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Caravaca, 23 de octubre, con todos extraños

En la tarde del 23 de octubre ha tenido lugar la presentación de Todos extraños en Caravaca de la Cruz. En dicha presentación intervinieron Paco Marín, editor, Pepe Fuentes, Profesor y comentarista de la novela y la autora, con la compañía del concejal de fiestas y eventos Juan de Leon y con el acompañamiento incomparable de Reyes Aznar, voz, y Ramón Vergara, guitarra.

Voy a dedicar unas palabras especiales a Reyes y Ramón. Abrieron el acto con la interpretación de una célebre canción de la famosa cantante libanesa Fayruz, todo un fenómeno cuya fama tocó su máximo en los años 70 y 80 del siglo pasado. Reyes cantó en árabe Madinat al -Salat (ciudad de oración) que se refiere a Jerusalem como lugar de paz y oración, lugar de espiritualidad y confraternización de las tres religiones monoteístas. Ese canto es más bien la expresión de un deseo nunca hecho realidad. Pero la canción es bellisima y Reyes hizo de ella, aunque no conoce el árabe, una interpretación magistral, llena de sentimiento y sensibilidad que le agradezco con el alma. Para cerrar el acto, Ramón interpretó a Tárraga, el capricho árabe, que es una preciosidad en su dificultad técnica, pero su aparente sencillez melódica y constructiva. Una apertura y un cierre de oro para una velada que resultó muy agradable.

Paco Marín no es un editor tal como suelen ser los de hoy en día. Es un amante de la literatura en profundidad y que inmerecidamente, creo, me profesa un gran afecto que yo trato de corresponder y que además le agradezco mucho porque resulta sumamente estimulante. Siempre dice de mi obra palabras atinadas y elogiosas que me sirven de acicate para escribir y mejorar, volviéndome tan exigente como merece su aprecio.

Pepe Fuentes hizo una lectura de la novela sumamente interesante, haciendo hincapié en el valor de los espacios y la capacidad de describirlos y crear ambientes. Todos los que me conocen saben de mi afición a la decoración, que no es otra cosa que el afán por crear atmósferas que sirven al propósito al que se destina un lugar o un espacio. Reproduzco algunas de las cosas que dijo:

  • Creo que se le da bien eso de crear ambientes, sea de forma plástica, en la vida cotidiana, o mediante la narrativa. De verdad pienso que, quizá de manera inconsciente, Montse aplica a la narrativa los mismos criterios que hace en la pintura o la decoración:

¿Por dónde entra la luz al párrafo? ¿A qué hora?

¿Es acertado el uso de espejos narrativos para ampliar la sensación de espacio en las escenas que se relatan? ¿Qué color le viene bien a la idea? ¿Qué palabra amuebla mejor la frase? ¿Qué textura literaria es la adecuada?

Cuando lean “Todos extraños”, podrán comprobar que su narrativa es precisa, honesta, alejada de cualquier atisbo de cursilería o de intencionalidad comercial. Yo etiqueto a Montse como una “DECORADORA DE PALABRAS”. De la misma manera que describe un mueble de estilo colonial, de tal forma que llega a darle al lector la impresión de QUE QUIEN LEE SE ENCUENTRA DENTRO DE UNO DE LOS CAJONES y deambula por las tripas del mueble, igual te describe un personaje, o un rostro, con tal aluvión de detalles que te permite tocar, oler y andorrear por sus pliegues, algo que solo está al alcance de los narradores de calidad cuando, por la forma de describir, permiten al lector ser parte activa de los relatos.

Y al igual que en el arte de la decoración, Montse utiliza en su narrativa DIVERSIDAD DE MATERIALES QUE ACTÚAN COMO ELEMENTOS ATEMPORALES QUE CONFIGURAN, EN DEFINITIVA, SU TALANTE LITERARIO: ahora introduce “piedra” para describir paisajes y ambientar la vida cotidiana, ahora mete “hierro” para comunicar los desajustes que genera, por ejemplo, la guerra en las personas, o construye escenas a base de “madera”  o “tierra” de diversas texturas para hacernos llegar las relaciones entre las personas. Pero Montse, a menudo, hace de tejedora y nos sorprende utilizando urdimbres de fibras finas consiguiendo tejidos literarios que aparecen suaves y delicados al tacto del lector… ¿Cuándo ocurre esto?; esto ocurre cuando la autora nos muestra los entresijos de los sentimientos de las personas, las emociones de los personajes que describe.

Las aportaciones de Pepe en el comentario de mi novela, a ratos hiperbólicas, no dejan de ser la muestra de un lector inteligente que sabe captar detalles sugerentes y acertados. Es un privilegio contar con lectores tan atinados y exigentes que impulsan a esmerarse al autor.

En mi intervención y apoyada en las aportaciones de Paco y Pepe resalté algunos de los temas que quería señalar con mi novela. Quizá el más importante sea el de la expatriación, el trasterramiento que significa desarraigo y que nunca consigue la total integración, a pesar de que el emigrado trate de imbuirse del espíritu de la tierra que lo acoge y no haya impedimentos manifiestos.

Tras las intervenciones obligadas, se desarrolló un breve coloquio que animó a varios asistentes a laznzar sus preguntas, lo que es señal inequívoca de que la gente estaba allí a gusto y relajada y no sentía ese miedo escénico que se produce cuando una acto se vuelve muy frío y excesivamente solemne.

Fue una velada, pues, completa y enriquecedora desde todos los puntos de vista.

