Archivo por meses: junio 2016

No es para tanto

Se consumó el Brexit. ¿A alguien le sorprende que haya ocurrido algo que parecía evidente? Nunca estuvieron del todo en la UE, así que posiblemente esto lo ponga en claro. También es posible que del United Kingdom queden dos o tres regiones inconexas, pues los irish se volverán con los irish y hasta la mona de Gibraltar se volverá la mona de La Línea.

Por otra parte, en dos años se formalizará el divorcio, con un nuevo primer ministro y de aquí a allá cualquier cosa es posible. No he visto nada más provisional que una decisión tan definitiva.

También cabe preguntarse qué pasa con el resto de los miembros. Quizá nosotros nos sentimos más europeos que los británicos, sabemos más de las instituciones europeas, nos sentimos hermanados con franceses y alemanes. Me temo que no sea así. Siempre hemos pensado que Napoleón puede volver…

Lo que sí es digno de reseñarse es que el primer ministro Cameron y eso que veranea en España haya dimitido. No se les pega nada. Ellos no se integran, no aprenden de los continentales. Siguen circulando por la izquierda cuando nosotros nos empeñamos en mantener la derecha. Posiblemente no sientan, como nosotros, que tengamos ningún vínculo ni ningún rasgo identitario en común.

En fin. Va a seguir siendo la lengua inglesa la lengua franca o quizá la deberíamos sustituir, como apunta una sabia amiga mía, por aquella lengua europea que tenga mayor número de hablantes.

Se verá. Continuará…

Lo que ven los demás

Me quejaba yo del protagonismo en unas letras anteriores y, puesto que ya está dicho, vayamos a mirar el asunto desde otra perspectiva; aquella de la recepción múltiple de un libro.

Recojo aquí lo que han dicho algunos de los presentadores de mi libro. Sin duda hay coincidencias, pero también diferencias; cada cual lo lee desde su posición y también desde su personal relación con el autor.

Una compañera, colega y amiga, con quien compartí los viejos tiempos de luchas por la democracia en la Universidad; un amigo de la familia que trató mucho a mis padres y a mí, ya que éramos de la misma generación; un muchacho joven que no me había visto jamás, no pueden decir las mismas cosas. Probablemente todos ellos tienen razón: es su lectura del texto. Probablemente ellos saben muchas cosas de mí, unos más que otros, pero ahí hay mucho más; cada cual podrá hacer una recepción diferente del texto, como la haría si me tratara personalmente. Pero el libro ahí queda, no puede cambiar. Es lo que es. Yo en cambio soy un objeto mutante.

Cada lector, además lo leerá hoy con unos ojos y mañana con otros porque, efectivamente, las personas somos todas objetos mutantes. ¡Pobre del que no lo sea!

Presentación de Carmen Díaz Bautista en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid

 

En primer lugar, quiero agradecer a la Drª Abumalham que me haya elegido como prologuista de su libro de cuentos, que hoy presentamos aquí, y como participante de esta mesa.

Es para mí un placer participar en este acto y en este lugar:  nuestra casa común durante tantos años. Ello me exime de presentar a la autora, cuya actividad docente e investigadora es bien conocida de todos ustedes.

Cuando la autora me ofreció colaborar en su libro como prologuista y presentadora, accedí inmediatamente por dos razones: una de ellas es, sin duda, la amistad de muchos años; otra puede ser de carácter genético y justificaré por qué con una breve historia familiar: Mi abuelo materno, Jerónimo Bautista, era bien conocido por sus conciudadanos a causa de su genio extremadamente vivo, era capaz de estallar por cualquier nimiedad y todos evitaban  irritarlo, especialmente si eran subordinados; sin embargo, todos se asombraban de la paciencia y la ternura que mostraba cuando alguien solicitaba su ayuda o lo importunaba algún menesteroso. Tal vez como buen conocedor de Cervantes aplicara la máxima cervantina que dice: “La misericordia brilla más que la justicia”. Pues bien, de mi abuelo no sé si he heredado el genio -al menos procuro controlarlo-, pero, como él, me siento proclive a la ayuda y participación en empresas que sean de alguna utilidad, por lo que cuando Montserrat me informó de la finalidad que perseguía con la publicación de sus cuentos, -que más adelante expondrá-sin saberlo ella, me había convencido irremisiblemente.

No me arrepentí de mi, tal vez, precipitada aceptación cuando leí el manuscrito y eso a pesar de que ya sabía yo que escribía bien, con gracia y buen estilo, pero lo cierto es que sus cuentos me hicieron pasar, como espero que les ocurra a ustedes, buenos y deliciosos ratos, pues a todos nos gusta, desde la infancia, escuchar y contar historias, ya que nos permite vivir y transitar por situaciones nuevas y diferentes sin peligro ni daño -como diría Aristóteles-.

Un acierto de la autora es -de entrada- haber elegido un género narrativo que tiene tanta fuerza y aceptación en nuestra época. Posiblemente, porque frente a toda la aceleración y tecnificación de nuestra vida adulta, seguimos escondiendo en nuestro interior aquel niño que fuimos y que continúa reclamando su cuento antes de que le llegue el sueño definitivo.

