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Una visita a Extremadura

Muchos sabéis que tenemos una hija que vive en Extremadura. Ella es arqueóloga y lleva adelante una pequeña empresa. En este momento, además de trabajar, cosa que no es fácil en ese terreno, está vigilando la reconstrucción de una vieja casita que compramos allí, con el fin de que ella se vaya a vivir a ella.

En este viaje, además de visitarla, se trataba de escoger materiales necesarios para el remate de la construcción y, por supuesto, hacer algo de turismo.

Las imágenes os darán idea de nuestras andanzas. Esta es la casa que estamos reconstruyendo. En el momento de visitarla, estaban echando la solera y haciendo el encofrado de los pilares que la sostendrán.

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La casa tiene un primer cuerpo antiguo, con un alzado bajo el tejado que simplemente se va a sanear y hacer habitable.

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En esta imagen podéis ver el cuerpo anterior, semi-derribado, que deja la marca de un arco de bóveda en la pared de lo que será un patio previo y el arranque de la nueva construcción. De manera que la nueva casa tendrá un patio anterior, uno posterior y un cuerpo de una habitación que tiene fachada a la calle.

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Mi hija en la puerta que da paso al módulo exterior, en la entrada al nuevo patio.

Tras la visita obligada a la obra de la casa y después de recorrer diversos polígonos industriales a la búsqueda de los materiales, fuimos a visitar las obras que ella dirige en la Alcazaba de Badajoz. Este magnífico espacio, ubicado en un meandro del río, como toda fortaleza que se precie, encierra en su subsuelo toda clase de restos de las diversas ocupaciones y de los distintos fines a los que se ha destinado. poco a poco, van saliendo muros del siglo XVII y más aún, los restos de la primitiva muralla almohade. Gracias a las doctas explicaciones de nuestra arqueóloga y de uno de sus compañeros, conseguimos medio entender lo que significaba todo aquel batiburrillo de muros, zanjas, escombros y tierras removidas con esmero.

Restos de la muralla almohade
Restos de la muralla almohade

 

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Una vez visitada la excavación con nuestro preceptivo casco de obra en la cabeza, nos fuimos a comer a la contigua Plaza Alta, un precioso lugar que ha sido recientemente saneado y restaurado y que es magnífico.

Otro día hicimos una excursión a Medellín para visitar el teatro romano no hace mucho descubierto al pie de la fortaleza. Esta también está ubicada en un recodo del río y muestra la hermosura de ese pueblo y de su fértil vega. El teatro ha sido ya parcialmente restaurado, aunque no suficientemente protegido de las palomas que lo habitan, y se utiliza para representaciones. Asistir a alguna de ellas debe ser magnífico.

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En la ladera sur de este cerro es donde se encuentra el teatro romano y el Centro de Interpretación, pequeño museo que contiene copias de piezas notables halladas in situ y que dan una idea de la categoría de aquel espacio. Un video de reconstrucción permite hacerse una buena imagen de cómo sería.

En la subida al cerro está la iglesia de San Francisco en la que, según se dice, fue bautizado Hernán Cortés.

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Y, por fin, el teatro y sus vistas.

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Otro día visitamos Almendralejo. este es un pueblo precioso que ya conocíamos al menos en parte, pero nunca habíamos estado en el Enterramiento calcolítico (4000 años) de Huerta Montero y que es digno de verse.

También estuvimos en el Museo de las Ciencias del Vino que merece la pena y en el parque junto a la Iglesia de la Virgen de la Piedad.

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No es un anuncio de cerveza, sino para que veáis lo guapa que es mi hija
No es un anuncio de cerveza, sino para que veáis lo guapa que es mi hija

En Mérida, pasamos junto a la Iglesia del Calvario. Esta, junto con otras iglesias y el aire de muchos edificios extremeños, no dejan duda de que los descubridores de América se llevaron sus ideas estéticas hasta allá. En Guatemala hay múltiples lugares dedicados al Calvario y, en concreto en Salcajá, hay un Calvario que se parece en todo al emeritense.