En el diario La Opinion, salió esta entrevista el mismo día de la presentación en Caravaca. Responde con bastante fidelidad a la conversación que mantuve unos días antes con el periodista, aunque no apreció la ironía de alguna de mis expresiones. Pero puedo suscribirla sin más reproches.

Montserrat Abumalham: «Por mucho que un inmigrante se mimetice siempre será un extranjero»

«Hay una generación, de edad provecta, que merece un hueco en el panorama literario»

Enrique Soler 22.10.2019 | 21:31

Montserrat Abumalham: «Por mucho que un inmigrante se mimetice siempre será un extranjero»

La autora de origen libanés presenta esta tarde en Caravaca de la Cruz su último trabajo, Todos extraños, una novela inspirada en su familia, «sin que por ello deje de ser una obra de ficción». En ella, Abumalham trata cuestiones universales como las relaciones entre padres e hijos, las guerras y la vida del expatriado.

La Casa de la Cultura ‘Emilio Sáez’ de Caravaca acoge, a las ocho de esta tarde, la presentación del último trabajo de la autora de origen libanés, afincada en Murcia, Montserrat Abumalham. Se trata de Todos extraños, una obra editada por Tirano Banderas, que estará representada por Francisco Marín. Al acto también asistirá, además de la autora, el profesor y escritor José Fuentes, y habrá acompañamiento musical a cargo del dúo Hispania: Verso y madera, compuesto por la actriz y directora de teatro María Reyes Aznar y el guitarrista chileno Ramón Vergara.

Todos extraños es una novela inspirada en la familia de la autora, sin que por ello deje de ser una obra de ficción. «No es una crónica histórica con la excusa de la familia, sino que se trata de una novela», apunta Abumalham, quien detalla que sus padres proceden, cada uno, de los dos extremos del Mediterráneo: «Mi padre es del Líbano y mi madre catalana. Se conocieron en Marruecos durante el protectorado español, y es justo ese episodio el que a mí me provoca cierta curiosidad. Yo siempre he tenido muy interiorizado un discurso con el que contar cómo se conocieron, y un día, hablando con un amigo, me dijo que la historia daba para una novela», confiesa la autora, que, no obstante, reconoce que tuvo que inventar el 90% de la historia: «El discurso tópico que tenía se quedaba muy corto», señala.

En cualquier caso, Oriente Medio, Cataluña y Marruecos son los lugares a los que nos traslada esta novela, y su tiempo se desliza desde los años veinte hasta la década de los noventa del siglo pasado. «Éstos son lugares de partida, ya que ambos tuvieron que emigrar para acabar conociéndose en Marruecos, pero lo importante es su traslado a otro espacio, lugar y ambiente; esto es algo que les va a condicionar y cambiar la vida», apunta Abumalham.

Con un estilo narrativo muy personal, cargado de referencias culturales y temporales que sitúan los hechos para hacerlos reconocibles y propios de cada momento histórico, se nos presentan los diversos personajes de la novela, que ofrecen una versión del mismo acontecimiento y de los efectos que ha ido produciendo en su propia existencia, conformándola y desviándola de sus intenciones, sin que se sepa realmente cuáles son las razones últimas de sus actos y decisiones.

Tres cuestiones fundamentales

En este trabajo, Abumalham reflexiona acerca de al menos tres cuestiones fundamentales. La primera de ellas es cómo los hijos no llegan a conocer nunca cuáles son las razones profundas que impelen a sus padres a actuar de un modo u otro. «He querido hablar de la relación de los hijos con los padres, y he llegado a la conclusión de que los hijos sabemos muy poco de nuestros padres…», asegura la autora, que, en este sentido, matiza que «sobre todo sabemos poco de sus intereses personales y de las razones que les mueven a realizar determinadas cosas. En definitiva –resume–, los hijos seguimos a los padres, pero no sabemos muy bien cuáles son sus motivaciones profundas».

La segunda gran cuestión es la influencia que la violencia y las guerras tienen en el devenir de las vidas de personas que ni intervienen en ellas o ni siquiera están en el escenario de las mismas. La tercera cuestión hace referencia al hecho de vivir expatriado: «Por mucho que un inmigrante se mimetice con el lugar de recibo siempre será un extranjero, y un extranjero mirado con recelo».

Sin embargo, esta no es la única barrera que la autora libanesa tiene que superar. Recientemente se celebraba el Día de las Escritoras y Abumalham explica que, en este sentido, aún quedan muchos techos por romper, «sobre todo, no solo en el presente y de cara al futuro, sino también de cara a la reavivación de grandes autoras que han pasado al olvido», señala. «Gabriela Mistral, por ejemplo –insiste–: le dieron un Premio Nobel en 1945 y prácticamente ha desaparecido del panorama literario. ¿Cómo es posible que nadie lea a Gabriela Mistral hoy día? ¡Es una Nobel y está olvidada!». Por último, Abumalham recuerda sobre las mujeres que escriben en la actualidad que existe una generación «que merece mucho la pena» y otra, la suya, «de una edad ya provecta, que ha empezado a escribir ficción un poco tarde y que mereceríamos tener un espacio en el panorama literario», reclama.

Por último, la autora de origen libanés adelanta que está escribiendo un libro de cuentos pensando en sus nietos, «y no son cuentos de imaginación, sino más bien cuentos que se refieren a recuerdos o vivencias que se producen dentro de la familia; un trabajo para que ellos recuerden en el futuro qué pasaba en los veranos o en casa de los abuelos», concreta Abumalham, que matiza que se trata de un libro que nace con la idea de que sea ilustrado. En cuanto a su próxima novela, desvela que «está arrancando en este momento», y cree que «tendrá cierto interés, ya que trata dos temas que de alguna manera son universales: la violencia intrafamiliar y el despojo del que emigra de un lugar, es decir, los parientes que se quedan en el lugar de origen y se adueñan de las propiedades del emigrado, una circunstancia que frena el regreso del emigrante, que, de alguna manera, le corta el regreso a la patria» .

