Archivo por días: 10 abril, 2015

Vigilia Pascual, Domingo de Resurrección y procesión del Resucitado

La celebración de la Vigilia pascual fue todo lo solemne que el caso requiere. El coro se había esmerado y la imagen del Resucitado apareció al descorrerse unas cortinas, en el momento del Gloria.

Al día siguiente, Domingo de Resurrección hubo misa mañanera, seguida de la procesión del Resucitado, que fue acompañada por una banda, lo que era novedad en este año.

Esta procesión es muy bonita porque sacan al Resucitado por un lateral de la iglesia y a la Virgen por otra puerta. Cada imagen hace su recorrido por separado y un par de calles más arriba, en una calle engalanada con una alfombra y con colgaduras blancas de lado a lado, se encuentran la Madre y el Hijo. Luego concluyen juntos el recorrido, seguidos de San Juan y la Magdalena, quien, además, es la titular de la Parroquia.

Con este acontecimiento termina la Semana Santa.

Ese mediodía nos invitaron a comer a casa de doña Marta y don Reinerio que son los padres de Evelin, de un muchacho que se llama Noé y de una juniora de las Terciarias que se llama Juliana. Evelin tiene tres hijos preciosos que se llaman Juan Francisco, María Leonela y María Juliana, esta última es la pequeña mujer de Jerusalem que ya apareció en el reportaje sobre el Vía Crucis de niños.

Comimos muy bien y regresamos a la casa. Tras un poco de descanso, nos fuimos de excursión con las Hnas a un lugar que se llama La Sabana donde hay un mirador con unas vistas muy bonitas. Todo el camino tiene un paisaje precioso y como habían caído unas lluvias nocturnas los cerros resecos se habían cubierto de algo de verdor y los árboles polvorientos habían recuperado sus tonalidades brillantes, de diversos tonos de verde, salpicados por el amarillo de los floramarillo y los lilas de los jacaranda.

Al regresar fuimos a Ocotal y cenamos en la Casa Vieja que es un restaurante muy conocido de la ciudad en donde lo típico es comer un anafre. Como su propio nombre indica, es una vasija de barro con su fueguito debajo, donde se sirven los frijoles con queso y chorizos y se comen con tortillas tostadas y chismol, un preparo de tomate, cebolla y chile pimiento muy picadito con aceite y limón.

Así concluyó nuestra participación en la Semana Santa Totogalpina. El lunes de Pascua, en el taxi de don Obed, que es hermano de doña Marta, -esta familia es toda una institución en el pueblo- nos fuimos a Managua. Allí nos hospedamos en el hotel Las Mercedes que está justo enfrente del Aeropuerto Augusto César Sandino. Entre ambos discurre una carretera que es de las más transitadas y en principio nos preocupaba cómo cruzar hasta el aeropuerto. Vimos que había un paso de peatones, pero aquella cebra no nos daba mucha confianza.

El Hotel está muy bien, en filas de bungalows las habitaciones, formando pasillos radiales, rodeados de vegetación. Hay un edificio separado que tiene el restaurante, una gran terraza al borde de la piscina y más jardines, donde incluso hay un guanacaste blanco (albicia caribaea) que es un árbol majestuoso y por supuesto una hermosa veranera, que es como llaman allí a la buganvilla. Pero hacía un calor tórrido, así que tras almorzar algo, nos fuimos al cuarto a refugiarnos con el aire acondicionado.

A la mañana siguiente se aclaró el misterio de cruzar la carretera; un autobusito que hace un recorrido de menos de un minuto nos llevó a la puerta de las salidas. Vuelo normal y a la hora en Guatemala, La Aurora. Fin de la experiencia nicaragüense.

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