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Por la noche, de luna llena, cenamos al aire libre, junto a la muralla de la Alcazaba de Mérida. Ahí os dejo con esa luna y con una vista de la puesta de sol sobre el Guadiana.

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Regalo de Reyes I

 

La Romana

Nos regalamos unos días de asueto con base en este lugar de La Romana (Alicante) para hacer visitas por la comarca del Vinalopó. Visitamos Elche, Monóvar, Monforte del Cid, Elda y Novelda.

La verdad es que los paisajes son muy hermosos y hay cantidad de cosas para ver que son llamativas e inesperadas. Elche es una ciudad muy bonita, con casas antiguas y modernas muy notables, con un Museo arqueológico y de la Festa (sobre el Misteri) digno de visitarse, el conocido palmeral es de una belleza que no se aprecia si no se va allí.

Tuvimos además un guía estupendo, Enrique Mateo LLopis, con verdadera buena formación e inquieto. Alguien que se pregunta y busca. Una delicia.

Monóvar, a pesar de encontrarnos la casa de Azorín cerrada, visitamos a Sta Bárbara y el Castillo, la Torre del reloj y alguna cosa más. Monforte es también un pueblo interesante con muchas cosas para ver, pero quizá el más sorprendente sea Novelda, un paraíso del modernismo, con una serie de casas, Casino, iglesias y el Santuario de la Magdalena que es una preciosidad.

Han sido tres días muy agradables, ha hecho un sol radiante y hemos pateado bastante. El final de fiesta fue un baño turco y piscinas, más un masaje; ¡como nuevos! Y tan solo a ochenta kilómetros de casa. Os lo recomiendo. Además los vinos son buenos y se come bien.

Parque municipal de Elche
Parque municipal de Elche
El Vinalopó con su alfombra de grafiti, una gran idea
El Vinalopó con su alfombra de grafiti, una gran idea
Restos arqueológicos en la Plaza del Mercado
Restos arqueológicos en la Plaza del Mercado
Plaza del Museo arqueológico
Plaza del Museo arqueológico y muralla almohade
Vista general de la Basílica
Vista general de la Basílica

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Las Marías del Misteri en bronce y de palma
Las Marías del Misteri en bronce y de palma
La Dama en piedra y palma
La Dama en piedra y palma

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Casas dignas de verse
Casas dignas de verse

 

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Esta casa morisca es un juguete
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En esta plaza, además de la hermosa casa, están los baños árabes en la cripta de un convento.
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Esta casa está junto a la Basílica
Los baños árabes, reutilizados como capilla y como almacénn, pero bastante bien conservados
Los baños árabes, reutilizados como capilla y como almacén, pero bastante bien conservados
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Silos de almacenaje de áridos o líquidos
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Restos de policromía del uso como oratorio

Las palmeras, los cactus, las acequias, las fuentes y las casas de la huertawebcasahuerto webcultivoprotegido webhcura1 webhcura2 webhcura3 webhcura4 webhcura5 webhcura6 webhcura7 webhcura9 webhcuraarte webhcuracapilla webhcuracasa webhcurajaime1 webmuspalma1 webmuspalmaacequia

La escultura pública en Murcia I

Una de las cosas que llama la atención en la ciudad de Murcia es sin duda la cantidad de rincones insospechados en los que se puede apreciar una buena escultura o un conjunto de ellas. Desde las que  tienen su origen en el siglo XIX y que, de alguna manera, son réplica o se asemejan a muchas otras repartidas por toda la geografía del país, hasta aquellas que se deben a un artista local contemporáneo que dona o vende su obra al municipio.

Hace ya tiempo, en una de las primeras visitas que hice a una ruta que comprendía lugares emblemáticos de Murcia, como es el caso de los molinos del río Segura, espacio que conserva todo su encanto utilitario, pero que además se ha convertido en un espacio expositivo y museístico de primer orden, y al espléndido y activo Museo de Bellas Artes, enclavado en un espacio recuperado y excelente, pude contemplar con asombro unas pequeñas figuras femeninas en madera o barro que retrataban tipos femeninos de la zona con ternura, gracia y precisión. Aquellas pequeñas esculturas me llamaron la atención, pues aparecían descontextualizadas y decidí averiguar quien era su autor.

