Archivo por meses: diciembre 2014

Un repaso al año 2014

Se acerca el fin de año y, como siempre, conviene hacer un repaso de novedades, disgustos, aciertos, buenos y malos ratos.

A veces resulta difícil clasificar todo aquello que uno vive en alguno de los casilleros establecidos. Con frecuencia y con el paso del tiempo, lo que nos pareció terrible se ha convertido en una experiencia positiva. La pérdida de alguien, amigo que se va o familiar que fallece, puede, tras el natural desasosiego y las lágrimas, transformarse en un modo de crecimiento personal o en el reconocimiento de que hemos salido ganando porque el amigo perdido no era tal.

Las cosas que salen mal o al menos no a nuestro gusto y según nuestra voluntad nos invitan a tomar otro rumbo, pues incluso en aquello que hacemos con la mejor intención, hay un margen de error importante, y solo con el paso del tiempo y precisamente por ser una equivocación, nos obligan a mirar en otra dirección y ser más creativos.

Como todos los años, alguien se nos ha marchado dejando un hueco difícil de llenar, pero, al mismo tiempo y por azar, nos viene a las manos la biografía de alguien que nos dejó tiempo atrás y ello supone una forma de recuperarlo.

Como todos los años, recibimos demostraciones de afecto, recuperamos amigos y compañeros perdidos, retomamos relaciones o nos convencemos de que con algunas personas una amistad es imposible, lo que no significa ni odio ni rencor, simplemente la aceptación de las limitaciones humanas; las suyas y las nuestras.

Como todos los años, los pequeños crecen, los jóvenes maduran y se arriesgan, los mayores envejecemos y nos conformamos con los recuerdos y con una especie de sabiduría que el tiempo, en compensación de su venganza, nos regala.

Dentro de casa sigue habiendo calor de hogar, cariño y buen entendimiento. Fuera, la cosa ya no es tan amable. Hay guerras estúpidas que destruyen vidas y esperanzas, que arrojan a la gente lejos de sus casas, dejándolas a la intemperie y a merced de la ayuda ajena, que no siempre llega o es eficaz, se arrasan monumentos milenarios en una repetición de la barbarie que nos retrotrae a los siglos oscuros, como si de veras algún siglo hubiera sido el de las luces.

Hay explotación, abusos y corrupción y muchos piensan que sólo con cambiar las leyes e incrementar los castigos, las persecuciones y amenazas, se volverán a imponer la justicia y la misericordia. Parece que aún no nos hemos convencido de que únicamente una transformación interior, un control de las pasiones y una intención decidida de rectitud pueden modificar el mundo.

En cualquier caso este 2014 que concluye no ha sido un año bueno. A los mayores se los carga con la responsabilidad de mantener a una familia extensa, ya sea cuidando de nietos o sufragando los gastos de hijos que están en el paro. A los jóvenes, se los empuja a irse lejos en busca de un lugar mejor o peor, pero donde tengan algo que hacer que les permita tener una vida activa, o bien se los contenta con un salario mínimo que es una vergüenza.  Aquellos que tienen toda la vida por delante no pueden hacer planes de futuro y los que la han dejado atrás y deberían descansar, se encuentran asumiendo tareas y cargas que ya no les tocan.

Nadie nos dice que estamos en plena posguerra y que, como todas las posguerras, son peores que la propia guerra. No es fácil sobrevivir, porque la guerra arrasó con los ideales, acabó con las clases sociales, destruyó el bienestar y dejó todo por reconstruir, cuando ya no quedan fuerzas para ello.

Sin embargo, esta situación de desolación ha despertado en algunos, hasta ahora apáticos o indiferentes, una cierta conciencia política. No son jóvenes revolucionarios, sino personas que se adentran en la madurez y que no quieren el mundo tal como se les ha planteado. Quieren renovarlo, retornar a las esencias, recuperar los valores. Ojalá lo consigan. Por lo pronto ya han sacudido a algunos bien establecidos y satisfechos de sí mismos. Eso siempre es bueno. En otros han sembrado el temor y el recelo. Estar un poco asustado tampoco es malo, si ello conduce a reflexionar y buscar nuevos senderos.

En fin, no es que crea en la magia del calendario, pero es reconfortante que cambiemos de año. Este año próximo será el de las mudanzas y los cambios. Posiblemente descubramos nuevos demonios, pero tal vez consigamos deshacernos de los viejos.

Deseo a todos un año de ojos abiertos, de expectativas diferentes, de anhelos por los que pelear, de ilusiones y esperanzas hacia las que seamos capaces de caminar. No olvidemos las lágrimas y los desengaños, pero caminemos con firmeza hacia la luz. No porque lo diga el gobierno, sino porque queremos un mundo mejor para nosotros y para los demás.

Deseo para todos una visión profética que no es la de la bola de cristal, sino la capacidad de desentrañar con acierto, rigor y mesura lo que ocurre a nuestro alrededor. Una visión profética que sepa mirar al mundo y a nosotros mismos como parte de un cosmos en el que todo es interdependiente; o como decía un sabio amigo: todo sea ‘inter-independiente’. En definitiva, que seamos capaces de ser libres y dependientes a la vez, pues no en vano no estamos hechos para vivir aislados ni para ser ajenos a la Naturaleza.