Montserrat Abumalham cuenta con numerosas publicaciones de carácter científico, entre las que cabe señalar El Islam. De religión de los árabes a Religión UniversalLiteratura árabe cristianaSímbolos y mitos en la literatura árabe contemporánea, además de traducciones como Érase una vez… (antología de relatos breves), Los Molinos de Beirut o algunos textos del poeta Mijail Nuayma y del escritor y diplomático libanés Tawfiq Yusuf Awwad. En los últimos años ha repartido su actividad entre la creación literaria, tanto en prosa como en verso, y la cooperación al desarrollo desde la Asociación Tacaná, con sede en Murcia. De su producción de creación destacan ¿Te acuerdas de Shahrazad? (2002) y De la ceiba y el quetzal. Cuentos de Centroamérica (2016).

 

Murcia, presentación de Todos extraños (17-10-2019)

 

El acto comenzó con la mención de la grave situación que afecta al Mar Menor y a la marcha que en esos mismos instantes se estaba produciendo en las calles de nuestra ciudad. Todos hubiéramos querido estar en esa marcha. Pero teníamos la obligación, por razones de agenda y disponibilidad, de celebrar este acto en ese día y a la misma hora de la marcha. No obstante, en esta misma página encontraréis un texto sobre el Mar Menor.

Agradezco en estas líneas las palabras elogiosas de Francisco Marín, sin duda debidas a su aprecio más que a la calidad de mi obra. Sin embargo, se las acepto a pesar de las hipérboles porque sé que se las dictaba su afecto, su sensible corazón y su empatía.

Agradezco de todo corazón a Francisco Jarauta que, en medio de sus múltiples viajes y ocupaciones, haya dedicado a mi libro una lectura minuciosa y exigente. También sus elogios fueron certeros y clarividentes y se los agradezco mucho, pues dada su capacidad y su experiencia son muy valiosos.

Agradezco también con todo mi afecto a Paco Almagro su pequeña pieza de orfebrería en imágenes, inspirada en el texto, que sin duda alguna leyó con suma atención, sacando de él toda la esencia y todo el trasfondo simbólico. Gracias mil, Paco.

No sé si los asistentes al acto disfrutaron tanto como yo, pero yo me sentí no sólo halagada por las flores que me echaron, sino y fundamentalmente agradecida porque todos habían prestado una atención extrema a mi trabajo de creación y eso, en alguien que no tiene la garantía del reconocimiento general ni la fama, es muy de agradecer. Parece además que a todos los satisfizo lo suficiente como para no hacer una presentación de ‘salgo del paso’. Algo tendrá la obra que sin duda está escrita con mucho esfuerzo y depurada y depurada hasta que me pareció presentable. Espero que lo siguiente que escriba resulte igual de bien acogido.

Aquí os dejo unas imágenes de la sesión y también el video de Almagro que es un pequeña joya. Lástima que no os pueda ofrecer la intervención de Jarauta que fue muy certera, pero sólo llevaba unas notas y muchos subrayados por todo el texto. Así que… me quedo con las ganas de poder ponerla y de paso releerla. Eso sí, señaló que echaba de menos la toponimia de Nápoles, señaló la frecuencia de la adjetivación, pero aunque declaró que no es muy aficionado a los adjetivos, estos no parecieron estorbarle demasiado y finalmente señaló la equidistancia y neutralidad respecto a la Guerra civil española. A estos reproches  le he respondido por escrito, defendiendo mi postura.

En el primer caso, reproduzco lo que le comunico en mi carta:

Nápoles no era sino un lugar de paso. Un espacio entre dos mundos que no significaba más que un paréntesis en este relato y por tanto le bastaba con tener una atmósfera. Esta sí creo que está lograda. Cuando visité Nápoles hace algún tiempo me produjo esa impresión de una geografía muy bella, acompañada de impresionantes edificios, totalmente en decadencia, que salvaba su bello rostro gracias al brillo del sol tan particular en esa ciudad. En el episodio de Nápoles me interesa más el señalar la inestabilidad de la realidad y la amenaza que se cierne sobre todos, cosas y personas, y la encrucijada en donde hay una criada abisinia (un guiño contra Ungaretti) que representa la juventud y la belleza, frente a una patrona maternal pero marchita. Y la magnífica personalidad de ese sustituto del cónsul, comprometido con la república y contrario al fascismo, que tiene un pie en África, Orán, a donde tantos republicanos españoles fueron a refugiarse, sobre todo desde el Levante, y que toma café con cardamomo, en honor de su huésped, y habla en árabe oriental.

            El capítulo napolitano es quizá el relato más preciosista de toda la novela, posiblemente junto con la descripción de las casas y espacios en que habitan los Carles. Tanto uno como otro juegan el papel de escenario simbólico, cargado de alusiones y sugerencias.

