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Unas fiestas solidarias: Las fiestas Patronales de Vistalegre

En las dos últimas semanas del mes de mayo y en torno a la advocación de Santa María Madre de la Iglesia, se han celebrado las fiestas del barrio de Vistalegre.

 

El barrio de Vistalegre, como todos los naturales de Murcia saben es un barrio que se articula en torno a un gran hospital público, el Morales Meseguer. De las antiguas alquerías de huerta murciana, se ha pasado a una cuadrícula de calles que empezó a ser una prolongación del núcleo urbano de la capital, aunque conserve sus rasgos de pequeña transición entre la urbe clásica y la más moderna. Muchos de los vecinos que aún habitan el barrio recuerdan esos orígenes huertanos y cómo fueron surgiendo edificios y manzanas de casas, en calles perpendiculares, no muy anchas, que protegen a los viandantes del sol.

Los vecinos de este barrio poseen un espíritu alegre y festivo y han venido celebrando con entusiasmo sus fiestas patronales durante algo más de treinta años. Pero este año 2017 y al calor de una nueva hornada de vecinos más jóvenes y que quieren revitalizar el barrio en su comercio y en su estética, las actividades lúdicas se han disparado. Desde carreras casi profesionales, hasta desfiles de carrozas, pasando por un concierto de rock o un verdadero festival de folklore huertano, sin dejar de lado experiencias culinarias para los más pequeños, demostraciones de yoga o concursos de ajedrez y de pintura en la calle, danzas preparadas por amateurs, la gran comida de paella gigante o el mercadillo de segunda mano, se puede decir que ha habido de todo. Se ha paseado a la Virgen por las calles en solemne procesión, con el apoyo incondicional de la Cofradía de la Virgen de la Fuensanta ‘La Peregrina’, se han tirado cohetes y quemado fuegos artificiales. Ha habido reinas de las fiestas, con sus respectivas cortes de honor y hemos visto a las autoridades presidir y participar en los festejos.

 

Sin embargo, dos cosas son muy importantes en estas celebraciones y dignas de ser destacadas. La primera de ellas, es que han sumado sus esfuerzos todos los grupos organizados  del barrio, desde la Parroquia y sus fieles con la Cofradía de la Fuensanta  ‘La Peregrina’, la Junta municipal, las Asociaciones de Comerciantes, de Scouts, de Vecinos, de la Tercera Edad y de la mujer, hasta la Peña El zaragüel, que lleva años conservando la tradición folclórica de la zona, o la recientemente implantada en el barrio Asociación Tacaná que se dedica a la ayuda al desarrollo en Centroamérica. La segunda cuestión digna de ser señalada, es que si bien el objetivo primero era el de festejar a la Patrona y divertirse de paso, las fiestas han tenido un fuerte componente solidario del cual se ha beneficiado un proyecto de la Asociación Tacaná.

Gracias al apoyo de todos los grupos implicados en las Fiestas patronales, se ha podido sacar adelante el proyecto denominado ‘Una puerta a la esperanza’, que consistía en conseguir los fondos para financiar un taller especial de terapia psicológica para cuatro de las residentes en el Hogar Luis Amigó de Urbina-Cantel (Guatemala).

Desde aquí y a pesar de las crisis económicas, de la brecha creciente entre ricos y pobres, de las pérdidas en coberturas sociales, nos cuesta trabajo hacernos cargo de que nuestro bienestar no es comparable con el de las personas que viven en determinadas regiones desfavorecidas. Se nos hace difícil a unos padres que cuidamos de nuestros hijos y nietos comprender que haya gente que no puede atender a sus hijos, que no sabe cuidarlos, que los explota o que los agrede sistemáticamente. Cuesta trabajo ponerse en el lugar de quienes no tienen cobertura sanitaria gratuita, de quienes no tienen acceso al agua o la electricidad. Muchos miran a las carencias que tenemos cerca y ya no son capaces de ver que las cosas pueden ser mucho peores en otro lugar. Es verdad que renegamos de nuestros políticos, de nuestros gobernantes, que nos hiere su incuria y su falta de honradez. Pero qué podemos decir de esos otros que han tomado a sus países como si fueran una finca de su propiedad, que no aplican la ley, que solo trabajan sistemáticamente en provecho propio sin que nada les ponga coto, que ejercen la violencia y no la atajan.

