Archivo por meses: septiembre 2014

Escultura pública en Murcia II

A muchos rincones de la ciudad se asoman piezas escultóricas de diverso mérito y que han recibido más o menos la aprobación o la crítica de los habitantes de Murcia. Algunos de los debates han sido y siguen siendo agrios, mientras que otros van pasando al olvido o ni siquiera se plantean.

Las esculturas, sobre todo aquellas que están sobre altos pedestales o las que, siguiendo una moda propia de finales del siglo XIX y comienzos del XX, rematan edificios, se confunden con el paisaje urbano general y los peatones ya no reparan en ellas. No obstante, hay días que por sus especiales características, nos las muestran de forma diferente.

¿Quién podría decirnos que encontraríamos a la controvertida Dama de Murcia reflejada sobre el suelo mojado por la lluvia?

Manolo Valdés (Valencia 1942)
Manolo Valdés (Valencia 1942)

Mirando de través, nos encontramos en la Plaza de Santa Catalina a la Inmaculada, compartiendo el aire con el joven Ganimedes que cabalga a lomos del águila -el astuto Zeus- emblema bien pagano y conocido de la extinta compañía La Unión y el Fénix que fue sembrando de este grupo escultórico todos sus edificios, consiguiendo que, en mi pueblo, se lo conociera como ‘la casa del pájaro’. ¡Para lo que queda la mitología y la vocación artística de muchos próceres!

Juan González Moreno (1908, Aljucer (Murcia)-1996) autor de la Inmaculada
Juan González Moreno (1908, Aljucer (Murcia)-1996) autor de la Inmaculada

Frente a la fachada de San Bartolomé, en la plaza de su nombre, se encuentra un alado Mercurio, pieza profana que contrasta vivamente con la fachada de la iglesia, pero que se justifica, si lo ponemos de perfil sobre ese maravilloso edificio modernista que es la Cámara de Comercio, institución que, además, es la donante del monumento que, por cierto para mi sorpresa es obra de Campillo y no de un autor del siglo XIX.

Edificio de Pedro Cerdán, entre 1906 y 1908.
Edificio de Pedro Cerdán, entre 1906 y 1908.

Esto es lo que uno puede ver, si en una lluviosa mañana de recados, se detiene un poco a mirar a su alrededor.

La Fuensanta Peregrina

Su bello rostro
Su bello rostro

El mes de septiembre es un mes dedicado a muchas advocaciones marianas. En Murcia, la Virgen de la Fuensanta, patrona de la ciudad, tiene su semana grande en el entorno del día 8 de ese mes.

En algunas parroquias existe una réplica de la Virgen a la que se venera junto con la advocación mariana o no, que preside la parroquia. Eso es lo que ocurre en la Parroquia de Nuestra Señora Madre de la Iglesia. La Virgen de la Fuensanta tiene su lugar de culto en la capilla del Sagrario, pero un fin de semana de septiembre recibe honores especiales, se le celebra un triduo y se la saca en procesión, acompañada de una banda de música, de los fieles y algunos cofrades, así como la Peña El Zaragüel que tiene su origen en el barrio de Vistalegre.

Esta semana han tenido lugar esos festejos y devociones y este es un pequeño reportaje gráfico de la celebración.

La Virgen junto al altar mayor
La Virgen junto al altar mayor

 

El coro de la peña canta
El coro de la peña canta
Se baila en honor de la Virgen
Se baila en honor de la Virgen
La banda forma y toca el himno de la región
La banda forma y toca el himno de la región
Comienza a formarse la procesión
Comienza a formarse la procesión

webformar2webformar3Ya están casi todos

Todos espectantes
Todos expectantes

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Ya sale la Virgen de la Fuensanta
Ya sale la Virgen de la Fuensanta
Ya avanza
Ya avanza

 

Los que la llevan
Los que la llevan
La seguimos
La seguimos
La banda cierra la procesión
La banda cierra la procesión

La escultura pública en Murcia I

Una de las cosas que llama la atención en la ciudad de Murcia es sin duda la cantidad de rincones insospechados en los que se puede apreciar una buena escultura o un conjunto de ellas. Desde las que  tienen su origen en el siglo XIX y que, de alguna manera, son réplica o se asemejan a muchas otras repartidas por toda la geografía del país, hasta aquellas que se deben a un artista local contemporáneo que dona o vende su obra al municipio.