Son muchos los teóricos y escritores que han reparado en este auge de la narrativa y en especial del cuento y la novela corta, solo les citaré dos de ellos, ambos nacidos al otro lado del océano. El argentino Mempo Giardinelli dice:

“Considero siempre que el cuento es el género literario más moderno y el que mayor vitalidad posee, por la simple razón de que las personas jamás dejaron de contar lo que sucede, ni de interesarse por lo que les cuentan bien narrado.”

Y para Italo Calvino no es casualidad que nuestra época -lo decía en 1980-  sea la del cuento, la de la novela corta.

En el Siglo pasado la narrativa hispanoamericana vigorizó la novela y el cuento. Cómo no recordar, por ejemplo, que para Borges el cuento fue el puente que le ayudó a cruzar del ensayo a la prosa narrativa.

Los cuentos de Montserrat tienen su marco y desarrollo en el mundo hispanoamericano, en tierras de Guatemala la mayoría de las veces; es un mundo que conoce muy bien, especialmente las zonas rurales y los ambientes desfavorecidos, por eso, puede otorgarles a sus cuentos la atmósfera necesaria para que el lector perciba la emoción y conmoción que son esenciales en la literatura; pese a ser ésta una de las pocas cosas que ha publicado de creación es una verdadera escritora que cumple con los requisitos del género, pues en el cuento es esencial la intensidad y la unicidad temática, rasgo éste que lo diferencia de la novela. Esa unicidad temática actúa como fuerza centrípeta y que en el caso que nos ocupa se intensifica al responder todos los cuentos al mismo cronotopo, según la terminología de Bajtín, es decir todos responden a una misma época y se desarrollan en el espacio centroamericano.

Citaba Borges, en el prólogo a Los nombres de la muerte de María Esther Vázquez, a Edgar Allan Poe cuando sostenía que todo cuento debe escribirse para el último párrafo o para la última línea. Es decir, todo cuento debe centrarse en su final. Podrán aparecer pistas, pero lo importante es el final; acuérdense de este rasgo especialmente cuando lean el cuento titulado “Un error de cálculo”.

El tipo de cuento que figura en este libro es el cuento literario y realista, de hecho, algunos de ellos tienen su germen en acontecimientos reales que la autora ficciona y convierte en material literario y estético. Sus héroes lo son porque luchan contra la adversidad de las circunstancias, contra el clima, la enfermedad, la soledad, la pobreza y como ocurre en la vida unas veces triunfan y otras, no. Pero un rasgo característico de ellos es la asunción de los hechos, destaca una resignada aceptación de su realidad ausente de odio o resentimiento; no son héroes rebeldes, carecen de acritud y en ocasiones muestran una generosidad ejemplar tal y como se aprecia en el cuento titulado “ De El Salvador a Guatemala”. Pero también hay antihéroes expresos o tácitos como ocurre en el cuento de “la hielera” o en el de “La prueba” donde la aparente acción generosa es en realidad un caramelo envenenado para el protagonista.

Les decía antes que un acierto de Montserrat es la creación de una adecuada atmósfera que nos sumerge inmediatamente en la historia y ello, a mi juicio, se debe a su forma de describir paisajes, personajes y situaciones. Desde las primeras líneas del primer cuento “La hielera”, ya

nos introduce en su mundo:

“La tarde iba vencida y el sol se dejaba caer poco a poco por detrás de los volcanes, inundando con su luz dorada el valle de tierras oscuras. El camino serpenteaba ocre entre los campos aún baldíos o a medio sembrar. No había llovido.”

A mi juicio en tan breves líneas se condensan varios aciertos: el término vencida no solo indica el marco temporal del ocaso, sugiere un estado anímico que de algún modo expresa parte del debate interior del protagonista del cuento. (Naturalmente no desvelaré ningún secreto de la trama aquí y ahora; muy mala presentadora sería si les cuento lo que pasa por la cabeza de Secundino Aldama Marroquín). También ayudan las notas cromáticas: junto al camino ocre y la luz dorada el valle es de tierras oscuras.

En otras ocasiones las descripciones de los paisajes se cargan de animación como ocurre en el cuento titulado “Un error de cálculo” que se inicia del siguiente modo:

“El sol recién nacido iluminaba con sus tenues rayos las copas de los despeinados pinos, que sobresalían por encima de un mar de nubes perezosas, acurrucadas en el hondón del valle, remoloneando como escolares que se niegan a madrugar”

El paisaje totalmente humanizado por los términos: recién nacido, despeinados, perezosas, acurrucadas se cierra con el símil de los escolares que se niegan a madrugar. Humanización y retardo que precede y se acomoda al paso lento con que Telesforo Puak asciende por la cuesta con su pesado fardo.

En otras ocasiones las descripciones del entorno son como un barrido de cámara, actuando como un notario que diera fe de lo que percibe en el entorno:

“Mozonte, allá por la Nueva Segovia, tiene un parque central, con su iglesia rematada con búcaros y una malinche de flores anaranjadas exuberantes en el patio (…)”

Y más adelante nos dice:

“Al otro del parque está la casita verde. Tiene un hermoso patio lateral, un porche con columnas de madera, enlosado en rojo y muchas macetas.”

