Archivo por días: 2 septiembre, 2016

Se enfría la comida

La presión mediática acerca del bloqueo parlamentario de cara a la investidura se está volviendo un deporte. Para jugar a ese juego sobran las reglas. Se puede leer el pasado como mejor convenga y disparar a diestro y siniestro a discreción.

Hace apenas unos meses, la transición era algo inexistente. Algo del pasado remoto. Antediluviano. Ahora, se argumenta con las concesiones de unos y otros y sirve de ejemplo señero que se debe imitar.

La transición fue un modelo de generosidad porque de lo que se trataba era de salir de una dictadura que no había provisto más que de rencores, encubrimientos y  desprecios, al tiempo que había repartido prebendas, haciendo gala de de un sentido de la justicia poco recomendable.

Ahora, de lo que se trata, es de elegir un modelo. La ciudadanía ha dicho, reiterando, que no quiere mayorías absolutas. No quiere más hago y deshago como se me antoja. Quiere que se nos atienda, que se deje de estrujarnos, imponiendo modelos que sólo benefician a los bancos y las grandes empresas. Quiere que nos hagan caso. Que arreglen las carreteras, que den una buena cobertura sanitaria, quiere trabajo y escuelas decentes. No quiere que le cuenten más cuentos. Eso es lo que hemos dicho entre todos.

Algunos, se han dejado llevar del miedo o del clientelismo que supone la corrupción, pero eso no es dar carta blanca. Otros han preferido la ruptura, pero no tantos como para hacer tabla rasa. Otros se han quedado en un siesnoes, porque no quieren cambios bruscos y prefieren a un señor trajeado a uno en mangas de camisa, como si el hábito hiciera al monje.

Pero, si miramos bien, el centro izquierda es el que ha ganado. Pero sobre todo ha perdido la derecha cerril, a pesar de las apariencias, que siempre engañan. No es ya el momento de las concesiones, de las renuncias. Es momento de reponer, de restaurar, de convenir, de reencauzar. Pónganse ya a ello y que quien se cree el salvador de la patria, que se de cuenta de que su tiempo ha pasado. Hacer de don Tranquedo ya no le vale. La falta de cintura no se lleva y no sirve de nada bracear fingiendo que se hace deporte.

No nos obliguen a ir a decirles, con el resto de compatriotas, lo que ya les hemos dicho por duplicado. Leamos la historia del presente con espíritu profético y miren ustedes más allá de sus narices. El que se haya de ir a casa, que se vaya, y le agradeceremos ese último servicio prestado. Los que han de venir, que vengan ya, que se enfría la comida.