Archivo por meses: mayo 2016

Por la liga

Cualquiera que vea ese título pensará: Esta chica está fuera de onda. La liga la ganó el Barça y lo que pase en segunda a pocos les interesa.

Pero no, a pesar de que con lo de la Champions los telediaros abren con el asunto, en el mundo pasan más cosas o al menos eso creía yo.

Como se supone que pasan más cosas e importantes, aquí voy a divagar acerca de las ligas; es decir, esos artilugios de goma que hace más de un siglo las personas usaban para sujetarse las medias al muslo.

Resulta que ahora, en una boda, la novia debe llevar una liga, quién sabe por qué, pues las medias se sujetan a la cintura. De igual modo, ahora, en las bodas debe haber damas de honor; unas chicas de diversos tamaños, amigas a poder ser de la novia, que se visten igualitas, con lo que la cosa es bastante difícil y los resultados más bien desiguales, pero con ello -supongo- demuestran su amistad inquebrantable con la novia, pues no sé de qué otro modo se pueda justificar la cosa, si no es por la locura del cariño.

Pues bien, hablando de ‘estas’ ligas, me encuentro en un suplemento de un conocido periódico que uno de los regalos más deseados son las ligas que fabrica artesanalmente una creativa británica, que se comercializan a una media de 80€, y que constituyen  el detalle ‘vintage’ (lo que en otro momento llamaríamos demodé o pasado de moda) que toda novia desea. Siento la pequeña punzada en el estómago que me da cuando creo que alguien me toma el pelo.

Como la mente vagabundea por caminos insospechados, a poco que se la deje, pero manteniendo un cierto hilo conductor – yo siempre he sido muy cartesiana-, paso de las ligas y las damas de honor (una cosa llevaba a la otra) y me encuentro pensando en lo que se llama BBC, que no es una cadena británica de entretenimiento, sino más bien las siglas de algo que en este momento, por lo de la primavera, está muy presente: Bodas, Bautizos y Comuniones. Y como íbamos de trapos, modas y demás, me encuentro con la oferta del look (es decir, el aspecto) que se recomienda para asistir a cualquiera de estas ceremonias.

Bien; a los caballeros traje oscuro, camisa y corbata (una novedad) en los que sólo cambia el ancho del pantalón y de la corbata, de las solapas y de las alas del cuello de la camisa. Es decir los señores han de vestir como siempre, pero no con prendas vintage, porque si se lleva la pata ancha y la llevan estrecha, van dando el cante y viceversa.

Como vivimos en una época contradictoria, a las señoras se les recomienda llevar un vestido ‘midi’, lo que significa a media pierna que, si se observa lo que hay en los escaparates, no corresponde a ninguna tendencia actual y se argumenta que, de ese modo, se va perfectamente a cualquier evento sea de mañana, de tarde o de noche.

Vamos a ver. ¿Por qué los hombres han de ir vestidos como desde que los románticos dejaron las calzas cortas atrás, con la sola variación de anchos y las señoras han de olvidar que hay un modo de vestir de mañana, de tarde y de noche? Las faldas hasta el suelo son sólo para la noche, las cortas de mañana o de tarde, dependiendo del evento. Lo correcto para un acto religioso de mañana (comunión o bautizo) es ponerse un trajecito de chaqueta o un abriguito primaveral. Si la boda es de tarde/noche se puede ir de largo, pero los escotes delanteros o las espaldas al aire es conveniente taparlos en un templo mediante un chal, una capa o incluso un abrigo, por aquello de respeto al recinto sagrado. Aunque en mi opinión este mismo decoro hay que mantenerlo si se trata de una ceremonia civil o lúdica (los Oscars por ejemplo) en donde resulta más bien patético observar la piel de gallina y la sonrisa congelada de las desfilantes por la alfombra. Toda la vida se ha llevado un abrigo o una capa sobre un traje de noche, para no quedarte tiesa, y sólo se han mostrado los escotes en un salón bien caldeado para no coger una neumonía. Claro que ahora que pienso, tal vez sea porque antes de los antibióticos, eran mortales. Ya digo que la mente vagabundea.