El texto pertenece al inicio del cuento “Don Pedro, el inestable”

En este mismo cuento hay también descripciones psicológicas -etopeya- y externas de los personajes -prosopografía, en términos de la retórica-. Me permito aquí transcribir un texto un poco más extenso que combina ambas formas de descripción:

“Era casi una tribu de personas alegres y satisfechas con la vida. Daban gracias a Dios y eso se traslucía en cómo salían de casa los domingos para ir a misa. Dalia, alta, recia, de melena ensortijada, vestida de blanco encaje y subida a unos tacones que desafiaban a los adoquines de la calle. Doña Rosa, casi tan alta como su hija, morena de pelo cano, con su traje de brillos y sus zapatitos planos. Don Ramón de blanca camisa y pantalones claros, con el pelo retinto y el bigote altivo. Los niños, repeinados; el nene con las puntas endurecidas con algún mejunje y la nena, de pelo crespo, cuajada de moñitos de colores. Sus ropitas elegantes, sus zapatitos y calcetas bien colocadas.”

La descripción nos permite recomponer un cuadro perfecto de esta familia tanto física como psicológicamente.

Como pueden comprobar, la autora cumple con el precepto de Horacio Quiroga quien prescribe no diluir la intensidad del cuento con exceso de descripciones y diálogos. Las descripciones son breves marcos que, cuando la autora hace uso de ellas, las sitúa al inicio de la narración; sirven de vereda para introducirnos directamente en la historia.

Si aquí no nos es permitido abundar en el contenido de los cuentos, por razones obvias, sí podemos centrarnos en el segundo elemento de la oposición horaciana Res / Verba, es decir, el modo de expresión y la selección léxica.

La prosa es clara, limpia. Las imágenes y recursos literarios aparecen allí donde es preciso que aparezcan, potenciando la historia: nunca sobran. Un recurso utilizado con gran habilidad por Montserrat es la anáfora retórica que le imprime un ritmo, una cadencia que acompaña muy bien al tema y produce una cierta impresión, a veces, de oralidad como veremos en algún ejemplo.

La repetición del nombre del personaje al inicio de cada párrafo ofrece, en el cuento de “Fabio Seisdedos”, la impresión de esfuerzo y dificultad:

“Fabio caminaba soñoliento” “Fabio rumiaba su calor” “Según Fabio subía la cuesta (…)”.

En el caso del cuento “La soledad de Mayra” La repetición frecuente del nombre entre las primeras palabras del párrafo actúa como un zoom que nos concentra en el personaje y su soledad. Pero donde el recurso de la anáfora adquiere, en mi opinión, un gran efecto- por el ritmo que le confiere al cuento y por crear un efecto de oralidad- es, sin duda, en el cuento titulado “El cerrito de Doña Julia”. Se trata de un cuento muy breve, no tiene nada más que diez párrafos y nueve de ellos se inician con las expresiones, dizque, sí dizque o no dizque. La repetición continuada del término, a modo de bordón tal y como lo usaban los antiguos bardos le confiere un aire de oralidad, de rumor ancestral que encaja perfectamente con el tema tratado. Les confieso que este cuento me fascinó desde el principio y me recordó al personaje de la novela de Vargas Llosa “El hablador” que no podía quitarse a los habladores de la cabeza y le dice a su amigo:

“-Son una prueba palpable de que contar historias puede ser algo más que una mera diversión -se me ocurrió decirle-. Algo primordial, algo de lo que depende la existencia misma de un pueblo. Quizá sea eso lo que me ha impresionado tanto. Uno no sabe por qué lo conmueven las cosas, Mascarita, te tocan una fibra secreta y ya está.”

Pues ese algo primordial y que conmueve, que refleja la esencia de un pueblo se palpa en este cuento.

La selección léxica es un acierto constante a lo largo de todo el libro en estrecha correspondencia de fondo y forma. Los términos de la variedad lingüística de Guatemala se distribuyen a lo largo de todo el libro salpimentando la prosa con naturalidad y fácil de entender por el contexto situacional y lingüístico. Voces como patojo por joven, huipil por blusa bordada, guaro por ron, aguardiente o cadejo por fantasma son algunas de las palabras que, acompañadas por el uso de los diminutivos y otras expresiones, nos sumergen en un mundo centroamericano que la autora tan bien conoce.

Montserrat sabe escribir bien y narra bien sus cuentos. Domina el arte de Sherezade quien, como saben, salvó su vida y las de muchas jóvenes al contar al califa, cada noche un cuento. Poderosa es la literatura y capaz de ir más allá del simple placer. También en este caso, el libro que hoy nos presenta Montserrat podría salvar o al menos aliviar algunas vidas, además de producirnos placer como le ocurrió al califa.

Y yo ahora haré también como Sherezade y guardaré ya silencio discretamente.

 

Presentación de José María Torrijos en la Sala Sta. Mónica de la Parroquia Ntra. Señora de la Esperanza de Madrid

 

Tras recoger cientos de definiciones sobre ese género, Camilo José Cela concluyó que “novela es todo aquel libro que, impreso y encuadernado, bajo el título lleva la palabra NOVELA”. Con ello se refería a lo inabarcable que se ha convertido el género en sus asuntos, perspectivas, mezclas de géneros, etc. También, en su extensión. Una novela pude abarcar lo que el autor quiera. No así el cuento, un género autónomo dentro del relato que no tiene marcada su longitud sino por una sesión de lectura. Una sesión sin delimitar.

