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Majos del Miño en acción

Domingo día 19 de noviembre de 2017. Quedamos con nuestros buenos amigos de La  Torre, en el ejercicio de nuestra autoridad como Majos del Miño 2017-2018. Como es natural se trata de quedar a comer – que otra cosa si no se puede hacer-, pero para que no resulte tan descarado se organizó en el marco de una visita cultural a Cartagena.

No contábamos nosotros en nuestra inocencia con que desde el Pilar de la Horadada a Cartagena se perdieran por el camino ¡Señor, qué cruz! Pero así fue, de modo que la excusa cultural se quedó en una escueta visita al Augusteum, sito en la actual calle caballero. La verdad es que es una excavación bien hecha, bien musealizada y aprovechando el espacio para otros usos acordes con el mundo actual. Nos hicieron precio de grupo y estuvo muy bien. El video explicativo es bastante ilustrativo y con una pequeña explicación que me inventé, pero que resultó convincente, la visita fue todo un éxito.

Eso sí, a la hora de comer, nadie se perdió y todos aparecieron como un solo hombre en la Posada Jamaica. Un negocio familiar de tradición que ha sabido adaptarse a los tiempos actuales, pero que siempre ha ofrecido una muy buena cocina, variada y bien confeccionada. Se había acordado un menú de tapas y raciones para compartir que resultó delicioso. Siguiendo el modo antiguo, chicas por un lado, chicos por otro, ocupamos nuestros lugares en la mesa y nos lanzamos con alegría hacia los diversos platos, sin por eso dejar de hablar y reírnos.

Después de comer, aparecieron Joaquín y su mujer y nos hicieron una visita guiada hasta el cerro de El Molinete, desde el que se divisa casi toda la ciudad, el puerto y las fantásticas ruinas del decumano de la ciudad romana. Allí queda mucha tarea que hacer de poner en valor todo ese patrimonio, pero hay que decir que está muy bien lo hecho hasta ahora. Cartagena se está convirtiendo en una verdadera joya con todo lo que contiene y se puede visitar.

Todo el mundo lo pasó bien y según caía el sol, cada cual regresó a su casa, esta vez sin perderse.

En el año de Gracia de 2017 (Parte II)

Celebrada la cena tal como se refirió en la Parte I, los asistentes se lanzaron a danzar una melodía que, por gentileza de J.R. representaba muy bien al colectivo ‘Gallinero playuqui’ con que se conoce a este vecindario mundialmente.

En las imágenes se puede observar como un catedrático emérito de Lengua y literatura hebreas de la UCM se desmelena y presenta una actitud poco conveniente a tan conspicuo docente. Pero, estas son cosas que ocurren en verano, con la caló. Normalmente se trata de un señor muy serio para sus cosas y de ello no se debe inferir iguales actitudes en miembros del colectivo de catedráticos de Universidad.

 A la voz de. ¡Cari, vamos a deliberar! Los majos salientes, en actitud un tanto desenfadada y poco conveniente ante las miradas de los asistentes, quienes no dejaron de lanzar sus interjecciones y vítores, se reunieron muchísimo a deliberar y a traición le colocaron la banda a los nuevos majos que instantes antes estaban así de contentos y despistados.

Tras la investidura, se procedió como no podría ser de otro modo (frase que dicen últimamente mucho los políticos, aunque, por otra parte, cualquier cosa puede hacerse de muchos modos diversos, pero esta es una discusión para otro lugar…) a los discursos de ambos nuevos majos. De sus palabras y expresiones se deduce claramente, como no puede ser de otro modo (insisto) la emoción que los embargaba y que además se contagió a los asistentes, que corearon frases, lanzaron vítores y aplaudieron a rabiar, mostrando en cualquier caso un gran interés por las palabras de los oradores, casi mayor que el que les prestaban sus alumnos, cuando aún ejercían la docencia.

Este ambiente, en el que los sentimientos estaban a flor de piel, provocó en algunos de los asistentes actitudes de gran fraternidad, aunque juraban que sólo habían bebido cerveza 0/0.

A continuación se procedió a la toma de algunas imágenes muy originales en las que posaron los miembros del ‘Gallinero’ con los Majos recién nombrados. (No se puede hablar de elección, porque no fue precisamente eso, sino una designación a dedo. Aquí no nos andamos con tonterías de hacer que pase por democrático lo que es meramente impositivo. A ver si empezamos a llamar a las cosas por su nombre) (Perdón, que me he ido por otro lado… es que llevamos una racha…)

Para finalizar se llevó a cabo la tradicional fotografía de familia. Por una caída involuntaria, se produjo un escorzo violento, digno del mejor Barroco, que le dio a la imagen una cierta originalidad como se puede apreciar.

