Archivo por días: 8 septiembre, 2013

Adiós, Paquito

No recuerdo exactamente cuándo lo conocí, pero fue hace mucho, mucho, tiempo. El entonces era poco más que un mozalbete y yo una joven profesora contratada. Yo conseguí mi plaza y él se hizo un hombre, pero siempre fue para mí, Paquito.
No bien te veía entrar en la cafetería, ya sabía lo que tenía que ponerte en la barra. Cuando comías –y eso era todos los días, durante años-, te recomendaba el menú. Con gesto contenido y casi sin palabras te daba a entender que no hicieras esta o aquella elección.
La modernidad llegó al bar de profesores, introduciendo la nefasta costumbre de poner música a todas horas. Paquito se significaba por poner música clásica, lo que siempre era de agradecer. Con gesto furioso, la apagaba y se resignaba a cualquier ‘pachanga’, cuando subía el volumen de las conversaciones. En ese bar, de vez en cuando, había momentos de calma y tomar un café con el acompañamiento de un cuarteto de cuerda o de un coro era una verdadera delicia. Se lo decías y con una sonrisita apenas insinuada te miraba cómplice.
Con las clases que terminan a las dos y media y las que empiezan a las tres, se arremolinan los profesores, tratando de comer algo en esa media horita que se quedaba en un cuarto porque había que ir al otro edificio o al de más allá. Paquito se multiplicaba con gesto enojado; parecía que le molestáramos. Pero, lo que de verdad lo ponía furioso era no atender a todo el mundo con la celeridad y perfección que a él le gustaba.
Hace ya tiempo que dejé la Facultad y algunos de mis compañeros de años han desaparecido. En muchos casos, la enfermedad o la edad anunciaban ese final. No podía sospechar que desaparecería Paquito, arrebatado por un infarto fulminante.
Todas las ausencias son terribles y te muestran cómo el mundo que conociste va desapareciendo, dejando tras de sí un cierto rastro de nostalgia. Al morir alguien joven, de manera inesperada, la puerta del pasado que conociste se cierra de un portazo, dejándote ese poso de nostalgia y la sensación de que aquel es también un tiempo muerto y lejano al que ni siquiera tú mismo, por vivo que estés, perteneces ya. La muerte de Paquito es, más que otras, la clausura del pasado y, al tiempo, la convicción de que tu futuro propio, más o menos largo, ya no tiene vinculación con el espacio y el tiempo que ocupaste junto a Paquito.
Descanse en paz un compañero amable, discreto, servicial y atento.