El cuento va unido a la cultura oral. La tradición, la leyenda, lossucesos se transmiten de boca a oído, de generación en generación. Uno de los ámbitos supervivientes de este modo es la Plaza Jemaa-el-Fnaa de Marrakech. Por tanto, no nos extraña que en Oriente, en los países africanos, en Iberoamérica hayan aparecido tantas recopilaciones y tantos libros de cuentos que recopilan o se nutren de relatos transmitidos oralmente. No es momento de hacer ahora una historia desde las narraciones breves que Sheherezade hacía en LAS MIL Y UNA NOCHES al sultán hasta los autores de cuentos más conocidos actuales o los microrrelatos, ahora tan en auge.

El título del libro DE LA CEIBA Y EL QUETZAL, que hoy presentamos, ya nos introduce en un universo típicamente guatemalteco. La ceiba fue considerada un árbol sagrado en culturas precolombinas de América central y su presencia es frecuente no sólo en los paisajes sino en las plazas de los pueblos como un símbolo identificador. El quetzal, posiblemente una de las aves más hermosas del mundo, es un pájaro nacional del país y simboliza la libertad de la independencia de América Central de España. Es preciso saber que los aztecas y mayas refieren al quetzal como símbolo de luz y vida. Pero también es la moneda de Guatemala desde 1925.

Por el libro desfilan personas que pertenecen a familias humildes cargadas de hijos, que se sostienen con fríjoles y rudimentos artesanales. La lucha por la vida es una constante, donde comer, vestir, comprar medicamentos, sobrevivir a una “mordida” (multa), apalabrar una boda, pagar un entierro… pueden constituir retos insalvables. A través de sus historias conocemos sus medios de vida, sus costumbres (como la asamblea de vecinos en el salón comunal, descrita por causa del protagonista Fabio Seisdedos), conocemos a sus familiares, a sus vecinos, todos enredados como las cerezas a través de los escritos de la autora. O en “El sabor de la tierra” donde se resume la aventura de una familia palestina (los Zammar), entre emigrante y refugiada, que acaba por varios barcos y mares, hasta llegar a Guatemala e instalarse en Cobán. Su proceso de integración es recorrido por el lector, enganchado a la saga que emprende una vida (sin perder sus raíces) en el Nuevo Mundo.

El hecho de tener los hijos antes del matrimonio o fuera de él es visto con naturalidad. Un mundo donde nadie está seguro de que sus hermanos lo son de padre y madre. Pero donde las mujeres son protagonistas, heroínas, supervivientes que sacan adelante a sus hijos o a los huérfanos ajenos, víctimas de abusos precoces, del abandono de los hombres. Doña Gladys, Mérida…

El fenómeno del marido ausente por causa de una emigración inacabable a los Estados (Unidos). A veces el regreso del marido no sucedía. Un accidente laboral o de tráfico podía acarrear un duelo sin cadáver en el pueblo lo cual genera viudas o mujeres abandonadas por sus esposos por otras mujeres que encuentran en la América próspera. Mujeres que enferman o mueren temprano víctimas del abandono mismo o de enfermedades sin curar o incurables, como el sida. Pero la opinión pública no juzga igual al hombre que a la mujer. Ellas son las auténticas protagonistas de esas vidas azarosas donde cada día consiste en sobrevivir, como Mayra, cuya historia está llena de peripecias a cuál peor. Gran número de viudas. Y gran número de maridos pendejos que vuelven a casa desde la de su amante o borrachos tras pasar por la pulpería. Y las mujeres son mucho más emprendedoras que los hombres (como se ve en el cuento “Cooperantes”) a la hora de aprovechar los recursos naturales o los que les llegan del exterior.

Los nombres y los apellidos de los personajes, algunos de origen castellano de pura cepa mencionados frecuentemente con los dos apellidos: Secundino Aldana Marroquín, Doña Odilia de León, Gladys Petrona Mazariegos.

Vocabulario: monedas: “quetzales”, “milpa”. Alimentos: “frijoles”, “chile”, “tamal”. Instrumentos musicales: “marimba” (percusión parecida al xilófono), bebidas como el “atol”, el refresco de agua de Jamaica. “Huipil” (camisa bordada de mujer).  “Platicar” por “hablar”. “Tomar” por beber, “Cédula” por carnet. “Dizque” por “Se dice que”. “Cuadras” por manzanas de edificios, “chompipe” por “pavo”. “Pupusa” por tortilla. “Patojos” por muchachos. El uso muy frecuente de diminutivos: “subiditos”, “muertitos”, “pechito”, “cerrito”, “ranchito”, “padrecito” al cura… Devociones de la metrópoli española: San Isidro, la Virgen de Montserrat, Santo Domingo, los ritos católicos de Semana Santa. Topónimos: Nueva Segovia. Vegetación: el Ocotal, la ceiba (que es el árbol nacional de Guatemala), “malinche”…

El narrador es alguien de ellos, como si le refiriera los cuentos a la autora, al lector, quién sabe… La identificación de este narrador resulta confusa, como suele acontecer en la novela del siglo XX tanto aquí como en la literatura iberoamericana. Por eso, se expresa con giros autóctonos que hace siglos también se usaron en España.: “no le quedaba de otra que andar más de media legua para ir al campo de la su madre”…”tenía un su campito”, “de la su vecina”.

