Archivo por meses: octubre 2013

Tonto el que lo lea (con perdón)

Queridos lectores habituales de esta página:

El paréntesis que acompaña a este título va por vosotros. El propio encabezado es por si esos que no tienen nada mejor que hacer, se dejan llevar por sus miedos y afán de control o por su profundo narcisismo, dan con esta página y la leen.

Por supuesto se me ocurren más cosas que decir y algunas bastante rotundas, pero creo que a buen entendedor…

Un saludo cordial a todos mis lectores asiduos y a los otros pues eso.

Karlovi Vari (Carlsbad)

Nuestra última visita en la República checa fue a este lugar famoso por sus aguas termales.

Cuando nos dijeron que visitaríamos este lugar, tengo que reconocer que no me sonaba de nada. Viajando se aprende y, sobre todo, se descubre que uno ya lo sabía y lo tenía olvidado. Tanto es así que cuando pusimos en relación su nombre en checo y su nombre en alemán no sólo nos dimos cuenta de que nos sonaba, sino de que teníamos en casa, desde hace más de veinte años, una vajilla de bohemia, es decir, de allí mismo.

El lugar es precioso. Se trata de un profundo valle rodeado de montañas suaves por el que corre un río transparente y cálido que se llama así; Río templado. Es de sospechar que sea un cráter de volcán.

Las aguas nacen a modo de geiser a una temperatura muy alta, más de 60º. La ciudad está llena de hoteles, restaurantes y columnatas, donde se reparten las distintas fuentes que se han ido utilizando a lo largo de los años. El balneario más moderno no tiene mucha gracia y son más bonitas las columnatas románticas del siglo XIX o las de estilo neoclásico.

Abundan los edificios modernistas de hermosas fachadas, hay una iglesia barroca notable y una iglesia ortodoxa rusa recién restaurada que conserva en su interior algunos preciosos iconos antiguos y luce al sol sus altivas cúpulas en forma de cebolla.

La ciudad en torno a las fuentes es muy turística, llena de comercios de cristal de bohemia, vajillas y granates, pero no resulta ofensiva pues ha cuidado y conservado el entorno de manera pulcra y respetuosa. Es un lugar para ir a pasar unos días, tomar las aguas  y relajarse.

La iglesia ortodoxa rusa

La iglesia ortodoxa rusa

Este antiguo balneario está en desuso, pero el edificio es muy bonito
Este antiguo balneario está en desuso, pero el edificio es muy bonito

1Fuentesaguas1act

El chorro de aguas calientes
El chorro de aguas calientes
Edificios modernistas
Edificios modernistas

3Edificios2 4Edificios3 5Edificios5 6Edificios6

Detalle de una fachada modernista
Detalle de una fachada modernista
Edificio modernista en donde vivió Dvorak
Edificio modernista en donde vivió Dvorak
Iglesia barroca
Iglesia barroca
Interior de la iglesia barroca
Interior de la iglesia barroca
Carlos Marx venía a tomar las aguas
Carlos Marx venía a tomar las aguas
Este edificio es un adefesio. Lo curioso es el coche de paseo y descubrir que la célebre cadena Bata de zapaterías son de aquí.
Este edificio es un adefesio. Lo curioso es el coche de paseo y descubrir que la célebre cadena Bata de zapaterías son de aquí.
Vista general
Vista general
El cálido rio templado
El cálido rio templado
Columnatas
Columnatas
Columnatas
Columnatas
Columnatas
Columnatas
El gran Hotel
El gran Hotel

Mi barrio

Ocupa el espacio de una cuadrícula constituida por algo más de una docena de calles, estrechas y sombreadas, lo que resulta muy conveniente en este clima. Los edificios no tienen más de cuatro alturas. Son casas modestas, de fachadas discretas de ladrillo rojo o enlucidas de ocre y con balcones de hierros sobrios y lineales, con frecuencia adornados de pequeños tiestos de flores de vivos colores o de ramas verdes, más bien carnosas, capaces de soportar el calor. Al tener poca altura, esos edificios, sin embargo, dejan pasar el sol de levante y de poniente y los aleros de las azoteas se tiñen de suaves colores dorados por la mañana y rosados por las tardes.

