Archivo por días: 16 julio, 2015

Cuarenta años después

Llaman bodas de rubí al cuarenta aniversario de la celebración de un matrimonio.

En estos tiempos de inestabilidad afectiva, de compromisos líquidos, da cierto placer pensar que se ha sido capaz de perseverar en un compromiso adquirido cuatro décadas atrás, cuando no se pasaba de los veinticinco años y, por tanto, uno andaba aún en el inicio de la edad juvenil.

No se trata de magnificar el hecho, ni de considerar que ha sido un camino de rosas, tampoco se trata de ocultar bajo tan solemne cifra los altibajos que una relación de pareja puede sufrir. Simplemente se trata de reconocer que, aunque no lo supiera, no cabe duda de que fue una buena elección, un buen compromiso, una excelente adquisición de una responsabilidad. A estas alturas no hablaremos de enamoramiento, ni de conservar el amor y la emoción, sino de saber que existen la complicidad y la ternura que van más allá de la atracción e incluso del afecto. En este momento podemos afirmar que se ha hecho realidad esa aspiración de ‘somos uno’, aunque seamos dos.

Por eso, por reconocer las cantidades de apego, de identificación, de dependencia, de ternura y cariño, de humor y serenidad que hemos sabido sumar; unas veces viniendo del uno y otras procedentes del otro, merecía la pena hacer una pequeña celebración, juntando a amigos más antiguos y más recientes.

Ellos tuvieron la gentileza de acompañarnos, de mostrar sus buenos deseos, de hacernos regalos enternecedores y emocionantes como una pintura, un vino, un broche y un bastón, todas ellas cosas que sabemos apreciar por lo que son en sí mismas, pero también por lo que significan y de quién vienen. No sólo eso, siendo sensibles a nuestros intereses, en lugar de multiplicar los regalos, tuvieron el gesto solidario de hacer una aportación a la Asociación Tacaná que es, como los que de verdad nos quieren saben, la niña de nuestros ojos y nuestra principal ocupación.

Gracias todos por venir, por estar, por acompañarnos, por ser cariñosos y solidarios y hacernos disfrutar de un día que para nosotros significa prácticamente toda nuestra vida.

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La típica foto de grupo en donde uno se quita y otro se pone. hay que adivinar quién cambia.
La típica foto de grupo en donde uno se quita y otro se pone. hay que adivinar quién cambia.

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Un letrero revelador

Un pariente indigno, hace muchos años, consiguió con malas artes apropiarse de bienes que pertenecían a mis padres y que ellos a su vez habían heredado de los suyos.

Aquello supuso un gran disgusto para mis padres y la ruptura con aquel pariente infame y todos los que con él tenían relación o fueron sus cómplices.

Más de veinte años han transcurrido desde esos hechos deplorables que tanto hicieron padecer a los legítimos poseedores de aquellos bienes. Yo he procurado durante todo ese tiempo y más olvidar esos hechos. Con ese olvido, me olvidé de que los lugares y los espacios que esas posesiones ocupaban formaban parte de mi propia historia. La memoria es a veces selectiva, pero otras veces se declara independiente y borra más de lo que uno quisiera.

No hace mucho, tuve ocasión de visitar esos lugares y comprobar que, efectivamente, aquellos inmuebles y espacios seguían en su lugar; envejecidos y deteriorados, pero allí estaban.

La indignación que había tenido olvidada me volvió a subir al rostro al contemplar cómo el indigno pariente había tenido la desfachatez de poner un gran letrero que decía: Propiedad de X (y su nombre).

Sin embargo, hoy tuve de pronto una revelación. Como cuando miramos uno de esos dibujos que a ratos parecen unos rostros enfrentados y, al parpadear, te hacen ver una copa. Así se me apareció el letrero de marras ante los ojos y lo vi como una declaración de culpabilidad.

El ladrón había dejado la firma expresa de su delito.