Archivo por días: 8 noviembre, 2014

Niño, que viene el Coco

Muchos recordarán que hace años, bastantes, se asustaba a los niños que no querían comer o que se negaban a ir a dormir a su hora con el Coco, el Hombre del saco o la bruja Piruja.

Por supuesto estas prácticas -como digo, hace mucho- han quedado abolidas por la moderna forma de educar a los niños. No se les debe asustar, no se les debe amenazar y mucho menos dar un azote en el culo. Todo ello fomenta adultos asustadizos, mayores temerosos y sometidos y con la autoestima por los suelos. Hay que convencer, explicar y, todo lo más, empujar suavemente a que cumplan con sus tareas y responsabilidades, porque si no lo hacemos así el futuro de esas criaturas se verá comprometido.

No me voy a detener en los efectos de esta moderna educación, eso se queda para otro día. Sin embargo, observo con perplejidad cómo los viejos métodos de meter el susto en el cuerpo se van extendiendo en los discursos de adultos, destinados a adultos.

En los últimos tiempos, las tarjetas opacas, los descuentos a las multinacionales, en lo que a impuestos se refiere, los cobros bajo cuerda, las ‘mordidas’, defraudar a Haciendo (a ver quien más y mejor) y otras prácticas que ponen de manifiesto una real y verdadera decadencia de la decencia, un deterioro inimaginable del honor y el buenhacer, se han convertido en seña de identidad y moneda corriente. Cuando a los perpetradores de esas tropelías, que afectan a la salud económica y democrática de todos, sólo se les ocurre como reacción o bien pedir perdón o alegar que no sabían nada del asunto, el sonrojo que ello nos produce nos pone las mejillas como un pimiento colorado. Sube desde los pies a la cabeza un calorcillo que se parece mucho a un incendio de ira.

Preocupados por esa realidad, los sociólogos y los pulsadores de la opinión pública deciden hacer una encuesta o varias para saber cómo nos sentimos y qué pensamos hacer. Y ¡vaya! aparece en el horizonte un grupo nuevo, que aún se está organizando, que se hace eco de nuestra vergüenza e indignación y, por ello, se lo tilda de populista, comunista, ventajista y unos cuantos ‘ista’ más. Bien. Es posible que así sea y es también posible que nos estemos metiendo en la boca del lobo o que efectivamente venga el Coco. Pero da la impresión de que muchos ciudadanos se han planteado dos cosas; la primera que no puede ser peor lo que venga, la segunda que ya está bien de partidos instalados, con cuentas B y prácticas indecentes para montar sus saraos y propagandas.

Porque el Pisuerga pasa por Valladolid, en la última elección de miembros de las Cámaras en USA,  un aspirante a senador ha invertido cuarenta y tantos millones de dólares en su campaña. Cuánto esperaba hacer rendir su dinero este señor, al hacer una inversión tan fuerte. Pero esto es lo de menos, aunque sea un síntoma más de la falta de principios.

Lo importante es que aquí, en nuestra tierra, empresarios de todo calibre, los grandes y los familiares, se reúnen a discutir de sus cosas y anuncian que están en disposición de crear empleo, algo así como dos millones de empleos, la mitad corta de los desempleados que tenemos -sin contar el empleo precario y el mal pagado. ¡Vaya! me digo de nuevo, ahora se dan cuenta de que algo tenían que hacer o es que les da miedo el Coco, la bruja Piruja y el Hombre del saco, todos juntos.

Conclusión, visto que su ‘chollo’, léase status que es más fino, puede tambalearse, se aprietan el cinto y nos dicen a los más de dieciséis millones de trabajadores, más los casi cinco millones de parados y no contamos a los sin un primer empleo, que no nos preocupemos, que dejemos las cosas como están, que si no va a ser peor, y que ellos nos van a regalar por Navidad la cocinita y el balón, y con ello lanzan al Gobierno y demás partidos vigentes un guiño de complicidad.

En vez de mirar hacia adentro, de ver qué están haciendo mal, de ponerle remedio, y de apretarse el cinto, nos quieren asustar con el Coco. ¡Oigan, caballeros! Nosotros ya tuvimos bastante de eso. Nosotros estamos curados de espantos. Nosotros queremos un país decente. Nosotros queremos que se nos respete y no que se nos trate como a niños que comen mal o no quieren irse a dormir.

Cojan su Coco y váyanse a hacer examen de conciencia si es que les queda un resto. Por mi parte y aunque, como a todo el mundo, me da cierto repelús lo desconocido, me alegro de que haya surgido un revulsivo, pero me deprime que todo lo que se les ocurra sea fomentarnos el miedo y no desechar las prácticas indecentes y perseguir a sus propios corruptos.