Los portales son igualmente discretos y sombríos y alternan con los cierres metálicos de las cocheras, algunos bastante envejecidos, cuya gastada pintura se ha desprendido de manera desigual, dándoles un aire algo desolado. Junto a ellos aparecen algunos comercios; viejas tiendas de barrio. Una mercería de amontonado escaparate, donde las cintas se mezclan con las medias, los dedales, los baberos y las cajas de costura forradas de cretona; una pescadería con su cortina de tiras de plástico sobadas, pero que encierra pescado plateado y recién traído de la orilla del mar; una carnicería más moderna, saturada de anuncios de las distintas partes de los animales que vende y sus precios respectivos, pero pulcra y a cuyo frente se hallan dos hermanos que saben del negocio y de cortar bien la carne. Más allá hay una iglesia, camuflada en una de sus fachadas como si fuera una simple vivienda, aunque por la fachada contraria y que da a una plaza, tiene hasta su campanario que aún avisa a misa y suena a las horas del angelus. Muchas peluquerías, salones de belleza y bares de todo tipo, además de farmacias, ópticas, una zapatería, un zapatero remendón, una relojería, una joyería más bien pretenciosa y un modesto tapicero. Hay también un herbolario tirando a esotérico y un restaurante turco que hace unas baklavas bastante dignas. Se hallan también en los bajos de los edificios muchas fruterías, alguna charcutería, una pastelería que hace dulces contundentes y un chino. También hay una ferretería con nombre de mujer y un par de papelerías bastante bien surtidas.

Locales de ventas de pisos, imprentas, encuadernaciones sólo se reconocen por sus letreros, hace años echaron el cierre y nadie ha sido capaz de hacerse con esos espacios para emprender otro negocio o el mismo. Así, se ven sus cristaleras polvorientas, algunas quebradas por la pedrada de algún gamberro y los suelos de sus accesos saturados de correspondencia echada por debajo del cierre y que ya nadie leerá jamás. Estos lugares sin vida, que se acumulan arbitrariamente a lo largo de alguna de las calles, ofrecen un aire de desolación y son la huella muda de los tiempos de crisis económica que padecemos.

No es un barrio muy bullicioso. En él viven personas mayores y muchos estudiantes que los fines de semana regresan a sus pueblos, probablemente a que sus madres les laven la ropa, pues los domingos por la tarde se los ve regresar, tirando de sus maletas cargadas y deformadas. Es posible que contengan no sólo la ropa limpia, sino algún cacharro con el guiso de la madre o de la abuela, las morcillas o los morcones para que ‘los chiquillos’ coman algo de sustancia durante la semana.

Por las mañanas, suele verse a las amas de casa, cargadas con sus bolsas de la compra y pegando la hebra con las vecinas. Abuelas llevando a los nietos a la escuela o estudiantes apresurados que se dirigen a su Facultad o a su escuela. También aparecen cuadrillas de operarios con sus monos o los que descargan los camiones de reparto de la fruta, el pescado o la carne; los de los suministros a los bares y las enfermeras de un hospital cercano que, junto a los médicos, se salen a la acera a fumarse un pitillo, para luego regresar a sus consultas y a la atención de esos pacientes que les han tocado en el cupo y a los que han prohibido severamente fumar.

Hay un cierto tráfico de coches e incluso, por una de las calles que bordea el barrio y es algo más ancha, pasa un autobús. Curiosamente y eso me llama poderosamente la atención, a pesar de la cercanía del hospital, jamás se oyen las sirenas de las ambulancias. En cambio, a primeras horas de la noche se oye con nitidez el estruendo del camión que vacía los contenedores de basura.