Este narrador pasa del estilo directo reproduciendo la frase del personaje al indirecto sin transición. Así, refiere: “Él también tenía un telar, pero ya sabe usted que no se vende”. O al revés: “Según el médico la operación había sido un éxito. Doña Gladys ya no sentía aquellos dolores terribles de cabeza, pero sus ojos no más lo miraban todo negro. Su nervio óptico, sabe señora, se dañó; más bien se arruinó y ya no es posible que usted vea. Pero no se preocupe, por lo demás, podrá hacer vida normal”. O comentarios marginales entre la conversación de dos personajes nativos. En el Nuevo Mundo se dan rodeos protocolarios antes de abordar el tema principal. Así sucede entre Doña Gladys y su suegra. El narrador introduce: “Todo el mundo sabe que ir al grano es cosa de los españoles. Aquí es una falta de educación preguntar o afirmar directamente. También es indecoroso dar una única respuesta, porque ya se sabe que las cosas pueden o no ser de esta o de otra manera”. Al narrador se le escapan opiniones propias de vez en cuando: “Se casó con ella –dice de un personaje-, por lo que nos casamos todos”. Describe como un guía en el mismo escenario de los hechos: “Dizque aquí estuvo la batalla de los españoles contra Tecún Umám, rey Ki’ché, y por eso están ahí sus huesos, en ese cerrito de Doña Julia, o tal vez en otro cerrito detrás de la escuela y que se mira desde aquí, pero ¡a saber! Que hay muertitos ahí, es cierto, pero no molestan nunca. Están alegres de tener compañía de vivos. Pero ¡a saber, vos!”. Este enigmático narrador o guía del libro, unas veces se expresa como un castellano de Valladolid (“Un error de cálculo”) y otras como un acompañante del lector, nacido en la región guatemalteca, escenario de los hechos (“El cerrito de doña Julia”).

Paisajes de siglos a cuestas con historias y leyendas: “Cerca estaba el sitio de las glorias mayas de Qumarcaj, convertidas en cerros verdes que ocultaban las pirámides y rodeadas de pinos silenciosos y cubiertos de plantas parásitas de largos flecos, que los disfrazaban de plañideras con sus velos al viento o tal vez de viejas desmelenadas con sus canas despeinadas y greñudas”.

Uno de mis cuentos preferidos es “La ciega del otro lado del puente”, que se abre como un abanico mostrando a los miembros de una familia donde las mujeres tienen el protagonismo. También la insólita historia del Padre Telesforo, víctima de su propia generosidad y de la maledicencia.

Este libro de cuentos no es de una autora novel. Montserrat Abumalham ha sido profesora de árabe en la Universidad Complutense y tiene en su haber una larga lista de libros y artículos sobre esa amplia cultura vecina en nuestra historia y en nuestra geografía, así como de creación propia. Lo que no viene en las búsquedas de Google (salvo de modo marginal) es que su padre era Nayib Abumalham, libanés que se estableció en España. Poeta, hispanista, arabista, profesor de la Universidad Complutense y otros centros, traductor al árabe de Lazarillo de Tormes, Cervantes, Tirso de Molina, Lope de Vega, Quevedo, Benavente, etc. Inspiración, lectura, viajes y estudio han sido los ambientes en que nació y creció esta escritora. Sin embargo, a través de los relatos que hoy presentamos, yo veo los genes de su madre, la inolvidable Pepita Mas, catalana y con un ingenio, una gracia y una socarronería amable, que contrastaban con la seriedad del señor Abumalham y yo detecto muchas veces en los cuentos del libro como influjo de ella sobre su hija.

Deseo de todo corazón que esta nueva obra de nuestra escritora sea un puente entre España y Guatemala, como lo es la mujer que lo firma. Un puente que se concreta en el trabajo que Montse y Luis, su marido, llevan a cabo generosamente y de lo cual ella puede hablarnos mucho mejor. Gracias.

 

Presentación de José Ródenas en la Sacristía de la Compañía de Jesús en Caravaca de la Cruz

 

Después de saber que iba a hacer hoy esta presentación y me vi con el libro en la mano, lo primero que pensé fue: Montserrat Abumalham, De la Ceiba y el Quetzal, Cuentos de Centroamérica. Montserrat es nombre catalán, Abumalham suena a árabe fijo, esta señora está casada con un caravaqueño y escribe un libro que habla de la ceiba, que no sé qué es, pero el quetzal, además de un pájaro, sé que es la moneda de Guatemala. A ver esto por dónde se coge.

Pues resultó que era bien sencillo: la madre de Montse era catalana, de ahí su nombre; su padre era libanés, de ahí el apellido; estudió en Madrid, donde conoció al que luego fue (y es) su marido, Luis, caravaqueño; y el libro… El libro nace por un motivo bien serio: un proyecto de cooperación al desarrollo en Centroamérica, principalmente en Guatemala y Nicaragua. Aunque ya se ha dicho, quiero insistir en que todo lo recaudado con la venta del libro va íntegramente destinado a su asociación, la asociación Tacaná.

