Archivo por días: 7 diciembre, 2015

Un paseo

Paseaba yo el otro día por Madrid y me sorprendió encontrarme con rostros que me resultaban conocidos. Cuando estaba a punto de saludar al portador de uno de aquellos rostros percibí dos cosas: La primera que aquella persona dejaba resbalar su mirada por mi cara y no mostraba ningún signo de reconocerme; la segunda, que la persona a la que yo miraba como conocida estaba desde hacía años difunta.

El fenómeno se repitió varias veces, de manera que lo comenté con mi acompañante y, además, me quedé cavilando acerca de cuál podría ser su significado. Primero pensé: A lo mejor me he muerto y por eso sólo me cruzo con difuntos. Luego caí en la cuenta de que ellos no me reconocían y eso me confortó: Ellos están muertos y yo no, por eso no me reconocen.

Finalmente, ante la falta de reacción de mi acompañante que dejó caer mi comentario sin emitir ninguna valoración, concluí que los muertos que conozco son más que los vivos y por eso me los encuentro. Ellos, cuando me muera, me reconocerán finalmente.

La Gramática

Como muchos saben, desde que don Antonio de Nebrija hizo una gramática del español mucho ha cambiado el aprendizaje de la lengua española.

Después de todo, una gramática es nada más y nada menos que una convención que permite ordenar algo que se produce de manera espontánea; el lenguaje. El lenguaje, como todo lo que el hombre produce, es algo cambiante y, por ello, si la gramática quiere alcanzar sus objetivos, no tiene más remedio que readaptarse, sancionar usos nuevos, rechazar otros por añejos o poco comprensibles, etc., etc.

La gramática es una ciencia muy importante y las gramáticas libros de gran interés. Es cierto que los hablantes aprenden por lo que oyen y no por memorizar un ordenado texto que habla del lenguaje. Pero cuando uno siente la necesidad de decir algo, pretende que se le entienda y por eso es bueno tener un ordenamiento del lenguaje, que puede sacarnos de dudas y ayudarnos a componer con claridad nuestros mensajes. Así que uno recurre a la gramática, o a sus auxiliares los diccionarios, cuando tiene dudas acerca de las tildes, de la ortografía, de la puntuación, de los significados o del orden aconsejable para la mejor comprensión de una sentencia.

Otra de las características del ser humano es que, además del lenguaje, tiende a vivir en sociedad. A vivir en compañía se aprende por estar haciéndolo desde que nacemos; vivimos con nuestros padres y hermanos, con tíos y primos, con los compañeros de escuela, con los vecinos, con los del trabajo. Sin embargo, es bueno tener una norma que nos indique hasta dónde llega nuestro espacio y cuál es el espacio de los demás. No me refiero a las reglas de urbanidad esas tan olvidadas y tan necesarias, sino a algo más amplio y más básico; la Constitución y las leyes en general.

Saber vivir en compañía, sabemos vivir, porque hemos visto como lo hacen otros. Pero el mundo está lleno de malos ejemplos, de manera que es bueno tener una norma que marque un sendero tal como hace la gramática con el lenguaje. Concretamente, lo que llamamos la Ley de Leyes, la Constitución, es un texto importante porque, al igual que la gramática, no hace sino recoger lo que pensamos y hacemos y poner orden, señalando lo que de manera muy general es mejor para vivir en sociedad.

Sin embargo y al igual que la gramática, no es una Ley inamovible, porque también es una convención destinada a poner algo de orden. De manera que si los usos cambian, si las necesidades se transforman, hay que ir adecuando esa Ley de Leyes a las realidades que se presentan.

No sé por qué hay tantas personas que se resisten a un cambio en la Constitución. Si echamos la vista atrás en nuestras propias y menudas vidas, vemos que las cosas han cambiado mucho desde hace treinta años. Sobre todo, los que ya hemos cumplido sesenta años o más observamos las diferencias y a veces con añoranza miramos al pasado; un pasado que quizá comprendíamos mejor que este presente y sentimos un cierto vértigo por el futuro, no tanto por el nuestro, que será más bien corto, sino por el de nuestros hijos y nietos. Nos gustaría saber que así como nosotros hemos consultado, en las dudas, nuestra constitución, ellos podrán mirar en ella el camino para seguir en convivencia, pero esa constitución tendrá que haber andado el camino de la adecuación, porque si no, no les servirá de nada.

La gramática del señor Nebrija, tal como él la compuso, difícilmente nos sería comprensible hoy. Así la constitución no será un texto de recurso cuando ya no sea comprensible para quienes la hayan de usar

No nos hemos resistido más que de boquilla a transformar la Constitución en aspectos económicos impuestos desde fuera, ¿por qué esa resistencia a adecuarla a nuestra realidad presente y a la futura inmediata por nuestra propia voluntad y conveniencia? Me temo que es porque nos aferramos a esas dos frases tan poco productivas como: ‘Esto se ha hecho siempre así’ o ‘ Esto no se ha hecho nunca antes’. ¿Es esa nuestra ideología de base? La mía no.