Archivo por meses: julio 2015

Lo soportable

Mi madre solía decir: Que no nos mande Dios todo lo que podemos soportar. Esta frase siempre me dejó un poco perpleja pues, aunque no dudaba yo de su confianza en Dios, me sorprendía que pensara que Dios fuera alguien que nos ponía constantemente a prueba, hasta que alcanzáramos nuestros límites.

El otro día oí a un señor en la radio decir que ‘el país no podía soportar la llegada de tantos refugiados’. Esta afirmación me recordó no tanto la frase de mi madre, como la sensación que me producía.

Me pregunto; ¿quién es el país? un país no deja de ser una abstracción. Los países tienen gente dentro y es esa gente la que soporta lo que sea, que seguro no se lo manda Dios. ¿No llevamos mucho tiempo soportando gobiernos corruptos, incurias, desprecio a los ciudadanos y sus necesidades básicas y un largo etcétera? ¿Cómo no somos capaces de soportar a unos refugiados, dos o tres miles, cuando hay millones de personas desplazadas, huidas y despojadas de sus derechos, haciendas y de la seguridad de sus vidas? ¿Qué quiere decir eso de que el país no lo puede soportar?

Que nos mande Dios lo que somos capaces de soportar. A lo mejor nos merecemos estos gobiernos y esta crisis porque no somos capaces de salir a la calle y decir ¡basta! a toda esta desvergüenza. A lo mejor nos vendrían bien unos millares de refugiados para empezar a apreciar lo que tenemos, para recordar nuestra historia de exiliados y refugiados, para protestar contra nuestros políticos que tienen un corazón inmisericorde, que no presta atención ni a los de dentro ni a los que llaman a nuestras puertas porque lo han perdido todo.

No es un país, que no deja de ser una abstracción. Somos nosotros. Nosotros los que no somos capaces de salir a la calle y pedirnos cada uno nuestro refugiado. Mándenme uno, que yo me haré cargo. Donde comen dos, comen tres; esta frase era también de mi madre.

Estoy tan avergonzada de lo que sucede con nosotros que no somos capaces de soportar nada y, a cambio, lo soportamos todo, incluida la vergüenza y el desprecio a los que sufren, que no sé si este texto tenga alguna coherencia. Me da igual, por otra parte. Lo que quiero decir es que cada vez más nos escudamos en frases para no salir de nuestras comodidades, sin darnos cuenta de que aunque fuera por aquello de ‘hoy por ti y mañana por mí’ deberíamos ser más solidarios. En este mundo convulso nadie está a salvo y cualquier día tendremos que cargar con nuestra maletita y pedir asilo. ¿Nos recibirán diciendo que busquemos en otra parte, porque el país no lo puede soportar?

Cuarenta años después

Llaman bodas de rubí al cuarenta aniversario de la celebración de un matrimonio.

En estos tiempos de inestabilidad afectiva, de compromisos líquidos, da cierto placer pensar que se ha sido capaz de perseverar en un compromiso adquirido cuatro décadas atrás, cuando no se pasaba de los veinticinco años y, por tanto, uno andaba aún en el inicio de la edad juvenil.

No se trata de magnificar el hecho, ni de considerar que ha sido un camino de rosas, tampoco se trata de ocultar bajo tan solemne cifra los altibajos que una relación de pareja puede sufrir. Simplemente se trata de reconocer que, aunque no lo supiera, no cabe duda de que fue una buena elección, un buen compromiso, una excelente adquisición de una responsabilidad. A estas alturas no hablaremos de enamoramiento, ni de conservar el amor y la emoción, sino de saber que existen la complicidad y la ternura que van más allá de la atracción e incluso del afecto. En este momento podemos afirmar que se ha hecho realidad esa aspiración de ‘somos uno’, aunque seamos dos.

Por eso, por reconocer las cantidades de apego, de identificación, de dependencia, de ternura y cariño, de humor y serenidad que hemos sabido sumar; unas veces viniendo del uno y otras procedentes del otro, merecía la pena hacer una pequeña celebración, juntando a amigos más antiguos y más recientes.