Hablando de la basura. En todo el barrio crecen contenedores ecológicos que discriminan los residuos, pero lo normal es que estén rodeados de cajas, bultos, bolsas, algún colchón o mueble desvencijado, trozos de metales que debieron pertenecer a algún artilugio cuyo uso es difícil de adivinar, tablas y otros enseres de arriesgada descripción. No obstante esto, que afea al barrio, es algo muy efímero, pues existe una cuadrilla de conductores de bicicletas, a las que han adaptado un carrito de supermercado. Estos conductores a pedales recorren incansables el barrio y se llevan incluso lo que no has tenido tiempo de ver tirado junto al contenedor. Casi todos ellos tienen la tez oscura, pero es difícil saber de dónde proceden; podrían ser eritreos, pakistaníes, indios, rumanos o de cualquier otra nacionalidad. Son, no obstante, rápidos y eficaces en su caza y captura de lo que otros consideran inservible y capaces de manejar su vehículo de frágil apariencia con gran pericia, aunque lo lleven cargado de cosas que triplican su volumen. Recuerdan a las hormigas.

Este recoleto barrio, aquí y allá se abre de repente en espacios ajardinados, con hermosos árboles, algunos de formas curiosas. En esos parquecitos, hay juegos para niños, bancos para los jóvenes desoficiados o los ancianos y sus tertulias. También hay rincones en donde un avispado dueño de bar ha colocado sus mesitas a la sombra de los árboles. En el barrio hay mucha costumbre de desayunar fuera de casa o de tomar un almuerzo de media mañana. Los clientes se toman su consumición y leen el periódico que les brinda el establecimiento. Algunos sólo leen las páginas o los diarios de deportes y aprovechan, entre sorbo y sorbo del carajillo o el simple cortado, para despotricar de entrenadores y árbitros o defender contra el mundo a los equipos de sus amores. Es muy frecuente encontrar mujeres en estos bares y terracitas callejeras, normalmente van en tríos o en parejas. Al pasar uno puede escuchar fragmentos de sus quejas de los niños, de la cuñada, de la suegra o de una madre o tía ancianas que no quieren tomarse las pastillas. Aunque pueda parecer tópico, en mi barrio la gente no habla de cosas muy intelectuales, ni siquiera de política. Los hombres hablan de cosas de hombres y las mujeres de cosas de mujeres. De ello escapan los viejos, sean de uno u otro sexo; estos hablan de sus enfermedades, de los medicamentos que toman o de lo que les ha dicho o no dicho, y ellos lo esperaban, el médico.

Mi barrio está rodeado por grandes y ruidosas avenidas, de cuyo trajín, humos, luces y ajetreo se mantiene discretamente al margen. En algunos lugares queda algún solar lleno de árboles o alguna casita de planta baja con un patio que son los testigos de un pasado de pequeño pueblo huertano al que la ciudad creciente ha rodeado, dejándolo como un vestigio del pasado y, aunque se ha modernizado en las construcciones, al menos relativamente, aún conserva su aire recoleto de aldea rodeada de huertos familiares.

He podido observar que incluso posee su propio microclima. No hay la misma temperatura en mi barrio que en las grandes avenidas, no sopla el mismo viento, ni siquiera el sol parece lucir igual. De noche prácticamente no pasan coches y se ven muy pocos peatones. Para comprobar este fenómeno no hay que esperar a la madrugada. Apenas cae la luz, el barrio se va quedando silencioso y solitario, como les ocurre a los pequeños pueblos agrícolas.

Es como vivir en un remanso anclado en el tiempo, a un paso –no más de cinco minutos en cualquier dirección- de la gran ciudad. Me encanta vivir en este barrio que además, aunque no tiene vistas sobre nada porque es absolutamente llano, se llama Vistalegre. Probablemente se llama así porque mira hacia adentro y conserva sus recuerdos del pasado. Un pasado más apacible, sereno, de ritmo pausado, donde las relaciones humanas eran más comunes, íntimas y cotidianas, con sus riesgos, pero también con la ventaja de sentirse más acompañado.