Antonio Campillo era el autor (1925-2009), natural de esta tierra, fue docente y escultor, probablemente de un éxito relativo en su momento, pero consagrado ya cuando estaba cercano a la muerte. Como siempre, una pena. Seguro que mucho mediocre le debió discutir sus formas simples y directas, su reducción a la esencia de los elementos que eran objeto de su interés, reclamándole una mayor acumulación de materia y forma.

Posiblemente Campillo se resistió e hizo bien, porque sus figuras, tanto las de bulto, como los relieves, respiran modernidad, tranquilidad y, en algunos casos, ese realismo equilibrado y sereno que apreciamos tanto en el retrato romano de la antigüedad. Es decir su obra puede ser contemplada como una innovación contemporánea en el arte de la escultura, pero también como piezas inscritas en una larga tradición de imágenes que reproducen lo más fielmente posible la realidad del retratado.

De esas mujeres gorditas, que se cansan, que siestean, que contemplan el mundo, que danzan o se acicalan, Campillo hace un retrato cargado de ternura y cercanía, pero al mismo tiempo las convierte en una abstracción conceptual de lo femenino, con tal clase de respeto y mimo que, aún convertidas en concepto, no las priva de su humanidad.

Alguien tuvo la feliz idea de dedicarle a Campillo un parquecillo que está en las confluencias de Marqués de los Vélez y Príncipe de Asturias y, al caminar, por aquello de que a ciertas edades es conveniente al menos hacer ese tipo de ejercicio, se encuentra uno con ese regalo inesperado y que se convierte en lugar de visita y peregrinaje.

Antonio Campillo
Antonio Campillo
La pechugona
La pechugona
La cigarra
La cigarra

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Serie siciliana 5: Una de romanos

Muchas ruinas romanas o de influencia imperial e incluso anterior he tenido ocasión de visitar. Entre ellas, sin duda Palmira, hoy en riesgo de desaparecer, o Bosra, que quizá haya desaparecido, Apamea con su foro oval y, por supuesto Roma, y además el coliseo del Djem en Túnez, o las de la ciudad de Volúbilis en Marruecos, por supuesto Itálica, el teatro de Medellín o el de Mérida en Extremadura o la Villa de Carranque en Toledo y algunas más. Pero nunca y lo digo en serio, había visto una cosa igual a la Villa del Casale en Sicilia.

Esta villa agrícola, o al menos en mitad del campo sin que haya una ciudad grande lo bastante cerca como para asociarla a ella, tuvo la suerte de ser cubierta por un derrumbe de tierras y eso la ha preservado. Toda su planta se conserva y parte de los muros, hasta cierta altura, así como las pinturas y mosaicos, hasta un suelo casi completo de taracea de mármol.

Hay quien dice que es una villa imperial y es posible. Sin embargo, no hay constancia documental de que ningún emperador fuera por allí. Así que de manera intuitiva y a juzgar por uno de los más maravillosos mosaicos romanos completo que existen en el mundo, podría muy bien ser la villa de un muy rico comerciante que se dedicaba a cazar fieras exóticas en África y llevarlas a Italia, pasando por Sicilia.

El tal mosaico que tiene algo a sí como seis o siete metros de ancho y cubre un pasillo que tiene un largo de unos sesenta metros representa precisamente eso; la cacería de animales exóticos en un lugar que parece África y su embarque en naves para transportarlos. Allí se ven toros salvajes, avestruces, dromedarios, rinocerontes, gacelas y hasta un elefante. Entre los cazadores se hallan personajes que visten como siervos, pero también hay otros que llevan atuendos militares de cierto rango. Pero no es una cacería al uso. No se trata de matar animales, sino de enjaularlos y llevárselos, quizá para el circo, quizá para parques zoológicos privados. Esto me hace pensar, junto con el pasillo que bordea todo el peristilo, en donde están representadas cabezas de toda clase de animales, como osos, jabalíes, caballos y un sinfín más, que el tipo que mandó construir esta casa era un aficionado a las fieras o vivía y muy bien de ellas.

