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Protestantes

El alcalde de Río, creo, es un pastor protestante recién elegido, también es protestante el presidente de Guatemala y el Papa Francisco va a participar en la conmemoración de los quinientos años de la reforma protestante.

Bueno, pues parece que en Iberoamérica los protestantes, en particular evangélicos que son un número creciente y causa de muchos conflictos de toda índole, empiezan a tomar conciencia ciudadana y a participar en la cosa pública. Ojalá que inculquen a sus comunidades el compromiso cívico que las haga darse cuenta de las desigualdades e injusticias sociales y los impulsen a luchar por la dignidad de todos los seres humanos. Que su actitud sea también acicate para los católicos y los no creyentes para sentirse comprometidos con su entorno.

Muy bien que el Papa vaya a sumarse a las celebraciones en memoria de Lutero y su reforma. Es una gran noticia. Muchas comisiones vaticanas llevan años trabajando en esa línea, pero qué poco trasciende de ello a la feligresía. Qué poca pedagogía hace la iglesia católica, al menos en España, acerca de esas realidades y de que las diferencias son menos que las semejanzas. Tampoco sabe la mayoría de los fieles católicos que si hemos recuperado la lectura de los textos sagrados y el interés por ellos, es gracias a los protestantes y a la reforma de Lutero, aunque tardáramos algo más de cuatrocientos años en enterarnos. Ojalá estos gestos sirvan para que los fieles caigan en la cuenta y reclamen de sus presbíteros una explicación de cuántas cosas que parecían alejarnos, ahora la iglesia católica las ha hecho suyas.

Por otra parte, es sorprendente lo nada que interesa al mundo europeo en general y a los creyentes en particular que se hagan gestos como este. Qué poco bombo se les da. Ni un comentario en facebook, ni uno en twitter, eso sí, páginas y páginas de aparecidos, zombies y máscaras.

Este gesto supone difuminar una frontera que separa a la Europa del norte de la del sur, supone cerrar unas páginas sangrientas de guerras de religión, supone regresar al espíritu evangélico de cercanía y fraternidad. No debe ser muy importante, aunque a mí me lo parezca. Igual es que soy rara.

Ah, se me olvidaba; esa obispo sueca que conocemos porque ha bautizado a muchos miembros de la familia real sueca, con sus ornamentos litúrgicos se saluda afectuosamente con el Papa. ¡Vaya notición! los dos con los mismos símbolos, los dos cabeza de sus iglesias, los dos conmemorando una de las mayores revoluciones de la cristiandad y tan amigos. Muchos comentarios merece la imagen y su contenido. Que no se haga un silencio tan abrumador sobre este hecho.

Cuando se escribe un libro

Los pasados días 11 y 12 de mayo tuve ocasión de presentar mi libro de relatos de Centroamérica en dos sedes muy diferentes y con presentadores también diferentes, pero todos unidos por un  par de rasgos comunes; la amistad y su buen conocimiento de la literatura y sus entresijos.

La recepción que hicieron de mis relatos es verdaderamente enriquecedora. Cuando se escribe un libro de creación, si no se es -como es mi caso- una autora consagrada, se enfrenta uno a una serie de incertidumbres que, finalmente, lo pueden llevar a meter el manuscrito en un cajón y no mostrárselo a nadie. Pero el atrevimiento es mayúsculo si uno decide intentar publicarlo. Si el editor se muestra favorable, se tiene a veces la sensación de estar engañando al pobre incauto que se ha prestado a ello. Si el interés por publicar el libro tiene detrás una intención solidaria, entonces cabe la sospecha de que el editor se deja por aquello de hacer una buena obra. Sin embargo, en el momento en que el texto empieza a tener lectores profanos en materia literaria y que dicen que está muy bien, que es entretenido y curioso, que les ha emocionado aquí o allá, en ese momento uno empieza a sospechar que ni el editor es un ingenuo ni solamente una persona solidaria. Si además, cuando llega el momento, varios especialistas, aunque amigos, se prestan a acompañarte en la aventura, poniendo su nombre junto al tuyo y lo analizan con esmero y sacan a relucir sus claves y le encuentran sus gracias al texto, uno empieza a notar que se le escapan suspiros porque, hasta ese instante, había estado conteniendo la respiración.

