Archivo por meses: junio 2014

El diablo en las entrañas

Hace unos mil cuatrocientos años, los Omeyas, verdaderos fundadores del Imperio musulmán, persiguieron con saña a los partidarios de Ali, que se habían dado a sí mismos el tratamiento de chiíes. Aquella persecución consolidó a los Omeyas, sunníes, como los amos del Califato y de medio mundo conocido.

Los chiíes, perseguidos y diezmados, se fragmentaron y se refugiaron en los bordes del territorio controlado por los sunníes y más allá. Durante siglos guardaron en su pecho la conciencia de su martirio y de la injusticia que se había cometido con ellos, no tanto por diferencias teológicas o dogmáticas, sino por defender que quien había de regirlos debía ser un descendiente del Profeta Mahoma. Con ello cometían un legítimo error introduciendo de nuevo la cuestión de la consanguinidad que, por otra parte, los sunníes también cometieron,  al constituir una dinastía.

De este modo, tanto unos como otros se apartaron del espíritu profundo de la predicación de su profeta, quien había luchado por desterrar los lazos de sangre como vínculo y base del poder entre los árabes.

La historia de casi quince siglos ha mantenido marginados a los chiíes, quienes sólo consiguieron asociarse al poder con la proclamación de la República islámica de Irán, de la mano del imam Jomeini, en los años ochenta del siglo XX. Otros chiíes, pertenecientes a una de las mil ramas en que se disgregaron, consiguieron hacerse con el poder en Siria bajo el férreo control de la familia al-Asad, en ese mismo siglo recién pasado.

No obstante, la mayoría sunní, encabezada por Arabia Saudí, custodia de los santos lugares del Islam, así como otros grupos y países del entorno se constituyeron  en los guardianes de la ortodoxia sunní  y no supieron establecer lazos de cooperación o de  convivencia con los chiíes, alimentando con su posición el odio de sus contrarios. Estos, por tanto y a pesar de sus logros políticos, siguieron guardando un sordo rencor en lo profundo de sus almas, sintiéndose enemigos y no cercanos en la fe. Alimentados los odios mutuamente y mezclados con otros intereses de orden material –los intereses de carácter político tampoco tienen nada de espiritual- han mantenido en el último medio siglo luchas declaradas y no declaradas, con el resultado de muertes, desplazamientos y sufrimientos generalizados.

La injerencia extranjera, so capa de apoyo a la democracia, tampoco ha conseguido establecer un marco para el entendimiento y, si antes favorecía a los sunníes, ahora parece apoyar a los chiíes. Tal vez sería mejor decir que incita a unos contra otros aprovechando los viejos odios.

El resultado del afán de revancha es, como se puede comprobar en las noticias diarias, más muertos, desplazados y dolor generalizado y un nulo interés por reponer la justicia. Con lo que en lo colectivo la venganza se demuestra como un acicate para la destrucción y sus resultados no son sino sangre, muerte y desesperanza.

Si esto ocurre en relación con colectivos, lo mismo sucede en el terreno individual. Quien alberga en su corazón un rencor tan profundo que su único interés es el de la venganza, se aboca a desastres mayores que los agravios que ha recibido y que pretende le sean compensados. En uno y otro caso, sea una venganza personal o una colectiva, lo único que se puede esperar como resultado es la desolación más absoluta.

La sangre derramada, la utilización de los demás, pues no hay venganza que no utilice a alguien como instrumento, son culpas que se arrastran de por vida y que incluso pueden heredar las generaciones siguientes, estableciendo espirales de violencia que no tienen fin.

El mejor de los instrumentos del diablo para deshacer a la humanidad, tanto en grupo como individualmente, es sembrar la idea de venganza en el corazón de la gente. Así es como el mal crece, se afianza y logra su propósito. Quien se deja llevar por el espíritu de venganza, lleva a un diablo en las entrañas.

El descontento

La playa que solemos frecuentar durante el verano es pequeña y los embates del viento de levante arrastran durante el invierno la arena, dejando a la vista un suelo de fango húmedo y oscuro.

Como se trata de una zona turística bastante solicitada, el ayuntamiento correspondiente, cada año, repone la arena perdida. El procedimiento consiste en sacarla con una draga del fondo marino en el que las mareas y los temporales la depositan, se apila en montones para que se seque al sol y luego, mediante el uso de una pala mecánica, se extiende y asienta.