Un parque y su extraño pino
Un parque y su extraño pino
La iglesia y su escondido campanario
La iglesia y su escondido campanario
Calle con sol poniente
Calle con sol poniente
Otra calle
Otra calle

Mi cocina da aun patio de manzana. La ventana frontera pertenece a un piso al que se accede por un portal que está en la calle perpendicular a la mía. Sin embargo, cuando tiendo la ropa o busco algo en el lavadero, me encuentro a veces con una vecina que está haciendo lo mismo. Nos saludamos. Hace unos días me la encontré por la calle. No sé cómo se llama y ella tampoco sabe mi nombre, pero nos saludamos como viejas amigas, quizá alegres por vernos de cuerpo entero. Esto es lo que significa mi barrio.

Exposición colectiva de Pintura

La Asociación Tacaná F&D celebra una exposición colectiva de pintura en la Casa de la Cultura de Caravaca de la Cruz, entre los días 4 y 15 de noviembre próximo.

La inauguración tendrá lugar el día 4 a las 19h.

Participan seis artistas residentes u originarios de la Región de Murcia.

Los precios de las obras oscilan entre los 30 y los 120€. Todo lo recaudado se destinará al Proyecto ‘Somos libres’.

Habrá también una muestra de artesanía de Guatemala, a precios desde 1€.

Se puede visitar de lunes a viernes de 17,30h. a 19,30h.

Este es el cartel de la Exposición
Este es el cartel de la Exposición

Praga, la ciudad del Moldava

En ese precioso viaje que hemos hecho por Centroeuropa, la guinda fue la ciudad de Praga.

Esta lindísima ciudad está dividida por el río Moldava que es tan hermoso, al paso de la ciudad, que él solo es un espectáculo digno de verse. Hay tres barrios principales; dos en una orilla, el del castillo y el Barrio Pequeño (Mala Strana), y el otro, Ciudad Nueva, en la otra orilla. Los une el célebre puente medieval de Carlos IV.

La acumulación de Palacios en el barrio del castillo es muy notable, pero tampoco es corto el número de edificios de todas las épocas del resto de la ciudad. La Plaza Central, con su catedral escondida tras una casa de color rosa, es amplia y llena de vida. Cerca de ella está el conocido reloj astronómico con sus figuras móviles y los doce Apóstoles que se asoman por una ventanita. Pasear por la calle Paris, llena de tiendas de firmas, no es lo más notable, sino contemplar los edificios modernistas. También se acumulan en la plaza Estanislao, rematada por el imponente Museo de Bellas Artes y donde, además del bullicio, hay un par de edificios cubistas muy interesantes.

Callejeando se llega al límite de esta parte central de la ciudad y a la Torre de la Pólvora. En el antiguo enclave del Palacio real existe hoy una soberbia Casa de la Cultura, de estilo modernista y decorada por Mucha. Cada rincón de este edificio merecería por sí solo una serie fotográfica. Hasta los ojos de buey o mirillas de cristal esmerilado de los aseos son dignos de verse. No digamos los muebles, relojes, lámparas, los percheros, las barandillas y los suelos o el revestimiento cerámico de las paredes.

En esta ciudad, centro del misticismo judío durante siglos, son interesantes las sinagogas, desde las medievales hasta otras más modernas de estilo morisco.

Toda la ciudad está jalonada de estatuas impresionantes, desde las que adornan el puente de Carlos, hasta la de Juan Huss en la plaza central, pasando por la de Carlos IV o la del rey Estanislao. Algunas sorprenden como el Calvario que se halla en la entrada de un Hotel actual, antiguo convento, en el barrio del castillo. Cerca de la sinagoga morisca, se halla una dedicada a Kafka, muy interesante, y abundan los rostros en relieve de personajes como el mismo Kafka, Kepler o Beethoven, pues todos ellos o nacieron o vivieron allí.

