Archivo por meses: septiembre 2015

Se acaba el verano. Fin de año en La Torre

Todo llega en esta vida. Llegó el Fin de Año en La Torre. Siguiendo una consolidada tradición, el pasado día 11, hubo cena comunitaria, campanadas y las uvas. Además, concluía el ‘Majado’ de Inés y Martín.

Para los no conocedores habrá que aclarar que se trata del reinado de los Majos del Miño. Cada año, desde hace unos cuantos, se elige a la pareja de Majos que han de coordinar los encuentros invernales de los impenitentes convecinos del Edificio Miño, de manera que la sana costumbre de reunirse, con cualquier excusa, no decaiga por frío que sea el invierno. Como es de suponer esas reuniones se hacen en torno a una mesa, a poder ser llena de viandas. En resumen, tras las cuchipandas del estío, vienen las del tiempo frío (me ha salido rimado sin pretenderlo).

La designación de los nuevos Majos recayó, no sin cierta polémica y un cierto pucherazo, en la muy digna pareja formada por Manolo y Teofi. A pesar de que ellos no residen en el Miño, no obstante, por derecho familiar y por su asidua asistencia a todos los eventos (comilonas) que se dan en él, se han ganado de sobra ese título que los compromete a que la cosa de juntarse y ponerse hasta las trancas no decaiga.

Ha habido ciertos resquemores tras su elección. Cierto que las bases y el protocolo de actuación no están debidamente definidos, pero los que somos rencorosos lo llevamos bastante mal. Ahora bien, haciendo uso de nuestro carácter magnánimo y atendiendo a que los elegidos se pusieron tan contentos, no nos ha quedado otra que no presentar la preceptiva reclamación, la impugnación y la protesta más que justificada. Por otra parte, en este país ya estamos muy hechos a las elecciones digitales, a los incumplimientos de programa, a las falsas promesas, de manera que como, en cualquier caso, nos vamos a reunir a comer; eso es indudable, la cosa no está tan mal como podría parecer.

Todos contentos. Tras celebrar con la solemnidad que requiere de hecho la cena de fin de año, la elección de los Majos y comernos las uvas, también celebramos, en fecha posterior, la entrada del nuevo año y así, por si no habíamos cenado mucho (lo cual era imposible, ya que todo estaba buenísimo y hasta precioso de ver), nos reunimos el domingo siguiente a despedirnos hasta la temporada de verano próxima, echándonos al coleto unas copichuelas de espumosos y unos dulcecillos. Más que nada porque la pena de la separación es menos con pan.

Los testimonios gráficos y los comentarios del pie darán una idea de cómo se celebra tan sonado festejo, que, en mi modesta opinión debería ser declarado ‘bien de interés cultural’. Ahora que nos abruman con programas sobre gastronomía, cocina y cosas parecidas; que han proliferado las declaraciones de denominación de origen, como parte de las señas de identidad de regiones y comarcas, no cabe duda de que las celebraciones gastronómicas del Miño y sus habitantes veraniegos (e invernales, por lo que colea) son una demostración singular de lo mucho que hacemos patria a través de la degustación de platos locales, de importación o de creación personal. Así mismo, no se le hace ascos a ningún caldo, sea de la Rioja, de Almería o de Pinoso. aquí hay una verdadera demostración de conciencia patria, de acogida y no discriminación que debería ser modélica en los tiempos que corren.

En fin. Estos sonados y ejemplares festejos, (lo de sonado va porque las campanadas se dan con un caldero y un mazo de almirez y por los decibelios de las carcajadas de los asistentes) deben ser conservados en la memoria y deberían ser imitados por otros colectivos. Su vida sería menos avinagrada -aquí sólo se toma el vino en su punto- y más feliz.

Estos huevos con aspecto ratonil fueron unos de los platillos entrantes
Estos huevos con aspecto ratonil fueron unos de los platillos entrantes
Les seguían unas sabrosas mariquitas
Les seguían unas sabrosas mariquitas
Grupo de asistentes con los majos electos y el holograma del fotógrafo
Grupo de asistentes con los majos electos y el holograma del fotógrafo
La autoridad en reposo
La autoridad en reposo
Ataque a la autoridad
Ataque a la autoridad
Paseíllo de los Majos salientes perdón, salidos)
Paseíllo de los Majos salientes (perdón, salidos)
Candidatos a la sucesión en el majado
Candidatos a la sucesión en el majado
Los majos cesantes se despiden de la audiencia
Los majos cesantes se despiden de la audiencia
Los nuevos Majos con sus descendientes
Los nuevos Majos con sus descendientes
Efusivos parabienes
Efusivos parabienes
Más parabienes
Más parabienes

Todos quieren pasar a la posteridad con los majos del 2015-2016

María Dolores y Mariano con los Majos
María Dolores y Mariano con los Majos
Inés y Paco
Inés y Paco
Cristina y Pino, esta vez de cuerpo presente
Cristina y Pino, esta vez de cuerpo presente
Montse y Luis (unos de los rencorosos)
Montse y Luis (unos de los rencorosos)
María Inés y Martín
María Inés y Martín un poco moviditos (sería efecto del alcohol en el caso del fotógrafo)
Isabel y Manolo
Isabel y Manolo
Conchi y Mariano (otros de los rencorosos)
Conchi y Armando (otros de los rencorosos)
Mari Carmen y José Ramón
Mari Carmen y José Ramón
El Majo salido y beatífico es entrevistado por la reportera más dicharachera
El Majo salido y beatífico es entrevistado por la reportera más dicharachera
Un trío de guapas
Un trío de guapas
Un cuarteto (sin calificar)
Un cuarteto (sin calificar)

En la siguiente entrega se dejará constancia de la celebración de despedida.