Volviendo al asunto. ¿En virtud de qué razón de peso las mujeres han de vestirse de manera inapropiada o se les invita a ello? Esas jóvenes y no tan jóvenes que para ir a un bautizo se ponen un traje largo, palabra de honor o sólo sujeto por unos cordoncillos a la espalda, van en realidad vestidas para un cotillón de fin de año. Pero, si además hacen caso de las recomendaciones, dónde van a encontrar un vestido ‘midi’, cuando ya ni en las tiendas de segunda mano los tienen.

Para cerrar este inconexo discurso apuntaré que temas tan interesantes como estos ocupan un buen número de páginas de un papel muy caro, cuajado además de fotografías de gran formato a todo color. Frente a las noticias de portada del periódico que porta este suplemento, la cosa parece un chiste de muy mal gusto. Pero quizá sea que soy muy susceptible y que tengo una mente errabunda.

Las frustraciones de Narciso

Todos poseemos un cierto fondo narcisista por el que adoramos nuestra propia imagen. Por otra parte, nos recomiendan, para mantener alta la autoestima, que amemos nuestro cuerpo y nos sintamos a gusto con nuestro rostro, nuestro cabello y nuestra piel. Al mirarnos en el espejo, -nadie se mira ya en las aguas cristalinas de un río porque suelen estar contaminadas- vamos haciéndonos con la imagen propia y, ante la superficie azogada, componemos nuestra mejor expresión para ahorrarnos disgustos.

En la era de la imagen que vale más que mil palabras, sin embargo, lo que nos suele devolver nuestra propia imagen es la fotografía o el video casero y allí comienzan las frustraciones del Narciso que llevamos dentro. Esas instantáneas fijas o en movimiento nos ponen frente a una realidad que se parece poco a lo que tenemos en la cabeza como imagen propia. Más aún si no somos fotogénicos, lo que es bastante frecuente.

Algunos optamos por fotografiarnos de espaldas, otros por huir de las fotografías, los más las recortamos o las sumergimos en el fondo de un cajón o simplemente le damos ‘clic’ a  la opción ‘eliminar’.

No obstante hay momentos en los que no queda otra que enfrentarnos a la foto y que salga lo que Dios quiera. Esto me ha sucedido recientemente. Me he visto obligada en razón de la publicación de un libro mío a figurar en la solapilla; en los actos de presentación del mismo, no ha habido más remedio que dejar constancia gráfica; ha habido que publicitar la tal edición mediante la imagen de la autora; osea, la mía. Esto me ha puesto frente a la necesidad de aceptar la realidad de que la imagen que queda no es la que más me gusta de mí, que, efectivamente, no se parece en nada a la que yo creo tener, pero que sin duda alguna es la que los demás ven y eso de veras que crea un gran conflicto interno y Narciso se resiente.

Uno exclama por lo bajito ¡Dios mío! ¿esa es mi cara? ¿Yo soy así? ¡Qué horror!

De todos modos a veces las grandes tragedias se solventan gracias a la pericia de un profesional y no me refiero a la aplicación del fotoshop, sino a la presencia en la sala de un buen fotógrafo. Es el caso de mi amigo Juan Antonio Robles, titular del estudio fotográfico Imaginarte, que tiene su sede en la c/ Condestable López Dávalos, nº 15, del barrio de Vistalegre.

Todos aquellos que sientan como yo que su Narciso interior corre el riesgo de morir de angustia y frustración, que se encomienden a él, y para que no se diga que me lo invento, voy a hacer un ejercicio supremo de narcisismo colocando a continuación una serie de fotografías hechas por Juan Antonio.

Gracias amigo por salvarme el yo interior.

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Incluso con ese gesto de trompetilla de la boca mi narciso interior no se siente incómodo.

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Parece que soy especialista en hacer gestos extraños con la boca, pero no está mal la foto. Mi autoestima incólume.

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Las posturas de los pies suelen ser terribles y a pesar de ello, la cosa no queda mal.

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Juan Antonio lo intentó múltiples veces, pero en ninguna de ellas se puede decir que mi imagen fuera mala.