La tarea que me encargó Paco Marín para esta tarde-noche no diré que es difícil, pero si al menos inusual: tengo que presentar a una escritora, Montserrat Abumalham, a quien parece que conoce todo el mundo en Caravaca excepto yo, luego la situación en que me encuentro es un tanto peculiar: si los aquí presentes ya la conocéis, ¿qué puedo deciros que no sepáis? Lo que se me ocurrió, tras una breve conversación con ella y la lectura de su libro, fue que lo único que podía hacer es hablar sobre  mi experiencia con la persona y con el libro. ¿De qué otra cosa si no?

Montserrat es licenciada en Filología Semítica y en Filología Francesa; doctorada en Filología Semítica; profesora emérita de la Universidad Complutense; profesora titular en el Depto. de Estudios Árabes e Islam; investigadora, escritora, pintora (todas las ilustraciones del libro son suyas). Es cordial en el trato, generosa con su tiempo, atenta, observadora, inquieta, espontánea, honesta, franca…Se considera un ser en constante cambio pues la vida, las circunstancias, el ambiente, las gentes que la rodean la van moldeando a cada instante y reacciona de distinta forma en cada situación. De igual modo no cree en la bondad o maldad del ser humano, pues considera que no hay dos personas iguales. Le encanta leer, aunque no lee todo lo que desearía; no tiene libros favoritos, pero sí autores y géneros; es selectiva en sus lecturas: le gusta la literatura victoriana y la americana de principios del XX; su personaje favorito es Hamlet y también Marco Antonio de la tragedia Julio César, pues dice que Shakespeare conoce como nadie el alma humana. Le gusta la frase del Evangelio “Dejad que los muertos entierren a los muertos”. Hay mucho en ella de sus padres o maestros de vida, pues comenta que nos construimos desde y en contra de ellos. Piensa que son los otros los que nos construyen. Le da miedo no ser consecuente. No distingue entre hombre y mujer cuando habla de las cualidades de unos y otras: naturalidad es lo que busca en las personas. De las generaciones futuras, espera y desea que consigan ser personas y que lo consigan como mejor sepan.  No cree que exista un ideal de belleza: cada uno puede ver lo hermoso en muy distintas formas. Y cuando el final esté próximo, le gustaría haber vivido de acuerdo con su conciencia, incluso si estaba equivocada.

En cuanto al libro, yo le digo siempre a mis alumnos que no olviden que la Literatura es hija de su tiempo. Por otro lado, pero en la misma línea, el conocido pintor murciano Antonio Martínez Mengual dice que “la creación es vida” y añade que “sin vida no hay obra”. El libro de Montse es precisamente eso: una obra repleta de vida, de sus vivencias, fruto de la observación, de su atenta mirada y un profundo análisis de lo que ve, siente y vive.

No encontraréis grandes epopeyas en sus relatos, sino sencillas imágenes, fieles retratos de un instante, frescas pinturas de una realidad que se palpa, se huele, estalla ante nosotros en mil colores, de una realidad que nada o muy poco tiene que ver con la nuestra; es la realidad de gentes sencillas cuyo único objetivo es vivir, y luchan por ello a cada instante.

 

Especial mención tiene en sus relatos la figura de la mujer, verdadero sustento de cualquier sociedad y especialmente de aquella. Abandonadas a menudo por el hombre, son las encargadas de proteger, cuidar, alimentar y educar a los hijos y protagonistas a su vez de casi todos los relatos o, al menos, constituyen el elemento clave que hace girar de sentido el transcurrir de los hechos narrados.

Trece cuentos componen el libro. Montse habla de ellos como literatura, como ficción, pero es indudable que la realidad penetra en ellos e inunda todo el universo que encontramos en su interior, confiriéndoles verosimilitud además de un realismo que emociona, divierte, entretiene, intriga…

En los relatos se perciben las huellas de la tradición cuentística de la Literatura Hispanoamericana. Los saltos en el tiempo de la narración (analepsis y prolepsis), el uso de un narrador omnisciente combinado con distintas voces narrativas, el empleo de un lenguaje repleto de variedades lingüísticas locales… Todo ello nos hace pensar en los grandes de aquella literatura: Miguel Ángel Asturias, Cortázar, Borges, Vargas Llosa, García Márquez… Incluso un cierto componente mágico, de manera muy sutil, se percibe en estas historias: la mano de Fabio Seisdedos, doña Gladys la ciega del otro lado del puente, las dos cabezas de la hielera…

Las exigencias de un relato corto obligan a condensar todos los elementos narrativos, no obstante, ni el tiempo ni el espacio ni los personajes pierden credibilidad por estar sujetos a esa brevedad. Así vemos ejemplos de descripciones de lugares como esta (p. 25):

La tarde era calurosa, las chicharras cantaban en las resecas ramas de un arbolito que competía inútilmente con el verdor de un mango repleto de racimos, las ráfagas de viento empujaban nubes cargadas de lluvia que venían del mar Caribe, levantando remolinos de polvo en las empinadas cuestas que conducen a los cientos de cerros que disputan en altura con los montes de una sierra cercana.