De hombres y piedras

En esta semana primera de septiembre, se ha reunido en Cáceres un congreso de arqueólogos, especialistas en arte rupestre. Participantes en él han pedido protección y sensibilidad hacia los restos arqueológicos, patrimonio cultural de la humanidad, para que se preserven y lleguen a las generaciones futuras.

Ante la dosificada y sistemática destrucción del patrimonio cultural en Iraq y Siria, también se han levantado voces reclamando mayor protección para los lugares donde hay vestigios de civilizaciones pasadas. Al mismo tiempo, los destructores de ese patrimonio no tienen empacho en vender piezas a coleccionistas de todos los rincones del mundo. De manera que no sólo obtienen notoriedad por la barbarie, sino que comercian con aquello que dicen considerar ‘vestigios de paganidad’.

Como decía mi madre, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

Pero la cuestión va más lejos. Miles de personas pierden la vida huyendo de la guerra. A otros se los engaña, dejándolos subir a trenes que van a ninguna parte. Se les cierran las fronteras o se los hacina en campos de refugiados, en los que carecen de lo más básico.

Nos llama la atención que algunos digan que no quieren salir de su patria. Nadie emigra por gusto. Cuando alguien lo hace, la cosa tiene otros nombres; viajar o espíritu aventurero.

Si no somos capaces de acoger a esos hombres, mujeres y niños que huyen despavoridos, después de ver la muerte y la destrucción a su alrededor, cómo vamos a ser sensibles al deterioro de las pìedras o a su desaparición.

Si no nos importan aquellos que conviven con nosotros, que son nuestros iguales, qué más nos da una ruina más o menos.

En cualquier caso, hay que establecer prioridades. Las personas son antes que las piedras, por muy históricas que estas sean. La cuestión es que no nos interesa salir de nuestra aparente comodidad, no queremos ver qué significa que pierdas tu casa, tu trabajo, tu seguridad, tu estabilidad y tu esperanza, en la confianza absurda de que eso es algo que les pasa a otros y no a nosotros.

Sin embargo y a pesar de todo, como pasa casi siempre, la sociedad civil, es decir, los ciudadanos de a pie, se organizan, se vuelven solidarios y aportan a los que huyen aquello que pueden; compañía, ropa, comida, apoyo psicológico, una sonrisa. Mientras, los responsables políticos debaten acerca de cómo serán humanitarios, sacando el mejor provecho para sus intereses: No molestar a la gran industria, a los poderes financieros, no perder unas elecciones o seguir en el poder.

Ya hemos visto lo que son capaces de hacer con sus propias poblaciones; mermar la capacidad de subsistencia de la sufrida clase media, empobreciendo aún más a los que ya eran pobres, privar a los trabajadores de empleo o de continuidad en él, siempre a favor de sanear bancos y de reducir las prestaciones sociales, a pesar de subir los impuestos, de recortar salarios y de no generar empleo público. Quién es tan ingenuo de esperar aún que vayan a hacer algo de provecho con aquellos a los que no pueden sacar el jugo porque lo han perdido todo.

Todavía hay quien alerta del riesgo de acoger a tantos ‘diferentes’ porque podríamos perder nuestra identidad. No quiero esa identidad que se construye a base de dejar en las cunetas y en las orillas de los mares a tantos muertos. No quiero pertenecer a un continente que ha organizado dos Guerras mundiales y fomentado muchas regionales. No quiero ser de esa masa de pueblos a la que no le importan sus semejantes, porque advierte con mayor facilidad las diferencias. Me avergüenza pertenecer a este lado del mundo acomodado en su falsa seguridad, que se cimenta en pirámides de cadáveres y que niega a los sobrevivientes la más pequeña oportunidad de vivir con dignidad.

En nuestras pequeñas vidas, demostramos nuestra categoría humana en los momentos de dificultad, enfermedad, riesgo o tristeza. Ahí es donde se pone de manifiesto nuestro temple. Como sociedad la cosa es semejante; gestionar una crisis de la envergadura de la presente pone a prueba nuestra capacidad de ser verdaderamente humanos. Si de veras somos seres con inteligencia y corazón, debemos encontrar el modo de resolver este reto y lograr el equilibrio entre la justicia y la misericordia. Las personas primero y, después, nos ocuparemos de las piedras.