Pero no todo son animales, por supuesto están los mosaicos geométricos, el triclinio con sus escenas mitológicas o alusivas a la genealogía del dueño, un par de cuartos de niños; uno de ellos con una carrera de gansos en el hipódromo con su espina en el centro, también hay escenas eróticas que adornan la que parece la alcoba principal y una palestra con señoritas deportistas dedicadas a varias actividades como lanzarse la pelota y en ‘bikini’.

La villa tiene una sala de recepciones verdaderamente palaciega y unas termas regias, por eso tal vez se la ha considerado una villa imperial. Sea o no sea, lo cierto es que quien allí vivió lo hizo como un verdadero príncipe.

Sólo por contemplar esta maravilla merece la pena un viajecito a Sicilia.

Cartel de entrada
Cartel de entrada
El recibidor
El recibidor
El impluvium
El impluvium
Una sala
Una sala
Otra sala con un mosaico que representa un puerto en plena actividad
Otra sala con un mosaico que representa un puerto en plena actividad
Alrededor del peristilo
Alrededor del peristilo
El fastuoso pasillo, sólo la mitad
El fastuoso pasillo, sólo la mitad
Las muchachas deportistas
Las muchachas deportistas
Un cuarto de niños
Un cuarto de niños
Otro cuarto de niños
Otro cuarto de niños
Embarcando al elefante
Embarcando al elefante
La sala de audiencias
La sala de audiencias
La alcoba principal
La alcoba principal
Vista exterior de las termas
Vista exterior de las termas

Serie Siciliana 4: El Etna

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El Etna y su fumarola saliendo del cráter principal
El Etna y su fumarola saliendo del cráter principal

Hemos tenido ocasión de ver de muy cerca y casi de convivir con varios volcanes en Centroamérica. Los de Guatemala o Costa Rica son especialmente singulares. Visitar el Etna en Sicilia  fue algo mucho más ‘turístico’, pero no por eso deja de asombrar ese tipo de montes que humean y se sacuden de vez en cuando.

Según dicen los expertos, el Etna es un volcán ‘efusivo’. Lo que no quiere decir que te salude amigablemente o que manifieste emociones como el aprecio o la simpatía. Significa que no explota como otros de repente, sino que, blandamente, deja fluir su lava en ríos que lo arrasan todo, como así ha venido haciendo con cierta regularidad desde que existe. Aún quedan en sus laderas y hasta el mar cercano restos de esos ríos petrificados que pueden alcanzar una altura de más de seis metros y una anchura de kilómetros.

Uno va allí tranquilamente en autobús, se sube a un teleférico que lo alza de los mil ochocientos metros a los dos mil quinientos y luego se monta en unos microbuses cuatro por cuatro que lo acercan algo más a la cumbre. Así que la cosa resulta descansada y parece que vas  sin más a hacerle la foto consabida a un monumento cualquiera.

En lo alto, un guía experto te acompaña a visitar varios cráteres que humean, haciendo ¡puf, puf!, como viejos asmáticos y, si se te ocurre alzar la vista, ves como sobre tu cabeza aún el cráter principal suelta una fumarola esbelta que pronto se convierte en una nubecilla, como si un jovenzuelo que empieza a fumar estuviera echando su humo y convirtiéndolo en aros.

Es fácil sentir que existe un espíritu del monte que está activo y que, en cualquier momento, te puede saludar a su peculiar modo ‘efusivo’.

La vegetación que todavía se atreve a crecer por allá, se arrastra humildemente por el suelo de cenizas, evitando con cuidado la roca de lava. Cuando ya llevas un rato por allí, no con mucha confianza, las nubes te dan la señal de que ya está bien, ya has importunado bastante al espíritu del monte. Trepa la nube por la ladera y envuelve con cariño la cumbre; no más fotos, parece decir. te vuelves al todoterreno, al teleférico y aguantas el vértigo lo mejor que sabes, y al llegar al final te encuentras con el letrero de un restaurante que reza ‘Monte Gebel’ y te sientes como en casa.