Por todo eso, es verdaderamente digno de poner de relieve, cuando los vecinos de un barrio son sensibles a estas realidades lejanas y son capaces de ser generosos con gente a la que ni siquiera conocen, fiados en la palabra de otros vecinos a los que, en realidad, acaban de conocer. No sé si nos damos cuenta de que es un caso raro o al menos poco frecuente el que se ha producido en este mundo en el que todos desconfían de todos.

Estas fiestas de Vistalegre han sido especiales, no cabe duda, por ambas razones; la unión de todos y la solidaridad.

 

Fiestas patronales en Vistalegre 12-28 de mayo

Nuestro barrio va a estar de Fiestas. Este año se supera el nivel de otros años. Todo el mundo está implicado; la Asociación de Comerciantes, la de Vecinos, Tacaná, el Centro de la Mujer, el Centro de Mayores, la Peña huertana y la Junta Municipal dándolo todo.

Este es el graciosísimo cartel anunciador. Luego se han hecho otros por actividades como el del Mercadillo solidario o el del ICertamen de pintura en la calle al que esperamos se apunten muchos artistas aficionados.

Como veréis, si os fijáis, la Asociación Tacaná está muy activa en estas fiestas y por eso anima a todos los socios, amigos y simpatizantes de la zona y Región que se acerquen en algún momento a participar.

El Programa detallado es el que sigue

El Mercadillo, el Certamen de pintura y la cantina son a beneficio de los Proyectos de Tacaná. Venid a disfrutar y a contribuir con vuestra presencia.

Viernes Santo en Totogalpa

El Viernes Santo es, en cualquier caso, un día intenso. Son muchas las emociones que se desbordan en este día en que el mundo recuerda y actualiza cómo se puede matar a todo un Dios encarnado, mediante falsos testimonios y acusadores comprados. No es difícil hacerse una idea de lo que hace dos mil años ocurrió, porque pasa cada día ya que ambición, soberbia, falsos respetos y desidia siguen abundando y son más fuertes que la bondad, la misericordia y el perdón.

No es de extrañar, pues, que en Totogalpa en este día se acumulen las demostraciones de fe tradicional, de oración y culturales que evocan aquel juicio injusto que condenó a una muerte ignominiosa al más dulce y bueno de los hombres, que además era Hijo de Dios.

Se inició el día con el Via Crucis hasta el Calvario, siguió con los Oficios y más tarde con la Procesión del Sepultado. Ya anochecido, tuvo lugar la representación de la Judea, llevada a cabo por el Grupo cultural Don Bosco que recrea las escenas más notables de la Pasión.

Los testimonios gráficos os permiten constatar cómo desde los niños a los ancianos, todos participan. Los pequeños penitentes que representan al Nazareno, a San Juan y a las Santas Mujeres. Los vecinos que adornan las estaciones y componen las artísticas alfombras. Las fuerzas del orden que vigilan para que no haya incidentes. Los porteadores, las señoras que perfuman al Cristo yacente y luego con devoción reparten los algodones olorosos, los que visten a las imágenes, los monaguillos, el presbítero y el pueblo, cargando sus sombrillas multicolores que sigue al cortejo. Los de la música enlatada que siguen con un carro a la procesión. Los que representan a los diablos (centuriones) que quedan derrotados al paso del Cristo muerto pero triunfador de la Muerte y el Pecado. Su fiel madre, su amiga Magdalena y su amigo, casi hermano, Juan, todos forman parte del cortejo, aunque se les mezclen los atributos y símbolos, como ya he señalado a los que me siguen en Facebook. Aquí no hay imágenes de los centuriones, tradición local totogalpina, porque ya en su día les dediqué atención. Solo empleo fotografías nuevas, en las que ser pueden apreciar los esfuerzos de todos para vestir dignamente a las imágenes.