Por fin quedamos de acuerdo en que la siguiente es la que debía figurar en el libro

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Después de este ejercicio de egolatría, mi autoestima está por las nubes.  Gracias Juan Antonio.

 

De la Ceiba y el Quetzal en Cajamar

El pasado día 17 de mayo tuvo lugar la presentación del libro de relatos ambientados en Centroamérica en la sede de Cajamar en la Plaza de Romea.

En ese magnífico marco, brillaron las palabras del editor Francisco Marín, de la presentadora, Carmen Díaz Bautista y las más modestas e improvisadas de la autora, pero que sacaron una sonrisa al público asistente.

Tras las palabras, muy atinadas y justas,  de la representante de la institución que acogía el acto, se sucedieron las intervenciones y se cerró el acto con la consabida firma de ejemplares.

Por las noticias que nos han llegado parece que los asistentes disfrutaron del evento y esperamos que disfruten también de la lectura de esos pequeños cuentos.

Los beneficios de la publicación se destinan a los proyectos de la Asociación Tacaná, que, como saben los lectores de estas páginas, se dedican de forma particular a la formación profesional de jóvenes en situaciones de riesgo social.

El próximo día 30 de mayo a las 19,30 h tendrá lugar en Expo Libro, Librería de Diego Marin, una nueva presentación y firma de ejemplares. Os invitamos desde aquí a colaborar de este modo con la Asociación en beneficio de muchachas y muchachos que necesitan nuestro apoyo en tierras de Guatemala, Nicaragua, Panamá y Costa Rica. Si le dais difusión estaréis contribuyendo también a una buena labor.

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Inicio del acto

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Domingo 22 de mayo, solemne cabildo general de la Cofradía de la Virgen de la Arrixaca

La antigua patrona del Reino de Murcia, Ntra. Señora de la Arrixaca, como es sabido tiene una capilla privativa en la Iglesia de San Andrés en Murcia. El pasado domingo 22 de mayo tuvo lugar allí un solemne cabildo general en el que se impuso la medalla de cofrade a las damas y caballeros de nueva incorporación, a algunos presbíteros que han venido apoyando las actividades de la Cofradía, se nombró cofrade de honor al Hospital Virgen de la Arrixaca y se hizo un homenaje a dos sacerdotes que siempre han apoyado a la Cofradía y estimulado la devoción a esta advocación de la Virgen. Así mismo el Sr. Alcalde de Murcia pronunció un breve y conmovedor discurso, al tiempo que entregaba la bandera de la ciudad que junto a otras enseñas de diversos municipios se colgará en la capilla, donde ya figuran algunas.

Fue un acto solemne y emotivo en el que se recordó a los difuntos que han prestado su impulso a la Cofradía y a esta devoción, se cantó un motete de difuntos y se organizó una procesión dentro del templo. La ceremonia concluyó con una celebración eucarística.webcapillaprivativa

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Discurso del consiliario de la Cofradía y párroco de San Andrés.

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La imagen original de la Virgen de la Arrixaca en su sede permanente

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Los nuevos cofrades

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El Hospital de la Arrixaca, cofrade de honor

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Palabras del Sr. Alcalde y entrega de la bandera

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Homenaje a dos sacerdotes

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Un envío. Desde Cieza a Totogalpa

Desde la Parroquia de la Asunción (Basílica) de Cieza se ha enviado a Don Pedro a misión en Totogalpa (Nicaragua).

Este pequeño y hermoso pueblo del Departamento de Madriz en el norte de Nicaragua, frontera con Honduras, es bien conocido de los voluntarios de la Asociación Tacaná, quienes, con la colaboración de las hermanas Terciarias Capuchinas que dirigen la parroquia de María Magdalena, pensaron que sería bueno que un presbítero de aquí fuera para allá a hacer labores pastorales y sacramentales. La generosa parroquia de Cieza y uno de sus vicarios, Don Pedro, así como el párroco, D. José Antonio, se embarcaron en la aventura, cosa que desde la Asociación les agradecemos mucho.