El guía, porque forma parte de su trabajo, te informa de que el Etna tiene nombre árabe que en dialecto siciliano todavía se usa en diminutivo ‘Gebeletto’ y tú, que no quieres ser pedante, no dices que lo que lo llaman es simplemente ‘el monte’, eso sí, de manera cariñosa.

Los turistas que aún no han estado por allí preguntan: ¿Merece la pena la excursión? Probablemente pensando en los euros que cuesta. Uno podría, con un poco de mala idea, contestarles que desde luego, que es dinero bien gastado, para que otros paguen y no quedar como un primo. Pero, la verdad es que si alguna vez tenéis ocasión de subir cerca del cráter de un volcán, no os perdáis la experiencia. Es seguro dinero bien gastado: ¿Cuántas veces tiene uno la posibilidad de asomarse a mirar mientras un dios duerme?

Dos de los cráteres
Dos de los cráteres

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Fumarola desde un cráter secundario

Fumarola desde un cráter secundario

La vista de la llanura al pie del volcán
La vista de la llanura al pie del volcán
Llega la nube
Llega la nube
Cenizas, lava y vegetación
Cenizas, lava y vegetación
Se puede apreciar la altura a la que sube el teleférico
Se puede apreciar la altura a la que sube el teleférico

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Efectivamente estuvimos allí
Efectivamente estuvimos allí
Montse Gebel, es decir; monte-monte
Monte Gebel, es decir; monte-monte

 

 

Serie Siciliana 3. Los griegos

El templo dórico inacabado de Segesta
El templo dórico inacabado de Segesta

Los griegos tomaron la isla de Sicilia como uno más de los territorios de su expansión. No sólo en los tiempos modernos hay pueblos que se ven abocados a emigrar, a establecerse en otros lugares y a buscarse la vida en espacios que procuran se parezcan lo más posible a sus lugares de origen. En l antigüedad este era un fenómeno corriente. Por el empuje de otros pueblos, por el crecimiento demográfico, por cataclismos, por simple afán de aventuras o buenamente porque uno no era capaz de erigirse en jefe en su tierra, uno se tiraba al mar o cruzaba desiertos, llevando consigo a su familia, sus bienes o sus ansias de mejorar y, con todo ello, se llevaba su cultura.

Allá donde llegaban esos emigrados, en este caso los griegos en Sicilia, se pusieron a construir ciudades y en ellas sin dudarlo grandes templos a sus propios dioses; unos los concluyeron, otros los dejaron a medias y otros, quienes los siguieron, los convirtieron en iglesias y gracias a eso se conservaron incluso con sus paredes interiores. Otros, recuperada la paganidad a fuerza de Ilustración, les devolvieron su carácter pagano para que siguieran siendo admirados por siglos.

Los griegos que no hallaron piedras duras, ni mármoles, se conformaron con una dorada arenisca que cubrieron de estuco blanco para que pareciera más noble e impresionara a los nativos. Sobre ese color marmóreo fingido, debieron añadir sus azules, sus rojos y verdes y desde luego dejaron bocquiabiertos no sólo a sus coetáneos autóctonos sino que provocaron a otros, piratas o simplemente nuevos inmigrantes, a que saquearan las piedras, convencidos de que aquel esplendor debía valer mucho.

Pero no siempre arribaron foráneos que se dedicaban a llevarse lo que encontraban o darle un nuevo uso, más acorde con sus modernidades respectivas, sino que también llegó algún extranjero, como Alexander Hardcastle, rico muy rico, que decidió construirse una villa en Agrigento, para con su propio dinero restaurar lo que quedaba de todo aquel esplendor del pasado. Lástima de que a aquel gran hombre le pillara el hundimiento de la Bolsa de 1929. Pero aún así creó conciencia y el sitio sigue siendo restaurado y mantenido.

En un paisaje de suaves colinas, de olivos, almendros y chumberas que se derraman hacia el azul del mar, están Selinunte, con su templo inacabado y solitario, Segesta, con sus múltiples templos en proceso de restauración y Agrigento, con su playa llena de sombrillas y sus atlantes de piedra, ahora echando la siesta, después de que un terremoto los dejara sin el oficio de sostener un impresionante templo.