Respecto al segundo reproche, el de la neutralidad, le decía:

Otra de las cuestiones que apreciaste es la ‘neutralidad’ de todos los personajes hacia la guerra civil. No es tan clara a mi modo de ver; es una neutralidad de conveniencia que encierra situaciones que rozan lo tragicómico, como el salvamento del muchacho judío. Hay que pensar que el Protectorado español fue, paradójicamente, el refugio de muchos ‘rojos’, republicanos, anarquistas, monárquicos y antifranquistas. Todos juntos. Muchos de ellos funcionarios que salvaron la vida gracias a su silencio. Hoy diríamos que era un silencio culpable, pero la vida no está tan llena de héroes como quisiéramos. Pero hay insinuaciones en ese fragmento de la novela tanto de palabra como por su posición; Ricardo de la Puente, inicia con su nombre el capítulo dedicado a la nueva familia Diab-Carles. El valor simbólico de ese nombre, un hombre que permaneció fiel a la república y que además era pariente de Franco, no sólo marca una posición, sino que señala a una posición de los personajes que juntos inician una nueva vida. Por supuesto marca una posición de la autora, creo yo, y una exigencia; no enredarse en quién fue peor. Iniciar con un mártir, tiene el peligro de hacer recuento de los mártires. Por otra parte, un hecho evidente.

Bueno espero que esta ligera crónica de una tarde memorable os sirva a los que me leéis en este marco como guía de lectura y reflexión sobre el texto que no es nunca inocente. Gracias a todos los que me seguís y os interesáis por mi escritura.

Todos extraños en Mérida

El pasado miércoles en Mérida tuvo lugar la presentación de Todos extraños, editada por Tirano Banderas (se puede encontrar en Libros del Sur)

Los responsables de la Asociación cultural La enredadera programaron esta presentación entre sus variadas actividades de difusión de la cultura, el pensamiento crítico, la solidaridad y el compromiso social. Gente joven entusiasta que quiere dar vida y movimiento al espacio cultural de la bella ciudad de Mérida, proponiendo un nuevo lugar abierto al debate, la curiosidad y el encuentro.

La presentación de los participantes la hizo Montserrat Girón quien señaló algunas de las características del libro e hizo una glosa acerca de la autora y de Eladio Méndez, poeta, el presentador y crítico de la obra, quien con su sensibilidad y buen hacer dijo una serie de cosas verdaderamente interesantes y que se incluyen aquí.

Antes de escuchar las palabras de Eladio Méndez, se proyecto un precioso video, elaborado por Francisco Cánovas Almagro, el muy conocido pintor murciano que, generosamente, se había ofrecido a hacer una interpretación en imágenes de la novela. Como era de esperar el resultado final es de una finura exquisita, tanto en la música como en la imagen y sumamente sugerente. Los asistentes que aún no habían leído la novela ni sabían siquiera cuál era su contenido de manera aproximada, tras oír a Eladio Méndez volvieron a ver el video completo y, entonces, pudieron darse cuenta de la hondura y acierto de sus imágenes y de la composición.

He aqui el texto de Eladio Méndez:

Todos extraños. Es una novela híbrida, donde la autora nos muestra a su familia describiendo y conjugando con sutil maestría la narración histórica con la más verosímil de las leyendas.

Aunque el hilo conductor de la novela es la evocación de su propia familia, no es menos importante el recorrido que la autora hace en paralelo sobre la cultura árabe y la historia de la España más sencilla, que abarca casi un siglo.

Historias cotidianas, sí, ese tipo de historias que pasan inadvertidas para los eruditos analistas y que sucumbirían irremediablemente en el anaquel del olvido si no fuesen contadas por este tipo de heroínas anónimas (como es el caso) empeñadas en haceros saber que dentro de la historia subyacen infinidad de pequeñas historias y no por ello menos trascendentes parael común de los mortales.

La novela está constituida en cuatro núcleos estructurales:

Por un lado la autora nos narra las vicisitudes de la rama materna de la familia, en la que por diversos motivos se ven abocados a un exilio interior para salvar la vida el cabeza de familia (abuelo de la autora) un hombre luchador, hecho a sí mismo y que allá por los años veinte del siglo pasado regentaba en Barcelona un almacén de leña, que compar¡tibilizaba con otros negocios, entre ellos el desguace de barcos, la venta de chatarra y el poseer una báscula para la pesa de mercancías, circunstancias estas que lo pusieron en la mura de los revolucionarios más extremos que en el primer cuarto del siglo pasado pululaban por Barcelona.

Un itinerario en Barco como puede ser el de Barcelona a ceuta y que hoy nos parecería una travesía anodina y carente de interés sobre todo para los autóctonos del levante español, la autora nos lo muestra a través de los ojos de a infancia de sus antepasados y en apenas un par de páginas como una verdadera aventura por países exóticos. Las escalas en Valencia, Cartagena y Málaga antes de arribar a Ceuta bien podrían haber sido en las Antillas, el Caribe o las Filipinas.

Cuando habla de su abuela, nos advierte la autora sobre sus dudas entre lo que puede ser historia o simplemente una leyenda familiar, por eso creo que acertadamente enlaza con soltura historia y ficción, mezclando ambos conceptos para conseguir un halo de intriga y romanticismo logrando que el lector no sea capaz de discernir con seguridad cuando comienza y termina realidad y ficción.

El segundo núcleo de la novela lo conforma la biografía de su padre y utilizando la autora el mismo criterio que anteriormente esgrimió con su abuela, nos describe las circunstancias en las que su padre emigra desde su aldea natal situada en el interior del Líbano hasta Ceuta, al valerse la autora indistintamente de realidad y leyenda consigue mantener en el punto más alto la atención del lector.

En el tercer apartado la autora nos va desgranando la vida en común de la ya familia Diab-Carles, con todos los acontecimientos en los que se vieron envueltos mientras residían en la ciudad de Ceuta y que ocupaban desde la génesis de los nuevos negocios familiares hasta su marcada neutralidad en el conflicto fratricida  que fue la guerra civil.