Ayer tarde,  24 de mayo, tuvo lugar el solemne envío de este misionero, que partirá hacia Nicaragua el lunes próximo. De este modo se hace realidad la universalidad de la comunidad eclesial. La fraternidad entre los seguidores de Cristo se demuestra en este tipo de acciones. Allí no se trata de convertir a nadie, sino de mostrar la solidaridad con unas comunidades que tienen una fe viva, pero que se hallan dispersas por una gran extensión de terreno al que difícilmente puede llegar un sacerdote que, además, atiende a otras parroquias.

En el año de la Misericordia, un gesto como este cobra pleno sentido pues se pone en práctica la preocupación por los hermanos y sus necesidades espirituales, que son tan importantes como las del cuerpo.

En aquel hermoso pueblo, el joven D. Pedro hará seguro una gran labor y se sentirá como en casa, arropado por las buenas personas que viven en el lugar y que pronto se convertirán en sus amigos.

Esperamos que a su regreso nos cuente su experiencia.

Además de enviar a este presbítero, hubo una presentación breve del lugar para que los amigos de Cieza conocieran a dónde va su coadjutor y de la labor de la Asociación Tacaná que tuvo muy buena acogida. Esperamos que en el futuro se puedan estrechar más lazos de colaboración.

La Basílica de la Asunción es preciosa, está en la Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento en un enclave verdaderamente hermoso de la bella ciudad de Cieza. Esto es para información de los que no conozcan el lugar y para animarles a que lo visiten. Las imágenes que siguen dan indicio de que fue una ceremonia solemne y una charla más informal, pero seguida con atención por los asistentes.

Gracias desde la Asociación Tacaná a la comunidad de la Asunción.

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Lateral de la Basílica
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Portada con la magnífica torre neomudéjar
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El Ayuntamiento
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El altar mayor

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Dos momentos del solemne envío

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Luis habla de Totogalpa y de Tacaná a los asistentes
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El enviado se dirige a los asistentes

A peor vamos

Leo en la prensa que el señor Rosell, presidente de los empresarios españoles, ha afirmado, con la convicción que le caracteriza, que ‘pretender un empleo estable de por vida es del siglo XIX’ y aunque una afirmación como esta no necesita aclaraciones, provoca, no obstante, algunas reflexiones.

No tengo ni idea de qué es lo que ha estudiado este señor ni propiamente a qué se dedica -supongo que tiene una empresa de algo, pero también el presidente de Marsans la tenía- pero doy por sentado que debe ser una persona culta y con preparación. Sin embargo, sospecho que ha olvidado aquello que se estudiaba en bachillerato, en la secundaria o en cómo se llamara cuando él lo cursó, de la Revolución industrial acaecida precisamente en el siglo XIX y por más señas iniciada en Inglaterra, luego exportada a Cataluña, de donde creo que procede el tal jefe de empresarios, y a otros lugares de este país.

La tal revolución industrial, a partir del uso de la máquina de vapor y los telares mecánicos, contribuyó a la prosperidad del Reino Unido y fue el lugar en que se emplearon muchas de las fortunas aristocráticas y otras menos, conseguidas con el botín de guerra en las Guerras napoleónicas. Si no quiere leer un libro de historia, que lea a Jane Austen en ‘Persuasión’. Los terratenientes catalanes pasaron de la agricultura y las grandes fincas, conseguidas por medio del sistema de mayorazgos y de matrimonios de conveniencia (el hereu y la pubilla) a invertir en esos artilugios y en el ferrocarril, aumentando así sus fortunas y consiguiendo crear una nueva clase social; la burguesía, de la que probablemente procede el señor Rosell, de cuya ascendencia y vida no sé nada ni me importa. (Como eso lo debe conocer de primera mano, no le digo que lea ‘El viudo Rius’.)

Todo este movimiento del siglo XIX dio lugar a una clase obrera, desplazada de un campo que no daba mucho para vivir, si no se era propietario de la tierra, a las ciudades y que contribuyó con su trabajo ‘de por vida’ a la prosperidad de los nuevos amos, que venían a ser los mismos, solo que reciclados en industriales.