Quedan restos en medio de esas piedras del siglo V a.C. de los que pisaron por allá antes y después, fenicios, romanos, bizantinos y otros, como los Borbones que ilustrados decidieron desacralizar alguna de las iglesias en que se habían convertido los templos dóricos.

Sin embargo, en Siracusa, ciudad asombrosa en sí misma y que merecerá capítulo propio, todavía vemos que en una de sus iglesias, la catedral dedicada a Sta. Lucía, aún se conserva en medio de altares e incensarios la huella del viejo templo griego.

A cada paso, Sicilia se muestra más y más como de una belleza apabullante, cargada de historia y del paso de distintos pueblos. ¡Qué diferente la llegada de los inmigrantes de hoy a sus costas o a las de sus islas como la tristemente célebre Lampedusa! Hemos perdido bastante del espíritu de acogida que enriquece a los que llegan y a los que ya están, dejando rastro de su gloria por siglos.


 

 

La playa desde las ruinas de Selinunte
La playa desde las ruinas de Selinunte
Selinunte
Selinunte
Se atisba el mar desde las columnas de Selinunte
Se atisba el mar desde las columnas de Selinunte
Otro de los magníficos templos de Selinunte
Otro de los magníficos templos de Selinunte
Aquí la chumbera con templo
Aquí la chumbera con templo
La muralla de Agrigento, horadada para convertirla en sepulcro bizantino, luego saqueado por piratas. Cada uno a lo suyo.
La muralla de Agrigento, horadada para convertirla en sepulcro bizantino, luego saqueado por piratas. Cada uno a lo suyo.
Templo mayor en Agrigento
Templo mayor en Agrigento
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La villa de Alexander Hardscastle en Agrigento
El atlante del Templo de Zeus
El atlante del Templo de Zeus
La ciudad nueva en un cerro frontero
La ciudad nueva en un cerro frontero
Templo griego de Siracusa, hoy Catedral de Sta Lucía
Templo griego de Siracusa, hoy Catedral de Sta Lucía
Las paredes de la iglesia han preservado las columnas dóricas que siguen soportando el edificio, del mismo modo que la antigua cella marca la división en naves
Las paredes de la iglesia han preservado las columnas dóricas que siguen soportando el edificio, del mismo modo que la antigua cella marca la división en naves
La fachada barroca enmascara al templo griego en Siracusa
La fachada barroca enmascara al templo griego en Siracusa
Las columnas dóricas se movieron en un terremoto, pero ahí siguen
Las columnas dóricas se movieron en un terremoto, pero ahí siguen

 

 

Serie Siciliana 2

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Claustro
Claustro
Detalle de las columnas
Detalle de las columnas
Ábside central
Ábside central
Fuente del claustro
Fuente del claustro
Nave central
Nave central

Hay muchas razones para que una visita a Sicilia merezca la pena. Una de ellas es ir a ver Monreale. La Catedral de este pequeño pueblo situado en lo alto de una colina que domina un precioso valle es obra de un gran soberano del siglo XII-XIII.

En la capital, Palermo, también mandó construir una capilla real, palatina, que enriquecieron sus descendientes y modificaron a conveniencia los que vinieron tras ellos.

Estas piezas, como La Martorana de la que tenéis un ejemplo en la entrega anterior, pertenecen al arte denominado árabe-normando, que es más bien una mezcla de románico, bizantino y omeya, probablemente construido por artesanos y artistas del medio oriente para estos reyes normandos que se instalaron en ese lugar para defender a la cristiandad y expulsar al ‘infiel’, pero que en realidad fueron más listos que todo eso, mezclando en lugar de excluir.