Como uno ha lidiado ya en muchas plazas, sabe cuándo el aplauso es desmayado y cuándo cordial, cuándo procede de las palmas de adheridos totalmente acríticos o es espontáneo y sincero. Tengo que decir que me he llevado la alegría de que, sin exagerar, el texto les ha gustado, lo han seguido con interés, lo han escudriñado y examinado como si fuera el de alguien que merece figurar en las historias de la literatura. No han hecho un elogio del tono ‘porque esta chica me cae bien’ y eso es muy de agradecer porque te da la medida de lo que has hecho.

Es muy difícil que uno sea objetivo con su propio trabajo. Es cierto que yo misma me he dedicado al análisis literario durante años y además soy lectora incansable, ello da un cierto poso para saber cuando una cosa es medio buena, buena o muy mala o pésima. Tengo que decir que cuando remataba cada historia, si era de las que hacen reír, me reía y si de las que hacen llorar, se me saltaban las lágrimas. Este puede ser un buen barómetro para detectar si algo es bueno o malo en literatura. Si te engancha y te provoca emociones, si sientes que has aprendido algo o te ha hecho pensar, si te indigna o te sientes identificado, estás ante algo que merece la pena. Posiblemente no alcance el Premio Nobel, pero es digno y no una piltrafa. Eso me pasaba a mí al releer mis relatos. Cuando pasan unos meses, si además te provoca el asombro de pensar que tú has escrito aquello que casi te parece imposible que haya salido de tu mano y tu cabeza, quiere decir que la cosa no está tan mal.

Pues bien, eso me ha sucedido con este libro de relatos De la ceiba y el quetzal, en esos trece cuentos están muchas de mis experiencias directas o recibidas en las estancias en Centroamérica; los personajes se parecen mucho a algunas personas reales, aunque sus peripecias sean ficticias, pero son posibles. Allí son posibles. De manera que en un tono amable y empático, estos cuentos son un retrato de un mundo que transito cada año con dolor y admiración y con gran respeto.

Cuando se escribe un libro para hacerse famoso es posible que uno intente rodearse de plumas ya famosas por si se le pega algo del lustre ajeno. Como no es el caso, lo que yo escogí, además de ser grandes especialistas, es a amigos de muchos años, compañeros de fatigas en muchos aspectos, personas que me conocen y que conocen a mi familia, en algunos casos. Podría haber invitado a estas presentaciones también a personas insignes, para hacerme la foto con ellas y robar un poco de su luz, pero invité a amigos fieles y cariñosos que acudieron y disfrutaron como yo de la sesión. Hubo algunas ausencias excusadas y excusables, pero hubo también ausencias inexcusadas que no por ser menos esperadas dejan de sorprender. Aquellos que no van porque no son capaces de un acto de generosidad, que queda compensado por la presencia de otros que siempre han sido generosos y siempre han estado disponibles, cuando a ellos sería más fácil excusarlos. En fin, a todos, mi cariño, mi agradecimiento y ya sé que van a estar siempre que cuente con ellos. A los que no, pues ellos se lo pierden.

La primera de las presentaciones fue en un lugar significativo para mí; allí me examiné de oposiciones, allí había defendido mi tesis y luego me convertí en miembro del tribunal de muchas otras, alli me acompañaron Carmen Díaz Bautista y Javier del Prado, así como el editor Francisco Marín. Cuando tenga los textos de los dos los colgaré en esta página para que los disfrutéis.

En la segunda de las presentaciones, con la Salta Sta. Mónica de la Parroquia de los Agustinos de La Vaguada no tenía yo más vínculo que el presentador, José María Torrijos, testigo privilegiado del día de mi boda; es decir, el cura que me casó. Pero no estaba allí solo por eso, sino porque, como los dos anteriores amigos, es un buen escritor, un buen especialista en literatura y una persona de sensibilidad y gracia muy notables.