Hace ya tiempo, en una de las primeras visitas que hice a una ruta que comprendía lugares emblemáticos de Murcia, como es el caso de los molinos del río Segura, espacio que conserva todo su encanto utilitario, pero que además se ha convertido en un espacio expositivo y museístico de primer orden, y al espléndido y activo Museo de Bellas Artes, enclavado en un espacio recuperado y excelente, pude contemplar con asombro unas pequeñas figuras femeninas en madera o barro que retrataban tipos femeninos de la zona con ternura, gracia y precisión. Aquellas pequeñas esculturas me llamaron la atención, pues aparecían descontextualizadas y decidí averiguar quien era su autor.

Antonio Campillo era el autor (1925-2009), natural de esta tierra, fue docente y escultor, probablemente de un éxito relativo en su momento, pero consagrado ya cuando estaba cercano a la muerte. Como siempre, una pena. Seguro que mucho mediocre le debió discutir sus formas simples y directas, su reducción a la esencia de los elementos que eran objeto de su interés, reclamándole una mayor acumulación de materia y forma.

Posiblemente Campillo se resistió e hizo bien, porque sus figuras, tanto las de bulto, como los relieves, respiran modernidad, tranquilidad y, en algunos casos, ese realismo equilibrado y sereno que apreciamos tanto en el retrato romano de la antigüedad. Es decir su obra puede ser contemplada como una innovación contemporánea en el arte de la escultura, pero también como piezas inscritas en una larga tradición de imágenes que reproducen lo más fielmente posible la realidad del retratado.

De esas mujeres gorditas, que se cansan, que siestean, que contemplan el mundo, que danzan o se acicalan, Campillo hace un retrato cargado de ternura y cercanía, pero al mismo tiempo las convierte en una abstracción conceptual de lo femenino, con tal clase de respeto y mimo que, aún convertidas en concepto, no las priva de su humanidad.

Alguien tuvo la feliz idea de dedicarle a Campillo un parquecillo que está en las confluencias de Marqués de los Vélez y Príncipe de Asturias y, al caminar, por aquello de que a ciertas edades es conveniente al menos hacer ese tipo de ejercicio, se encuentra uno con ese regalo inesperado y que se convierte en lugar de visita y peregrinaje.

Antonio Campillo
Antonio Campillo
La pechugona
La pechugona
La cigarra
La cigarra

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Se acerca la Asamblea General

Vista general desde la azotea del Hogar Luis Amigó
Vista general desde la azotea del Hogar Luis Amigó

Como es preceptivo cada año, los miembros de la Asociación Tacaná se reunirán en Asamblea General el próximo día 30 de septiembre a las 19,30 h. para examinar lo hecho hasta ahora y la marcha de los proyectos que tenemos entre manos. Los socios ya habréis recibido la convocatoria vía correo electrónico.

También se pondrán en conocimiento de los socios las actividades que se han llevado a cabo este año que casi termina, así como las que se prevén para 2015. Es importante que se asista a esta asamblea no sólo para estar al corriente de lo hecho y lo por hacer, sino también para aportar ideas y propuestas.

Periódicamente se publica un boletín informativo. Sin embargo, es bueno poder intercambiar opiniones y experiencias.

No dejéis de acudir. Una labor como la de la Asociación cobra mayor sentido si todos aquellos que soléis apoyar económicamente, ponéis vuestra presencia y vuestra disponibilidad de manifiesto.