 

Don Quijote light

A bombo y platillo se publicita una versión recortada de Don Quijote como modo de estimular a los jóvenes a que lean una de las mayores obras de la literatura universal.

Este fenómeno se repite de vez en cuando. Versiones para niños y adolescentes de la Biblia y de otras grandes obras, versiones con un ‘pachum-pachúm’ de fondo para vulgarizar la música clásica o aligerar la ópera.

Seamos un poco serios. Los niños deben empezar por leer lo que sea adecuado para cada edad y hay cientos de libros así con ilustraciones maravillosas. También hay piezas musicales, como los ballets y otras (la sinfonía de los juguetes, por ejemplo) que sirven perfectamente al fin de animar a oír música culta.

En una casa donde los padres leen y compran libros para sus hijos, donde escuchan música o los llevan a conciertos o tocan algún instrumento, ahí es donde se genera el buen lector y el buen auditor de música.

El Quijote es una gran novela renacentista que pretende, según los expertos, reconstruir una narración medieval de caballerías. Ese género, como tantas obras medievales, está lleno de digresiones, de pérdidas aparentes del hilo conductor, de escapes colaterales que no sólo sirven para enriquecer el texto, sino que muestran la mayor parte de las veces la erudición del autor. Esa erudición se cuela en nuestro conocimiento de manera suave, como en un juego, abriendo perspectivas múltiples, sin que nada de ello nos haga perder el interés por el meollo de la obra.

Leer un Quijote mutilado es como saltarse las páginas de descripciones prolijas para llegar al final del libro y saber quién se casa con quién o quién es el asesino.

La lectura compleja ejercita la paciencia, el gusto por lo prescindible y el detalle. Si el señor Dickens hubiera recortado sus historias para ir sólo a lo esencial, sin perderse en explicaciones o análisis de su época, probablemente los Papeles póstumos del Club Pickwick se habría reducido a unas veinte páginas insulsas y no sería hoy el equivalente al don Quijote en versión inglesa del siglo XIX.

En el mundo de las prisas y la rentabilidad, leer una novela de más de ciento cincuenta páginas es casi un desafío. ¿Por qué no presentarles a los adolescentes ese reto, en lugar de darles una versión light?

Hoy que todo ha de ser de ahora para ahora, posiblemente sea un buen ejercicio de aprendizaje conseguir que los muchachos empleen más de una hora al día en leer capítulo tras capítulo de la vida y peripecias de ese hidalgo aventurero que pone en solfa a todos los estamentos de su época.

Quizá de lo que se trata es de que no descubran, con esfuerzo, que hay que ser diferente, que hay que ser utópico, que hay que ser rebelde y no perder el aliento en el empeño.

No me gustan las versiones edulcoradas, mutiladas y reconstruidas. Lo siento, pero no recomendaré esa lectura. Tampoco lo haré con las versiones infantiles de las Mil y una noches, aunque algunos de sus pasajes sean plúmbeos, ni eliminaré de la Biblia aquello que no resulte políticamente correcto, como la violencia o los incestos. No. Me niego. Pero consentir en que las cosas se lean como fueron escritas necesita de contextualización, de seguimiento, de aclaraciones y de enseñanzas. Si no estamos dispuestos a guiar a nuestros hijos y a educarlos, entonces, dadles al menos un Quijote amañado. Menos es nada.

Maravilla y fascinación

Las velas del primer año
Las velas del primer año

Mirad la fotografía. Es la primera vez que el niño ve unas velitas encendidas. El asombro, la maravilla y la fascinación no tienen límites. Aunque su mamá le sujeta la mano con el fin de que no la acerque a la llama, él estaba tan absorto mirando la fuente de luz que os puedo asegurar que no hizo ni ademán de ir a coger aquello que lucía ante sus ojos. Estaba paralizado de asombro. Nunca más se volverá a asombrar de ese nodo ante una vela encendida.

Posiblemente su mirada sea la misma de la de aquel hombre del inicio de la historia humana, cuando vio prenderse un árbol al caer un rayo.

¡Qué hermosos son los ojos de la inocencia y de la ignorancia pura! Si fuéramos capaces de mirar al mundo, a nuestro alrededor, a la naturaleza y al resto de los seres vivos, incluidas las personas, con ese asombro maravillado y esa fascinación, esto sería otra cosa. Pero miramos para apoderarnos de lo que sea que cae bajo nuestra mirada; personas, cosas y el fuego. Es bueno poder domesticar a las bestias y tener a raya al fuego, pero cuando ideamos sistemas que encienden el mundo y lo abrasan, acabando con lo que de hermoso hay en él, la cosa se vuelve funesta.

Cuántos fuegos de odio, violencia y maldad hay encendidos y sin que nadie haga algo por extinguirlos y cuántos más esperan a ser prendidos en cualquier momento, muchas veces por cuestiones nimias.

Si aprendiéramos de este niño que ante la hermosura de la luz se queda quieto y con la mirada admirada y fija, las cosas irían algo mejor. Pensad en ello en esta Navidad y procurad que el asombro, la maravilla y la fascinación vuelvan a vuestros ojos.