Culmina la autora el cuarto núcleo de la novela con una autobiografía narrada en tercera persona, donde además de describirnos las peripecias y traumas normales que todo niño de una u otra manera arrastra como bagaje hacia la madurez, nos muestra como ajena a los circunloquios y entresijos de los mayores va perdiendo la candidez de su infancia más tierna, y asumiendo esos cambios, acepta con naturalidad que lo que antes podría ser una selva donde vivir innumerables aventuras, ahora era solo un balcón con macetas donde había muerto un pajarillo enjaulado y había desaparecido la tortuga, o el descubrimiento de quienes eran en realidad los Reyes Magos, estas circunstancias sin ella saberlo iban moldeando su carácter e introduciéndola en la madurez.

Es honesta la autora con ella y con sus lectores, ni se engaña ni pretende engañarnos, no es su intención ensalzar las proezas heroicas de sus antepasados (aunqueseguro que alguna habría) sino ser objetiva a la hora de enfrentarse a unos hechos que vienen siendo transmitidos oralmente de generación en generación, ya que en varias ocasiones asevera que «lo que ocurre en el seno de una familia, a lo largo de tres o cuatro generaciones, debe ser necesariamente entendido como una gran ficción». Y así, con sutileza lo desliza a través de las páginas de este libro (Eladio Méndez, 25 de septiembre de 2019, Mérida)

Tras las palabras de Eladio, la autora hizo un breve comentario acerca de cuáles habían sido sus objetivos para escribir esta novela, sus perplejidades y la cantidad de ficción que necesariamente tuvo que colarse en la narración para hacerla verosímil, de manera que lo que eran recuerdos o leyendas familiares se convirtiera en una gran estructura literaria que diera cuenta de la vida de unos personajes, en medio de determinadas circunstancias históricas. Las dos grandes guerras, la guerra civil, la emigración, la mezcla de culturas y las vidas comunes se entrelazan componiendo un cuadro que pueda resultar convincente y veraz al lector.

Tras esta intervención hubo un pequeño coloquio y, finalmente, se volvió a proyectar el precioso video de Almagro que, desgraciadamente, este formato no permite colgar para que todos los que leéis estas líneas lo disfrutéis. Pero, sin duda, lo podréis ver si asistís a la presentación en Caravaca, el día 10 de octubre, o en Murcia, cuya fecha se anunciará oportunamente.

Gracias a Eladio, a Almagro, a Montse Giron y los responsables de La Enredadera. Fue agradable compartir ese rato con todos vosotros y bebernos unas cerveza en compañía. Mucho éxito a vuestra labor cultural.

 

La ardilla provocadora

 

 

Para Martina, Álvaro y Javi

Hace algunos años, se le encargó a la tía Mon que hiciera un cartel indicador de la finca El Plano. Para que no fuera tan simple como las letras y un pequeño marco, ella seleccionó un par de rasgos identificadores de la finca; la torreta que corona el tejado y una ardilla en actitud de comerse una piña.

Durante mucho tiempo, las ardillas de verdad, no la pintada en el cartel, se paseaban por los troncos de los árboles, por el emparrado de la placeta, pero huían al menor movimiento de seres humanos en su camino.

Luego, de repente, desaparecieron y echábamos de menos sus graciosos saltos, sus carreritas con el lomo ondulante y la cola enhiesta.

Ahora en la casa hay una perrita que se llama Micaela, pero la llamamos siempre Mica. Aunque es una perrita de ciudad, conserva intactos sus instintos y persigue con saña a los pequeños ratones de campo, les ladra y trata de ahuyentarlos, cuando no de cazarlos, como mandan las normas de la naturaleza.

De repente, han regresado las ardillas. Primero, lo supimos porque debajo de los airosos pinos, que hace muchos años plantó el abuelo Joaquín, aparecían roídas y como escobillas las piñas. Luego, porque alguno de nosotros vio a una de ellas corretear por el tejado. ¡Vaya! han vuelto las ardillas, qué bien, porque son tan graciosas de movimientos, con sus saltitos, sus carreras que interrumpen  cada dos o tres pasos, deteniéndose a mirar con precaución a derecha e izquierda. Son tan ágiles trepando a los troncos con los que se mimetizan, permaneciendo inmóviles y como aplastadas y formando parte inseparable de la corteza.

Mica ha descubierto en estas criaturas ligeras y que parecen aladas un motivo más para soliviantarse y nos atruena los oídos con sus ladridos, saliendo de pronto disparada hacia donde ha visto moverse a la ardilla.

Sin embargo, hemos observado que hay una ardilla que no tiene el más mínimo pudor en pasearse contoneándose coqueta por delante de los humanos que estamos sentados tomando el fresco, charlando o leyendo un libro. Desciende del emparrado o de los árboles y pasa altanera ante nuestras narices, aunque siempre lejos de nuestro alcance. Además la muy ladina viene con toda la intención de provocar a Mica. Esta cae en el engaño, mientras la ardilla en lo alto del árbol la mira y lanza pequeños gruñiditos que sacan a la perrita de sus casillas. Luego, la ardilla descarada se desliza por el tronco hasta el punto en que Mica puede contemplarla sin impedimentos, pero donde a pesar de los saltos y brincos de la perrita, no puede alcanzarla.

Una vez que la ha irritado y ya no le divierte este juego provocador, la ardilla con sus saltitos y carreras se desliza por las ramas, mira a derecha e izquierda, se pierde entre las hojas de la parra y regresa a su pino favorito a seguir mondando las piñas.