Gracias a este ingenioso proceso la playa aparece de nuevo resplandeciente cuando, en el mes de junio, aparecen los primeros veraneantes. No siempre el trabajo es lo suficientemente diligente –existen muchos contratiempos como temporales imprevistos u otras causas- y algunos bañistas tempraneros se encuentran con los montones de arena, que apenas dejan espacio para colocar la sombrilla y una sillita.

Este año la playa estaba algo atrasada y los montones de arena llegaban en cascada de falsas dunas casi hasta la orilla. Trepando por ellos, conseguimos llegar a un pequeño espacio llano y liso donde nos aposentamos. Al cabo de un rato, decidimos dar un paseo por la orilla, mientras a nuestras espaldas rugía la pala mecánica. Sin hacerle mucho caso iniciamos la caminata y un señor que estaba unos metros más allá comenzó a hacernos visajes. Nos acercamos a él para ver qué quería y nos informó de que el tipo que manejaba la máquina no se preocupaba de nada y arrasaba con lo que hallaba a su paso, recomendándonos por tanto que retiráramos nuestra sombrilla y las sillas si queríamos conservarlas.

Tan apremiante era su gesto y su tono de voz que retrocedimos y nos dirigimos hacia el de la máquina a preguntarle si nuestra sombrilla entorpecía su labor. El hombre, con una gran sonrisa, nos dijo que no, que tenía que empezar por otro lado y que ya al día siguiente se encargaría del lugar que ocupábamos. Nos dio las gracias y nosotros a él.

Tranquilizados respecto a la suerte de nuestros enseres playeros, reanudamos el paseo. Al pasar junto al caballero que nos había advertido del peligro, le trasladamos la información que nos había proporcionado el hombre de la máquina. Después de quejarse de lo atrasado que iba el trabajo de acondicionamiento, de que había muchas algas en el mar y frustrado en sus acusaciones contra el descuido, al saber que no terminaría el operario su trabajo hasta el día siguiente, remató: Es que son unos vagos.

Nos despedimos del quejoso y proseguimos caminando por la orilla del mar. Era verdad que la playa no estaba del todo acondicionada. También era cierto que el de la máquina vino cerca del mediodía a hacer su tarea. Pero, qué más daba. Nadie más que unos pocos jubilados estábamos tomando el sol; los únicos que pueden permitirse el lujo de estar en el mes de junio en la playa mano sobre mano.

Hay gente que sólo es capaz de ver el lado malo de las cosas. El mar estaba precioso, hacía una brisa agradable, las nubes y las gaviotas disputaban entre sí y el rumor del mar producía una cierta laxitud. Después de todo, en menos de un cuarto de hora el señor de la máquina alisó más de tres cuartos de la playa y el espacio en donde estaba nuestro descontento estaba perfectamente acondicionado. Éramos nosotros los que quizá podíamos entorpecer el trabajo de aquel operario y no al revés.

El poder de la norma

Como es sabido, las vías urbanas e interurbanas se dividen, según su anchura y disposiciones generales, en autovías, carreteras, avenidas, calles, etc. En muchos lugares, la ciudad ha ido urbanizando las afueras que antes estaban pobladas de huertas y sus correspondientes casas de labor. Las nuevas o antiguas vías de paso quedan de este modo integradas en el nuevo entramado urbano y comienzan a recibir nombres como calle de tal prócer o de tal ciudad.

Sin embargo, en algunos lugares, la urbanización se ha detenido por aquello de la llamada ‘crisis del ladrillo’. No obstante, los diversos municipios ya habían emprendido su labor normativa y habían regado caminos rurales de letreros de calle a poco que hubiera una tapia, por muy en ruinas que estuviera, que aún soportase el peso de una placa.

En un determinado lugar, a las afueras de una ciudad, junto a un puente del ferrocarril sale un camino rural, de tierra. El afán urbanizador y normativo de algún edil decidió que, aprovechando las hermosas bases de piedra del puente ferroviario, el lugar se prestaba para poner una placa civilizadora. Debió preguntar a algún habitante del desolado pago y este le informó de que aquello era ‘un caminico’. La placa reza: Camino, y debajo, caminico.