Una vez concluidos los actos protocolarios, dos manos inocentes convocaron a la lluvia y se armó… Aunque siempre hay quien tiene a mano un paraguas. Por otra parte el que alguien aparezca en un balcón, acodado en la barandilla con aire inocente no debe llamar a engaño al buen observador que verá a los pies un precioso barreño azul celeste.

Así, un poco pasada por agua, acabó la velada. pero todos parecían contentos y felices y no se produjeron daños mayores que camisetas empapadas.

Por fin, los agradecimientos: A los miembros del ‘Gallinero’ en su conjunto por confiarnos la honorable tarea de representarlos en toda clase de actos. Procuraremos hacerlo con dignidad. A Manolo que, mientras yo estaba distraída hablando con su señora, la Teo, nos trajo sendos montaditos con su tomate y todo. Estos son los detalles que hacen que una no pierda la fe en la Humanidad. A Isabel que hizo unas rosquillas aptas para celíacos, diabéticos, intolerantes a la lactosa y otros intolerantes, sin que por ello, milagrosamente, dejaran de saber como las de la abuela. A los autores de las imágenes, Mario y J.R. sin cuya colaboración no hubiera sido posible esta crónica o, al menos, habría quedado más deslucida.

Pedir disculpas a los posibles afectados; como Cristina y Jose que no aparecen más que de refilón. También están desparecidos Teo y Manolo y bien que lo siento, porque siempre he sido de estómago agradecido. El chino ‘malaleche’ de mi ordenador los ha suprimido, quién sabe por qué y no encuentro su foto por parte alguna.

Y esto es todo, si alguna falta hemos cometido, sabed disculparla.

Feliz fin de verano a todos y buen otoño.

En el año de Gracia de 2017 (Parte I)

Introducción:

Este artículo, dada la importancia de su contenido, merece ser dividido en dos partes, al menos, para que ninguno de los grandes acontecimientos vividos en la noche del ocho de septiembre de este año del Señor de 2017 quede sin reseñar con toda la hondura que se merece.

En este año de Gracia, por fin, hemos alcanzado el honor de ser los Majos del Miño. Ha costado lo suyo y sobre todo mucha paciencia. Los procedimientos de elección no son exactamente democráticos, sino más bien dediles y tienen en cuenta la antigüedad y el capricho de los Majos salientes. Los méritos de nada valen, aunque no deja de sorprender la capacidad de algunos para prometer cosas, antes de la elección.

Nuestra elección, por otra parte justa ya que somos los últimos llegados a la comunidad electoral, hay que decir que no ha ido precedida de sobornos y falsas promesas. Incluso ha quedado bastante claro que no pensamos hacer nada de provecho por el conjunto de los ciudadanos que integran esta comunidad. Cada cual que se apañe, como así ha venido siendo. Ante todo se han de preservar las tradiciones.

De cualquier forma, sea justo o no el procedimiento o el resultado, porque eso ya vemos que no importa a nivel general y mucho menos ha de ser relevante a nivel tan local, lo cierto es que la velada contó con una serie de procesos a cual más importante, que se cumplieron con gran dedicación y participación de todos los presentes.

Hay que señalar como interesante la circunstancia de que el resto de vecinos, incluso aquellos que vienen a pasar el fin de semana, tuvieron la delicadeza de no personarse el viernes por la noche y sólo asomaron tímidamente el sábado a mediodía, cuando ya no quedaba ni rastro de los desmanes (¡uy, se me ha escapado!) de la noche anterior. He querido decir restos de la convocatoria. Es posible que la ausencia de personas de orden facilitara el desarrollo de los acontecimientos tal y como a continuación se detallan e ilustran gráficamente.

Convocados pertinentemente, utilizando el medio del boca a oído y también las últimas tecnologías, y hechos los preparativos de adquisición de condumio, a saber; pan, carnes diversas, tomates y bebidas, además de los sabrosos productos de Martínez (patatas, aceitunas y cascaruja) a quien Dios dé larga vida y prosperidad, los encargados de mantener el fuego vivo prepararon las planchas de hierro (elaboradas en la competente empresa de Mariano) sobre los fuegos de butano. Se hizo acopio de las bombonas convenientes, tras proteger las baldosas del patio de las salpicaduras.

Las carnes aportadas en forma de pinchos morunos, brochetas de pollo, hamburguesas, lomitos, chorizos y morcillas, amén de panceta (perdón, bacon, que es más adecuado) fueron cayendo sobre las planchas ardientes, tostándose convenientemente y derramando su estimulante olor por todos los rincones. El aspecto de todo ello quedó como sigue: Se poblaron las mesas de condumio y comensales. Manos iban y venían, llevando ya botellines, ya vasos de plástico, ya viandas a la boca de cada cual en un trajín incesante que no impedía, aunque digan lo que dicen las normas de urbanidad, que se hablara a gritos, se contaran chistes o se alabara la labor de quienes sudorosos atendían el fuego.