La perra, una vez ida la descarada ardilla, se sosiega. Pero el mismo juego se repite cada día y parece que la ardilla lo haga a propósito para enervar a la perrita.

Se empieza a acercar a pasos agigantados el mes de septiembre. Entonces la casa, los pinos y las ardillas regresarán a su soledad, mientras los humanos y Mica, la perrita de ciudad, regresan a sus rutinas cotidianas. Mica dormitará en su cesto, se tumbará indolente sobre el parquet o en su rincón favorito del sofá, toda la agitación de su vida será dar un paseo por el cercano jardín público, un par de veces al día. Entre tanto, la ardilla provocadora quizá la busque por todas partes, aburrida de no tener a quien soliviantar. Aunque este aburrimiento pronto desaparecerá, pues los primeros fríos del invierno la invitarán a recluirse y dormir hasta que llegue la primavera.

Tendremos que esperar con paciencia que vuelva a llegar el verano.

Más poesía

A Luis

Mirando tus ojos

 

Miro tus ojos claros y veo

Sin nostalgia los días de la juventud.

Miro tus ojos y conozco qué es la eternidad;

Como un mar en calma me anuncias

La gloria de la vida que no cesa.

Ya sé que envejecemos,

Ya sé que la pasión no nos ciega

Ya sé que los achaques nos acechan,

Pero tu mano cálida en la mía

Y tus ojos claros, incluso si te has ido,

Me llevan a los días de paz,

A los días de trajín y proyectos,

A los de la incertidumbre y las congojas,

A los del amor desbordado

A los de toda una vida, contigo.

 

 

Para José Ángel

Diálogo

 

Me dices:

  • Si no hay dolor no hay versos.

No lo dudo, pero lo niego.

Porque el dolor es la medida del gozo.

Si aquel se va, queda este

Y engolfados en ese nuevo sentimiento,

podemos pasar días y noches

con los ojos muy abiertos

entre la gloria de la alegría

y el temor de que vuelva el sufrimiento.

Ese temblor ¿no merece un verso?

 

Me dices:

  • Aún así, si no hay dolor no hay poema.

Te replico con fervor,

Con el convencimiento del converso,

Lo siento, pero el poema viene de más allá

Y no es lo que busco, sino lo que encuentro.

Ahí está la vida y es a la que miro,

Entre risas o entre lágrimas,

Y la vida es siempre un verso.

 

Para Montse

Del  hogar

 

El gato, efigie cálida de ébano, ronronea

Inmóvil al pie de la cama recién hecha.

Sueña con los días de caza y su inquieto

Perseguir de aves aventureras.

La calma de su respiración me sosiega

Y es símbolo sedoso de la paz de mi alma.

El gato se despereza y la vida se renueva.

Me sigue y me reclama, frotándose con mis piernas.

El gato no es mío, estoy en su casa.

Me deja ir y venir como si me la prestara.

Un arrebato poético

La poesía es a veces contagiosa

A mis amigos poetas

 

Urgencia

 

El  verso urge y se precipita llamando

a una pérdida todavía no vivida.

El poema se lanza raudo hacia

Una pena de amor que no llega.

¿Son esos lamentos fingidos pura letra?

¿Es ese, sin nombre, oficio de poeta?

Esos versos al acecho,

Ese poema que es amenaza de tristeza

¿de verdad son poesía

O son trabajo perdido de profeta?

No será mejor vivir y esperar a que llegue el verso,

No será mejor que el poema se desplome

Cuando la vida incierta se derrumbe.

A qué tantas anticipaciones.

¿Prisa por vivir o prisa por escribir?

 

Tal vez

 

De un cielo limpio hacer tormenta,

De un mar en calma amenazar galerna,

De los amores serenos hacer tristeza

Y pasión perdida.

De la vida en decadencia precipitar la muerte

Y envolverlo todo en el manto de la nostalgia.

Ya me lamento de lo que no ha sido desgracia

Porque el verso alegre, distendido, no es poema;

Porque la vida en paz no es poética.

Para qué entonces dejas

Los días de apacible monotonía,

De rutina casera y tibia.

No. Esos no cuentan.

Para escribir hay que sufrir.

Tal vez.

Fin de temporada

Cuando se acaba el verano y quizá por una acumulación de sol en la cabeza, se producen visiones y reacciones curiosas ante hechos cotidianos que tienen lugar al borde del mar. Aquí van algunas de esas situaciones:

I.- Estoy sentada en mi silla, leyendo un libro. Muy cerca, en la orilla del mar, una joven madre excava un hoyo y construye a su alrededor un pequeño muro, que compacta cuidadosamente con manos expertas una y otra vez. La obra avanza lentamente. La niña, para la que sin duda todo aquello está destinado, revolotea alrededor y de vez en cuando se agacha a compactar la arena del muro con movimientos idénticos a los de su madre. Un tiempo después, ambas gritan alborozadas. Han echado varios cubos de agua dentro del hoyo. la niña hace que sus pies chapoteen en aquel pequeño charco, defendido por el murete. Yo siento un impulso irresistible de pisotear el murete y destrozar la obra. Avergonzada por este pensamiento destructor, me levanto y me tiro de cabeza al agua.

II.- Poco a poco empieza a soplar un viento recio del sur. Llevamos ya mucho rato en la playa y decidimos que el viento se está volviendo molesto y que es mejor marcharse. Comienzo a recoger mis cosas; la esterilla, la toalla, mi vestido, el libro que leo y voy colocando cada cosa en su lugar. Mientras, mi marido desmonta la sombrilla. Es de un color amarillo chillón. Mientras hace los gestos habituales, yo le veo elevarse al cielo, llevado por el arrastre de la sombrilla. Parpadeo en el mismo momento en que empezaría a gritar. Mi marido sigue con los pies en tierra, doblando los pliegues de la sombrilla para que entre en su funda.

