Archivo por meses: septiembre 2016

Culminado el Proyecto de las cocinas ecológicas

Como muchos de los que seguís las acciones de la Asociación Tacaná sabéis, en este año 2015-2016, se propuso hacer un proyecto, por primera y única vez, en Panamá, que de alguna manera se aleja algo de los objetivos que la Asociación persigue.

No se trataba de un proyecto de formación, pero se evaluó y se consideró que era conveniente afrontarlo. Se trataba de dotar a cinco escuelas de una cocina ecológica -estufas, las llaman allí- que consume menos leña, pues está hecha de material refractario que retiene el calor. Además posee un sistema de evacuación de los humos que evita que estos queden en el interior del edificio.

Los niños que asisten a estas escuelas de barrios marginales de la ciudad de Almirante, en el norte de Panamá, tienen que caminar largo trecho desde sus casas y se estimó por parte de las madres y los maestros que sería conveniente que hicieran una comida formal en la escuela.

En las barriadas de Río Oeste Abajo, Miraflores, Nuevo Paraíso, Higuerones y Milla 3 es donde se ubican estas escuelas. Los padres de los beneficiarios han sido los encargados de la construcción y el P. Juan Carlos Andújar, párroco de la Iglesia de San José, el encargado de gestionar el proyecto. Las madres, por turnos, se encargarán de hacer las comidas diarias.

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Un revuelto de fin de verano

No había nadie en la playa cuando he bajado esta mañana. Es una experiencia única estar solo frente al mar, sin más ruido que el de las persistentes olas que, por otra parte, no eran demasiado fieras, sólo un rumor sosegado de acompañamiento.

Una vez más me he fascinado con el efímero espejo que compone el mar al retirarse y que por un instante fugaz refleja el ocre-rojo de las piedras, que se mezcla con el plata de un cielo débilmente azul. Esas espumas deshilachadas que retroceden y regresan, derramándose sobre la húmeda arena, prenden la mirada como lo hacen las llamas de una hoguera.

En esos instantes de paz, he reflexionado sobre dos jóvenes muchachas que hacían ejercicios gimnásticos en otro extremo de la playa. Sus cuerpos juveniles, bien conformados, no necesitaban de todo aquel ajetreo de sentadillas y carreras. Pero así somos. Los que tienen un buen cuerpo se empeñan en forzarlo y someterlo a toda clase de ejercicios violentos, mientras que los que tienen la movilidad reducida, cuanto menos hacen, menos quieren hacer.

También me ha venido a la mente una cuestión que desde hace días me pesa en la conciencia. Una vecina ocasional -sólo es vecina de veraneo- ha entrado en un delirio paranoico de manía persecutoria. Como su ventana queda casi junto a la mía, he oído durante algo más de un día su desvarío. Se trata de una mujer mayor que vive sola y, aunque tiene hijos que se ocupan de ella, se niega a estar acompañada por alguien o a vivir con alguno de ellos. Estos hijos han tirado la toalla y no saben cómo manejar el asunto.

La tarde-noche del máximo de delirio estuve a punto de llamar a los servicios sociales para que intervinieran. Sin embargo, una prudencia, que no sé si llamar así, me aconsejó no hacerlo. No me atreví porque sé que su familia se ocupa de ella y si llegaba a intervenir alguna autoridad, a lo mejor (o lo peor) los abocaba a una situación de esas que son difíciles de aclarar. Podían los hijos verse envueltos en un caso de aparente abandono o quién sabe qué.

Mientras las olas iban y venían y las chicas daban saltos y cabriolas o hacían carreras, yo seguía dándole vueltas en mi cabeza a esta triste situación. Una persona, que por la edad o por lo que sea, ha perdido la cabeza y cuya familia no puede hacer carrera de ella. No pueden estar con ella ni dejarla sola. Ella, con un fuerte carácter, perdida en su delirio, con astucia, los conduce por donde quiere, abismándose así en su propia locura. Quizá alguien ajeno, como yo, debería haber intervenido y destapar la caja de los truenos, aunque sólo fuera con la intención de que esa mujer reciba la atención que precisa. Pero ves tantas situaciones en que, cuando intervienen los ‘responsables’, se vuelve aún peor que el problema que querías resolver, que opté por no hacer nada, sino ponerlo en manos de los hijos, una vez más, quienes se declararon conocedores del problema e impotentes para encaminarlo.

En cualquier caso, los primeros atisbos del fin del verano traen estas cosas: Pensamientos de culpabilidad, nostalgias anticipadas, intentos de retener imágenes fugaces que, posiblemente, si a este extremo sureste llegan alguna vez las lluvias, se borrarán y dejarán paso a los afanes del tiempo más frío y otoñal.

Se enfría la comida

La presión mediática acerca del bloqueo parlamentario de cara a la investidura se está volviendo un deporte. Para jugar a ese juego sobran las reglas. Se puede leer el pasado como mejor convenga y disparar a diestro y siniestro a discreción.

Hace apenas unos meses, la transición era algo inexistente. Algo del pasado remoto. Antediluviano. Ahora, se argumenta con las concesiones de unos y otros y sirve de ejemplo señero que se debe imitar.

La transición fue un modelo de generosidad porque de lo que se trataba era de salir de una dictadura que no había provisto más que de rencores, encubrimientos y  desprecios, al tiempo que había repartido prebendas, haciendo gala de de un sentido de la justicia poco recomendable.

Ahora, de lo que se trata, es de elegir un modelo. La ciudadanía ha dicho, reiterando, que no quiere mayorías absolutas. No quiere más hago y deshago como se me antoja. Quiere que se nos atienda, que se deje de estrujarnos, imponiendo modelos que sólo benefician a los bancos y las grandes empresas. Quiere que nos hagan caso. Que arreglen las carreteras, que den una buena cobertura sanitaria, quiere trabajo y escuelas decentes. No quiere que le cuenten más cuentos. Eso es lo que hemos dicho entre todos.

Algunos, se han dejado llevar del miedo o del clientelismo que supone la corrupción, pero eso no es dar carta blanca. Otros han preferido la ruptura, pero no tantos como para hacer tabla rasa. Otros se han quedado en un siesnoes, porque no quieren cambios bruscos y prefieren a un señor trajeado a uno en mangas de camisa, como si el hábito hiciera al monje.

Pero, si miramos bien, el centro izquierda es el que ha ganado. Pero sobre todo ha perdido la derecha cerril, a pesar de las apariencias, que siempre engañan. No es ya el momento de las concesiones, de las renuncias. Es momento de reponer, de restaurar, de convenir, de reencauzar. Pónganse ya a ello y que quien se cree el salvador de la patria, que se de cuenta de que su tiempo ha pasado. Hacer de don Tranquedo ya no le vale. La falta de cintura no se lleva y no sirve de nada bracear fingiendo que se hace deporte.

No nos obliguen a ir a decirles, con el resto de compatriotas, lo que ya les hemos dicho por duplicado. Leamos la historia del presente con espíritu profético y miren ustedes más allá de sus narices. El que se haya de ir a casa, que se vaya, y le agradeceremos ese último servicio prestado. Los que han de venir, que vengan ya, que se enfría la comida.