Descripciones de personajes no desprovistas de cierto humor (p.68) como esta en Un error de cálculo:

Pasaron los años. Güicho, el niño, se hizo un mozalbete alto que encandilaba a las feligresas más jóvenes, con su pelo medio canche y su piel dorada. En cuanto empezó a pensar que ese sí sería un peligro, Telesforo, tras hablar con la madre, le buscó una novia y lo casó tan pronto como al muchacho le brotó un poco de pelo en el bigote.

O esta otra en La hielera:

Doña Odilia de León, su esposa, era una mujer muy fértil y como él era muy macho, cada año tenían un nuevo hijo; ya iban por seis güiras y tres gallitos y la de tortillas y frijoles que son capaces de comer cuando les salen los dientes.

En el relato La prueba vemos una descripción conmovedora:

Marvin era un muchacho limpio, silencioso, sufrido y bien portado. Sus ojos habían visto morir a su padre y arruinarse su casa y su tierra, de manera que pocas cosas le sorprendían. Iba todos los días a la escuela y a la luz de una veladora había sus tareas. Él mismo se lavaba su ropa y a veces hacía el frijol, si su mamá se tardaba.

O bien podemos ver el transcurrir del tiempo y cómo las vidas de los personajes se reconducen en direcciones inesperadas (p. 39):

Como ya adelantábamos, la mujer ocupa un lugar especial en casi todos los cuentos. Encontramos mujeres fuertes, luchadoras, siempre obligadas a actuar de un determinado modo obligadas por los hombres, como es el caso de doña Rosa en Don Pedro, el inestable (p. 94)

Vemos la crudeza de la vida cómo, en ocasiones se ensaña con ellas, como es el caso de Mayra en La soledad de Mayra (p. 77):

La realidad también nos asusta y entristece al ver la aridez de la vida de aquellas gentes como en el cuento El clavo de oro, donde a Carlita, una niña que recorre una gran distancia para ir al colegio, es mordida por un perro y la infección casi acaba con ella.

No obstante y a pesar de todas las adversidades que sufren la mayoría de personajes, no hay acritud en sus vidas; no hay tiempo de lamentarse por su mala suerte: es la vida. Solo hay tiempo de luchar y avanzar y robarle años a la muerte.

A través de los relatos, todas las parcelas de la vida quedan reflejadas con maestría y además el lenguaje contribuye a trasladarnos a un mundo que nos es ajeno. Encontramos así nombres como Secundino Aldana, doña Odilia de León, Benedicto Chaj, don Báiron, Rogelio Pablo, doña Flor, Telesforo Puak…

Topónimos como La Guaira, Puerto Barrios, Cobán, Retalhuleu, Escuintla y Jalapa, Chimaltenango…

Nombres de alimentos como tortilla, frito de pollo y de res, tamal, frijoles volteados, gallopinto, chismol, chompipe, atol, guaro, pupusas de chile, sobres de yuca frita o plátano…

En definitiva, y no le quito más tiempo a Montse, además de estar contribuyendo a una buena causa, leer estos cuentos es como asomarse a una ventana desde donde darse cuenta que, a miles de kilómetros y en un entorno lleno de dificultades, tal vez estén más cerca de encontrar el verdadero sentido de la vida.

 

Ser protagonista

Con la publicación del libro de relatos ‘De la ceiba y el quetzal’ me he convertido en protagonista de múltiples eventos destinados a dar a conocer – y vender- esta pequeña obra.

Es cierto que me siento orgullosa de los resultados. De los que dependían de mí, es decir la escritura, y también del formato de presentación, es decir de la edición, que no dependía de mí. Sin embargo, este obligado ejercicio de publicidad, necesario para la difusión de la obra y para llegar al posible lector, me ha puesto en la circunstancia de escuchar numerosas versiones de quién soy yo, qué es el libro, cómo hay que leerlo o qué encierra.

Por supuesto tanto en lo que a mi persona se refiere los comentarios han sido elogiosos; se trataba de hacerme aparecer como una persona de cierto mérito, y desde luego se han centrado en las bondades literarias del contenido y su forma, de modo que las palabras de los presentadores sirvieran de acicate para los lectores.

Estoy convencida de que nadie ha falseado su papel. Todo el mundo ha hecho sus observaciones acerca de mi persona y de los relatos desde el corazón y desde su mejor hacer. Así que ningún reproche en este sentido. Los cuentos, por otra parte, están dignamente escritos, poseen ciertos logros literarios de los que soy plenamente consciente y que no voy a negar por una mal entendida modestia. No en vano, durante muchos años me he dedicado al análisis literario y algo entiendo del asunto que me permite distinguir un texto bien escrito y con cierto interés de una patochada o de algo infumable.

No obstante, sin tener la más mínima objeción ni al sistema, ni a los participantes, ni a sus palabras, siento cierta incomodidad. Me he pasado varios ratos, mientras hacía otras tareas más rutinarias, pensando en el asunto y tratando de hallar la raíz de esa incomodidad. Finalmente, creo haber llegado a ponerle nombre a la causa: Protagonismo.