III.-Estoy en la orilla dejando que las leves olas me acaricien los pies. El agua está fresca, transparente e invita al baño. Una voz conocida perteneciente a una señora que es habitual en esta playa me llega de repente: En septiembre siempre está el agua fría. Hoy está helada. Sin embargo, ella permanece dentro del agua sin apenas moverse por un tiempo no menor a media hora. Yo me voy a dar un paseo al otro extremo de la playa para no estrangularla una vez más.

IV.- Una mamá llega acompañada de un enjambre de chiquillos. Cuento hasta cuatro; tres niños y una niña. Los pequeños , según  sus edades, cogen sus cacharros de playa; cubitos, palas y rastrillos, y se dedican a sus obras de ingeniería. Alguno, un poco más mayor, se pone donde rompen las diminutas olas a saltarlas con gran decisión. Entre tanto, la mamá coloca varias sillas y bolsas, extiende toallas, planta la sombrilla y finalmente se sienta. Saca el teléfono móvil y se enzarza en una conversación tras otra y en contestar mensajes. Con un cierto ritmo levanta la vista del aparato y grita: No os vayáis tan lejos.  Eso es todo.

V.- Un caballero y su pareja que hablan una lengua para mí incomprensible ocupan un lugar cercano sobre la arena. Ponen sus sillitas-tumbona y se dejan caer a tomar el sol. De vez en cuando, como hacemos casi todos, se levantan, se pasean o se bañan. Ella es joven y esbelta. El tiene buena planta y es algo mayor. En una de las ocasiones en que alzo la vista de mi libro, veo como él se levanta, echa una rodilla a tierra, se gira parsimonioso y apoyándose con ambas manos en el reposa brazos de la silla de su mujer se levanta con gran esfuerzo. Luego da un par de pasos titubeantes y rígidos hacia el mar. En ese momento, se da cuenta de que le miro y se detiene. Poco después prosigue su marcha y consigue llegar al agua. Lamento no saber qué lengua habla y no conocerla. Le podría decir: No se preocupe, a mí me pasa lo mismo todas las mañanas en cuanto me levanto de la cama. Los idiomas son muy importantes. Siento que se alza un muro de incomprensión entre nosotros, cuando en el fondo yo me siento totalmente solidaria con su artrosis. Es frustrante.

Un libro importante

No voy a hacer una reseña al uso porque no se trata de un acto académico. Pero merece la pena dedicar un tiempo a un libro importante y que es posible que pase inadvertido entre la maraña ingente de cosas que se publican.

Me refiero a La señal perdida de Jesús Galiana. No se le puede llamar novela, tampoco es fácilmente clasificable sólo como relato autobiográfico, ni es un thriller, no pertenece al género del ensayo ni pretende ser un libro poético, pero tiene un poco de todo ello.

El autor, un hombre joven, en plenitud, cuenta su enfrentamiento con la enfermedad de Parkinson y cómo esa realidad le lleva a hacer una experiencia que tiene que ver con el control de su vida y, consecuentemente, con la aceptación de la realidad, lo que en ningún caso significa resignación (en su acepción negativa) ni pérdida de la esperanza.

Galiana escudriña en su interior, en su memoria, arrancando desde la infancia. Detecta como motor de muchas de sus posiciones en la vida el miedo y se enfrenta a sus propios fantasmas. Su lucha pasa por experimentos que podríamos llamar suicidas, pero que se hacen desde la necesidad de hallar explicaciones a una neurosis que distorsiona el tiempo, anclándolo en el pasado o bien proyectándolo hacia el futuro e ignorando u obviando el tiempo real; el presente.

Nunca había leído yo una definición de lo neurótico más acertada que la que se encuentra en las páginas 170-171, pero no tanto como la descripción de un proceso patológico, sino como un modo singular de percibirse y percibir la realidad del que emana un gran sufrimiento.

En este libro, Galiana se reconoce a sí mismo y reconoce su existencia espiritual; el alma, por llamarlo de un modo convencional y comprensible, así como reconoce la existencia de Dios, también en modo de aproximación a una experiencia fundante y teofánica que, para entendernos, podemos llamar así.

Educado en la tradición católica, siente la necesidad de decir que no es que se haya vuelto religioso en el sentido de pertenencia a una iglesia. Pero yo le diría que se ha vuelto religioso en el verdadero sentido del término y que no tiene que ver con la pertenencia a una determinada confesión, sino con algo más profundo como es precisamente sentir la presencia de lo divino en nuestra vida. Los dogmas sólo sirven para explicar de un modo esa misma experiencia. Son una convención del lenguaje. Le recomendaría que repasara el Credo cristiano y que me dijera qué entiende de él como para dar una explicación lógica. Más bien si se mira con detenimiento, lo que uno se encuentra es poniéndole nombre a lo inefable, lo que no deja de ser una contradicción.

Pero aún hay más. Galiana es pintor. Un pintor que durante mucho tiempo se negó a sí mismo. Ya se sabe que la profesión de artista es a veces ruinosa y la sociedad nos exige que ganemos dinero y, por otra parte, no cabe duda de que lo necesitamos para vivir. Pero en este proceso iniciático propiciado por la enfermedad, Galiana se hace consciente de su vocación de pintor y descubre nuevos modos de expresión pictórica que tienden hacia la abstracción. Cómo explica la vocación y su rechazo, recuerda, casi paso por paso, lo que la fenomenología describe acerca del acto profético. La inspiración, el rechazo de esta, la mudez que acompaña a ese rechazo y, finalmente, la aceptación de la llamada y su puesta en práctica.

