Archivo por días: 10 mayo, 2016

El lado justo

Desde hace algún tiempo vengo reflexionando sobre cómo tomamos posiciones en la vida. Desde ese lugar estratégico que hemos considerado el nuestro propio e indiscutible, observamos la realidad que nos circunda, la evaluamos y, sin dudarlo un instante, emitimos nuestros análisis y conclusiones acerca de ella.

Hace años que trabajo en acciones solidarias y ello podría haberme dado pie para colocarme en el lado justo. Es decir, eso podría haberme llevado a considerar que, efectivamente, soy una persona solidaria, comprometida con las necesidades de los marginados, sacrificada y generosa que es capaz de gastar su tiempo, dinero y esfuerzo en esas acciones de apoyo a aquellos que son, sin méritos especiales, ni defectos mayores, menos merecedores que yo en lo que llamamos suerte en la vida.

Sin embargo, precisamente porque me dedico a esas tareas, tengo ocasión de codearme con otras personas que son mucho más solidarias que yo. Pues si bien suelo entregar parte de mi tiempo, no lo entrego todo como ellas; si doy mi dinero, no lo entrego todo y si me esfuerzo, diversifico mi dedicación dejando algo de mi energía para otros menesteres. De manera que me encuentro en medio de personas que son mucho más sacrificadas de lo que yo lo seré nunca y, por ello, veo cuán relativo es mi esfuerzo, cuán relativa es mi solidaridad. Eso me impide considerar que estoy en el lado justo de la vida. Más bien me veo a mí misma con un pie apoyado en el territorio de la generosidad y otro puesto en el del egoísmo. Con un ojo que mira al marginado y con otro que mira a mis propios intereses. De manera que soy afortunada. Esta cuestión evita que emita juicios sobre lo que me rodea, cargada de razón acerca de la bondad o maldad del mundo y de sus causas.

No obstante, lo que más me anima a seguir en ese terreno ambiguo y junto a esa lábil frontera entre lo justo y lo injusto, lo desprendido y lo interesado, lo generoso y lo egoísta, es precisamente la existencia de personas que se consideran a sí mismas como formando parte integrante del mundo justo o incluso siendo la esencia o la materia de la que está hecho ese mundo justo. Esa realidad que viven de total entrega, de sacrificio en donde no se cuela ni un solo interés personal, ni un solo vicio egoísta, de renuncias sin término y de virtud acendrada constituye un riesgo mayúsculo del que no son conscientes.

Porque en el total convencimiento de su perfección y virtud, de que en sus vidas no alienta ni el más mínimo deseo egoísta, es precisamente donde está perdido irremediablemente el sentido crítico sobre las propias posiciones y acciones y eso las torna personas cargadas de prejuicios que, carentes de toda misericordia e incapaces de detenerse en los matices, solo contemplan las circunstancias que las rodean desde su atalaya de perfección y en consecuencia observan con inmensa claridad, por contraste, la magnífica fealdad y maldad del mundo.

Solo somos capaces de ser tiernos, misericordiosos, solidarios, justos, delicados con los demás, si hemos sentido alguna vez una necesidad o una carencia y alguien nos ha brindado si no la solución, al menos su comprensión. En definitiva, si siendo como somos imperfectos, hemos sentido que alguien nos amaba a pesar de todos nuestros defectos. Esa es la única forma de acercarse a otros que no son tan afortunados, porque si empezamos a pensar que a nosotros nos va bien porque estamos en el lado justo, no cabe duda de que a los que les va mal es porque están en el lado que no lo es, de manera que algo habrán hecho mal para haber ido a parar a ese lugar.

De todos modos, puesto que esas personas sacrificadas y solidarias dan su vida por los que no lo son tanto, no cabe duda de que están en el lado justo. Lo único malo es que no dejan lugar a la duda y por tanto el egoísmo se les cuela por las rendijas. No dejan lugar a sentir que no alcanzan la perfección y por eso mismo las imperfecciones los asaltan. Soy tan consciente de mis egoísmos y de mis imperfecciones que me es fácil reconocer en los demás las mismas debilidades de las que soy esclava. Cómo voy entonces a considerar que estoy en el lado justo, si como decía tengo un pie y casi los dos en el que no lo es.