Nunca me ha gustado ser el centro de atención. Nunca he querido destacar por delante de otros o brillar. Me gustaría que alguien encontrara la manera de hacer una presentación sin que yo estuviera presente. Quisiera que la obra hablara por sí sola y que nadie me preguntara si me gusta más esto o lo otro o si considero que tengo influencias de Fulano o Mengano. No quisiera que lo que he escrito se evaluara porque tengo una cierta competencia avalada por uno o más títulos universitarios. Ese libro, como otros que he escrito, tienen su propia vida. Que la vivan al margen de mí, que no se expliquen por mí, sino por ellos mismos. Como los hijos. Se lanzan al mundo para que otros ojos los evalúen, los acepten o rechacen.

Por otra parte, también me crea cierta incomodidad quedar ligada a un objeto que es lo que es y es producto de un tiempo; mientras que yo, como todo ser humano, fluyo con el propio tiempo. No estoy acabada, terminada, completa, cerrada. No soy eso que está metido en esas páginas, ni siquiera soy mi historia pasada. Aún tengo un futuro, hasta que me muera. Posiblemente me vaya convirtiendo en otra persona distinta de la que ha escrito esto; no en lo esencial, pero sí con las suficientes variaciones como para decir que soy distinta.

Como las imágenes que os pongo de dos de esas presentaciones, la autora de esto, se queda allí, pero mañana tendrá otro rostro. Ya no será igual. Cuando leáis ese libro tened presente esto: No reniego de su escritura, encontraréis muchas cosas mías en él. Pero cuando cerréis el libro, no me habréis cerrado a mí.

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En la sacristía de la iglesia de la Compañía en Caravaca de la Cruz
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En la librería Expo libro de Murcia

Corpus Christi en Murcia

La costumbre de realizar altares en el recorrido que sigue la procesión del Corpus Christi no sé de cuándo data, ni si es algo muy antiguo o recuperado tras largo abandono o bien algo reciente, mediante lo que diversos grupos, cofradías u organizaciones demuestran su devoción a diversos santos y vírgenes y desde luego al Cuerpo de Cristo, pero pasear por las inmediaciones de la Catedral de Murcia, la noche de víspera de la celebración es toda una experiencia.

De repente te sorprende un pesado y dulzón aroma a incienso, mientras paseas entre mucha gente que aprovecha su ocio para salir a dar una vuelta y disfrutar de la tibia noche o para tomarse algo en los bares y restaurantes.

Ese olor que acompaña a lo solemne y sacro, te asalta en medio de lo profano. Según te aproximas a la nube que ves alzarse lentamente contra la dorada luz de las farolas, te vas introduciendo en un espacio en el que cesa el bullicio. El silencio que rodea a los cuidados altares hace que el paseante se detenga y contemple con reverencia las imágenes, los símbolos eucarísticos, las colgaduras, las flores y los pesados cendeleros.

En algunos de esos altares, sobrevuelan infantiles angelitos, en otros las fachadas quedan ocultas por el terciopelo rojo y dorado, más allá las vírgenes se agrupan en familia; la Fuensanta y la chiquitina Arrixaca. Imágenes de santos devotos del Santísimo aparecen arrodillados ante el sagrario, mientras los reclinatorios esperan acoger genuflexiones reverentes en sus mullidos almohadones.

Todo un espectáculo. Luego de sacar la foto con el movil, el paseante recupera su aire profano y prosigue su camino, hasta que se topa con otro altar que lo sobrecoge y lo pone en contacto directo con el misterio y eso, todo, antes aún de que se acerque el momento solemne de la procesión.  Quizá el bullicio de la mañana y el sol hagan que el momento no sea tan especial. Quizá debería hacerse la procesión de noche.

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Tres culturas

El consolidado Festival de Las Tres culturas de Murcia se cerró una vez más este año con un brillo especial; el concierto de Noa, la conocida cantante israelí, acompañada por Mira Awwad, la gran voz palestina. Ambas cantaron sus más conocidas canciones y algunas de sus nuevos álbumes.

Por gusto personal y por lo emocionante que me resultó escuchar la letra de uno de los grandes poetas palestinos actuales, por desgracia desaparecido prematuramente, Mahmud Darwish, yo destacaría, en un concierto sin desperdicio ni altibajos, precisamente la interpretación de Mira Awwad de ese poema.

Desde luego, el marco; la portada barroca de la catedral,  iluminada con gran acierto, ya disponía el ánimo para disfrutar del evento, a pesar de que la afluencia de público hacía imposible lograr un asiento, aunque se llegara al lugar con una hora de anticipación. Pero el plantón mereció la pena y a los diez minutos de música uno se olvidaba de estar de pie.

Noa llena el escenario con su voz bien modulada y llena, dotada de un amplio registro y de su gracia para imprimir ritmo a todo lo que canta. Awwad es más sosegada, pero también goza de una privilegiada voz y canta con un gusto exquisito. Los dúos son una auténtica delicia y el mensaje de cercanía y hermanamiento toda una declaración de valores y principios. Lástima que haya tantos oídos sordos.

La noche templada y el marco, así como la indudable conexión del público con ambas artistas y su música crearon un ambiente mágico que todos lamentamos llegara a su fin.

Un acierto este cierre de las Tres culturas.

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