trabajando en esa línea, pero qué poco trasciende de ello a la feligresía. Qué poca pedagogía hace la iglesia católica, al menos en España, acerca de esas realidades y de que las diferencias son menos que las semejanzas. Tampoco sabe la mayoría de los fieles católicos que si hemos recuperado la lectura de los textos sagrados y el interés por ellos, es gracias a los protestantes y a la reforma de Lutero, aunque tardáramos algo más de cuatrocientos años en enterarnos. Ojalá estos gestos sirvan para que los fieles caigan en la cuenta y reclamen de sus presbíteros una explicación de cuántas cosas que parecían alejarnos, ahora la iglesia católica las ha hecho suyas.

Por otra parte, es sorprendente lo nada que interesa al mundo europeo en general y a los creyentes en particular que se hagan gestos como este. Qué poco bombo se les da. Ni un comentario en facebook, ni uno en twitter, eso sí, páginas y páginas de aparecidos, zombies y máscaras.

Este gesto supone difuminar una frontera que separa a la Europa del norte de la del sur, supone cerrar unas páginas sangrientas de guerras de religión, supone regresar al espíritu evangélico de cercanía y fraternidad. No debe ser muy importante, aunque a mí me lo parezca. Igual es que soy rara.

Ah, se me olvidaba; esa obispo sueca que conocemos porque ha bautizado a muchos miembros de la familia real sueca, con sus ornamentos litúrgicos se saluda afectuosamente con el Papa. ¡Vaya notición! los dos con los mismos símbolos, los dos cabeza de sus iglesias, los dos conmemorando una de las mayores revoluciones de la cristiandad y tan amigos. Muchos comentarios merece la imagen y su contenido. Que no se haga un silencio tan abrumador sobre este hecho.

Cuando se escribe un libro

Los pasados días 11 y 12 de mayo tuve ocasión de presentar mi libro de relatos de Centroamérica en dos sedes muy diferentes y con presentadores también diferentes, pero todos unidos por un  par de rasgos comunes; la amistad y su buen conocimiento de la literatura y sus entresijos.

La recepción que hicieron de mis relatos es verdaderamente enriquecedora. Cuando se escribe un libro de creación, si no se es -como es mi caso- una autora consagrada, se enfrenta uno a una serie de incertidumbres que, finalmente, lo pueden llevar a meter el manuscrito en un cajón y no mostrárselo a nadie. Pero el atrevimiento es mayúsculo si uno decide intentar publicarlo. Si el editor se muestra favorable, se tiene a veces la sensación de estar engañando al pobre incauto que se ha prestado a ello. Si el interés por publicar el libro tiene detrás una intención solidaria, entonces cabe la sospecha de que el editor se deja por aquello de hacer una buena obra. Sin embargo, en el momento en que el texto empieza a tener lectores profanos en materia literaria y que dicen que está muy bien, que es entretenido y curioso, que les ha emocionado aquí o allá, en ese momento uno empieza a sospechar que ni el editor es un ingenuo ni solamente una persona solidaria. Si además, cuando llega el momento, varios especialistas, aunque amigos, se prestan a acompañarte en la aventura, poniendo su nombre junto al tuyo y lo analizan con esmero y sacan a relucir sus claves y le encuentran sus gracias al texto, uno empieza a notar que se le escapan suspiros porque, hasta ese instante, había estado conteniendo la respiración.

Como uno ha lidiado ya en muchas plazas, sabe cuándo el aplauso es desmayado y cuándo cordial, cuándo procede de las palmas de adheridos totalmente acríticos o es espontáneo y sincero. Tengo que decir que me he llevado la alegría de que, sin exagerar, el texto les ha gustado, lo han seguido con interés, lo han escudriñado y examinado como si fuera el de alguien que merece figurar en las historias de la literatura. No han hecho un elogio del tono ‘porque esta chica me cae bien’ y eso es muy de agradecer porque te da la medida de lo que has hecho.

