Archivo por meses: agosto 2014

En Valencia

A principios del mes de agosto, pasamos veinticuatro horas en Valencia para visitar a una amiga muy querida que estaba de paso por allí.

Aunque la estancia fue muy breve, esa preciosa ciudad siempre merece la pena.

El Mercado Central, la Lonja, La Catedral, la Basílica de la Mare de Deu dels Desamparats  y callejear por sus entornos.

Pero no sólo la ciudad es bonita, limpia y agradable, sino que el camino, pasando por Calasparra, Jumilla y la Font de la Figuera, es precioso.

impresionante el Castillo de Montesa o esos cerros que se ven en el horizonte, como fondo de llanuras levemente onduladas y cubiertas a trechos por frutales, perfectamente ordenados, o viñas ya con sus hermosas hojas verdes, presagiando una buena cosecha y un mejor vino. Todo el camino es un regalo para los ojos, con esa leve bruma que el calor deja a ras de tierra.

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El flamboyant de Mozonte

En el patio delantero de la iglesia de Mozonte (Nicaragua)  estaba este ejemplar magnífico de ese hermoso árbol que es el flamboyant. Este es su nombre caribeño, así lo llamaron los franceses. No recuerdo cómo se llama en Centroamérica, donde hay muchos, pero ninguno tan bello, perfecto y florido como estaba este cuando tuve la ocasión de verlo.

No podía resistirme a pintarlo y este es el resultado. Espero que os guste.webflamboyant

Deus ex machina y Hatsune Miku

Hace unos días, un sesudo analista político, asesor del presidente Obama, después de considerar los acontecimientos de Oriente Medio -me refiero a esa guerra infame que ha desatado una vez más Israel-, de examinar lo que ocurre en Asia y otros detalles menores de la situación de África, así como las reacciones de las instituciones internacionales o de Rusia, llegó a la brillante conclusión de que la situación y sus condiciones se parecen mucho, peligrosamente, a las que se dieron hace un siglo y desataron la Primera Gran Guerra. Esto, sin ser tan espabilada como este señor, que sin duda lo es, ya lo había dicho yo el año pasado, aunque no tuviera tanto impacto porque es en este año en el que se cumple el centenario de aquella absurda (como todas, por otra parte) y terrible guerra.

Después de leer despacito el artículo entrevista que un diario le dedicaba al tal experto, me sorprendió una cosa. No que me diera la razón, sino que no señalaba a ningún responsable. Es decir, todo el probable horror que el buen caballero preveía parecía responder a una especie de fatalidad o de instancia ajena a todo posible control, que se abatiría sobre la Humanidad, sin que esta pudiera hacer nada por evitarlo y, más aún, sin que nadie fuera el causante.

Me acordé de que cuando estudiaba bachillerato, la profesora de literatura nos explicaba que en muchas obras clásicas, cuando el enredo planteado parecía un callejón sin salida, aparecía el deus ex machina que venía a arreglarlo todo y a poner cada cosa en su sitio. Parece que en el caso que comento, el sesudo analista político creía también en una cosa similar, pero al revés. Una mano invisible que todo lo mueve y que descompone cualquier cosa, abocándonos al desastre.

Desde hace tiempo, desde que un colega me dijo que yo veía en todas partes la ‘teoría de la conspiración’, suelo abstenerme, al menos lo intento, de señalar a intenciones ajenas, ambiciones o ansias de poder acciones que parecen no tener autoría, pero que arrasan las vidas de numerosos individuos en todas partes del mundo, provocan hambres, desplazamientos de población y miseria. Sin embargo, mi cabeza se resiste a apartarse de la idea de que cuando algo sucede, a no ser que se trate de un terremoto (y casi ni eso), es porque alguien ha hecho algo mal. Me cuesta, por más que lo intento, no pensar que detrás de los acontecimientos no exista la voluntad de alguien o de un grupo, que él o ellos sabrán que beneficio obtienen del asunto.

Me cuesta creer que no haya nadie moviendo los hilos que ahorcan a inocentes y que sea un deus ex machina con muy mala idea el que provoca las desgracias.

Unos días después de leer el citado artículo en el que expresaba sus opiniones y predicciones el sesudo analista, leo en el mismo diario que los japoneses están fascinados con Hatsune Miku. Una cantante construida por ordenador, con voz artificial y que representa a la cantante perfecta, eternamente joven, adolescente, y con la melena color turquesa. No sólo mueve a millones de fans, sino que recauda millones de dólares.

En el artículo sobre esta criatura (no sé cómo llamarla) se afirmaba que no importaba que fuera ‘humana’, sino que cada cual puede ‘construirla’ a su gusto. A lo mejor es Hatsune Miku la que ha creado las circunstancias que nos abocan a una segunda versión de la primera gran guerra. Tal vez, lo que pasa es que todos somos Hatsune Miku y al no ser humanos podemos ser ‘encendidos’ o ‘apagados’ a voluntad.

Lo siento, ya estoy otra vez. Si podemos ser encendidos o apagados, es porque alguien nos enciende o nos apaga o tal vez Hatsune Miku es la causa de todos los desastres que se nos vienen encima. Ella es el nuevo deus ex machina, con muy mala, mala leche.

En fin. Creo que es un lío, pero me temo que no podré dejar de pensar que detrás de cada acción, buena o mala, hay un responsable. Si no es así, es que todos somos hologramas y ni siquiera sabemos cantar, ni recaudamos dólares a barullo. Ergo, qué importa que desaparezcamos o no. Ya nos hemos deshumanizado.