Las iglesias barrocas, como las dos dedicadas a San Nicolás, la de la plaza central con una magnífica lámpara de cristal de bohemia, son todas ellas espléndidas.  Digno de verse es el altar del Niño Jesús de Praga, talla española de vestir llevada por una noble de aquí, casada con un noble local, en el siglo XVI o el mausoleo de San Juan Nepomuceno, cuya leyenda ha podido con la historia y que está en la catedral del barrio central.

Si hay una obra digna de consideración es la llamada Catedral del Castillo. Iniciada en el siglo XII-XIII, quedó sin acabar. A finales del XIX, se decidió concluirla y el arquitecto encargado tuvo el acierto de prolongarla en el mismo estilo, logrando un neogótico que es tan hermoso como el de siete siglos atrás. Desde el exterior se nota perfectamente el corte de las etapas, separadas por una puerta dorada de mosaico del primer periodo.

Lugares encantadores son el canal del Moldava y su vieja noria o las vistas del río desde cualquier ángulo. la ciudad es hermosa de día, tuvimos la suerte de tener sol, pero también lo es de noche. Es también una ciudad muy musical. Los conciertos de órgano se encuentran a todas horas en cualquier iglesia e incluso hay un piano en los bajos de la Ópera que cualquiera puede tocar, pero no llevarse a casa, ya que está sujeto con unas cadenas.

Los tranvías funcionan muy bien y la cerveza es estupenda, sobre todo las diversas variedades de negra.

Un toque personal. Allí todavía existe una sucursal de los almacenes británicos Marks&Spencer que son uno de mis vicios y cuya desaparición de España llevé muy mal.

Para otro día se queda la excursión que hicimos a Karlovi Vari.