 

Serie siciliana 5: Una de romanos

Muchas ruinas romanas o de influencia imperial e incluso anterior he tenido ocasión de visitar. Entre ellas, sin duda Palmira, hoy en riesgo de desaparecer, o Bosra, que quizá haya desaparecido, Apamea con su foro oval y, por supuesto Roma, y además el coliseo del Djem en Túnez, o las de la ciudad de Volúbilis en Marruecos, por supuesto Itálica, el teatro de Medellín o el de Mérida en Extremadura o la Villa de Carranque en Toledo y algunas más. Pero nunca y lo digo en serio, había visto una cosa igual a la Villa del Casale en Sicilia.

Esta villa agrícola, o al menos en mitad del campo sin que haya una ciudad grande lo bastante cerca como para asociarla a ella, tuvo la suerte de ser cubierta por un derrumbe de tierras y eso la ha preservado. Toda su planta se conserva y parte de los muros, hasta cierta altura, así como las pinturas y mosaicos, hasta un suelo casi completo de taracea de mármol.

Hay quien dice que es una villa imperial y es posible. Sin embargo, no hay constancia documental de que ningún emperador fuera por allí. Así que de manera intuitiva y a juzgar por uno de los más maravillosos mosaicos romanos completo que existen en el mundo, podría muy bien ser la villa de un muy rico comerciante que se dedicaba a cazar fieras exóticas en África y llevarlas a Italia, pasando por Sicilia.

El tal mosaico que tiene algo a sí como seis o siete metros de ancho y cubre un pasillo que tiene un largo de unos sesenta metros representa precisamente eso; la cacería de animales exóticos en un lugar que parece África y su embarque en naves para transportarlos. Allí se ven toros salvajes, avestruces, dromedarios, rinocerontes, gacelas y hasta un elefante. Entre los cazadores se hallan personajes que visten como siervos, pero también hay otros que llevan atuendos militares de cierto rango. Pero no es una cacería al uso. No se trata de matar animales, sino de enjaularlos y llevárselos, quizá para el circo, quizá para parques zoológicos privados. Esto me hace pensar, junto con el pasillo que bordea todo el peristilo, en donde están representadas cabezas de toda clase de animales, como osos, jabalíes, caballos y un sinfín más, que el tipo que mandó construir esta casa era un aficionado a las fieras o vivía y muy bien de ellas.

Pero no todo son animales, por supuesto están los mosaicos geométricos, el triclinio con sus escenas mitológicas o alusivas a la genealogía del dueño, un par de cuartos de niños; uno de ellos con una carrera de gansos en el hipódromo con su espina en el centro, también hay escenas eróticas que adornan la que parece la alcoba principal y una palestra con señoritas deportistas dedicadas a varias actividades como lanzarse la pelota y en ‘bikini’.

La villa tiene una sala de recepciones verdaderamente palaciega y unas termas regias, por eso tal vez se la ha considerado una villa imperial. Sea o no sea, lo cierto es que quien allí vivió lo hizo como un verdadero príncipe.

Sólo por contemplar esta maravilla merece la pena un viajecito a Sicilia.

Cartel de entrada
Cartel de entrada
El recibidor
El recibidor
El impluvium
El impluvium
Una sala
Una sala
Otra sala con un mosaico que representa un puerto en plena actividad
Otra sala con un mosaico que representa un puerto en plena actividad
Alrededor del peristilo
Alrededor del peristilo
El fastuoso pasillo, sólo la mitad
El fastuoso pasillo, sólo la mitad
Las muchachas deportistas
Las muchachas deportistas
Un cuarto de niños
Un cuarto de niños
Otro cuarto de niños
Otro cuarto de niños
Embarcando al elefante
Embarcando al elefante
La sala de audiencias
La sala de audiencias
La alcoba principal
La alcoba principal
Vista exterior de las termas
Vista exterior de las termas

Serie Siciliana 4: El Etna

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El Etna y su fumarola saliendo del cráter principal
El Etna y su fumarola saliendo del cráter principal

Hemos tenido ocasión de ver de muy cerca y casi de convivir con varios volcanes en Centroamérica. Los de Guatemala o Costa Rica son especialmente singulares. Visitar el Etna en Sicilia  fue algo mucho más ‘turístico’, pero no por eso deja de asombrar ese tipo de montes que humean y se sacuden de vez en cuando.