Para rebajar la intensidad de las grasas, también estuvo presente el humilde tomate. ¡Qué hubiera sido de la cultura mediterránea, si no se llega a descubrir América! Por eso, en este punto, estimo conveniente y agradecido lanzar tres ¡hurras! por Don Cristóbal Colón.

Entre los que manejaban el fuego es justo destacar la figura grácil de Isabel que conociendo la importancia nacional e internacional del evento debería haberse procurado un mandil más a la moda, aunque este puede que pase, por el efecto vintage. Es sin embargo de ley decir que no afeaba su natural donosura y elegancia.

Continuará…

Mes de Mayo, mes de primeras comuniones

Se cumplen sesenta años redondos de mi primera comunión. Es un día que recuerdo. No sé si como el más feliz de mi vida, entonces nos decían eso, sino como un día especial en que, con mis compañeras de colegio, participamos en una celebración de la que éramos (eso creíamos) protagonistas. Después de la ceremonia religiosa en la capilla del colegio, hubo desayuno solemne en casa. Hay que recordar que, entonces, se ayunaba antes de comulgar, al menos durante doce horas. Por eso la celebración estaba circunscrita al desayuno, porque se salía de allí con un hambre feroz.

Por otra parte, ya teníamos siete años; la edad del ‘uso de razón’. Qué maravilla. Al menos una vez en la vida alguien nos concedía el privilegio de ser seres racionales, aunque fuéramos chicas, y además nos otorgaban el protagonismo,. vestidas de pequeñas novias porque, somo es sabido, las mujeres están destinadas al matrimonio. De manera que, racionales, sí, pero sometidas al matrimonio, también. Una cosa no quita la otra y como decían los primeros feministas: ‘Es mejor que una mujer sea racional y educada, porque así criará varones capaces’. (Esto era en el siglo XIX, pero a mediados del XX la cosa seguía más o menos)

Bueno. Algunas teníamos un precioso complejo de Electra que nos dura toda la vida y lo que recordamos es ir junto a papá, vestidas de princesas o de pequeñas novias, como se quiera, y que allí había una señora, la mamá, que también iba muy elegante, pero, papá era sólo mío.

Sin embargo, no escribo estas letras para contar intimidades como estas, sino para manifestar mi sorpresa mayúscula acerca de la regresión que se ha producido.

Cuando yo tuve hijos e hijas, ni se me ocurrió vestirlos de almirante o de princesa para que hicieran la comunión. Mientras tanto, había sucedido el Vaticano II y algunas cosas más. Eran los ochenta cumplidos y casi los noventa y no había ya razón alguna para pensar que el destino de una muchacha era el matrimonio o que el destino de los muchachos era embarcarse (me refiero metafóricamente; ir a la guerra, cazar mamuts, eso)

Pero, resulta que la primera comunión se ha convertido en un acto social. Bien. Ya no es obligatorio que te vean en misa mayor que si no te la juegas. Los padres y la mayoría de los niños que hacen la comunión, junto con los propios niños, no vuelven a pisar una iglesia, a no ser que estén de visita turística en alguna parte. ¿Para qué otro acto social visten a los niños de almirante y a las niñas de Sissi Emperatriz (o de cortina veneciana)? Creo que para ningún otro acto social. ¿A qué viene entonces vestirlos/as como hace sesenta años? Desde luego, no es porque se les reconozca el ‘uso de razón’, porque ahora cumplen los dieciocho y los treinta y siguen siendo adolescentes, y el uso de razón es una cosa de la que nadie habla, ni siquiera se le reconoce a muchos adultos…

Es una moda, es un negocio, es todo junto, es incongruencia, es ganas de prolongar el carnaval. No lo sé. Alguien tiene una explicación a este comportamiento regresivo. Y si nos diera por ponernos polisón…

La boda del año

Os anuncié debidamente que le iba a dedicar un relato a la boda del año. Bueno, la que para mí ha sido la boda del año, claro.

Se han casado Silvia y Antonio. Ella es mi sobrina y él es de otra familia pero, como diría mi madre, se ve que es buen muchacho. Esta realidad implica que el relato de esta boda no puede por menos que ser sesgado; estará inclinado, sin remedio, a un sector. En ese lado, a no dudar, estarán los más guapos y los más elegantes, sin que ello signifique que se desmerece al sector contrario.

