Archivo por días: 1 junio, 2016

Ser protagonista

Con la publicación del libro de relatos ‘De la ceiba y el quetzal’ me he convertido en protagonista de múltiples eventos destinados a dar a conocer – y vender- esta pequeña obra.

Es cierto que me siento orgullosa de los resultados. De los que dependían de mí, es decir la escritura, y también del formato de presentación, es decir de la edición, que no dependía de mí. Sin embargo, este obligado ejercicio de publicidad, necesario para la difusión de la obra y para llegar al posible lector, me ha puesto en la circunstancia de escuchar numerosas versiones de quién soy yo, qué es el libro, cómo hay que leerlo o qué encierra.

Por supuesto tanto en lo que a mi persona se refiere los comentarios han sido elogiosos; se trataba de hacerme aparecer como una persona de cierto mérito, y desde luego se han centrado en las bondades literarias del contenido y su forma, de modo que las palabras de los presentadores sirvieran de acicate para los lectores.

Estoy convencida de que nadie ha falseado su papel. Todo el mundo ha hecho sus observaciones acerca de mi persona y de los relatos desde el corazón y desde su mejor hacer. Así que ningún reproche en este sentido. Los cuentos, por otra parte, están dignamente escritos, poseen ciertos logros literarios de los que soy plenamente consciente y que no voy a negar por una mal entendida modestia. No en vano, durante muchos años me he dedicado al análisis literario y algo entiendo del asunto que me permite distinguir un texto bien escrito y con cierto interés de una patochada o de algo infumable.

No obstante, sin tener la más mínima objeción ni al sistema, ni a los participantes, ni a sus palabras, siento cierta incomodidad. Me he pasado varios ratos, mientras hacía otras tareas más rutinarias, pensando en el asunto y tratando de hallar la raíz de esa incomodidad. Finalmente, creo haber llegado a ponerle nombre a la causa: Protagonismo.

Nunca me ha gustado ser el centro de atención. Nunca he querido destacar por delante de otros o brillar. Me gustaría que alguien encontrara la manera de hacer una presentación sin que yo estuviera presente. Quisiera que la obra hablara por sí sola y que nadie me preguntara si me gusta más esto o lo otro o si considero que tengo influencias de Fulano o Mengano. No quisiera que lo que he escrito se evaluara porque tengo una cierta competencia avalada por uno o más títulos universitarios. Ese libro, como otros que he escrito, tienen su propia vida. Que la vivan al margen de mí, que no se expliquen por mí, sino por ellos mismos. Como los hijos. Se lanzan al mundo para que otros ojos los evalúen, los acepten o rechacen.

Por otra parte, también me crea cierta incomodidad quedar ligada a un objeto que es lo que es y es producto de un tiempo; mientras que yo, como todo ser humano, fluyo con el propio tiempo. No estoy acabada, terminada, completa, cerrada. No soy eso que está metido en esas páginas, ni siquiera soy mi historia pasada. Aún tengo un futuro, hasta que me muera. Posiblemente me vaya convirtiendo en otra persona distinta de la que ha escrito esto; no en lo esencial, pero sí con las suficientes variaciones como para decir que soy distinta.

Como las imágenes que os pongo de dos de esas presentaciones, la autora de esto, se queda allí, pero mañana tendrá otro rostro. Ya no será igual. Cuando leáis ese libro tened presente esto: No reniego de su escritura, encontraréis muchas cosas mías en él. Pero cuando cerréis el libro, no me habréis cerrado a mí.

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En la sacristía de la iglesia de la Compañía en Caravaca de la Cruz
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En la librería Expo libro de Murcia

Corpus Christi en Murcia

La costumbre de realizar altares en el recorrido que sigue la procesión del Corpus Christi no sé de cuándo data, ni si es algo muy antiguo o recuperado tras largo abandono o bien algo reciente, mediante lo que diversos grupos, cofradías u organizaciones demuestran su devoción a diversos santos y vírgenes y desde luego al Cuerpo de Cristo, pero pasear por las inmediaciones de la Catedral de Murcia, la noche de víspera de la celebración es toda una experiencia.

De repente te sorprende un pesado y dulzón aroma a incienso, mientras paseas entre mucha gente que aprovecha su ocio para salir a dar una vuelta y disfrutar de la tibia noche o para tomarse algo en los bares y restaurantes.

Ese olor que acompaña a lo solemne y sacro, te asalta en medio de lo profano. Según te aproximas a la nube que ves alzarse lentamente contra la dorada luz de las farolas, te vas introduciendo en un espacio en el que cesa el bullicio. El silencio que rodea a los cuidados altares hace que el paseante se detenga y contemple con reverencia las imágenes, los símbolos eucarísticos, las colgaduras, las flores y los pesados cendeleros.

En algunos de esos altares, sobrevuelan infantiles angelitos, en otros las fachadas quedan ocultas por el terciopelo rojo y dorado, más allá las vírgenes se agrupan en familia; la Fuensanta y la chiquitina Arrixaca. Imágenes de santos devotos del Santísimo aparecen arrodillados ante el sagrario, mientras los reclinatorios esperan acoger genuflexiones reverentes en sus mullidos almohadones.

Todo un espectáculo. Luego de sacar la foto con el movil, el paseante recupera su aire profano y prosigue su camino, hasta que se topa con otro altar que lo sobrecoge y lo pone en contacto directo con el misterio y eso, todo, antes aún de que se acerque el momento solemne de la procesión.  Quizá el bullicio de la mañana y el sol hagan que el momento no sea tan especial. Quizá debería hacerse la procesión de noche.

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Tres culturas

El consolidado Festival de Las Tres culturas de Murcia se cerró una vez más este año con un brillo especial; el concierto de Noa, la conocida cantante israelí, acompañada por Mira Awwad, la gran voz palestina. Ambas cantaron sus más conocidas canciones y algunas de sus nuevos álbumes.

Por gusto personal y por lo emocionante que me resultó escuchar la letra de uno de los grandes poetas palestinos actuales, por desgracia desaparecido prematuramente, Mahmud Darwish, yo destacaría, en un concierto sin desperdicio ni altibajos, precisamente la interpretación de Mira Awwad de ese poema.

Desde luego, el marco; la portada barroca de la catedral,  iluminada con gran acierto, ya disponía el ánimo para disfrutar del evento, a pesar de que la afluencia de público hacía imposible lograr un asiento, aunque se llegara al lugar con una hora de anticipación. Pero el plantón mereció la pena y a los diez minutos de música uno se olvidaba de estar de pie.

Noa llena el escenario con su voz bien modulada y llena, dotada de un amplio registro y de su gracia para imprimir ritmo a todo lo que canta. Awwad es más sosegada, pero también goza de una privilegiada voz y canta con un gusto exquisito. Los dúos son una auténtica delicia y el mensaje de cercanía y hermanamiento toda una declaración de valores y principios. Lástima que haya tantos oídos sordos.

La noche templada y el marco, así como la indudable conexión del público con ambas artistas y su música crearon un ambiente mágico que todos lamentamos llegara a su fin.

Un acierto este cierre de las Tres culturas.

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