Ellos tuvieron la gentileza de acompañarnos, de mostrar sus buenos deseos, de hacernos regalos enternecedores y emocionantes como una pintura, un vino, un broche y un bastón, todas ellas cosas que sabemos apreciar por lo que son en sí mismas, pero también por lo que significan y de quién vienen. No sólo eso, siendo sensibles a nuestros intereses, en lugar de multiplicar los regalos, tuvieron el gesto solidario de hacer una aportación a la Asociación Tacaná que es, como los que de verdad nos quieren saben, la niña de nuestros ojos y nuestra principal ocupación.

Gracias todos por venir, por estar, por acompañarnos, por ser cariñosos y solidarios y hacernos disfrutar de un día que para nosotros significa prácticamente toda nuestra vida.

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La típica foto de grupo en donde uno se quita y otro se pone. hay que adivinar quién cambia.
La típica foto de grupo en donde uno se quita y otro se pone. hay que adivinar quién cambia.

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Un letrero revelador

Un pariente indigno, hace muchos años, consiguió con malas artes apropiarse de bienes que pertenecían a mis padres y que ellos a su vez habían heredado de los suyos.

Aquello supuso un gran disgusto para mis padres y la ruptura con aquel pariente infame y todos los que con él tenían relación o fueron sus cómplices.

Más de veinte años han transcurrido desde esos hechos deplorables que tanto hicieron padecer a los legítimos poseedores de aquellos bienes. Yo he procurado durante todo ese tiempo y más olvidar esos hechos. Con ese olvido, me olvidé de que los lugares y los espacios que esas posesiones ocupaban formaban parte de mi propia historia. La memoria es a veces selectiva, pero otras veces se declara independiente y borra más de lo que uno quisiera.

No hace mucho, tuve ocasión de visitar esos lugares y comprobar que, efectivamente, aquellos inmuebles y espacios seguían en su lugar; envejecidos y deteriorados, pero allí estaban.

La indignación que había tenido olvidada me volvió a subir al rostro al contemplar cómo el indigno pariente había tenido la desfachatez de poner un gran letrero que decía: Propiedad de X (y su nombre).

Sin embargo, hoy tuve de pronto una revelación. Como cuando miramos uno de esos dibujos que a ratos parecen unos rostros enfrentados y, al parpadear, te hacen ver una copa. Así se me apareció el letrero de marras ante los ojos y lo vi como una declaración de culpabilidad.

El ladrón había dejado la firma expresa de su delito.

El confort de las mariposas

Leo en un suplemento de un periódico que en uno de esos hoteles de lujo, con SPA y otras propuestas de comodidades de todo tipo, por supuesto pensadas para el bienestar del cliente, que paga algo así como la mitad del salario interprofesional por noche, hay un restaurante que se llama ‘El jardín de las mariposas’, que, para deleite de los comensales, está lleno de mariposas que revolotean por el recinto.

Bien, podríamos pensar que no deja de ser una cursilada y, aunque las mariposas suelen ser muy bonitas, en realidad son bichos volantes que constituyen precisamente lo que uno quiere que se le pose en el plato mientras come.

Supongo que hay que complicar las cosas lo suficiente como para justificar que una cenita en el dicho lugar te cueste un ojo de la cara, y a algún creativo se le ha ocurrido que lo de las mariposas era una buena idea. Son unos animalitos de colores vistosos, silenciosos y no parece que suelten excrementos, como podría ocurrir con aves que tendrían dos inconvenientes; cantar, trinar o gorjear y además dejar algún regalito en los hombros de los comensales o en sitios peores.

Pensándolo bien, no deja de ser una idea ingeniosa. Pero ahí no se detiene el asunto. Para convencer a los posibles clientes de que lo que van a pagar merece la pena, se insiste en el texto que describe el lugar en que las mariposas son traídas cada día desde Costa Rica.

Aquí es donde a mí se me pusieron los pelos de punta. ¿No son especies protegidas en Costa Rica, país que defiende que son uno de sus tesoros nacionales? ¿No hay en ese país, además de parques nacionales en donde viven libremente, mariposarios, aquí y allá, para protegerlas? ¿Quién ha concedido el permiso de exportación para que se las lleven?