Según dicen los expertos, el Etna es un volcán ‘efusivo’. Lo que no quiere decir que te salude amigablemente o que manifieste emociones como el aprecio o la simpatía. Significa que no explota como otros de repente, sino que, blandamente, deja fluir su lava en ríos que lo arrasan todo, como así ha venido haciendo con cierta regularidad desde que existe. Aún quedan en sus laderas y hasta el mar cercano restos de esos ríos petrificados que pueden alcanzar una altura de más de seis metros y una anchura de kilómetros.

Uno va allí tranquilamente en autobús, se sube a un teleférico que lo alza de los mil ochocientos metros a los dos mil quinientos y luego se monta en unos microbuses cuatro por cuatro que lo acercan algo más a la cumbre. Así que la cosa resulta descansada y parece que vas  sin más a hacerle la foto consabida a un monumento cualquiera.

En lo alto, un guía experto te acompaña a visitar varios cráteres que humean, haciendo ¡puf, puf!, como viejos asmáticos y, si se te ocurre alzar la vista, ves como sobre tu cabeza aún el cráter principal suelta una fumarola esbelta que pronto se convierte en una nubecilla, como si un jovenzuelo que empieza a fumar estuviera echando su humo y convirtiéndolo en aros.

Es fácil sentir que existe un espíritu del monte que está activo y que, en cualquier momento, te puede saludar a su peculiar modo ‘efusivo’.

La vegetación que todavía se atreve a crecer por allá, se arrastra humildemente por el suelo de cenizas, evitando con cuidado la roca de lava. Cuando ya llevas un rato por allí, no con mucha confianza, las nubes te dan la señal de que ya está bien, ya has importunado bastante al espíritu del monte. Trepa la nube por la ladera y envuelve con cariño la cumbre; no más fotos, parece decir. te vuelves al todoterreno, al teleférico y aguantas el vértigo lo mejor que sabes, y al llegar al final te encuentras con el letrero de un restaurante que reza ‘Monte Gebel’ y te sientes como en casa.

El guía, porque forma parte de su trabajo, te informa de que el Etna tiene nombre árabe que en dialecto siciliano todavía se usa en diminutivo ‘Gebeletto’ y tú, que no quieres ser pedante, no dices que lo que lo llaman es simplemente ‘el monte’, eso sí, de manera cariñosa.

Los turistas que aún no han estado por allí preguntan: ¿Merece la pena la excursión? Probablemente pensando en los euros que cuesta. Uno podría, con un poco de mala idea, contestarles que desde luego, que es dinero bien gastado, para que otros paguen y no quedar como un primo. Pero, la verdad es que si alguna vez tenéis ocasión de subir cerca del cráter de un volcán, no os perdáis la experiencia. Es seguro dinero bien gastado: ¿Cuántas veces tiene uno la posibilidad de asomarse a mirar mientras un dios duerme?

Dos de los cráteres
Dos de los cráteres

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Fumarola desde un cráter secundario

Fumarola desde un cráter secundario

La vista de la llanura al pie del volcán
La vista de la llanura al pie del volcán
Llega la nube
Llega la nube
Cenizas, lava y vegetación
Cenizas, lava y vegetación
Se puede apreciar la altura a la que sube el teleférico
Se puede apreciar la altura a la que sube el teleférico

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Efectivamente estuvimos allí
Efectivamente estuvimos allí
Montse Gebel, es decir; monte-monte
Monte Gebel, es decir; monte-monte