De la representación de la Judea se recogen algunos instantes. Hay que decir que se van superando los actores cada año y se van ampliando los medios tanto de vestuario como de sonido, con el apoyo popular y del gobierno municipal.

La Procesión

La Judea

Ante Anás y Caifás

La traición de Judas

La lamentación de Pedro

La tentación de Cristo en el Huerto

La mujer de Pilatos

El resucitado y la Magdalena

Guardando el sepulcro

La última cena

El centurión

Ante Herodes

Ante Pilatos

La Crucifixión

Sexta Crónica

Aquí va la última crónica desde Guatemala. Tras un taller que llevaremos a cabo este fin de semana en la capital, el lunes saldremos hacia Nicaragua, en donde pasaremos la Semana Santa. Desde allí, hacia el final de la Semana, posiblemente el domingo de Pascua o el lunes, podré enviaros la última de las crónicas. Si por alguna razón no tuviera la oportunidad, ya os la haré llegar desde casa, a partir del 20 de abril.

Gracias por seguir nuestras andanzas, por vuestras reacciones y por el apoyo. Hasta pronto.

 

Crónica Sexta

CRÓNICA DE UN ROBO

 

Como muchos sabéis a Luis le robaron su celular. Él mismo os cuenta lo que sucedió:

El día amaneció clarito pero fresco. El plan era salir en buseta a las 6,00 de la mañana para llegar a misa de 6,30 en la parroquia de San Luis de Salcajá. Y el plan se cumplió. Después de misa y de saludar al párroco con ofrecimiento para dar alguna charla si lo consideraba oportuno salimos por la zona del mercado que estaba a esa hora instalándose porque era martes. En la esquina de la iglesia había ya un puesto en el que vendían relojes y que yo fiché… luego veremos por qué. Por el trayecto encontramos a Don Adonal, amigo de otros años y colaborador del Hogar. Tras alegrarse de ‘encontrarles de nuevo por aquí’ rápidamente se excusó de que a su paso por España en el mes de mayo no nos había llamado por teléfono. El caso es que hizo un viaje de peregrinación a Tierra Santa con escalas de varios días en España e Italia, pero ya se sabe que ‘en los viajes organizados no hay tiempo para nada’. En Roma concretamente estuvieron a pocos metros del papa, porque el organizador de la peregrinación, precisamente el P. Mario párroco de San Luis al que acabábamos de saludar, ‘había estudiado en Roma y tenía allá sus conocimientos’.

Sin más retrasos regresamos al Hogar a desayunar y cada uno a su tarea. De repente vi que se organizaba otra bajada a Salcajá y me apunté. Rápidamente me asignaron tarea de acompañar a una joven alemana que está haciendo aquí un voluntariado de 6 meses y todavía no se defiende demasiado en español y que quería comprar unas láminas para aprender los nombre de las partes del cuerpo, los utensilios de cocina y cosa de casa… etc. Pero mi objetivo era comprar un reloj por un motivo muy concreto: el lunes 20 había cumplido 13 años una jovencita del Hogar, Lordan, que sin que se enteren las demás residentes diré que es mi favorita. Es una chiquilla muy inteligente, avispada e interesada por cosas variadas, va bien en los estudios y lleva la escolarización en su año. Este curso termina la primaria. Debe de llevar en el Hogar 4 o quizá ya 5 años. Todos los años nos hace regalos, nos pinta dedicatorias y demás.

También es un poco (!) trasto. Muy ‘muchachote’, poco femenina. Según se nos dijo es una niña no querida, porque su madre quería un varoncito, y no dejó nunca de decírselo a la pobre criatura que en su subconsciente ha adoptado esas actitudes ‘masculinas’ para hacerse querer de su madre. Otros problemas habría que no conocemos cuando el juzgado la sacó de su casa y la mandó a una institución de protección. En la última revisión del caso hace un mes le dijo al juez con claridad que no quería volver con su madre que una vez más la reclamaba y que se quedaba en el Hogar.