Es un libro importante no cabe duda, porque hay un desnudarse sincero, profundo y meditado. Hay un renacer en plenitud envidiable y deseable para todos, en un mundo cada vez más superficial y frívolo. Hay en él un deseo de compartir una experiencia fundante y redentora que supone una conciencia de la responsabilidad hacia los demás. Hay una reconciliación en medio de un dolor profundo y una esperanza sin límites, como es la verdadera esperanza. Hay amor a la pareja y a los hijos, a los hermanos y los parientes y amigos que rezuma  ternura, agradecimiento y admiración. En fin, es un libro que revela todo un infierno del que sale un cielo. No es un cielo sin nubes, pero es un cielo adulto, sereno, consciente y rico.

Gracias, Jesús Galiana por este hermoso libro con el que en muchos momento me he sentido identificada, que me ha hecho llorar y sonreír, que me ha emocionado en todo momento.

Para los empedernidos analistas de la forma, se trata de un libro muy bien escrito, con gran fluidez y riqueza de vocabulario en el que brillan con luz propia las comparaciones.

 

Vulnerables

Hace poco, estando en Nicaragua, una noche se desató una tormenta eléctrica considerable, seguida de un aguacero torrencial. Cuando ya los truenos lejanos anunciaban que empezaba a pasar, otros truenos que seguían inmediatamente al resplandor de los rayos señalaban que otro frente de nubes se aproximaba. Aquel sucederse en oleadas de las nubes electrizadas y cargadas de agua se repitió a lo largo de la noche, hasta casi el amanecer.

El techo de lámina parecía venirse abajo con el grosor y la fuerza de las gotas de lluvia. Cuando amainaba, aún caían con fuerza desde el árbol cercano, de modo que el ruido no cesaba, aunque escampara. Una gotera, primero tímida y luego decidida, empezó a desplomarse desde el falso techo e iba a dar sobre la cama de mi compañero. Este, al notar la humedad, buscó un cubo y un trapo, movió la cama y yo tuve que arrimar la mía a la pared. En medio del sueño, todas aquellas operaciones de salvamento y refugio me despejaron y, como suele suceder en esas ocasiones, se pone uno a pensar.

Lo primero que pensé (y me alegra que sea así) fue que, en esa parte del corredor seco de América, la tormenta era una bendición para las resecas tierras de los ranchitos de los cerros. También pensé, en segundo lugar que, si yo que vivía en la zona mejor del pueblo, había tenido que refugiarme de la gotera que entraba por los agujeros de la lámina, qué chorros de agua no se colarían sobre los pisos de barro apisonado y sobre las múltiples criaturas que suelen ocupar la única habitación de la mayoría de los ranchos.

Pensé, un poco después, que si la lluvia seguía con ese ímpetu sería un desastre más que un beneficio, porque se llevaría las tierras polvorientas y resecas, lavadas por el exceso de deforestación y los corrimientos serían el preludio de accidentes mayores.

Como de noche los ruidos crecen y se vuelven extraños, a cada instante me parecía que se oían pasos por el patio. Pasos de alguien ajeno a la casa que chapoteaba en los charcos y regueros, que se estaban formando en el agrietado e inclinado cemento. Un cierto temor se apoderó de mí y empecé a pensar que quizá todo se inundase, que quizá la vieja tapia de adobe se volviera al lecho de tierra que tenía debajo y del que probablemente había salido, que quizá un asaltante o simplemente alguien que no tenía donde guarecerse había saltado por encima de sus escombros y ahora, a tientas en la noche y chapoteando, buscaba una puerta por la que entrar a protegerse. Por primera vez, después de mucho tiempo, me sentí vulnerable.

En esos juegos en los que se entretiene el subconsciente, de repente comparé la situación con los viajes a Madrid y desde Madrid. Se sabe al minuto, yendo en tu coche un día cualquiera en que no sea salida de vacaciones, a qué hora vas a llegar a Albacete o a Ocaña y, consecuentemente a tu destino, sea cualquiera de los dos; Madrid o Murcia. Por la fuerza de la costumbre, heredada de otros viajes de hace años más azarosos, siempre calculamos el tiempo que nos va a llevar y no erramos ni en un minuto. Recuerdo que, en uno de los últimos, le comenté a mi compañero: Esto es un aburrimiento. No hay lugar para la sorpresa o la incertidumbre.

Sin embargo, esa noche, acostada en mi cama que había huido de la gotera, pensé qué difícil es vivir cuando todo son imponderables y, por eso, creo yo, me sentí vulnerable, pero muy cerca de aquellos que lo son permanentemente. Por este último pensamiento doy las gracias.

Haiku

Todo el mundo escribe haikus.

Desde aquellos tiempos en que leí a Yasunari Kawabata he comprendido que hacerse con la sensibilidad de un japonés es algo muy difícil si no imposible. Aunque hay quien lo consigue, como son los casos más recientes que conozco; el de Susana Benet y el de Pepe Rubio.

Para no ser menos y no sentirme desplazada de las corrientes actuales, de las que cada vez me siento más ajena por aquello de que, aunque uno no quiera, termina por ser y estar extrañado en el mundo (cosas de la edad) me atrevo con dos haikus o lo que buenamente sean. Ahí van.

La mariquita

con su bata de cola

alzando el vuelo

 

Lloroso el niño

por el globo perdido,

pegado al techo