Por otra parte y en cualquier caso, ya está sesgado de salida, sin echar cuenta de que se trata de dos grupos familiares diferentes, porque soy yo quien lo narra y, en ese sentido, todo estará mediatizado por mis propios sentimientos e impresiones, que son los únicos de los que puedo dar fe. Vamos a ver: si yo digo que la novia estaba feliz ¿significa eso que lo estaba? No. Significa que yo la veía feliz. Si me di cuenta de esa actitud de ella que invitaba a a creer en su felicidad, es porque ella me interesa, me interesan sus sentimientos, pero también quería dar por cumplidos mis deseos de que ella estuviera feliz. De manera que a eso me refiero. No se trata de tergiversar o de ser parcial; es que uno lo es necesariamente en el momento en que se mezclan los propios sentimientos y expectativas.

Debo decir que esta boda me hacía especial ilusión por muchas razones. La primera de ellas es que me apetecía que mi sobrina encontrara una buena pareja que la hiciera sonreír y con la que pudiera compartir todas sus inquietudes y proyectos, cosa que hoy en día es difícil cuando las mujeres son profesionales, piensan y tienen vida propia. (No nos engañemos, sigue teniendo más oportunidades, en lo que a casarse se refiere, la mujer dependiente, pero esto es para otro día).

La segunda razón es que la familia, últimamente, se ha reunido sólo y mayormente en hechos luctuosos y, aunque da gusto encontrarse, no es lo mismo si el motivo es una pérdida, ya que encontrarse para celebrar es mucho mejor.

Otra de las razones es más teórica y toca en cierta medida a los valores y las posturas filosóficas que tenemos frente a los acontecimientos de la vida. Aunque siempre he pensado que un matrimonio sólo debería tener lugar in articulo mortis, o dicho de otra manera; un matrimonio no es nulo hasta que se demuestra que los cónyuges han vivido mucho juntos (y en esto, pese a lo que muchos piensen, no hay diferencia entre un matrimonio civil y uno eclesiástico).

También creo que el compromiso entre dos personas debe tener un carácter público. Cuando amas a alguien, te encanta contárselo a todo el mundo. Apetece, si el amor es profundo y comprometido con la felicidad del otro, primero, y con la propia, después, ponerlo de manifiesto de manera solemne para señalar claramente a las intenciones, para que se acote el territorio, para que nadie piense que ni uno ni otro son terreno libre. Hay un compromiso de pertenencia que se quiere dejar patente y, porque cada cual quiere que sea definitivo y eterno, lo sella y afirma públicamente. Es decir, es una forma de manifestar que uno quiere volverse de la misma carne y alma que el otro. Es una forma de declarar que no hay nada más importante para nosotros que comprometerse en ese vínculo, que, además, nos suma a los que nos han precedido y nos abre a la posibilidad de otros a los que ofrecemos un futuro de vida. Un amigo me señalaba, no hace mucho, lo interesante que es la fórmula del matrimonio civil que hace referencia al cuidado de los descendientes, pero también de los ascendientes, cosa que no se menciona en el matrimonio religioso, y estoy de acuerdo.

Creo que cualquiera de estas razones; las afectivas o las ideológicas, sería suficiente para que me hiciera ilusión, pero aún hay otra que quizá sea simple y socialmente coyuntural. La de la inestabilidad de las relaciones afectivas y personales. ¡Cuán poca gente se casa y si lo hace es solo por razones de carácter legal o de conveniencia económica! ¡A cuánta gente le da pereza montar una boda porque es todo muy complicado! ¡Qué dependientes de las convenciones sociales! No importa caer en convenciones sociales si lo que de verdad te importa es que vas a declarar públicamente tu cariño por esa persona. ¿Si no eres capaz de montar una fiesta para participar a otros de tu alegría, esperanza y felicidad, qué serás capaz de hacer cuando estés mohíno, triste o aburrido? ¿Tan poco confías en tus afectos que no quieres dejarlos registrados porque es más fácil separarse si no había contrato que romper? Mucha gente dice eso de’por si se acaba el amor’, como si lleváramos a la espalda un depósito lleno que de repente empieza a tener pérdidas y se queda en seco. No. Los seres humanos no estamos en el mundo con nada predeterminado, sino con potencialidades y esas crecen, si las hacemos crecer.

En fin, no quiero aburriros con reflexiones sesudas. Sólo pretendo convenceros de que esta boda me ha hecho mucha ilusión y que tengo razones para ello. La última de todas es que he visto nacer, crecer y hacerse una mujer a la novia y eso provee de una ternura especial hacia todo lo que hace, sobre todo cuando la ves ya convertida en una mujer adulta, capaz de andar por el mundo por su propia cuenta. Espero que si habéis leído hasta aquí, sepáis ya que quiero a mi sobrina y que me hace ilusión que se haya casado.