Cuando esa mano de obra se dio cuenta de lo insalubre de sus trabajos, de los horarios sin límites y de la explotación a la que estaban sometidos, iniciaron sus huelgas, piquetes y sindicatos para defender una vida de trabajo duro, pero más digno. Me temo que el señor Rosell, además de olvidar lo que aprendió en la escuela, no ha leído jamás a Elizabeth Gaskell, la autora británica del siglo XIX de la grandiosa novela ‘Norte y Sur’, y debería. Porque en ella, con la excusa de  una historia de amor encantadora,  se cuenta la realidad de las fábricas de tejidos de algodón en una ciudad ficticia pero que es un trasunto de Manchester. Se cuenta también la lucha obrera y la honradez de algunos empresarios, frente al afán de lucro desmedido de otros que optan por la especulación.

Claro, cuando se ha olvidado la historia, de dónde venimos y que la falta de vergüenza hace mucho que se inventó, cuando además se lee poco, se dicen patochadas de ese calibre, despreciando los esfuerzos de muchas personas que se dejaron la vida por conseguir para ellos mismos, sus compañeros y descendientes, un trabajo justo, estable, remunerado equitativamente y que permitiera una vida digna, y se pone de ejemplo obsoleto un gran siglo que sentó las bases del sistema laboral que ha estado vigente durante todo el siglo XX, alcanzando, hasta este primer cuarto del siglo XXI, cotas de justicia y equidad no igualadas antes y que, en este momento, están a punto de ser dinamitadas por personas incultas como este señor.

Citando otra cuestión, también datada en el siglo XIX, le recomiendo al señor Rosell que haga un hueco entre sus múltiples compromisos y vea una película denominada ‘El caso Winslow’ en donde un personaje dice: No se trata de hacer justicia, sino ‘lo justo’. Es decir, hacer a los demás lo que es justo.

Cuando se escribe un libro

Los pasados días 11 y 12 de mayo tuve ocasión de presentar mi libro de relatos de Centroamérica en dos sedes muy diferentes y con presentadores también diferentes, pero todos unidos por un  par de rasgos comunes; la amistad y su buen conocimiento de la literatura y sus entresijos.

La recepción que hicieron de mis relatos es verdaderamente enriquecedora. Cuando se escribe un libro de creación, si no se es -como es mi caso- una autora consagrada, se enfrenta uno a una serie de incertidumbres que, finalmente, lo pueden llevar a meter el manuscrito en un cajón y no mostrárselo a nadie. Pero el atrevimiento es mayúsculo si uno decide intentar publicarlo. Si el editor se muestra favorable, se tiene a veces la sensación de estar engañando al pobre incauto que se ha prestado a ello. Si el interés por publicar el libro tiene detrás una intención solidaria, entonces cabe la sospecha de que el editor se deja por aquello de hacer una buena obra. Sin embargo, en el momento en que el texto empieza a tener lectores profanos en materia literaria y que dicen que está muy bien, que es entretenido y curioso, que les ha emocionado aquí o allá, en ese momento uno empieza a sospechar que ni el editor es un ingenuo ni solamente una persona solidaria. Si además, cuando llega el momento, varios especialistas, aunque amigos, se prestan a acompañarte en la aventura, poniendo su nombre junto al tuyo y lo analizan con esmero y sacan a relucir sus claves y le encuentran sus gracias al texto, uno empieza a notar que se le escapan suspiros porque, hasta ese instante, había estado conteniendo la respiración.

Como uno ha lidiado ya en muchas plazas, sabe cuándo el aplauso es desmayado y cuándo cordial, cuándo procede de las palmas de adheridos totalmente acríticos o es espontáneo y sincero. Tengo que decir que me he llevado la alegría de que, sin exagerar, el texto les ha gustado, lo han seguido con interés, lo han escudriñado y examinado como si fuera el de alguien que merece figurar en las historias de la literatura. No han hecho un elogio del tono ‘porque esta chica me cae bien’ y eso es muy de agradecer porque te da la medida de lo que has hecho.