Han sido dos días de fiesta; acudieron muchos compañeros de la Facultad y una presencia especial, Pedro Martínez Montávez, mi maestro, otros amigos de los primeros días de la juventud y compañeros recién recuperados con los que compartí los años del Instituto de Enseñanza Media. A todos ellos mi agradecimiento por venir, por estar, por compartir y por leer el libro.Faculweb1

Interviene el editor (ed. Gollarín, Caravaca de la Cruz) Francisco Marín

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Interviene Carmen Díaz Bautista

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En la intervención de Javier

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Vista general de la Sala de Grados de la Facultad de Filología

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José María Torrijos y la autora.losdelPreu

Los chicos del Instituto

Seguimos en 1965. La memoria y la visita dan para mucho

Tercer relato de los chicos del PREU 1965 (5 de junio comida, tarde y noche)

Tras el tour, fuimos a comer al CAS

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En cuanto nos sentamos, ya le empezamos a dar a los recuerdos. Tere contempla una foto en blanco y negro, otros rebuscaban en la memoria, pero ¡vicio de los tiempos! Muchos miraban sus teléfonos móviles, como si en ello les fuera la vida. Ya veis.

Luego, los entrantes estuvieron muy bien y los devoramos, pero lo mejor, como pasa en muchos sitios de Ceuta, las vistas:

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Tras un breve descanso en el Hotel, al que habían llegado unos moteros muy vistosos

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La cosa se dividió; quienes se fueron al barquito (a ellos les toca la crónica de ese paseo); quienes se fueron a recorrer la Calle Real y a comprar cosuchas (este ha sido un fallo del programa, porque la tarde libre del sábado fue de tiendas cerradas y ni un miserable souvenir); quienes nos fuimos de ‘visita cultural’. Un pequeño recorrido a pie que incluyó la basílica tardo romana (una maravilla de Museo), los restos de los ‘chalets’ púnicos de junto a la catedral y su callecita empedrada que iba hasta el mar en la Ribera, algunos detalles del monolito de la Plaza de África y sus bajorrelieves bélicos y del edificio del Ayuntamiento que nos motivaron, aparte de la visita institucional, para entrar en él y fijarnos en los detalles de ese hermoso edificio. También explicación del foso, el Puente del Cristo (con su santiguado preceptivo) y los baluartes que fue muy interesante. La guía Miriam, creo que se llamaba, lo hacía francamente bien.

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Reconstrucción del espacio con su alfabeto púnico debajo.

No cometeré la pedantería de leeros el letrero, aunque bien podría. Porque efectivamente se trata de alfabeto fenicio, idéntico al paleo-hebreo, pero sí que digo estas cosas para que veáis que de lo mío me acuerdo todavía.

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Restos de la casa púnica con su hogar

Ahora, una de muralla romana, de basílica que es una hermosura porque se conserva todo el perímetro y buena parte de los enterramientos interiores y extra-muros. El Museo es una preciosidad. La próxima vez no os lo perdáis porque además conserva in situ silos y aljibes medievales. Está muy bien puesto y sobre todo es pedagógico. Estas cosas las sé porque tengo una hija arqueóloga en ejercicio y un hijo de Historia del Arte. Por cierto y de paso, si alguna vez vais de visita a Mérida ya os daría el contacto de ella para que os enseñe la ciudad de otro modo.

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Esta no es muy buena porque los cristales reflejan a los visitantes y es difícil evitarlo. Pero no podía faltar la del Cristo.

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Esto es precioso a cualquier hora del día

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Y esto majestuoso y la de años que estuvo cerrado.

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La cena en el Casinillo y, además de la comida, demasiada, las vistas magníficas.

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Unos grupitos

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Carmen Rubio compañera nuestra de Carmen García Marín y mía en el Colegio de La Milagrosa de Tetuán (un hallazgo inesperado y una emoción más)

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Mi Luis que hizo muy buenas migas con ‘infiltrados’, Juan el marido de Carmen Albeza y con Marino, el de Gloria Muñoz.

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Esta está un poquito borrosa, pero merece la pena porque se ve a bastante gente y sobre todo a José Luis Sanjuán a quien yo recordaba perfectamente y a quien me hizo mucha ilusión reencontrar.

Pasó una tarde, pasó una mañana, fin del día quinto, que diría el Génesis.

 

 

Domingo de Ramos en Totogalpa

Totogalpa es un municipio del noroeste de Nicaragua, del Departamento de Madriz. La población acoge a una serie de distritos, hasta siete, que corresponden a zonas rurales. No son exactamente equivalentes a las pedanías porque los caseríos están dispersos y no forman núcleos. En total, en todos los sectores más el municipio central, habrá unos doce mil habitantes. Se estima la densidad demográfica en 89 habitantes por kilómetro cuadrado, de manera que es bastante extenso, pero poco poblado. La zona cuenta con un par de ciudades cercanas de cierta envergadura, en las que hay comercio y algo de manufacturas, especialmente de tabaco; Estelí, hacia el sur y Ocotal hacia el norte.

