Archivo por días: 14 junio, 2015

Derecha e izquierda

Lo siento. Esta vez no va de política. Va de urbanidad.

Ayer, venía yo por una acera estrecha, rematada con bolardos metálicos para que los coches no se suban y aparquen en cualquier lado. Circulaba por mi derecha y vi venir a una señora, más o menos de mi edad, que tiraba de un carrito de la compra. Instintivamente (las normas de urbanidad las llevo grabadas a fuego), hice ademán de bajar a la calzada para cederle el paso. La señora se detuvo al borde de la acera y me explicó: Usted va por su derecha, soy yo la que tiene que apartarse.

¡Cómo me arrepiento de no haberme detenido y haberla abrazado! ¡Por fin alguien que se sabe las normas de urbanidad y las pone en práctica!

Por un instante, la acera se convirtió en un salón de Versalles. Yo me disculpé, haciendo notar que le cedía el paso y mi derecho porque ella iba cargada. Una nube de tiempo viejo nos envolvió; ella siguió su camino y yo el mío. Una vez que pasó el instante mágico, a los demás con los que me crucé hube de cederles el paso, más que nada para conservar mi integridad física.

Pero, cuán consolada me hallo. Por lo menos en mi barrio hay una persona educada y atenta y no me refiero a mí.

¿Es que ya no enseñan en las escuelas que hay que circular a pie por la derecha? ¿Que hay que ceder el espacio si uno va por otra mano? ¿Que si alguien va cargado, con un niño o con un carrito hay que dejarle paso preferente?¿Que hay que levantar los paraguas por encima de las cabezas de los que vienen de frente, para no sacarles un ojo?

Como me callo estas cosas cada vez que salgo a la calle, por aquello de no hacer el papel de  la vieja chiflada y gruñona o exponerme a un sofión, por eso me arrepiento de no haber elogiado, abrazado e incluso besado efusivamente a la señora del carrito. Pero desde aquí mi más rendido homenaje.

También lamento no haberme detenido a hablar con ella, porque a lo mejor ella posee una fórmula para no sentirse tan rara como me siento yo, guardando las normas de urbanidad en un mundo que parece haberlas olvidado por completo o que, tal vez, nunca oyó hablar de ellas.