El Ayuntamiento de la Ciudad Nueva
El Ayuntamiento de la Ciudad Nueva
La banda del Castillo
La banda del Castillo
Antiguo convento, convertido en Hotel, con su Calvario en la puerta
Antiguo convento, convertido en Hotel, con su Calvario en la puerta
Torre del convento de Loreto en el Barrio del Castillo
Torre del convento de Loreto en el Barrio del Castillo
Plaza de San Nicolás en Mala Strana
Plaza de San Nicolás en Mala Strana
El Niño Jesús
El Niño Jesús
Torre de San Nicolás, Mala Strana, de noche
Torre de San Nicolás, Mala Strana, de noche
Fachada de San Nicolas en Mala Strana
Fachada de San Nicolas en Mala Strana
Cambio de guardia en el Castillo
Cambio de guardia en el Castillo
El pequeño canal
El pequeño canal
Fachada de la casa de la cultura
Fachada de la casa de la cultura
Interior de la casa de la Cultura
Interior de la casa de la Cultura
La Casa de la cultura de noche
La Casa de la cultura de noche
Entrada al Castillo
Entrada al Castillo
La catedral del Barrio del Castillo al fondo
La catedral del Barrio del Castillo al fondo
Vista general de la fachada
Vista general de la fachada
El pórtico central del XIX
El pórtico central del XIX
El rosetón del XIX
El rosetón del XIX
El lado derecho es el más antiguo
El lado derecho es el más antiguo
La parte antigua de la Catedral, en el interior
La parte antigua de la Catedral, en el interior
Interior de la Catedral del Castillo
Interior de la Catedral del Castillo
La catedral y su casa adosada
La catedral y su casa adosada
Convento en el Barrio del Castillo
Convento en el Barrio del Castillo
El piano encadenado
El piano encadenado
Edificio cerca de la öpera
Edificio cerca de la Ópera
Edificios de la Plaza Central
Edificios de la Plaza Central
Edificios de la Plaza Central
Edificios de la Plaza Central
Edificio donde residió Beethoven
Edificio donde residió Beethoven
Edificios modernistas de la Plaza Estanislao
Edificios modernistas de la Plaza Estanislao
Edificio dedicado a San Jorge en la calle Paris
Edificio dedicado a San Jorge en la calle Paris
Edificio donde nació Kafka
Edificio donde nació Kafka
Casa donde vivió el astrónomo Kepler
Casa donde vivió el astrónomo Kepler
En el puente de Carlos este Calvario tiene la peculiaridad de la leyenda en hebreo
En el puente de Carlos este Calvario tiene la peculiaridad de la leyenda en hebreo
Carlos IV
Carlos IV
Estatua ecuestre de Estanislao
Estatua ecuestre de Estanislao
Juan Huss
Juan Huss
Estatua dedicada a Kafka
Estatua dedicada a Kafka
San Juan Nepomuceno, en el puente de Carlos
San Juan Nepomuceno, en el puente de Carlos
A estos ya los conocéis
A estos ya los conocéis
Los mártires de la Primavera de Praga
Los mártires de la Primavera de Praga
Otra vista del Moldava
Otra vista del Moldava
El Moldava y sus troncos que protegen al puente de Carlos de las heladas
El Moldava y sus troncos que protegen al puente de Carlos de las heladas
El Moldava
El Moldava
El Moldava de noche
El Moldava de noche
Museo de Bellas Artes
Museo de Bellas Artes
La noria del canal
La noria del canal
Palacio del Barrio del Castillo, ahora Misniterio de AQsuntos Exteriores
Palacio del Barrio del Castillo, ahora Ministerio de Asuntos Exteriores
Palacio en el Barrio del Castillo
Palacio en el Barrio del Castillo
Palacio en el Barrio del Castillo
Palacio en el Barrio del Castillo
Palacio del Barrio del Castillo. Los esgrafiados son muy comunes y preciosos
Palacio del Barrio del Castillo. Los esgrafiados son muy comunes y preciosos
La Plaza del Castillo
La Plaza del Castillo
Puente de Carlos, de noche
Puente de Carlos, de noche
La Catedral de día
La Catedral de día
Vista nocturna de la Catedral de la Ciudad nueva
Vista nocturna de la Catedral de la Ciudad nueva
La Plaza Estanislao
La Plaza Estanislao
El reloj astronómico
El reloj astronómico
Detalle de la Iglesia de San Jorge en el Barrio del Castillo
Detalle de la Iglesia de San Jorge en el Barrio del Castillo
San Nicolás
San Nicolás
Lámpara en San Nicolás
Lámpara en San Nicolás

Sinagogas2

Sinagoga morisca
Sinagoga morisca
Sinagoga española
Sinagoga española

TorrePolvora

Vista trasera de la Torre de la Pólvora
Vista trasera de la Torre de la Pólvora
La Torre de la Pólvora de noche
La Torre de la Pólvora de noche
Uno de los edificios de la calle Paris
Uno de los edificios de la calle Paris
El puente de Carlos IV de día, muy animado con grupos de música, pintores y artesanos
El puente de Carlos IV de día, muy animado con grupos de música, pintores y artesanos
La sinagoga más antigua
La sinagoga más antigua

Viena

Nuestro viaje por Europa central continuó con Viena.

Quizá este fue el punto en que la estancia se hizo algo corta, pues la ciudad es inmensa, está cuajada de hermosísimos edificios, a cual más monumental y hermoso, y las anchas y llanas avenidas invitan a pasear con calma.

Aún así, cumplimos con algunos de los rituales; visitar iglesias barrocas, como San Carlos Borromeo, góticas, como la de los Agustinos que custodia la macabra reliquia de los corazones de los emperadores, o la catedral. Tomamos la célebre tarta Sacher en el café del mismo nombre, vimos la noria del Prater y recordamos El tercer hombre. Fuimos a ver palacios, como Belvedere o la sede del Imperio Austro-húngaro, con la sombra de Sissi, flotando en el aire.

