Archivo por días: 13 septiembre, 2014

Serie Siciliana 4: El Etna

etna1

 

El Etna y su fumarola saliendo del cráter principal
El Etna y su fumarola saliendo del cráter principal

Hemos tenido ocasión de ver de muy cerca y casi de convivir con varios volcanes en Centroamérica. Los de Guatemala o Costa Rica son especialmente singulares. Visitar el Etna en Sicilia  fue algo mucho más ‘turístico’, pero no por eso deja de asombrar ese tipo de montes que humean y se sacuden de vez en cuando.

Según dicen los expertos, el Etna es un volcán ‘efusivo’. Lo que no quiere decir que te salude amigablemente o que manifieste emociones como el aprecio o la simpatía. Significa que no explota como otros de repente, sino que, blandamente, deja fluir su lava en ríos que lo arrasan todo, como así ha venido haciendo con cierta regularidad desde que existe. Aún quedan en sus laderas y hasta el mar cercano restos de esos ríos petrificados que pueden alcanzar una altura de más de seis metros y una anchura de kilómetros.

Uno va allí tranquilamente en autobús, se sube a un teleférico que lo alza de los mil ochocientos metros a los dos mil quinientos y luego se monta en unos microbuses cuatro por cuatro que lo acercan algo más a la cumbre. Así que la cosa resulta descansada y parece que vas  sin más a hacerle la foto consabida a un monumento cualquiera.

En lo alto, un guía experto te acompaña a visitar varios cráteres que humean, haciendo ¡puf, puf!, como viejos asmáticos y, si se te ocurre alzar la vista, ves como sobre tu cabeza aún el cráter principal suelta una fumarola esbelta que pronto se convierte en una nubecilla, como si un jovenzuelo que empieza a fumar estuviera echando su humo y convirtiéndolo en aros.

Es fácil sentir que existe un espíritu del monte que está activo y que, en cualquier momento, te puede saludar a su peculiar modo ‘efusivo’.

La vegetación que todavía se atreve a crecer por allá, se arrastra humildemente por el suelo de cenizas, evitando con cuidado la roca de lava. Cuando ya llevas un rato por allí, no con mucha confianza, las nubes te dan la señal de que ya está bien, ya has importunado bastante al espíritu del monte. Trepa la nube por la ladera y envuelve con cariño la cumbre; no más fotos, parece decir. te vuelves al todoterreno, al teleférico y aguantas el vértigo lo mejor que sabes, y al llegar al final te encuentras con el letrero de un restaurante que reza ‘Monte Gebel’ y te sientes como en casa.

El guía, porque forma parte de su trabajo, te informa de que el Etna tiene nombre árabe que en dialecto siciliano todavía se usa en diminutivo ‘Gebeletto’ y tú, que no quieres ser pedante, no dices que lo que lo llaman es simplemente ‘el monte’, eso sí, de manera cariñosa.

Los turistas que aún no han estado por allí preguntan: ¿Merece la pena la excursión? Probablemente pensando en los euros que cuesta. Uno podría, con un poco de mala idea, contestarles que desde luego, que es dinero bien gastado, para que otros paguen y no quedar como un primo. Pero, la verdad es que si alguna vez tenéis ocasión de subir cerca del cráter de un volcán, no os perdáis la experiencia. Es seguro dinero bien gastado: ¿Cuántas veces tiene uno la posibilidad de asomarse a mirar mientras un dios duerme?

Dos de los cráteres
Dos de los cráteres

etna5

Fumarola desde un cráter secundario

Fumarola desde un cráter secundario

La vista de la llanura al pie del volcán
La vista de la llanura al pie del volcán
Llega la nube
Llega la nube
Cenizas, lava y vegetación
Cenizas, lava y vegetación
Se puede apreciar la altura a la que sube el teleférico
Se puede apreciar la altura a la que sube el teleférico

teleferico2

Efectivamente estuvimos allí
Efectivamente estuvimos allí
Montse Gebel, es decir; monte-monte
Monte Gebel, es decir; monte-monte