Es muy difícil que uno sea objetivo con su propio trabajo. Es cierto que yo misma me he dedicado al análisis literario durante años y además soy lectora incansable, ello da un cierto poso para saber cuando una cosa es medio buena, buena o muy mala o pésima. Tengo que decir que cuando remataba cada historia, si era de las que hacen reír, me reía y si de las que hacen llorar, se me saltaban las lágrimas. Este puede ser un buen barómetro para detectar si algo es bueno o malo en literatura. Si te engancha y te provoca emociones, si sientes que has aprendido algo o te ha hecho pensar, si te indigna o te sientes identificado, estás ante algo que merece la pena. Posiblemente no alcance el Premio Nobel, pero es digno y no una piltrafa. Eso me pasaba a mí al releer mis relatos. Cuando pasan unos meses, si además te provoca el asombro de pensar que tú has escrito aquello que casi te parece imposible que haya salido de tu mano y tu cabeza, quiere decir que la cosa no está tan mal.

Pues bien, eso me ha sucedido con este libro de relatos De la ceiba y el quetzal, en esos trece cuentos están muchas de mis experiencias directas o recibidas en las estancias en Centroamérica; los personajes se parecen mucho a algunas personas reales, aunque sus peripecias sean ficticias, pero son posibles. Allí son posibles. De manera que en un tono amable y empático, estos cuentos son un retrato de un mundo que transito cada año con dolor y admiración y con gran respeto.

Cuando se escribe un libro para hacerse famoso es posible que uno intente rodearse de plumas ya famosas por si se le pega algo del lustre ajeno. Como no es el caso, lo que yo escogí, además de ser grandes especialistas, es a amigos de muchos años, compañeros de fatigas en muchos aspectos, personas que me conocen y que conocen a mi familia, en algunos casos. Podría haber invitado a estas presentaciones también a personas insignes, para hacerme la foto con ellas y robar un poco de su luz, pero invité a amigos fieles y cariñosos que acudieron y disfrutaron como yo de la sesión. Hubo algunas ausencias excusadas y excusables, pero hubo también ausencias inexcusadas que no por ser menos esperadas dejan de sorprender. Aquellos que no van porque no son capaces de un acto de generosidad, que queda compensado por la presencia de otros que siempre han sido generosos y siempre han estado disponibles, cuando a ellos sería más fácil excusarlos. En fin, a todos, mi cariño, mi agradecimiento y ya sé que van a estar siempre que cuente con ellos. A los que no, pues ellos se lo pierden.

La primera de las presentaciones fue en un lugar significativo para mí; allí me examiné de oposiciones, allí había defendido mi tesis y luego me convertí en miembro del tribunal de muchas otras, alli me acompañaron Carmen Díaz Bautista y Javier del Prado, así como el editor Francisco Marín. Cuando tenga los textos de los dos los colgaré en esta página para que los disfrutéis.

En la segunda de las presentaciones, con la Salta Sta. Mónica de la Parroquia de los Agustinos de La Vaguada no tenía yo más vínculo que el presentador, José María Torrijos, testigo privilegiado del día de mi boda; es decir, el cura que me casó. Pero no estaba allí solo por eso, sino porque, como los dos anteriores amigos, es un buen escritor, un buen especialista en literatura y una persona de sensibilidad y gracia muy notables.

Han sido dos días de fiesta; acudieron muchos compañeros de la Facultad y una presencia especial, Pedro Martínez Montávez, mi maestro, otros amigos de los primeros días de la juventud y compañeros recién recuperados con los que compartí los años del Instituto de Enseñanza Media. A todos ellos mi agradecimiento por venir, por estar, por compartir y por leer el libro.Faculweb1

Interviene el editor (ed. Gollarín, Caravaca de la Cruz) Francisco Marín

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Interviene Carmen Díaz Bautista

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En la intervención de Javier

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Vista general de la Sala de Grados de la Facultad de Filología

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José María Torrijos y la autora.losdelPreu

Los chicos del Instituto

El lado justo

Desde hace algún tiempo vengo reflexionando sobre cómo tomamos posiciones en la vida. Desde ese lugar estratégico que hemos considerado el nuestro propio e indiscutible, observamos la realidad que nos circunda, la evaluamos y, sin dudarlo un instante, emitimos nuestros análisis y conclusiones acerca de ella.

