Archivo por días: 7 octubre, 2015

¡Qué cosas!

Una fotografía en un diario nos muestra a tres caballeros -todos ellos con cargos importantes- levantándose de una mesa. Los tres, como en un friso egipcio antiguo, están de perfil. Los tres, por tanto, se dan la espalda. Los tres se muestran satisfechos del papel que acaban de desempeñar, llevándose la contraria. Los tres, posiblemente, tienen razón, porque la verdad absoluta no es patrimonio de nadie. Los tres, no obstante, pretenden estar en posesión de ella. Pero hay un gesto mínimo que los delata e iguala. Los tres se llevan la mano, la misma mano, al botón de la americana y se la abrochan. Con ese gesto, el friso de imágenes idénticas queda completo. No importa que cada cual tenga el pelo de forma diferente o tenga una nariz distinta. Ya se sabe que no hay dos narices exactamente iguales.

Una vez publicada esa imagen en los diarios -un gran acierto del fotógrafo- se habrán parado a mirarla. Se habrán dado cuenta de ese gesto que les anula las diferencias y los pone a la misma  altura o seguirán poseídos de su razón suprema y ni siquiera habrán advertido que no es tanto lo que los separa.

A veces un mínimo gesto nos delata y nos pone en nuestro lugar. Ese botón imperceptible tiene la clave.