Totogalpa es una ciudad típicamente colonial, ordenada hacia un parque central, en donde se hallan los edificios municipales y la iglesia y desde el que salen en cuadrícula perfecta las calles y sus manzanas. Las casas son bajas, unifamiliares y con algo de patio delante y detrás. Las calles están adoquinadas y las fachadas son coloridas. Los cables eléctricos sobrevuelas las aceras y los tejados en una espesa tela de araña. Hay bastante arbolado, plantas y flores. Cantan los pájaros y zumban las chicharras. El pueblo está al borde de la carretera y se extiende suavemente por un terreno bastante llano hacia una vaguada.

Los caminos que llevan a los sectores son de tierra; caminos de monte que, en algún caso, como el que lleva al sector de Terrero, transcurre por el cauce de un arroyo pedregoso y seco en esta época, pero que se convierte en torrentera en la época húmeda. Por tanto, los caminos son una ‘polvasera’, como dicen aquí, cuando no llueve, y un lodazal, cuando llueve. La tierra está muy suelta y descarnada, con lo que las lluvias se llevan cada año algún tramo. La gente que puede va a caballo, la mayoría a pie y algunos privilegiados en bicicleta. Para llegar a algunos sectores se han establecido recientemente ‘rutas’. Es decir, un chofer con un camioncito lleva a sus clientes en la parrilla o paila, como le dicen por acá. Es frecuente observarlos con racimos de brazos y piernas asomando por los barrotes, envueltos en una nube ocre de polvo, dar tumbos sorteando zanjas.

En este lugar estamos y hemos venido a celebrar la Semana Santa. Empezando por el Domingo de Ramos en que tuvimos procesión de los Ramos por la mañana y celebración de la eucaristía en la iglesia. Todo comenzó a las 7 y cuarto de la mañana.

Después del almuerzo, las Hermanas y nosotros nos subimos al pickup y nos fuimos a los sectores; Luis y la Hna Marta a Terrero, La Hna. Inés con la otra Hna. Marta a Cayantú y la Hna Marlene y yo al Cuje. En estos sectores, como en otros, hay una capillita que tiene múltiples usos; iglesia, velatorio y salón cívico. La gente que no puede desplazarse a Totogalpa, celebra allá sus festividades. Pero a estos lugares raramente llega algún cura, de manera que los laicos y las Hnas son los que celebran la palabra y dan la comunión.

Dicho sea de paso, cuánto cura desoficiado no hay por ahí que aquí sería muy necesario. Pero…

En fin, a Luis le encomendaron predicar en Terreros y yo fui de simple acólito con la Hna. Marlene. Le sostuve el agua bendita y leí la monición de inicio.

Como las imágenes son mucho más expresivas que cualquier palabra, miradlas y veréis. Quizá os podáis hacer idea de cómo es el lugar y sus habitantes, gente muy modesta que a malas penas vive del campo, que camina muchísimo y está bastante desamparada. No he observado una gran mejoría en este entorno, desde que vine por primera vez hace ya cuatro años. De manera que parece que aquí nadie se ocupa de ellos. Nadie los apoya y estimula y, desde luego, nadie les facilita medios de progreso. Cada quien responsable que atienda.

Nosotros tenemos aqui a cuatro becarios que cumplen religiosamente con su esfuerzo y van avanzando en sus estudios. De eso hablaremos en otro momento.

Vayamos ya a las imágenes. ??????????????????????????????? ??????????????????????????????? ??????????????????????????????? ??????????????????????????????? ??????????????????????????????? ??????????????????????????????? ??????????????????????????????? ???????????????????????????????

Cristo rey
Cristo rey en Totogalpa
Ramos en Terrero
Ramos en Terrero

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Las palmas preparadas
Las palmas preparadas
reparto de ramos
reparto de ramos
Los ministros
Los ministros
El coro
El coro
Juan abriendo la propcesión
Juan abriendo la propcesión
Las niñas y la abuela
Las niñas y la abuela
Todos los fieles
Todos los fieles en el Cuje
Cristo Rey en Totogalpa
Cristo Rey en Totogalpa

Un repaso al año 2014

Se acerca el fin de año y, como siempre, conviene hacer un repaso de novedades, disgustos, aciertos, buenos y malos ratos.