La primera impresión que produce la información inscrita en la placa es de cierta estupefacción. Sin embargo, reflexionando un poco, no cabe duda de que informa a quien pasa de lo que aquello es, por si no había caído en la cuenta, y también da noticia de la fuerza de las normas. Claro que, ahondando un poco en el mensaje, puede uno entrever su lado poético, que recuerda las letras doloridas y quejosas de algún tango.

Visita de Sta. María de la Arrixaca a Nonduermas

Este fin de semana, desde el día 13 al 15 de junio, la imagen de Sta. María de la Arrixaca, patrona del Reino de Murcia, está visitando la localidad huertana de Nonduermas.

El pasado viernes fue depositada la imagen en la ermita del Sto. Niño de Burgos, para luego ser trasladada en solemne procesión a la Iglesia Parroquial de la Virgen de Cortes, patrona de la localidad. Durante el recorrido, entre limoneros, palmeras y cactus, fue haciendo estación en los altares dispuestos por los devotos vecinos de la zona. Su camino fue acompañado del Santo Niño, de los estandartes de las diversas cofradías del lugar y por el grupo folklórico de la Peña el Pimiento que dedicó sus cantos tradicionales y danzas a la Santísima Virgen.

Serpenteando por la huerta, le procesión atravesó la acequia y vio cómo se doraba el entorno con la hermosa luz de poniente, hasta que llegó la noche y se llegó al atrio de la Parroquia de Nuestra Señora de Cortes en donde tuvo lugar una hermosa celebración eucarística. Las palabras del Presidente de la Cofradía, las del Alcalde pedáneo, las del oficiante estuvieron cargadas de solemnidad y hondos sentimientos de devoción a la Virgen, en sus advocaciones de Sta. María de la Arrixaca y de Sta. María de Cortes.

La cálida noche de la luna llena de junio vino a dejar su halo mágico sobre tantos peregrinos y fieles y embelleció con sus rayos la noche de la bella localidad de Nonduermas.

Interior de la ermita del Sto. Niño de Burgos
Interior de la ermita del Sto. Niño de Burgos
El Sto. Niño
El Sto. Niño
Sale la procesión
Sale la procesión
Sale el Sato. Niño
Sale el Sato. Niño
Sale Sta. María de la Arrixaca bajo una lluvia de flores
Sale Sta. María de la Arrixaca bajo una lluvia de flores
Los pequeños huertanos
Los pequeños huertanos
Sta. María de la Arrixaca
Sta. María de la Arrixaca

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La Virgen bajo palio
La Virgen bajo palio
Las danzas en honor de la Virgen
Las danzas en honor de la Virgen
La rondalla acompaña las danzas
La rondalla acompaña las danzas
Las reinas de las Fiestas, con sus mejores galas
Las reinas de las Fiestas, con sus mejores galas
Altar en una casa
Altar en una casa
Entre palmeras
Entre palmeras
Entre cactus
Entre cactus
La familia espera a la Virgen con devoción
La familia espera a la Virgen con devoción
Otro altar al que se acercan los pequeños de la casa
Otro altar al que se acercan los pequeños de la casa
Se pone el sol
Se pone el sol
Se cruza la acequia
Se cruza la acequia
La acequia
La acequia
Todos llevan a la Virgen
Todos llevan a la Virgen
La Peña el Pimiento
La Peña el Pimiento
Un tocado
Un tocado
Los limoneros
Los limoneros
Las fuerzas del orden y de la iglesia se hacen confidencias
Las fuerzas del orden y de la iglesia se hacen confidencias
Iglesia parroquial de Ntra Señora de Cortes
Iglesia parroquial de Ntra Señora de Cortes
Llega la Virgen
Llega la Virgen
La Peña el Pimiento acompaña la eucaristía
La Peña el Pimiento acompaña la eucaristía
1733, siendo párroco D. Diego Ponze (sic)
1733, siendo párroco D. Diego Ponze (sic)
Sta. María de la Arrixaca en su lugar de honor
Sta. María de la Arrixaca en su lugar de honor
El altar en el atrio
El altar en el atrio
Los asistentes
Los asistentes
La Peña en plena actuación
La Peña en plena actuación

 

El oficiante y sus acólitos
El oficiante y sus acólitos
Vista del interior durante el besamanos a la Virgen
Vista del interior durante el besamanos a la Virgen

Paisajes de Nicaragua

A pesar de que habían comenzado las lluvias, el paisaje aún se ve reseco y pelado. Se trata de una parte del Departamento de Madriz, en el entorno de Totogalpa (que significa nido de aves) que es una sucesión de cerros, pequeños valles y cañadas de agua de avenida; ramblas de suelo pedregoso donde crecen algunos árboles, entre ellos las ceibas de gran tamaño y los coralinos flamboyants. En esos cerros, con caminos a duras penas transitables, se desparraman los ranchitos. Por las cuestas se ven airosos caballeros en sus corceles y otros menos airosos sobre una moto. La mayoría va a pie y anda una media de tres horas para llegar a sitio más habitado.

