Archivo por días: 14 abril, 2014

Batiburrillo de desconexiones

Aparece una noticia en el periódico; en Francia se va a prohibir que los empleados ejecutivos de las empresas estén conectados a internet o en sus teléfonos móviles por las noches. Deben, pues, desconectarse durante al menos 11 horas al día. Estupendo. Por fin, exclamo en el colmo de la ingenuidad. Claro que haciendo uso del retraso con el que reacciono a determinados estímulos, al poco me doy cuenta de que eso significa estar conectado -luego, localizable- durante 13 horas al día. Maravilloso, ¿dónde quedaron las 40 horas semanales de trabajo?, ¿dónde la lucha por las 35 horas?

Claro es que se trata de ejecutivos, deben por tanto cobrar un buen sueldo, así que pueden estar conectados esas 13 horas sin desfallecer, ya se les han concedido 11 horas. Pero ¿y si pierden (para su empresa) un negocio de millones precisamente a las 12 de la noche, por estar desconectados, sin ninguna consideración a las posibles demandas del potencial cliente? La verdad es que la decisión de las autoridades, o de quien sea que ha tomado tan difícil inciativa, es muy encomiable, se arriesgan a perder mucho dinero.

En fin, es una difícil situación, pero se ha tomado una buena decisión para proteger el descanso de los ejecutivos y su intimidad.

Con un  poco más de retraso -ya digo que soy lenta de reacción- me pregunto si los llamados emprendedores o autónomos (es decir los de ‘apáñate como puedas’ ) podrán permitirse desconectar sus aparatos (me refiero a los de internet y telefonía) durante tantas horas al día y dejarlo sólo en 13h hábiles.

La experiencia me dice que no, porque conozco de cerca, de muy cerca, a autónomos y emprendedores que no tienen más remedio que estar localizables las veinticuatro horas al día, más que nada por si les llaman para pagarles, mediante un pagaré (al 7% de interés bancario) que podrán cobrar en seis meses, aunque firmaron un contrato por tres meses de máximo, pero que las grandes empresas se los pasan por allí mismo. El emprendedor, o autónomo, tiene que desplazarse corriendo al banco, pagar el 7 % y con ese ‘adelanto’ poder pagar su IVA, su cotización a la SS y otras zarandajas, además de a los proveedores, con los que ha firmado que les pagará a 90 días, esta vez de verdad, porque si no lo hace se arriesga a no recibir el suministro correspondiente o que le pongan una denuncia. Si le queda algo para el alquiler de su casa, para el colegio de los niños, para comer o para invitar a su mujer/marido en su santo a una caña, ya se puede dar con un canto en los dientes.

Mientras los ejecutivos descansan al menos 11 h al día, los autónomos no pegan ojo,  los de los sindicatos van de nazarenos con el caperuzo bien puesto en las procesiones de Semana Santa y la Administración no se ocupa de vigilar que se cumplan sus normas, alguien está muy satisfecho de haber logrado una mejora social tan importante al menos para un sector de la producción y el trabajo.

No cabe duda de que ya no hay por qué hablar de ‘lucha de clases’ . Sólo hay dos: La de los explotadores y la de los explotados. Antes había una intermedia (clase media) la de los resignados y productivos. La primera de estas dos clases es el 2% de la población mundial (no sólo en los países subdesarrollados) y el resto, nosotros.