A veces resulta difícil clasificar todo aquello que uno vive en alguno de los casilleros establecidos. Con frecuencia y con el paso del tiempo, lo que nos pareció terrible se ha convertido en una experiencia positiva. La pérdida de alguien, amigo que se va o familiar que fallece, puede, tras el natural desasosiego y las lágrimas, transformarse en un modo de crecimiento personal o en el reconocimiento de que hemos salido ganando porque el amigo perdido no era tal.

Las cosas que salen mal o al menos no a nuestro gusto y según nuestra voluntad nos invitan a tomar otro rumbo, pues incluso en aquello que hacemos con la mejor intención, hay un margen de error importante, y solo con el paso del tiempo y precisamente por ser una equivocación, nos obligan a mirar en otra dirección y ser más creativos.

Como todos los años, alguien se nos ha marchado dejando un hueco difícil de llenar, pero, al mismo tiempo y por azar, nos viene a las manos la biografía de alguien que nos dejó tiempo atrás y ello supone una forma de recuperarlo.

Como todos los años, recibimos demostraciones de afecto, recuperamos amigos y compañeros perdidos, retomamos relaciones o nos convencemos de que con algunas personas una amistad es imposible, lo que no significa ni odio ni rencor, simplemente la aceptación de las limitaciones humanas; las suyas y las nuestras.

Como todos los años, los pequeños crecen, los jóvenes maduran y se arriesgan, los mayores envejecemos y nos conformamos con los recuerdos y con una especie de sabiduría que el tiempo, en compensación de su venganza, nos regala.

Dentro de casa sigue habiendo calor de hogar, cariño y buen entendimiento. Fuera, la cosa ya no es tan amable. Hay guerras estúpidas que destruyen vidas y esperanzas, que arrojan a la gente lejos de sus casas, dejándolas a la intemperie y a merced de la ayuda ajena, que no siempre llega o es eficaz, se arrasan monumentos milenarios en una repetición de la barbarie que nos retrotrae a los siglos oscuros, como si de veras algún siglo hubiera sido el de las luces.

Hay explotación, abusos y corrupción y muchos piensan que sólo con cambiar las leyes e incrementar los castigos, las persecuciones y amenazas, se volverán a imponer la justicia y la misericordia. Parece que aún no nos hemos convencido de que únicamente una transformación interior, un control de las pasiones y una intención decidida de rectitud pueden modificar el mundo.

En cualquier caso este 2014 que concluye no ha sido un año bueno. A los mayores se los carga con la responsabilidad de mantener a una familia extensa, ya sea cuidando de nietos o sufragando los gastos de hijos que están en el paro. A los jóvenes, se los empuja a irse lejos en busca de un lugar mejor o peor, pero donde tengan algo que hacer que les permita tener una vida activa, o bien se los contenta con un salario mínimo que es una vergüenza.  Aquellos que tienen toda la vida por delante no pueden hacer planes de futuro y los que la han dejado atrás y deberían descansar, se encuentran asumiendo tareas y cargas que ya no les tocan.

Nadie nos dice que estamos en plena posguerra y que, como todas las posguerras, son peores que la propia guerra. No es fácil sobrevivir, porque la guerra arrasó con los ideales, acabó con las clases sociales, destruyó el bienestar y dejó todo por reconstruir, cuando ya no quedan fuerzas para ello.

Sin embargo, esta situación de desolación ha despertado en algunos, hasta ahora apáticos o indiferentes, una cierta conciencia política. No son jóvenes revolucionarios, sino personas que se adentran en la madurez y que no quieren el mundo tal como se les ha planteado. Quieren renovarlo, retornar a las esencias, recuperar los valores. Ojalá lo consigan. Por lo pronto ya han sacudido a algunos bien establecidos y satisfechos de sí mismos. Eso siempre es bueno. En otros han sembrado el temor y el recelo. Estar un poco asustado tampoco es malo, si ello conduce a reflexionar y buscar nuevos senderos.

En fin, no es que crea en la magia del calendario, pero es reconfortante que cambiemos de año. Este año próximo será el de las mudanzas y los cambios. Posiblemente descubramos nuevos demonios, pero tal vez consigamos deshacernos de los viejos.

