Archivo por días: 7 marzo, 2015

Ya estamos en Costa Rica

riberadeBelenwebLLegamos casi con una hora de antelación al aeropuerto Juan Santamaría de San José de Costa Rica. Pero los procesos de recogida de maletas de nuestro vuelo que transportaba algo más de trescientas personas se demoraron lo suficiente como para que saliéramos a la hora prevista y cinco minutos después, nuestras anfitrionas las Hnas. terciarias Capuchinas ya estaban allí con su carro a recogernos.

Nos han preparado un programa intenso de talleres con postulantes de la congregación y con laicos de las diversas zonas en las que estaremos. Los temas a tratar van desde la condición femenina, pasando por aproximaciones a la Biblia y la Liturgia y terminando en un taller de relaciones humanas y resolución de conflictos que habrá que impartir tanto a adultos como a adolescentes. Como siempre, al ‘padrecito’ Luis le han encargado que ‘predique’  uno de los días de la novena de San José. Como sigamos así terminarán por nombrarlo obispo itinerante y quedará resuelto, en la práctica, el asunto del celibato de los presbíteros, por que si no es así ¿qué pinto yo en todo esto? (No se admiten respuestas a esta pregunta).

Por lo pronto y hasta el jueves próximo que iremos a Panamá, estamos ubicados en la casa de postulantado, en un lugar que se llama Ribera de Belén.

Este barrio de San José era una zona de cafetales que poco a poco ha ido siendo absorbida por el progreso (dicen) y se ha transformado en una zona residencial de calles bien delineadas en cuadrícula, con casitas de una planta o a lo sumo dos, unifamiliares. Algunas tienen un aspecto sencillo y utilitario, sin pretensiones, aunque alguna hay en que la creatividad rivaliza con la ostentación. Esta zona residencial está junto a un barrio más popular en donde viven muchos inmigrantes nicaragüenses que, precisamente, se dedican a trabajar en las finquitas del barrio superior. La zona es llana, de suaves colinas, cuajada de palmeras derechas y con penachos al viento, donde las hortensias y las buganvillas rivalizan a ver cuál es más rotunda y más colorida.

Las postulantes que tenemos de asistentes a los talleres proceden de Venezuela, Nicaragua y Guatemala. Estas últimas son la mayoría. Van desde los veinte años a los treinta y seis. Al comenzar el taller y tras presentarnos y hablar un poco de nuestra vida y de lo que hace la Asociación Tacaná y nuestra vinculación con las obras de las Hnas. las muchachas nos empezaron a contar sus experiencias. Lástima no tener un buen video para grabar algunas de sus respuestas o sin exagerar todas. Estas mujeres, muchas de ellas procedentes de pequeños pueblos agrícolas, con familias numerosas y pocos recursos son un ejemplo claro de cuánto tienen que luchar las mujeres para situarse en el mundo y llevar adelante su vocación, sea esta la que sea.

Ahora que se acerca el día de la Mujer Trabajadora, ellas son una muestra perfecta de lo que les ocurre a muchas mujeres de Centroamérica y de otros lugares. Lo que cada una de ellas se ha esforzado para estudiar incluso la educación obligatoria, lo que han caminado para llegar a la escuela -por supuesto aquí sus mamás no las llevaban en 4×4 al cole a doscientos metros de casa-, la oposición de los varones de la familia a que se convirtieran en mujeres con estudios, en caso de aceptación, lo mucho que tuvieron que trabajar para costearse los estudios para capacitaciones de grado medio; cuando al fin lo consiguieron, se vieron obligadas a atender a su familia y hermanos para que ellos pudieran estudiar a su vez, todo ello con una sonrisa y el convencimiento de que era un camino que debían transitar para ser dueñas de sí mismas y componer su futuro.

Detrás de sus palabras no sólo estaba ese interés personal por mejorar, aprender, independizarse, sino un profundo sentimiento de solidaridad con su entorno. Una sensibilidad especial por ayudar, por colaborar, por acercarse a otros que pudieran necesitarlas.

En ningún momento aparecía en sus palabras una queja por sus circunstancias, una rebeldía rencorosa, un reproche al mundo o a la historia, ni siquiera a los padres impositivos. Lo que lucía en sus ojos, cuando hablaban de su experiencia, era el brillo de la ilusión y las ganas de participar activamente en la vida de su entorno, al tiempo que soñaban con llevar una vida de enriquecimiento espiritual intensa. No querían vivir en soledad, querían vivir en comunidad. Una de ellas lo expresó de manera diáfana; se adhirió a un movimiento laical, pero allí estaba sola y lo abandonó.

No suena esto como la respuesta a muchas de las carencias que notamos en nuestro entorno, sobre todo entre gente joven. la formación la dan por supuesta, pero se entiende como la llave para el acceso al medio laboral con el exclusivo fin de ganar dinero y satisfacer una serie de necesidades creadas artificialmente por el medio en que nos movemos. Sin que ello deje de ser una aspiración legítima, no cabe duda de que es de corto aliento. Aquellos que se dejan llevar por el amor, viven en pareja pero no se deciden a tener hijos, no quieren ataduras y responsabilidades, solo acompañamiento para sus aficiones personales. Los que anhelan una vida espiritual se unen a movimientos que los aíslan y apartan del compromiso social, se conforman con la autosatisfacción de sus devociones. El compromiso político en muchos casos es simple indiferencia o lo que es peor ganas de medrar.

Todos sabéis que yo quiero mucho a mis hijos y aprovecho para decir que me parecen, cada uno en su estilo, personas estupendas y con conciencia acerca de lo que ocurre en su entorno. Quiero afirmar además que no los cambiaría por nadie ni por nada y que soy una madre plenamente realizada, en el supuesto de que lo quería de mis hijos es que fueran personas decentes y responsables. Hechas estas aclaraciones, puedo decir, sin sembrar ningún tipo de confusión, que no me importaría nada ser la madre de cualquiera de estas muchachas o de todas ellas. No es que quiera tener una hija monja, es que me gustaría que nuestras muchachas, las que son nuestras hijas, sobrinas o amigas o desconocidas, todas ellas, tuvieran el espíritu luchador y desprendido que tienen estas chicas del postulantado.

Muchos pensáis que qué necesidad tenemos Luis y yo de venir tan lejos. Os lo diré en breve: Porque aprendemos mucho de cosas que ya sabíamos y que a veces olvidamos por tener una vida demasiado amable.

Esta es nuestra primera crónica desde Centroamérica.