Aunque es una tierra dura y reseca es muy hermosa y su gente es esbelta y nervuda, de piel tostada y andar ligero y elegante. Esta zona es tranquila y rural, la gente es seria pero acogedora. Hace calor casi todo el año y las tormentas de agua y rayos refrescan el ambiente y devuelven algo de verdor.

Alrededores de Cayantú
Alrededores de Cayantú
Alrededores de Cayantú
Alrededores de Cayantú
Alrededopres de Cayantú
Alrededores de Cayantú
Alrededores de Cayantú
Alrededores de Cayantú
Las vacas bajan de Cayantú
Las vacas bajan de Cayantú
La ceiba
Junto a la capilla de Cayantú

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Capilla de Cayantú
Capilla de Cayantú
Casa de Rubén Darío
Casa de Rubén Darío
La cocina de la casa de Rubén Darío
La cocina de la casa de Rubén Darío
Carro en el Museo de Rubén Darío
Carro en el Museo de Rubén Darío
La casa de Rubén Darío
La casa de Rubén Darío
Pared de Totogalpa
Pared de Totogalpa
Haciendo las guirnaldas
Haciendo las guirnaldas
Coronas de flores para la Virgen
Coronas de flores para la Virgen
San Isidro en el Parque Central de Condega
San Isidro en el Parque Central de Condega
La fuente de Condega
La fuente de Condega
Monumento a Sandino
Monumento a Sandino
Otro San Isidro casi de tamaño natural
Otro San Isidro casi de tamaño natural
Ranchitos
Ranchitos
Flamboyant
Flamboyant

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A caballo
A caballo
Con bueyes
Con bueyes

Honduras

En nuestro recorrido por Centroamérica y al paso del bus, fuimos entreviendo estos lugares. Pequeños ranchitos al borde de la carretera, tienditas que ofrecen sus servicios al que pasa y esquinas de lugares habitados cuya vida sólo podemos suponer.

Ya atardecía y la luz del poniente le daba a las verdes praderas y a los azules montes un tono nostálgico como de despedida. Quien le puso a Honduras su nombre no iba desencaminado. Pero del mismo modo lo podría haber llamado alturas, porque los montes son impresionantes y bellísimos. Algo que sorprende al viajero es que la vegetación llegue hasta la cumbre. Las carreteras trepan a lo alto y uno se encuentra haciendo pareja con las nubes. Sin embargo, cuando se mira alrededor, hay una cierta tristeza que lo empaña todo. Es como si la vida precaria y violenta se viera a través de las palmeras y el pasto.

La basura que se acumula en las cunetas ha desaparecido en parte, pero aún se conserva y da indicio de la pobreza y la falta de cuidado. Uno tiene que cuidarse allá de tantas amenazas que no está para recoger las bolsas y los papeles.

Estas pobres imágenes sacadas al vuelo podrán aproximaros un poco a lo que Honduras es y encierra. Una tierra agreste llena de buena gente que padece y lucha con muy pocos gramos de esperanza en la mochila.

Las filas de camiones son un clásico en estas fronteras
Las filas de camiones son un clásico en estas fronteras
Hay que ajustar el precio del tuc-tuc antes de subirse
Hay que ajustar el precio del tuc-tuc antes de subirse
praderas y montes
praderas y montes
Un monte con aspecto de fondo marino
Un monte con aspecto de fondo marino
Un esquinazo de pueblo
Un esquinazo de pueblo
El ranchito y sus vacas
El ranchito y sus vacas

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Otro ranchito
Otro ranchito
Un ranchito
Un ranchito
Una tienda menos decorada, pero con un buen propietario
Una tienda menos decorada, pero con un buen propietario
Una tienda nuevecita y bien decorada
Una tienda nuevecita y bien decorada