Deseo a todos un año de ojos abiertos, de expectativas diferentes, de anhelos por los que pelear, de ilusiones y esperanzas hacia las que seamos capaces de caminar. No olvidemos las lágrimas y los desengaños, pero caminemos con firmeza hacia la luz. No porque lo diga el gobierno, sino porque queremos un mundo mejor para nosotros y para los demás.

Deseo para todos una visión profética que no es la de la bola de cristal, sino la capacidad de desentrañar con acierto, rigor y mesura lo que ocurre a nuestro alrededor. Una visión profética que sepa mirar al mundo y a nosotros mismos como parte de un cosmos en el que todo es interdependiente; o como decía un sabio amigo: todo sea ‘inter-independiente’. En definitiva, que seamos capaces de ser libres y dependientes a la vez, pues no en vano no estamos hechos para vivir aislados ni para ser ajenos a la Naturaleza.

 

Don Quijote light

A bombo y platillo se publicita una versión recortada de Don Quijote como modo de estimular a los jóvenes a que lean una de las mayores obras de la literatura universal.

Este fenómeno se repite de vez en cuando. Versiones para niños y adolescentes de la Biblia y de otras grandes obras, versiones con un ‘pachum-pachúm’ de fondo para vulgarizar la música clásica o aligerar la ópera.

Seamos un poco serios. Los niños deben empezar por leer lo que sea adecuado para cada edad y hay cientos de libros así con ilustraciones maravillosas. También hay piezas musicales, como los ballets y otras (la sinfonía de los juguetes, por ejemplo) que sirven perfectamente al fin de animar a oír música culta.

En una casa donde los padres leen y compran libros para sus hijos, donde escuchan música o los llevan a conciertos o tocan algún instrumento, ahí es donde se genera el buen lector y el buen auditor de música.

El Quijote es una gran novela renacentista que pretende, según los expertos, reconstruir una narración medieval de caballerías. Ese género, como tantas obras medievales, está lleno de digresiones, de pérdidas aparentes del hilo conductor, de escapes colaterales que no sólo sirven para enriquecer el texto, sino que muestran la mayor parte de las veces la erudición del autor. Esa erudición se cuela en nuestro conocimiento de manera suave, como en un juego, abriendo perspectivas múltiples, sin que nada de ello nos haga perder el interés por el meollo de la obra.

Leer un Quijote mutilado es como saltarse las páginas de descripciones prolijas para llegar al final del libro y saber quién se casa con quién o quién es el asesino.

La lectura compleja ejercita la paciencia, el gusto por lo prescindible y el detalle. Si el señor Dickens hubiera recortado sus historias para ir sólo a lo esencial, sin perderse en explicaciones o análisis de su época, probablemente los Papeles póstumos del Club Pickwick se habría reducido a unas veinte páginas insulsas y no sería hoy el equivalente al don Quijote en versión inglesa del siglo XIX.

En el mundo de las prisas y la rentabilidad, leer una novela de más de ciento cincuenta páginas es casi un desafío. ¿Por qué no presentarles a los adolescentes ese reto, en lugar de darles una versión light?

Hoy que todo ha de ser de ahora para ahora, posiblemente sea un buen ejercicio de aprendizaje conseguir que los muchachos empleen más de una hora al día en leer capítulo tras capítulo de la vida y peripecias de ese hidalgo aventurero que pone en solfa a todos los estamentos de su época.

Quizá de lo que se trata es de que no descubran, con esfuerzo, que hay que ser diferente, que hay que ser utópico, que hay que ser rebelde y no perder el aliento en el empeño.

No me gustan las versiones edulcoradas, mutiladas y reconstruidas. Lo siento, pero no recomendaré esa lectura. Tampoco lo haré con las versiones infantiles de las Mil y una noches, aunque algunos de sus pasajes sean plúmbeos, ni eliminaré de la Biblia aquello que no resulte políticamente correcto, como la violencia o los incestos. No. Me niego. Pero consentir en que las cosas se lean como fueron escritas necesita de contextualización, de seguimiento, de aclaraciones y de enseñanzas. Si no estamos dispuestos a guiar a nuestros hijos y a educarlos, entonces, dadles al menos un Quijote amañado. Menos es nada.