Este año se le ha celebrado un cumpleaños en toda regla, con música mañanera, estas son las mañanitas… y otras lindezas, y cena especial por la noche con una gran tarta comprada y otro dulce hecho en la casa. Ha contrastado mucho con lo que se hizo el año pasado que fue tan ‘discreto’, por no decir raquítico, que ni nos enteramos. Por suerte ha habido cambios en la dirección. No queríamos que se quedara sin un regalo nuestro y le pregunté qué quería. Me pidió tiempo para pensarlo y unas horas después me dijo que un reloj de esos ‘que dicen la hora’ (tras alguna indicación más entendí que quería que fuera digital), resistente al agua, con luz y con alarma. La chiquilla sabía lo que quería y yo como abuelo complaciente me dispuse a dárselo. Se lo comenté a la directora por no hacer nada que no fuera oportuno y me dijo que la misma niña se lo había dicho ya y que le parecía muy bien.

Después de pasar por la papelería con la alemana que se llama Rica, volví al puesto de relojes y le compré el típico Cassio que reúne todas las condiciones requeridas y que me costó la increíble suma de 7 euros, previo un poco de regateo. Con la compra hecha atravesamos el mercado que estaba atestado, pero en un momento concreto se formó un tapón en la estrecha calle entre los puestos de frutas y verduras, hubo apretujones y empujones y noté que me trasteaban el bolso que llevaba en bandolera por mi costado derecho, pegué un tirón y en ese momento me dieron un empujón a la vez que el tapón de gente se disolvía. La cremallera del bolso estaba apenas abierta y vi que me habían quitado los 40 quetzales de la vuelta del reloj. Respiré tranquilo al ver que el billetero con más dinero y tarjetas de crédito descansaba tranquilo, o asustado no sé, pero allí estaba en el fondo del bolso y también el pasaporte. Con el reloj de la niña no hubo problema porque lo llevaba puesto en la muñeca.

Fuimos al lugar convenido para el encuentro y de nuevo en el carro subimos al Hogar. Hasta las 6 de la tarde no caí en la cuenta de que me faltaba el móvil. Buscamos por todas partes, hicimos llamadas… y saltaba el contestador. Total que me lo habían robado con gran arte y oficio de carteristas profesionales, y seguro que eran más de uno porque el bolso lo llevaba a la derecha y el móvil en el bolsillo izquierdo del pantalón.

Pille un gran berrinche. Pero ahora, 24 horas después se me ha pasado. Cierto que es un trastorno; aunque el aparato era ‘smart’ pero malucho me servía para recibir por guasap las fotos de mi nieto que cada día está más guapo y gracioso… y la gran suerte es que llevaba instalada una tarjeta prepago de Guatemala mientras la mía de Vodafone está guardada en la maleta, de forma que no me afectará cuando vuelva a casa. Seguiré teniendo el mismo número y todos los datos almacenados en la tarjeta.

En resumen que el reloj resultó algo más caro y me robaron un móvil. Solo espero que la estadística me dé por amortizado y no me toque de nuevo en mucho tiempo… o mejor nunca.

Una desgracia previsible

Ha llegado a todo el mundo la noticia de un incendio en un Hogar estatal de Guatemala en el que han fallecido cuarenta adolescentes. Las circunstancias están sometidas a investigación porque hay sospechas de una cadena de errores y métodos inadecuados en la custodia de los jóvenes internos.

Desde hace años, sabemos que en ese Hogar se daban fugas masivas y había numerosas irregularidades en la gestión. Sin embargo, no se pusieron nunca los medios para corregir la situación, ahora nos lamentamos.

Nosotros hemos conocido otro Hogar estatal en las cercanías del de Urbina y la  mezcla de situaciones de los acogidos en ese Hogar ya puede dar testimonio, por sí sola, de lo inadecuado del sistema. No es posible que personas adultas con discapacidades, madres solteras y sus bebés, niños y preadolescentes derivados por el Tribunal de Menores, por causas tan diversas como miseria, orfandad, abandono o malos tratos, compartan un mismo espacio en una masificación insostenible.