Unas cuantas imágenes no dan idea de la magnificencia de estas iglesias. Sus programas iconográficos son de gran perfección y una Biblia en mosaico. Se puede seguir la vida de Noé o la de Abraham, sin esfuerzo o la de Jesús y la de alguno de los Apóstoles o San Pablo. No sé si las nuevas generaciones las entenderán, porque poca o ninguna Historia Sagrada conocen. Si la Iglesia, en vez de perder el tiempo con cosas que a nadie importan, se hubiera ocupado de transmitir su legado de conocimiento y simbolismo, probablemente a más de uno le parecería útil su presencia como parte fundamental de la cultura. Pero, no es esto a lo que íbamos. Monreale y la capilla palatina de Palermo merecen la pena, aunque uno no sepa nada de Biblia.

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Patio interior de la capilla palatina
Patio interior de la capilla palatina
Abside central
Abside central
Reservado real
Reservado real
Artesonado
Artesonado
Bautismo de San Pablo
Bautismo de San Pablo
Vista interior de la capilla palatina
Vista interior de la capilla palatina

Serie Siciliana 1

Interior de San Cataldo
Interior de San Cataldo

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Jorge de Antioquía a los pies de la Virgen (Martorana)
Jorge de Antioquía a los pies de la Virgen (Martorana)
Cupulillas de San Cataldo
Cupulillas de San Cataldo

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Cúpulas de san Cataldo
Cúpulas de san Cataldo
La plaza Pretoria
La plaza Pretoria
Interior del teatro Massimo
Interior del teatro Massimo
Conjunto de San Cataldo y La Martorana
Conjunto de San Cataldo y La Martorana
Interior de La Martorana
Interior de La Martorana
La Martorana. Jorge de Antioquía a los pies de la Virgen
La Martorana. Jorge de Antioquía a los pies de la Virgen
El agobiante interior barroco de Gesú
El agobiante interior barroco de Gesú
Exterior de Gesú
Exterior de Gesú
Antepalco del teatro Massimo
Antepalco del teatro Massimo
Coro barroco de La Martorana
Coro barroco de La Martorana
Cúpula central de La Martorana
Cúpula central de La Martorana

La visita a Sicilia ha sido agotadora, no tanto por el calor y la dura vida del turista, como por la cantidad de cosas para ver. Si quiero que los que leéis estas páginas os hagáis una idea de lo que allí hay, no queda otro remedio que hacer una visita por entregas.

Como preliminares puedo decir varias cosas: En primer lugar que la naturaleza de la isla y sus mares correspondientes, todos ellos parte del Mediterráneo, pero con sus nombres propios, son hermosísimos. Hay playas y acantilados, riadas de lava que se derraman sólidas en el agua salada, bosques, llanuras, colinas y altos montes, plantaciones de olivos, de vides y almendros, villas perdidas en la espesura, ciudades en lo alto y al borde del mar y un volcán. En segundo lugar que hay vestigios de múltiples civilizaciones; griegos, fenicios, romanos, bizantinos, normandos, árabes y de todos ellos salen los sicilianos. Hay derroches de barroco y del arte árabe-normando. Villas romanas como no hay en otros lugares del gran imperio. En tercer lugar, unos vinos muy agradables, unas comidas sabrosas y bien aderezadas, unos helados superiores y un pescado muy rico.

Palermo es una ciudad, como muchas, con un gran puerto que pasa casi desapercibido. Con callejuelas pobladas de palacios ruinosos, pero que conservan en sus ajadas fachadas restos de su esplendor, con avenidas cuajadas de  tiendas de marcas, cuyos precios son un insulto al salario mínimo y la austeridad, y sus productos son idénticos a esas copias hechas en China y que se venden en los mercadillos. Tiene un par de teatros pretenciosos, varias plazas y jardines con estatuas de Verdi y Bellini, por supuesto también de Garibaldi, ya a pie, ya a caballo. Un sinnúmero de iglesias a cual más barroca, como las de los teatinos, el Gesú o maravillas como La Martorana y su adjunta la iglesia de San Cataldo. Tiene una catedral, hermosa por fuera y como despojada por dentro, pero con un precioso meridiano que marca, con un rayo de sol que a propósito se cuela por una de las cúpulas, los signos del zodíaco.