Al margen de los posibles problemas legales del comercio internacional de animales, sinceramente ¿no es una estupidez y una salvajada ofrecer algo así, sólo para justificar el nombre del restaurante y la cuantía de la minuta? Porque no soy capaz de verle otra finalidad a esta importación.

Posiblemente mi reacción ante el asunto tenga algo que ver con la brecha entre ricos y pobres. No soy capaz de entender que alguien pague por unas mariposas que revolotean a miles de millas de su lugar de origen. Pero el dinero cada vez está más cargado de estulticia o será que como no tengo capacidad adquisitiva para permitirme una estancia o una cena en ese espacio privilegiado, me mueven la envidia y la lucha de clases.

En cualquier caso, a mí me daría vergüenza publicitar algo así. ¿Alguien ha pensado en el bienestar de las mariposas?

 

 

El largo camino hacia la democracia

Hace algunos años, tras unas elecciones generales democráticas en Argelia, ganadas por el FIS, Francia, defensora de la Democracia, intervino e impidió que este partido islamista subiera al poder. Ello desembocó en una larga guerra civil cuyas secuelas aún perduran.

En el momento en que un nuevo partido como Podemos, surgido de la iniciativa ciudadana, se alzó con una victoria en las elecciones europeas y posteriormente en unas locales y autonómicas, siendo llave para consolidar gobiernos, se desató una campaña de desprestigio, acoso y derribo de esta formación, de sus líderes e integrantes que aún continúa, pues tenemos en perspectiva unas elecciones generales.

En el momento en que Siriza, con Alexis Tsipras al frente, ganó las elecciones en Grecia, a la que habían llevado otros gobiernos de diverso signo a la ruina, la Unión Europea se lanzó con armas y bagajes al desprestigio y acoso de este partido de izquierda.

La vieja Europa, supuestamente renovada con la Unión Europea, saca del fondo de su armario sus más rancios argumentos para evitar que grupos de izquierda lleguen al poder, amenazando con la total descomposición y con el terror. Amedrentando a la ciudadanía con futuros apocalípticos, en el sentido derivado de este vocablo y no en el auténtico y originario de renovación y esperanza.

Hace ya tiempo que dije que esta crisis económica era en realidad una guerra encubierta, aparentemente incruenta, pero que va dejando cadáveres de parados, de gente sumida en la pobreza y sin esperanza y dando a unos pocos más que ganar que si se dedicaran al mercado negro o al estraperlo propio de las post-guerras.

Malo es que desaparezca esa clase media acomodada que proporciona estabilidad a los países y a cuya ausencia se apunta la falta de desarrollo, cuando se habla del Tercer Mundo. Pero es aún peor que se dude de la cordura democrática de los pueblos, pues si no votan aquello que algunos quieren, es que se están equivocando y hay que enmendarles la plana. Eso, al modo castizo, se denomina ‘pucherazo’ y al menos coloquial es simplemente totalitarismo.

Es cierto que Grecia debe, pero quien haya leído a Joseph Stiglitz, se habrá dado cuenta de que las políticas de las solas finanzas lo que hacen es detener el desarrollo natural de los pueblos, aplazando su recuperación sine die. En España se rescató a los bancos y se espera al santo advenimiento para que sean rescatados los ciudadanos. A Grecia que se atrevió a votar contra las expectativas de los poderosos, se la empuja a votar ‘sí’ o  si no lo hace y gana el ‘no’, a unas elecciones generales, en la esperanza de que el pueblo ‘rectifique’ de una vez por todas su gran error.

Todo esto me recuerda mucho a lo del FIS, se parece mucho a la campaña contra Podemos. Tiene además un terrible sabor simbólico, pues en Grecia nació la Democracia y a nosotros nos ha costado mucho llegar a ella. Ahora que empieza a dejar de ser una democracia formal, no les gusta a los amos del mundo. ¡Qué largo es y qué penoso el camino a la democracia y la libertad!