Bien, la cosa pintaba muy bien. Entre los preparativos para la boda, mi hija incluyó venir unos días antes y estar en casa con su mamá. Como nos vemos poco y sobre todo no hacemos mucho de ‘maris’, cualquiera puede comprender que esto era un aliciente añadido. Además, muchos sobrinos a los que veo de verano en verano, además de mis otros hijos y nieto, vendrían, de manera que se me ocurrió que podríamos tener una comida juntos al mediodía del día de la boda. A ellos se les solucionaba un problema de logística y yo podía disfrutar de encontrarme con ellos y verlos con calma a todos. Lancé el plan y hubo una estupenda respuesta, así que casi veinte personas nos sentamos a la mesa. Una delicia.

La mesa vista desde uno y otro extremo, como podéis comprobar. Los más pequeños de los comensales andaban por ahí jugando, pero ya los veremos más adelante.

A las siete de la tarde, con nuestras mejores galas, nos dirigimos hacia el lugar del festejo y la ceremonia. Un lugar muy agradable, al pie de un cerro y cerca de Los Ramos. Allí esperamos la llegada de la novia.

Los jóvenes, asomados a la balaustrada para no perder ripio. Las mayores, sentadas y cotilleando.

Por fin llega la novia, acompañada de su padre y que solo se hizo esperar lo reglamentario.

Como podéis observar, el padre, que iba elegantísimo y se aprecia que muy contento, sujeta el vestido de la novia para que no se lo pise. La niña que porta los anillos es hija del novio y estaba preciosa.

La novia llega a la carpa donde se iba a celebrar la ceremonia entre los aplausos y murmullos de los asistentes.

De verdad que estaba guapísima. Pero, no nos engañemos. Todo el mundo va a las bodas a criticar el vestido de la novia, el peinado o el maquillaje. Aquí se debieron frustrar muchos. La chiquilla iba estupenda. Podéis apreciar que el vestido es precioso por detrás, con esa airosa cola que sale de un talle alto, con una espalda escotada (no el terrible palabradehonor que no favorece ni a las delgadas) que se remata en un coqueto lazo, todo ello de una tela con cuerpo, pero no pesada. En fin, que ni pensado para esta criatura que ha sabido escoger un vestido precioso y que la favorecía mucho.

Aquí podría yo hacer un excurso acerca de esas personas que se ponen lo que está de moda, les caiga o no, y que parece que las viste el enemigo. No me entretendré en ello, pero os amenazo con contaros lo que pienso del asunto. Este, sin embargo, es el caso de todo lo contrario. Alguien que conoce bien su cuerpo y que, aunque normalmente viste informal, cuando se pone de gala, sabe escoger y llevar con elegancia lo que ha elegido. Un diez por el vestido de la novia y por el porte y soltura con que lo llevaba.

Se que estáis esperando que os muestre los detalles. Paciencia, todo llega.En esta otra imagen, podéis apreciar que el escote delantero y los costadillos del vestido le sentaban como un guante. El arranque de la falda era airoso y flotante sin ser exagerado. El peinado era muy favorecedor, ya lo veremos en detalle, pero las patillas sueltas y el adorno floral, delicado y de muy buen gusto, se le quedaba colocado con toda naturalidad, como si formara parte de su cabeza. Otro gran acierto, el colorido ramo de flores silvestres.

Esta preciosa imagen iluminada por el sol poniente revela muchas cosas: la mirada enamorada del novio y que tengo razón cuando os digo que el tocado y la trenza informal quedaban perfectos.

Durante la ceremonia, a parte del concejal y del rito matrimonial, tomó la palabra un amigo del novio, el propio novio que con mucha gracia nos informó del corte de su barba y de lo enamorado que está de su chica Silvia y el hermano de la novia, Jorge. Aquí se puede ver cómo las palabras del novio hacían reír a la novia que lanza además una mirada cómplice a su madre que estaba detrás de ella.

Jorge es el más pequeño de mis sobrinos, aunque a estas alturas ya es todo un hombre. Es cierto también que tengo debilidad por él, sobre todo desde que, cuando aún era un niño, descubrí que tenía una imaginación prodigiosa que quedaba oculta por una especie de  tendencia a expresarse en monosílabos. Espero que ahora, que ya es un adulto, sea capaz de seguir un consejo que le di entonces: Escribe eso que piensas e imaginas. Es verdad que en su intervención en la boda de su hermana hizo alarde de ambas cosas; de tener una gran imaginación y de escribir muy bien, aunque, a juzgar por el temblor de su mano, es posible que los nervios sigan siendo delatores de su timidez. Me encantó su intervención y me reafirmé una vez más en que es un muchacho valioso al que también deseo felicidad.

Tras la ceremonia nos trasladamos a una zona abierta a tomar un cóctel, mientras los diversos grupos se hacían fotos y comían, bebían y charlaban, esperando el momento de entrar al restaurante.