Hace años que trabajo en acciones solidarias y ello podría haberme dado pie para colocarme en el lado justo. Es decir, eso podría haberme llevado a considerar que, efectivamente, soy una persona solidaria, comprometida con las necesidades de los marginados, sacrificada y generosa que es capaz de gastar su tiempo, dinero y esfuerzo en esas acciones de apoyo a aquellos que son, sin méritos especiales, ni defectos mayores, menos merecedores que yo en lo que llamamos suerte en la vida.

Sin embargo, precisamente porque me dedico a esas tareas, tengo ocasión de codearme con otras personas que son mucho más solidarias que yo. Pues si bien suelo entregar parte de mi tiempo, no lo entrego todo como ellas; si doy mi dinero, no lo entrego todo y si me esfuerzo, diversifico mi dedicación dejando algo de mi energía para otros menesteres. De manera que me encuentro en medio de personas que son mucho más sacrificadas de lo que yo lo seré nunca y, por ello, veo cuán relativo es mi esfuerzo, cuán relativa es mi solidaridad. Eso me impide considerar que estoy en el lado justo de la vida. Más bien me veo a mí misma con un pie apoyado en el territorio de la generosidad y otro puesto en el del egoísmo. Con un ojo que mira al marginado y con otro que mira a mis propios intereses. De manera que soy afortunada. Esta cuestión evita que emita juicios sobre lo que me rodea, cargada de razón acerca de la bondad o maldad del mundo y de sus causas.

No obstante, lo que más me anima a seguir en ese terreno ambiguo y junto a esa lábil frontera entre lo justo y lo injusto, lo desprendido y lo interesado, lo generoso y lo egoísta, es precisamente la existencia de personas que se consideran a sí mismas como formando parte integrante del mundo justo o incluso siendo la esencia o la materia de la que está hecho ese mundo justo. Esa realidad que viven de total entrega, de sacrificio en donde no se cuela ni un solo interés personal, ni un solo vicio egoísta, de renuncias sin término y de virtud acendrada constituye un riesgo mayúsculo del que no son conscientes.

Porque en el total convencimiento de su perfección y virtud, de que en sus vidas no alienta ni el más mínimo deseo egoísta, es precisamente donde está perdido irremediablemente el sentido crítico sobre las propias posiciones y acciones y eso las torna personas cargadas de prejuicios que, carentes de toda misericordia e incapaces de detenerse en los matices, solo contemplan las circunstancias que las rodean desde su atalaya de perfección y en consecuencia observan con inmensa claridad, por contraste, la magnífica fealdad y maldad del mundo.

Solo somos capaces de ser tiernos, misericordiosos, solidarios, justos, delicados con los demás, si hemos sentido alguna vez una necesidad o una carencia y alguien nos ha brindado si no la solución, al menos su comprensión. En definitiva, si siendo como somos imperfectos, hemos sentido que alguien nos amaba a pesar de todos nuestros defectos. Esa es la única forma de acercarse a otros que no son tan afortunados, porque si empezamos a pensar que a nosotros nos va bien porque estamos en el lado justo, no cabe duda de que a los que les va mal es porque están en el lado que no lo es, de manera que algo habrán hecho mal para haber ido a parar a ese lugar.

De todos modos, puesto que esas personas sacrificadas y solidarias dan su vida por los que no lo son tanto, no cabe duda de que están en el lado justo. Lo único malo es que no dejan lugar a la duda y por tanto el egoísmo se les cuela por las rendijas. No dejan lugar a sentir que no alcanzan la perfección y por eso mismo las imperfecciones los asaltan. Soy tan consciente de mis egoísmos y de mis imperfecciones que me es fácil reconocer en los demás las mismas debilidades de las que soy esclava. Cómo voy entonces a considerar que estoy en el lado justo, si como decía tengo un pie y casi los dos en el que no lo es.