El tráfico es caótico, como en casi cualquier lugar de Italia, pero uno se acostumbra a todo. Las puestas de sol son doradas y la ciudad, pintada de ocre, rojo y construida en arenisca, se vuelve de oro al amanecer y al atardecer. Tiene una gran puerta, construida por Carlos V y una gran Capilla palatina de los reyes normandos.

Es una ciudad digna de verse, aunque a mí me haya decepcionado un poco, en parte por el comercio ostentoso y en parte por lo ajado del resto.

Seguiremos hablando de Sicilia.

En Valencia

A principios del mes de agosto, pasamos veinticuatro horas en Valencia para visitar a una amiga muy querida que estaba de paso por allí.

Aunque la estancia fue muy breve, esa preciosa ciudad siempre merece la pena.

El Mercado Central, la Lonja, La Catedral, la Basílica de la Mare de Deu dels Desamparats  y callejear por sus entornos.

Pero no sólo la ciudad es bonita, limpia y agradable, sino que el camino, pasando por Calasparra, Jumilla y la Font de la Figuera, es precioso.

impresionante el Castillo de Montesa o esos cerros que se ven en el horizonte, como fondo de llanuras levemente onduladas y cubiertas a trechos por frutales, perfectamente ordenados, o viñas ya con sus hermosas hojas verdes, presagiando una buena cosecha y un mejor vino. Todo el camino es un regalo para los ojos, con esa leve bruma que el calor deja a ras de tierra.

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Semana Santa de Murcia

Todo el mundo conoce los Salzillos de la Semana Santa murciana y no cabe la menor duda de que son el santo y seña de esta ciudad en cuanto a imaginería se refiere. Así mismo, sus imágenes sirven para promocionar las hermosuras de esta ciudad junto con la frase ‘una ciudad con ángel’ y el bellísimo ángel  de Salzillo.

Sin embargo, no sólo en el pasado, como es el caso de Nicolás de Bussy y Mignan, autor de un San Pedro en el paso de la Negación, de 1699; o la Dolorosa de Roque López de 1787, sino en tiempos más cercanos, lucen imagineros como Sánchez Lozano, Juan González Moreno, José Hernández Navarro o el más reciente Ramón Cuenca, autores de hermosísimas imágenes que pueblan la devoción popular de Murcia.

Muchos de ellos desfilan en los pasos que saca la Real, muy ilustre, venerable y antiquísima archicofradía de la preciosísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo, más conocida por ‘los coloraos’, en referencia al color de sus túnicas de penitentes.

En todas las cofradías, los estantes, es decir aquellos que soportan las andas de los pasos, llevan las túnicas arremangadas, mostrando unas hermosas enaguas blancas de batista bordada y las preciosas medias caladas y decoradas que se rematan en las esparteñas propias de los huertanos. Por encima del cinto aparecen los penitentes como gordos inflados, pues llevan toda clase de caramelos y golosinas, amén de bollos dulces, que han sustituido, en los últimos años, a los huevos duros, los bollitos de pan y las habas tiernas de antaño.

No dejan de ser, salvo excepciones notables, como las de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, mucho más ordenada y silente, desfiles procesionales con cierta bulla, ya que los penitentes hablan entre sí y con sus familiares y amigos, que están al borde de la calzada contemplando su paso, y a los que obsequian con lo que se sacan de la faltriquera repleta de dulces.  Pero todos los desfiles deslumbran con sus bellísimas imágenes salidas de la mano de los imagineros arriba citados y casi todas ellas de abrumadora antigüedad, en perfecto estado de conservación. Así mismo tronos y fanales son de lo más hermosos y por eso os acompañamos unas cuantas imágenes, en las que se aprecia esa belleza y también el inmenso esfuerzo de los portadores, ya que en algunos casos, como el Lavatorio de pies, el número de figuras y de adornos y detalles es impresionante.

El tiempo, templado y sereno, más la presencia de nuestros hijos y nieto, nos ha permitido con creces disfrutar de esta Semana Santa y añadirle un encanto especial.

A punto de marchar a Centroamérica, no quiero dejaros sin este recuerdo.web12 web1 web2 web3 web4 web5 web6 web7 web8 web9 web11