Archivo por días: 23 julio, 2016

Vacíos

Alguna vez escribí acerca de la consideración del espacio. Mientras en algunas culturas el espacio es algo vacío, en otras el espacio es algo que está lleno aunque escape a nuestra percepción. El objeto que ocupa ese espacio, sin que lo percibamos, puede manifestarse o no.

En las culturas occidentales, tendemos a considerar que el espacio es algo que está vacío. Sin embargo, con mucha frecuencia, sobre todo en los espacios vacíos de palabras, se encierran muchas otras palabras no dichas que, a aquellos que carecen de sensibilidad en su capacidad de percepción, pasan desapercibidas, lo que no significa que no estén ahí como un reproche o una advertencia.

Se comenta últimamente el poder de las redes sociales que son mal empleadas por muchos con aviesas intenciones. Es cierto, y en ellas algunos se despachan a gusto, haciendo un uso, que roza lo indebido, de su libertad de expresión. Nadie ha sido capaz de señalar con claridad dónde se halla el límite que ofende, agrede o incita. Sin embargo, los que somos usuarios de esas redes agradecemos la facilidad que nos brindan para comunicarnos amigablemente con personas a las que apreciamos y que están lejos. Todavía recuerdo las dificultades de aquello que se llamaba ‘poner una conferencia’.

A pesar de agradecer esa vía de comunicación, es cierto que con frecuencia nos sentimos mal por las afirmaciones de algunos acerca de esas cuestiones sensibles que atañen a las creencias religiosas, a las ideologías políticas o a cuestiones íntimas, que algunos pensamos deberían formar parte de lo privado de cada cual y no airearse por estos medios a los que cualquiera puede tener acceso.

Pero, en los últimos tiempos, observo con cierta satisfacción el vacío que se produce tras comentarios de carácter político, religioso o sexual, que rozan ese no definido límite o lo traspasan ampliamente.  Lo que no llego a saber es si quien ha emitido sus ‘barbaridades’ haciendo un uso excesivo de su libertad, es capaz de darse cuenta de la censura que se oculta en ese vacío. Ese espacio en blanco y carente de palabras, ese silencio, ¿son suficiente reproche o habrá que explicarlo prolijamente?

No sé si el autor de afirmaciones que pueden resultar impertinentes o desabridas se hace consciente de que nadie responde a su provocación o piensa triunfante: Mi libertad los ha dejado mudos.

Me creo en el deber de aclararle que, por mi parte, no es que haya enmudecido abrumada por su ejercicio de la libertad. Mas bien es que no quiero situarme a su nivel, pues antes de llenar los vacíos con palabras, procuro ponerme en los ojos de quien pueda mirar. Lo suyo no es una victoria, pues mi silencio está lleno de reproches y acusaciones. Ojalá más de uno y más de dos sean capaces de empezar a darse cuenta de que no todos pensamos lo mismo de todo y midan más lo que creen es el ejercicio de su libertad.

Pero, en un mundo en el que triunfan social y políticamente, algunos individuos que pueden tener en su mano el control de muchos otros seres humanos y de cuyas bocas salen toda clase de  impertinencias que rayan en el mal gusto más manifiesto, me cuesta pensar que seamos capaces de volver  a un lenguaje respetuoso, tolerante y abierto a las diferencias, capaz de volverse sensible a los vacíos y silencios.

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