Pero, si por algo merece la pena visitar Viena, es sin duda por la célebre Sala Dorada que todos hemos visto cada primero de año en el archiconocido concierto de Año Nuevo. Palmear al compás de la marcha Radesky, aunque sea en el mes de septiembre, tiene su aquel.

Como buenos turistas, nos fotografiamos aquí y allá.

Esta es la iglesia de los Agustinos
Esta es la iglesia de los Agustinos
Ayuntamiento de Viena. Tiene un precioso restaurante modernista, donde comimos muy mal
Ayuntamiento de Viena. Tiene un precioso restaurante modernista, donde comimos muy mal
Desde la fuente de Neptuno, vista de la fachada interior de Belvedere
Desde la fuente de Neptuno, vista de la fachada interior de Belvedere
Fachada principal de Belvedere
Fachada principal de Belvedere
Avenidas, tranvía y bicicleta le dan su aire peculiar a esta ciudad.
Avenidas, tranvía y bicicleta le dan su aire peculiar a esta ciudad.
La catedral
La catedral
La columna de la Peste. La hay en cada una de estas ciudades.
La columna de la Peste. La hay en cada una de estas ciudades.
Esplendor del barroco en San Carlos Borromeo
Esplendor del barroco en San Carlos Borromeo
Hunderwasse, el célebre arquitecto hizo esto como vivienda social
Hunderwasse, el célebre arquitecto hizo esto como vivienda social
El Imperio y su palacio
El Imperio y su palacio
El Imperio y su Palacio
El Imperio y su Palacio
Un turista
Un turista
Las bocas de metro modernistas son una preciosidad
Las bocas de metro modernistas son una preciosidad
La noria del Prater
La noria del Prater
Concierto mozartiano en la Sala Dorada
Concierto mozartiano en la Sala Dorada
Vista general de la Sala Dorada
Vista general de la Sala Dorada
Iglesia de San Carlos con sol poniente
Iglesia de San Carlos con sol poniente
Tarta Sacher
Tarta Sacher
Unos turistas melómanos
Unos turistas melómanos

Enredados

Ayer tuve ocasión de asistir a la presentación de un libro recopilatorio de cuentos y artículos, escritos por el hermano de una amiga mía, fallecido hace menos de un año.

Uno de los presentadores del evento, con mucho acierto y modestia, se dedicó a entresacar párrafos del autor y nos dio ocasión de reír con buena gana. Antonio, que así se llamaba el autor, era, yo no lo conocí, un hombre de gran cultura, sensibilidad y fino y cáustico sentido del humor, con una pluma ágil y brillante según era fácil de ver por los fragmentos que nos leyeron. No me quedó más remedio que comprar el libro. No tanto porque fuera hermano de mi amiga, sino porque necesito reírme y no pasar vergüenza ajena.

En los últimos tiempos, me doy cuenta de que cada vez que escribo algo y lo cuelgo en esta web, me sale un tono agrio, técnicamente ‘cabreado’ y con un toque de desesperanza que no es bueno para mí, ni para nadie. Mi padre siempre hablaba de la seriedad del burro.

No es fácil reírse, ni siquiera sonreír (hoy, día de la sonrisa, malo si tienen que dedicar uno a eso), cuando no se es capaz de dejar de leer el periódico, ni de ver los telediarios. ¡Qué papelón el de Berlusconi! ¡Qué irresponsables los del Tea Party y sus colegas! ¡Merkel tomándose su tiempo para aliarse con los socialdemócratas! ¡Los eritreos y somalíes ahogándose en el precioso Mediterráneo, acosados por la miseria y los abusadores! ¡No digamos lo de Siria y la primera dama vestidita de negro y sin abalorios! ¿Cómo va uno a reírse?

