Archivo por meses: febrero 2014

Más pintura

Menos mal que, tal como está el patio, aún no pierde uno la capacidad de mirar alrededor y que algunas cosas le llamen la atención.

En el viaje que hicimos este fin de verano pasado, me encantaron los paisajes de Chequia. Esos campos serenos, iluminados por un sol tenue, las montañas suaves y redondeadas, las llanuras apacibles y las casitas cuidadas con sus tejados rojos.
Al borde del camino, árboles esbeltos pasaban rápidos dejando entrever dorados reflejos de atardecer. Esas fugaces visiones, entrevistas desde la ventanilla del autobús, se me quedaron grabadas en la retina.

Una interpretación de ellas es la que he hecho en acrílico, sobre papel de acuarela. Espero que os gusten. casaswebarbolesweb

Estado de la (enaje)nación

Una vez más asistimos a ese teatrillo del debate sobre el estado de la nación. Una vez más, en esta democracia virtual y errática, se reproducen los gestos y se reparten los aplausos de manera equitativa; cada uno aplaude a los suyos.

Pero en ese teatro lo que impera es la ficción o, al menos, porque no se trata de un ejercicio de imaginación, una salida de la realidad que lleva otro modo de mirar al mundo: un modo enajenado, en donde priman los propios deseos y no lo que acontece.

Lo que acontece y todos lo sabemos es que cada día hay un nuevo colectivo de personas que se manifiesta reivindicando un derecho pisoteado o ignorado. Lo que acontece es que se ejerce la violencia contra los de fuera, sin que ello suponga una verdadera defensa de los de dentro, también sometidos a violencia. Lo que sucede es que cada día hay más hartos: unos hartos de hartarse y ponerse hasta las trancas, y otros hartos de no poder llevarse nada a la boca (estos son más numerosos). Lo que viene pasando es que perdemos derechos cada día sin que nadie se pare a pensar en la sangre derramada, en las luchas prolongadas, en las edades perdidas. Lo que acontece es que en un porcentaje muy alto la seguridad social de muchos jóvenes son sus padres y corren el riesgo de que les acusen de manipular sus bienes y esconder donaciones al fisco. Lo que sucede es que se nos quitan las ganas de contribuir al estado, cuando antes aspirábamos a hacerlo y cada vez en mayor cuantía. Lo que sucede es que no sentimos apego por las instituciones, porque a estas las hacen las personas y a las personas que las hacen no les tenemos ningún respeto, porque no se lo han ganado.

En fin, esos señores/as, entre los que habrá excepciones que, si fueran verdaderamente excepcionales, ya habrían dimitido para que no los metieran en el mismo saco, viven en un mundo ajeno al del resto de los mortales. Esos mortales que los votaron para que estuvieran ahí representándolos.

En resumen y para no tardar más en ir a donde quiero ir: De estos señores/as lo mejor que puedo decir es suponerles la enajenación como atenuante.

¿Por qué merece la pena vivir?

Creo que la imagen habla por sí misma. Cuando miro esa foto no puedo asegurar cuál de esas dos criaturas me produce una mayor ternura. Si el uno se merece ese sentimiento cálido y que hace aflorar unas lágrimas de regocijo a los ojos, el otro, el mayor, que fue mi pequeño no hace tanto, me parece igual de tierno. Verlo embelesado con su enanito, jugando con él, aunque sea todavía tan pequeño que no podemos saber qué siente o si entiende el juego, me produce una extraña oleada de calor por dentro que me provoca una sonrisa.

Estos sentimientos son parte de una recóndita felicidad que nadie puede arrebatarme, porque es mía e íntima y no responde a razones que puedan explicarse con lógica. Es verdad que nos une un lazo de sangre, es verdad que hemos vivido y vivimos experiencias y momentos en compañía, pero eso no es bastante para explicar esta oleada de alegría, de ternura.

Puedo pasarme horas mirando esa fotografía, fijándome en los detalles. Ese instante congelado encierra todo el sentido de la vida. Dar amor y compartirlo; ese es el secreto.

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