Archivo por meses: diciembre 2013

Las oportunidades

– ¡No me diga que Frank va a tener otra oportunidad! –exclamó el señor Vanstone.

– Ahí tenemos a ese bobo sin remisión de Frank –prosiguió el filósofo-. Jamás ha hecho nada en la vida para ayudarse a sí mismo y, como consecuencia necesaria, la sociedad trama una conspiración para encumbrarlo. Apenas ha tenido tiempo para echar por la borda esa oportunidad que le brindó usted cuando llega esta carta y pone la pelota a sus pies una segunda vez. Mi primo rico (que intelectualmente es digno de estar a la cola de la familia y, por lo tanto, claro está, se halla a su cabeza) ha tenido la amabilidad de recordar que existo y ha ofrecido sus influencias para ayudar a mi hijo primogénito. Lea esta carta y luego fíjese en la serie de acontecimientos. Mi primo rico es un bobo que medra con los bienes raíces; ha hecho algo por otro bobo que medra en política y que, a su vez, conoce a un tercer bobo que medra en el comercio y que puede hacer algo por un cuarto bobo, que por el momento no medra con nada, cuyo nombre es Frank. Así sigue girando la rueda. Así las mejores recompensas humanas las disfrutan los tontos en interminable sucesión. Mañana despacharé a Frank. A su debido tiempo, volverá a nuestras manos como un chelín falso; otras oportunidades se cruzarán en su camino como consecuencia necesaria de su meritoria imbecilidad. Pasarán los años, puede que yo no viva para verlo, ni tampoco usted; no importa, el futuro de Frank es igualmente cierto; métalo en el ejército, en la iglesia, en la política, lo que prefiera, y deje que lo arrastre la corriente: Acabará siendo general, obispo o ministro, gracias al gran mérito moderno de no hacer nada en absoluto para merecer ese puesto.  –Con este resumen de las perspectivas mundanas de su hijo, el señor Clare arrojó la carta con desprecio al otro lado de la mesa y se sirvió otra taza de té.

(Wilkie Collins, Sin nombre, 1862-1863)

Muchos se sorprenden de que lea con fruición novelas victorianas. Es como si pensaran que lo que a mí me gusta es la moda Imperio o los polisones. No. Lo que más me gusta de estas novelas, y en particular de las de Collins, es que son proféticas. No es que anuncien el futuro, como creen algunos, sino que lo que hacen es mirar a su presente y desentrañarlo, mientras el resto de la sociedad sigue conforme con lo que ocurre y considera que eso es lo adecuado y lo conveniente o lo inevitable.

El párrafo de arriba es un resumen certero de lo que ha venido ocurriendo siempre: No es lo corriente que las clases dominantes, sea en política, economía, ejércitos o iglesias, sean las mejor dispuestas, las hechas a sí mismas, las que han alcanzado sus lugares prominentes por su propio esfuerzo y valor. Por el contrario es más que evidente y claro que forman un baluarte inexpugnable en el que, a mayor incompetencia, más profunda es la trinchera o más alta la muralla y en esa fortaleza no entra nadie que no demuestre un grado de estulticia mayor.

Dicho de modo más simple: Los tontos medran y se apoyan unos a otros en una cadena interminable que excluye a los valiosos.

No hay más que mirar alrededor y podrá comprobarse que el señor Clare no sólo analizaba lo que ocurría en su época, finales del siglo XIX, sino que veía como esa ley inexorable seguiría vigente tras su muerte. Aquí estamos, cumpliendo a rajatabla con esa norma. Donde quiera que miremos nos encontramos con idiotas prominentes, estúpidos prepotentes, estultos encumbrados y necios poderosos.

Los bobos reinan por doquier y los luchadores, inteligentes, dotados, comprometidos devienen en el hamerreír de aquellos, gozan del desprecio y de la indiferencia y se ven abocados a malvivir o a emigrar.

¿Cómo hacer para volverse tonto?