Me resulta incomprensible. Eso es lo que no me deja reírme. Que los que gobiernan aquí o allá anden enredados en sus tejemanejes electorales o de despiste al ciudadano, sacándose de la manga ‘terceras vías’ o ‘brotes verdes’ o ‘luces al final del túnel’, cuando aumenta la pobreza, el paro no mengua, las guerras y la violencia están por todas partes, la tierra tiembla porque le enchufan gases a las fallas submarinas o hay gente que asesina a su pareja o a sus hijos.

Este enredo, que se parece a la locura, no deja lugar para la risa. La locura individual o colectiva produce terror y desconcierto. Los locos están en otra dimensión y el diálogo con sus alucinaciones  o con su mundo paralelo no es posible. Ahí no cabe el humor, sino la terapia. Y, mira qué mala pata; parece que han enloquecido precisamente los que gobiernan.

¿En algún momento tienen presente el bien común? Me recuerdan al loco de la aldea de mi padre. Iba por la calle gritando: Quiero que os muráis todos. Cuando le preguntaban: Pero, tío Elías, ¿por qué? Replicaba: Para ser yo el alcalde.

Cuando alguien se enreda y no es capaz de ver la realidad, sino sus fantasías que son ni más ni menos que permanecer en el poder, ganar las elecciones a toda costa, aliarse en pactos que les garanticen que van a seguir marcando el paso de los demás, algo en la tornillería se les ha aflojado y la cosa no es de risa.

Menos mal que de vez en cuando uno va y sale, asiste a una presentación y se ríe con lo que alguien escribió. Bendita sea su memoria.

Unos días en Budapest

Como sabéis muchos de vosotros, lectores asiduos de esta página, hemos pasado unos días recorriendo Budapest, Viena y Praga.

En esta primera entrega he seleccionado algunas de las vistas de Budapest. La ciudad es hermosa y extensa. Tiene magníficos edificios en todas sus grandes avenidas. Pero el corazón de la ciudad es el río Danubio, que como es conocido, las separa en Buda, en alto, y Pest en la llanura de la otra orilla.

Las vistas de los puentes, la isla Margarita, el edificio del Parlamento, el Castillo en lo alto, los barquitos de recreo son hermosísimas de día, pero mágicas de noche.

El Museo de Bellas Artes, que está en lo alto del cerro, con la estatua ecuestre de Eugenio de Saboya al frente, contiene una magnífica colección de pintura húngara contemporánea y del siglo XX. Subir en los añejos vagones  del teleférico es un paseo encantador.

La célebre sinagoga de Budapest es una joya arquitectónica de sabor bizantino. Su interior es aún más bonito que el exterior.

Es estupendo callejear y toparse con unos bailes folclóricos que los ejecutantes realizan con total dedicación y seriedad.

El propio edificio del Hotel es una joya artdecó
El propio edificio del Hotel es una joya artdecó
Los vapores del tranvía dejan entrever una hermosa luna llena
Los vapores del tranvía dejan entrever una hermosa luna llena

Para que se vea que estuvimos

Es un gran edificio que alberga un cementerio y un memorial de las víctimas del Holocausto.
Es un gran edificio que alberga un cementerio y un memorial de las víctimas del Holocausto.

Puente de las cadenas Panorámica Bastión de los Pescadores

Los tejados de teja vidriada son preciosos
Los tejados de teja vidriada son preciosos
De noche es dorado, de día blanco
De noche es dorado, de día blanco
Es un edificio muy hermoso y lleno de vida, olores y colores
Es un edificio muy hermoso y lleno de vida, olores y colores
La torre del Bastión de los Pescadores se refleja en las ventanas de un hotel
La torre del Bastión de los Pescadores se refleja en las ventanas de un hotel

El puente y el Castillo Fastuosos edificios El rio de noche Otro de los puentes

De noche es más bonito porque parece más ligero
De noche es más bonito porque parece más ligero

El Parlamento

Con revuelo de enaguas
Con revuelo de enaguas
Con total seriedad
Con total seriedad
En realidad es un trenecito sobre raíles
En realidad es un trenecito sobre raíles

La ciudad y el Danubio