En la visita que realizamos al lugar, pudimos constatar que los cuidadores del centro ponían su mejor voluntad en la atención de aquella población tan diversa, pero, por una parte, era muy evidente la falta de medios materiales y humanos y, por otra, lo inadecuado del procedimiento.

Este acontecimiento de la muerte de cuarenta jóvenes, calcinadas o por inhalación de humo, no sólo nos conmueve por lo terrible del suceso y por lo que revela en sí mismo, sino porque además nos sentimos directamente tocados, ya que una de las niñas que estuvo en el Hogar de Urbina durante cinco años, terminó en ese otro lugar y murió en el incendio.

La reflexión que sigue, y que quizá sea un poco errática por la profundidad del dolor que siento, quiere ser un homenaje a su memoria y a su triste vida de sólo quince años y también un modo de caer en la cuenta de nuestra responsabilidad y en nuestros errores.

Lo primero que quisiera hacer constar es que, aunque estas criaturas –con razón en algunos casos- sean tratadas como delincuentes, no son sino víctimas. Son las víctimas de una sociedad injusta que crea bolsas de pobreza y  marginación de las que salen padres y madres irresponsables o incapaces de atender a sus hijos. Su nacimiento y crianza, en medio de la miseria, la ignorancia, la violencia o el simple abandono, los aboca a vivir en un círculo vicioso del que difícilmente las instituciones pueden hacerlos salir. Sobre todo, si lo que se aplica es un sistema en el que falta la verdadera preocupación por la salud física y mental de niños que cargan con más traumas de los que cualquiera pueda soportar, si faltan el verdadero cariño y la profunda compasión (en el sentido más básico del término) y la empatía.

Si lo que prima en esas instituciones es el orden, la disciplina, el control; todo ello medidas correctivas, y no se deja espacio a la ternura y el verdadero acompañamiento, si la atención psicológica falta o es rutinaria; si se reclama de esas criaturas la obediencia o la gratitud, sin ninguna duda estamos errando el medio y el propósito.

No cabe duda de que la relación con criaturas marcadas por la violencia es muy difícil. Son personas que se han visto obligadas a la supervivencia en un medio hostil y ello las hace insolidarias, rebeldes, desconfiadas, maquinadoras y violentas. Se insertan en un esquema que tiende a repetirse y que, en algunas ocasiones, está tan arraigado que resulta prácticamente imposible devolverles la confianza y enseñarles a vivir en armonía consigo mismos y con su entorno.

Es evidente, y el caso citado así lo demuestra, que el Estado ha de hacer una mayor inversión en este tipo de instituciones, de manera que estén dotadas de espacios dignos, higiénicos y agradables que devuelvan la serenidad al espíritu de esas criaturas y donde aprendan a convivir en un clima de valores. El Estado debe diferenciar con claridad el tratamiento que ha de darse a cada caso, creando instituciones adecuadas a las necesidades y sólo emplear métodos carcelarios allí donde sean imprescindibles. Resulta evidente que las personas encargadas de estas instituciones, desde los rangos superiores hasta los de vigilantes, educadores, psicólogos u otros, han de ser personas seleccionadas con mucho cuidado y elegidas por su vocación para el servicio, por su clara comprensión de que están tratando con víctimas y por una capacitación profesional muy exigente.

El Estado ha de hacerse consciente de que aquellas instituciones privadas a las que autoriza y exige el cuidado y atención de niños y adolescentes en situaciones de riesgo, necesitan un apoyo considerable de la administración. El Estado debe proveerlas de los medios necesarios para que cumplan eficazmente su labor.

Mientras no se camine en esta vía, las cosas no mejorarán y, en unos años, o más bien pronto, podemos encontrarnos con otra desgracia del mismo calibre o mayor.

Desde la perspectiva de nuestra implicación con un Hogar privado, habría que hacer, como primera medida, el propósito de no enviar a ninguna de las acogidas, salvo en algún caso verdaderamente imposible, a una institución estatal. Pues, como se ha visto en este caso, estamos ante una desgracia previsible.

