Archivo por días: 26 noviembre, 2015

Hay días

Hay días en que leer el periódico me produce un tedio soporífero, pero otros, según voy pasando las páginas, me veo atacada por un vértigo que me impide saber a dónde debo acudir.

He tenido uno de esos últimos días. Primera página: Turquía derriba un avión militar ruso porque ha invadido su espacio aéreo. Me quedo perpleja. Me pregunto: ¿Cómo es posible que ahora que quizá hubiera un cierto camino para salir de esa política obsoleta de ‘guerra fría’, sólo caliente para algunos (los muertos de allá y los de acá) se cometa un acto como este que sin duda va a agriar el talante del Sr. Putin, quien ya de por sí parece tener bastante mal genio? O bien ¿Cómo es posible que los aviones rusos se permitan un tal desatino, si no es que tienen órdenes de hacer tonterías que agraven más la situación? No tengo respuestas y la sensación de vértigo comienza a aparecer.

Doy vuelta a la página y un sesudo analista internacional hace una perfecta descripción de los desatinos políticos que se han cometido en Oriente Medio en los últimos cien años. No cabe duda de que el hombre está bien informado y relaciona unas cosas con otras con habilidad. Cuando estoy a punto de darle la razón, se le cuela un adverbio: inadvertidamente, y me quedo totalmente patidifusa; es decir se me acelera la sensación de vértigo.

Vamos a ver ¿cómo se puede invadir, trocear, repartir un territorio ‘inadvertidamente’? ¿Cómo se puede nombrar gobiernos afines a los intereses de terceras naciones ‘inadvertidamente’? ¿Cómo se puede volver a invadir, trocear, repartir territorios, y además deponer gobiernos, instaurar otros y finalmente dejarlos a la deriva ‘inadvertidamente’? ¿Cuántos más muertos han de producirse ‘inadvertidamente’ para que finalmente las cosas se hagan con conciencia de lo que se está haciendo?

Sin duda al tal analista brillante se le ha colado un lapsus freudiano por el que su subconsciente imperialista, xenófobo  y algunas cosas más sale a relucir. Pero, claro, ya sabemos que del subconsciente, como su propio nombre indica, no somos responsables, porque sale de algo que está por debajo de la conciencia, es decir es algo que sale de la boca o de la pluma ‘inadvertidamente’. No me entretendré en contar que sus conclusiones son ‘que se apañen como puedan esos árabes’.

Con grandes dudas y ya verdaderamente sintiendo la náusea del vértigo en la boca de mi estómago, me acerco a las páginas de nacional y, tras recorrer las múltiples sandeces que nos depara cada día la llamada política de aquí, me encuentro con otro sesudo informe acerca del profesorado en España. Resulta que todos los males de la educación tienen sus raíces en que a diferencia de otros países de nuestro entorno, aquí no se evalúa periódicamente al profesorado.

Bueno. Es cierto que a los diversos niveles de la educación pública se accede por oposición y, una vez obtenida la plaza, ya no tiene uno que examinarse públicamente. ¿Cómo acceden los profesores a la enseñanza privada y cuántos exámenes se les hacen a lo largo de su carrera docente? Creo que tampoco se les hace mucho control y, desde luego, su acceso no es por oposición, sino más bien se trata de una evaluación subjetiva a partir del curriculum correspondiente y de una entrevista, a veces. Pero un negocio es un negocio y cada cual lo lleva como mejor le parece, siempre que no se salte la legalidad. Peor para aquellos que requieran sus servicios sin las debidas garantías.

Ahora bien, ese exhaustivo informe no parece tomar en cuenta que, al menos en la Universidad, que es lo que yo conozco, existen numerosas pruebas de rendimiento del profesorado que obligan a este a hacer una verdadera labor detectivesca para refrendar sus conocimientos y la importancia de su investigación, sin que ello derive en una verdadera carrera docente. Si hay algún defecto en el sistema es que las comisiones encargadas de evaluar esos curricula y estimar si procede conceder un nivel u otro, cuyo efecto la mejor de las veces es económico, no siempre actúan de manera objetiva, respondiendo simplemente a la aplicación de un baremo prestablecido, que se dejan llevar por diferencias de escuela y por otras cuestiones que también se les cuelan ‘inadvertidamente’, como por ejemplo filias y fobias diversas.

Es cierto también que hay muchos profesores que una vez obtenida la plaza quedan exhaustos y ya no sienten la menor tentación ni de seguir formándose, ni de siquiera dar sus clases como deberían. El sistema los quema en una primera exigencia fortísima y eso acaba con sus ganas de por vida. Sobre todo si cuando consiguen la plaza ya han cumplido los cincuenta años.

Quizá el mejor ejemplo esté en la enseñanza secundaria. Aprobadas unas oposiciones, sin plaza que es lo más frecuente, dada la escasez de plazas que salen a convocatoria, el profesor pasa a ser un interino de una vacante o es llamado a hacer suplencias hoy aquí y mañana alli. Con este sistema va acumulando puntos, con lo que, si sobrevive una media de seis u ocho años, finalmente sacará la plaza, no tanto por aprobar propiamente la oposición, sino porque habrá acumulado una serie de puntos que le permitirán pasar por delante de otros colegas que a lo mejor han aprobado y con una nota digna, pero que carecen de esos puntos de resistencia. Cansado de la tensión que produce tanto examen, además del coste porque hay que prepararse los temas siempre cambiantes (en academias)  y pagar tasas de examen, amén de fotocopìas y encuadernaciones, de los años de vagar por institutos haciendo labores parciales, sin ver nunca los resultados de su esfuerzo en el aprendizaje del alumno, de pasar muchas horas en transporte público o al volante, cuando al fin consigue la plaza, lo normal es que no le queden ganas de hacer más esfuerzo que el imprescindible para cumplir con el horario.

Mi pregunta es ¿en los llamados países de nuestro entorno el sistema es el mismo?  Porque si además de todos estos desatinos hay que examinarse periódicamente, difícilmente vamos a encontrar quien quiera dedicarse a la enseñanza.

En fin, hastiada de tanto vértigo, me refugio en las necrológicas donde al menos se demuestra que algunas personas han vivido una vida en la que han hecho algo de provecho, a pesar de la política nacional, de la internacional y de lo que llegaran a enseñarles sus maestros, porque hay días…