Un inciso. Mi nieto estuvo muy formal, aunque un poco enfurruñado, durante la ceremonia. Pero, es que ya se sabe, estas cosas de los mayores no son nada entretenidas. En fin.

Entre todas las fotos, quizá esta sea una de las más bonitas y entrañables (aquí se puede decir esto que la gente repite ahora sin sentido). Entrañable significa que conmueve las entrañas. Bueno pues resulta conmovedor ver a estos tres sobrinos juntos que además, en su día, siendo unos adolescentes, fueron los padrinos de bautismo de la novia. ¿No es bonito y tierno? Pues eso: entrañable.

Hablando de sobrinos. ¿Qué me decís de lo guapa que es esta otra sobrina que está con los padres de la novia? ¿Es pasión de tía? No.

Y entre los pequeños, este sobrino-nieto ¿es que es feo el chiquillo? A pesar del sesgo del que os hablaba al principio, trato en la medida de lo posible de ser objetiva.

Para demostrarlo, aquí van algunas de grupos

Por su parte, en el desarrollo de la fiesta, los novios hicieron todo aquello que se espera que hagan los novios; beber cava de entrada, cortar la tarta, entregar el ramo a una amiga casadera y  marcarse un bailecito con coreografía especial. Todo muy en su punto.

Mientras, los demás, nos poníamos morados de comer y llegábamos al postre con este ‘malacatón’. Luego, un ratito de dar saltos para bajar la cena. Una fiesta estupenda.

Larga vida a los dos y mucha felicidad y gracias por dejarnos participar.

La Habana es Cádiz

Mi abuelo materno se libró por los pelos de ir a la Guerra de Cuba. Nadie se alegró tanto nunca de la pérdida de una colonia. Unos tíos suyos emigraron allá y, al parecer, hicieron fortuna en un lugar llamado Camajuaní. No se si desaparecieron, si fueron balseros o se afiliaron al partido. Puede incluso que algún descendiente ande por Miami festejando que se murió Fidel.

Hace unos días, una prima mía me envió una fotocopia de mi examen de ingreso de bachiller. Año de 1959. Significativo en la lucha por la libertad en Cuba. Desde entonces, me he pasado la vida oyendo y viendo a Fidel y ahora se acaba de morir.

Se ha dicho hasta el aburrimiento que para unos (derechas) era solo un dictador más y que para otros (izquierdas) era un revolucionario. Como pasa casi siempre, todos tenían razón. Se convirtió en un dictador, después de haber sido un revolucionario. Pero lo que pocos han dicho, además de su culto a la palabra, que era un hombre con una fuerte personalidad, con carisma y con un discurso utópico del que han desaparecido hasta las trazas. Fidel posiblemente fue todo lo que se dice de él, mas fue una persona muy inteligente. Nada mediocre.

En un mundo en el que estamos rodeados de botarates, falsos mesías y falsos revolucionarios que jamás se han tirado al monte, que tienen un discurso manido, aprendido en los libros o que sale de ese fondo inhumano que todos tenemos, la desaparición de una figura como la de Fidel, no deja de ser, con todos sus defectos, una gran pérdida.

Puso en evidencia las pérfidas políticas del Imperio respecto a América latina; ese llamado ‘patio de atrás’.  Se vio abocado a unirse a la Unión Soviética como tantos otros que querían tener una presencia en el mundo que les era negada. Pero hizo algo aún mejor: alfabetizó y dio sanidad a mucha gente. Sus médicos todavía ayudan en diversos lugares, a los que no iríamos ni atados con una soga, como por ejemplo las colonias en torno a Tegucigalpa, en las que la miseria, el abandono y la violencia están presentes cada día.

Es verdad que empobreció a su pueblo y lo redujo a una miseria relativa muy igualitaria. Yo conozco Cuba desde dentro. No he ido allá de turismo. Inculcó un espíritu de superación no competitivo que para nosotros querríamos. Pero, permitió nuevos modos de corrupción. Todos los seres humanos tenemos luces y sombras. Fidel llenó nuestros espíritus jóvenes de la ilusión de que un mundo mejor y diferente era posible y también nos arruinó esa ilusión. Como tantos otros que solo y simplemente nos arruinaron la esperanza y nos la siguen machacando a ver si ya nos rendimos.

Triste es ver cómo unos festejan la muerte de alguien. Seguro que solo miran a su propia experiencia, a sus pérdidas. Eso les permite ignorar que el mundo hubo un momento en que parecía que podía ser mejor, a pesar de todos los reproches que se puedan hacer. La historia le hará justicia. Yo también lo espero y justicia no es señalar lo blanco o lo negro, sino señalar todos los matices intermedios.