Desde esta misma perspectiva y en segundo lugar, quizá es llegado el momento de reclamar del Estado el apoyo que no ha venido prestando hasta hoy. El Hogar de Urbina se ha venido financiando a partir del trabajo interno del mismo, de donaciones de benefactores y de las aportaciones que la propia Congregación que lo dirige hace. Se ha venido moviendo en un sistema de gran austeridad y pobreza en el que, sin embargo, no han faltado ni la alimentación, ni la educación, ni la atención sanitaria, aunque se ha carecido de asistente social y se ha tenido una atención psicológica parcial que quizá haya que considerar insuficiente.

Se ha mantenido y recreado un sistema de valores que excluye las imposiciones carcelarias, dotando de la libertad adecuada a las niñas y del orden imprescindible, de manera que tengan esquemas claros de pertenencia y responsabilidad que en la mayoría de los casos son efectivos. Aún así se dan algunos casos conflictivos que evolucionan desfavorablemente e inciden de manera negativa en el resto de las muchachas. En estos casos, tras los intentos correspondientes, si estos no dan resultado, se devuelven al sistema estatal, como fue el caso de la fallecida en el trágico incendio. Sin embargo, es posible que si el centro, con el apoyo del estado, hubiera contado con la posibilidad de una atención psicológica especial, más prolongada y específica, quizá se hubiera tenido otro resultado.

En  cualquier caso, no caben ahora lamentaciones y remordimientos que a nada conducen, pero sí acciones positivas encaminadas a la mejora del sistema. Es lo que verdaderamente podemos hacer en memoria de esa criatura que hemos perdido.

En mis estancias en el Hogar, intenté ayudarla a aprender a leer, cosa que a pesar de llevar tres o cuatro años yendo a la escuela no había conseguido aún. Me tuve que declarar impotente en su caso. Finalmente, hace dos años, al llegar al Hogar, vino corriendo hacia mí y me dijo, ya sé leer. Tengo aquí el libro que usted me regaló y cuando quiera le leo algo y así lo hicimos y, aunque con dificultad, leía de corrido y comprendía lo que leía. En mi interior, agradecí a su última maestra su esfuerzo, mientras la felicitaba por su logro. Más de una vez me dijo; ahora ya puedo leer el libro que me regaló y eso me llenaba de gozo.

El año pasado, al llegar al Hogar, noté su ausencia y pregunté por ella. Me informaron de que había tenido un proceso de violencia que finalmente la había llevado a cometer un acto cruel con el fin de amedrentar a sus compañeras más jóvenes y se la devolvió al sistema, siendo enviada al Hogar citado donde tuvo lugar esta semana pasada la tragedia.

Antes de marcharnos de Guatemala y estando en las cercanías de ese Hogar, intentamos visitarla, pero no nos lo permitieron al no ser familiares ni tener un permiso del juez. Sí nos permitieron hablar con ella por teléfono y dejarle una carta que suponemos se le hizo llegar.

Ahora, al venir de nuevo por estas tierras, teníamos el propósito de intentar visitarla. Desgraciadamente sólo podremos visitar su tumba. D.e.p.

Por último, he de decir que en la TV, al ocurrir este suceso terrible, aparecieron unas tías de la muchacha de las que no teníamos ni noticia, pues nunca la visitaron, ni se comunicaron con ella. En sus llorosas manifestaciones a la televisión hicieron hincapié en que habían tenido que tomar prestado el dinero del pasaje para personarse y reclamar noticias de su sobrina. Indudablemente todos los que vimos el reportaje sacamos la impresión de que esperaban con ello obtener alguna ventaja. Como se puede deducir fácilmente de este rasgo anecdótico, estamos hablando de personas que son víctimas de situaciones de marginalidad y, consecuentemente, de un grave deterioro en su sistema de valores. Ahí radica la cuestión. ¿Qué hacemos como sociedad para reconducir esas situaciones o qué hacemos para que no se produzcan?