Es muy difícil que uno sea objetivo con su propio trabajo. Es cierto que yo misma me he dedicado al análisis literario durante años y además soy lectora incansable, ello da un cierto poso para saber cuando una cosa es medio buena, buena o muy mala o pésima. Tengo que decir que cuando remataba cada historia, si era de las que hacen reír, me reía y si de las que hacen llorar, se me saltaban las lágrimas. Este puede ser un buen barómetro para detectar si algo es bueno o malo en literatura. Si te engancha y te provoca emociones, si sientes que has aprendido algo o te ha hecho pensar, si te indigna o te sientes identificado, estás ante algo que merece la pena. Posiblemente no alcance el Premio Nobel, pero es digno y no una piltrafa. Eso me pasaba a mí al releer mis relatos. Cuando pasan unos meses, si además te provoca el asombro de pensar que tú has escrito aquello que casi te parece imposible que haya salido de tu mano y tu cabeza, quiere decir que la cosa no está tan mal.

Pues bien, eso me ha sucedido con este libro de relatos De la ceiba y el quetzal, en esos trece cuentos están muchas de mis experiencias directas o recibidas en las estancias en Centroamérica; los personajes se parecen mucho a algunas personas reales, aunque sus peripecias sean ficticias, pero son posibles. Allí son posibles. De manera que en un tono amable y empático, estos cuentos son un retrato de un mundo que transito cada año con dolor y admiración y con gran respeto.

Cuando se escribe un libro para hacerse famoso es posible que uno intente rodearse de plumas ya famosas por si se le pega algo del lustre ajeno. Como no es el caso, lo que yo escogí, además de ser grandes especialistas, es a amigos de muchos años, compañeros de fatigas en muchos aspectos, personas que me conocen y que conocen a mi familia, en algunos casos. Podría haber invitado a estas presentaciones también a personas insignes, para hacerme la foto con ellas y robar un poco de su luz, pero invité a amigos fieles y cariñosos que acudieron y disfrutaron como yo de la sesión. Hubo algunas ausencias excusadas y excusables, pero hubo también ausencias inexcusadas que no por ser menos esperadas dejan de sorprender. Aquellos que no van porque no son capaces de un acto de generosidad, que queda compensado por la presencia de otros que siempre han sido generosos y siempre han estado disponibles, cuando a ellos sería más fácil excusarlos. En fin, a todos, mi cariño, mi agradecimiento y ya sé que van a estar siempre que cuente con ellos. A los que no, pues ellos se lo pierden.

La primera de las presentaciones fue en un lugar significativo para mí; allí me examiné de oposiciones, allí había defendido mi tesis y luego me convertí en miembro del tribunal de muchas otras, alli me acompañaron Carmen Díaz Bautista y Javier del Prado, así como el editor Francisco Marín. Cuando tenga los textos de los dos los colgaré en esta página para que los disfrutéis.

En la segunda de las presentaciones, con la Salta Sta. Mónica de la Parroquia de los Agustinos de La Vaguada no tenía yo más vínculo que el presentador, José María Torrijos, testigo privilegiado del día de mi boda; es decir, el cura que me casó. Pero no estaba allí solo por eso, sino porque, como los dos anteriores amigos, es un buen escritor, un buen especialista en literatura y una persona de sensibilidad y gracia muy notables.

Han sido dos días de fiesta; acudieron muchos compañeros de la Facultad y una presencia especial, Pedro Martínez Montávez, mi maestro, otros amigos de los primeros días de la juventud y compañeros recién recuperados con los que compartí los años del Instituto de Enseñanza Media. A todos ellos mi agradecimiento por venir, por estar, por compartir y por leer el libro.Faculweb1

Interviene el editor (ed. Gollarín, Caravaca de la Cruz) Francisco Marín

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Interviene Carmen Díaz Bautista

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En la intervención de Javier

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Vista general de la Sala de Grados de la Facultad de Filología

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José María Torrijos y la autora.losdelPreu

Los chicos del Instituto