 

Una mala racha

No cabe duda de que estoy teniendo una mala racha. Desaparecen de mi cercanía personas a las que apreciaba. En menos de un mes he perdido a tres personas que de una forma u otra han estado presentes en mi vida y forman parte de mis recuerdos. Como siempre ocurre unas eran más cercanas que otras. Estoy hablando de Feli, de Claudio y de Pilar. La primera era la mujer de una persona con la que trabajé en cuestiones solidarias; ambos me dieron ejemplo de alegría de vivir, de solidaridad y de cercanía. A ella se la ha llevado una enfermedad que parece ser el azote de nuestro tiempo. La nueva peste. Claudio fue compañero de estudios allá en los tiempos de Maricastaña, es decir, en Preuniversitario. Luego, a pesar de vivir muy cerca no nos encontramos más que dos o tres veces. Sin embargo, he trabajado, en circunstancias muy diferentes, con primos suyos, y su familia, su padre y una tía suya, eran amigos de mi madre y se conocían de antiguo. Amigos comunes, con los que he recobrado la relación después de muchos años, me han tenido al día de sus circunstancias, de tal manera que cualquiera de los recuerdos que examino, desde el pasado hasta el presente, me lo traen a la memoria. A él se lo ha llevado prematuramente también una rara enfermedad. Por último la dulce Pilar. Compañera de tantos años de luchas universitarias, cómplice en veranos con nuestros respectivos hijos y amiga cariñosa. Una mujer de una inteligencia superior, de una finura exquisita, de un saber estar y una elegancia siempre envidiables. Su muerte, debida a otra variante de esa peste común, me ha pillado totalmente desprevenida. Nada sabía de la enfermedad y por eso no sospechaba que pudiera tener un desarrollo tan rápido y fulminante. Me ha entristecido muchísimo. De todos modos, de ellos guardo en mi corazón su recuerdo y las muchas cosas agradables que vivimos juntos.

Todas estas desapariciones me dejan un poso amargo y por ello me refiero a la mala racha. En pocas semanas se han ido personas que forman parte de mi historia personal cada una en su diverso grado e intensidad y es, sin duda, como si el mundo se me volviera ajeno y desconocido. Siento que cada día mi mundo empieza a ser del pasado.

Sin embargo, la muerte de Rita Barberá por poco eclipsa -es un decir- todas estas muertes mucho más significativas para mí. Su muerte me ha traído a la memoria una pequeña historia que os voy a contar y, enredada en esa historia, por poco consigo acallar mis pérdidas y mis tristezas.

La historia es la siguiente. Un piadoso rabino tenía dos hijos. El mayor era jugador, mujeriego y pendenciero. Despreciaba la religión y se saltaba todos los preceptos. Su padre temía que iría a parar al infierno si en alguna de las muchas peleas en las que se metía, alguien le daba una cuchillada, y vivía en vilo por él. Su hijo menor, en cambio, era un hombre devoto, estudiaba con ahínco la Torah, cumplía todos los preceptos escrupulosamente, oraba y ayunaba. Mientras el mayor estaba en perpetua juerga y eso no parecía afectar a su salud, el menor pilló un resfriado, una tarde de viento, y murió de una mala fiebre. El padre quedó desolado. No podía entender la voluntad divina. ¿Cómo el Señor permitía que aquel disoluto siguiera viviendo a pesar de poner en riesgo su vida a cada rato, mientras que el pequeño, hombre de bien, había muerto en plena juventud por un simple resfriado? Abrumado por estos pensamientos el buen rabino fiel estaba a punto de perder la confianza en su Señor. Pero, hete aquí, que una noche, se le apareció en sueños un ángel que le dijo: Rabí, tu Señor me manda decirte que si se ha llevado la vida de tu hijo menor ha sido para impedir que cayera en una tentación que lo hubiera llevado derecho al infierno. Mientras que si preserva la vida del indecente de tu hijo mayor es para darle tiempo de que se arrepienta.

El rabí, como yo, tenemos que admitir que la voluntad de Dios es incomprensible. Él tiene razones que no se nos alcanzan. Cada cual que aplique esta historia como mejor le parezca.

Recordar

Es triste pensarlo, pero en estos días de Santos y difuntos, lo que viene a ser lo mismo, me vienen a la cabeza tantas personas desaparecidas que, contándolas, me doy cuenta de que ya conozco a más muertos que vivos.

Pero muchos más son los muertos que nadie rescata de la memoria, aquellos de los que nadie se acuerda o que, nosotros que vivimos lejos de ellos, no hemos conocido nunca y sus muertes, sobre todo las violentas, nos resultan algo ajeno.

Hoy hago el esfuerzo de, como dice el Apocalipsis, mirar a esa muchedumbre de túnicas blancas que vienen de la gran tribulación. Esa gente que ha padecido en esta vida por culpa de nuestra indiferencia, del egoísmo y las ambiciones desmedidas. Que gocen de paz y de misericordia, esa que no tuvimos con ellos y que nos perdonen.

Una cuestión de palabras

Hace unos días nos dejó un pariente cercano y amigo. Estos dos calificativos no han de ir necesariamente juntos. Es decir, se puede ser pariente y no amigo y al contrario. Sin embargo, en esta persona recién desaparecida se reunían ambas cualidades, por ello ha dejado un vacío difícil de llenar y su recuerdo me asalta constantemente, produciéndome una gran tristeza.

Posiblemente y dados los sentimientos que me produce su muerte, he estado  buscando  la manera de consolarme, sin darme cuenta de que lo hacía. Lo normal es que amigos y familiares no se den consuelo unos a otros porque siempre hay prioridades cuando se produce una pérdida. Es decir, entre los más allegados se busca a aquellos que, por circunstancias o por consanguinidad, son más cercanos al difunto, de modo que a los que no hemos convivido ni tenemos un parentesco tan inmediato nadie nos consuela. Parece lo normal consolar a la esposa o al marido, a los hijos, a los hermanos o los padres, pero no tanto a los cuñados, los sobrinos o los primos.  Incluso van por delante los compañeros de trabajo y los que participan de una afición común. De manera que los que somos consortes de un primo nos quedamos fuera del consuelo, relegados a la última fila, si no con el único cometido de ofrecer nuestro apoyo a los demás.

Cuando el difunto es un pariente y amigo, al que aunque vieras poco o con el que tuvieras sólo un trato episódico, considerabas una persona encantadora y lo apreciabas de veras, te ves en la necesidad de buscarte tus propios trucos para sobrellevar la pena, ya que nadie te va a dar una palmadita cariñosa en el hombro.

Como decía, me he visto en la necesidad de buscar algún tipo de consuelo. Al ser una persona creyente y pensar que hay otra vida después de esta, uno de los posibles consuelos es el de que ha alcanzado la paz, la gloria y la compañía de los santos. En este planteamiento, sin embargo, hay un riesgo. No conocemos los defectos ocultos de los demás, no sabemos nada de sus pecados y tal vez eso nos siembra un ápice de duda; ¿no será que se habrá ido al Infierno y, entonces, la cosa es aún más triste y lamentable?

Recordando la personalidad del difunto, un hombre alegre, chistoso e ingenioso, que pasó los últimos años de su vida dedicando ratos a hacer compañía a algunas personas solitarias, dedicado a tareas que podrían parecer un hobby, pero que en realidad le permitían estar cerca y resolverles pequeñas averías o problemillas a personas que no sabían o no podían resolverlas por sí mismas, me vino a las mientes la frase referida a Jesús de ‘pasó haciendo el bien’.

Esta frase tiene, al menos en mis oídos, un cierto eco rancio. Soy muy dada a visualizar lo que las palabras sugieren. Y esta expresión ‘pasó haciendo el bien’ me remite a una persona un poco lamiosa, que va con las manitas juntas y el espinazo un poco doblado, camina por la orilla del camino, pegada a las fachadas de las casas, como no queriendo estar o hacerse ver. Me suena la frase a persona un poco ‘meapilas’ de las que hacen ‘caridad’ y me fastidia bastante. Incluso, como soy creyente, me fastidia que se la dedicaran a Jesús.

Pero, pensando en mi pariente y amigo, se me ocurrió que de ir al infierno nada. Que aquel hombre se había pasado sus últimos años y probablemente los anteriores haciéndole la vida agradable a todos aquellos con los que tenía relación. Les había resuelto pequeñas cuestiones, les había dado compañía y les había hecho reír. A lo mejor no tenía nada más que dar, pero eso es más que suficiente. Lo último que hizo por mí fue ayudarnos a trasladar una mesa que pesaba un quintal y que solos, mi marido y yo, no hubiéramos podido mover. No hubo más que llamarle y acudió, nos gastó un par de bromas, nos hizo reír y cargó con el mueble.

Me he consolado, pues, pensando que nuestro pariente y amigo es un santo, porque pasó por la vida haciéndosela fácil y agradable a todos aquellos con los que tenía relación. Qué difícil es eso. No tratar de imponer nuestros criterios, estar atentos a lo que el otro necesita, prestarle el apoyo en cuanto lo demanda o sin que lo demande, no cobrarse el favor, no pedir nada a cambio, (le ofrecí tomar algo, como otras veces, y lo único que consumía era un vaso de agua), no recordarte jamás todo lo que ha hecho por ti, no tener buenos propósitos de dar afecto y cariño, pero meter los dedos en los ojos a la mínima. En fin, descanse en paz, que seguro que para él brilla la luz perpetua.