Archivo por meses: diciembre 2016

Peticiones del oyente

Al reto que lancé hace unos días acerca de la responsabilidad del arte en el acontecer del mundo, solo de manera directa respondió mi amiga Carmen Díaz Bautista. Por ese motivo se lo agradezco doblemente.

Ella a su vez me provocaba preguntando por Manzoni. Bien. Voy a ello. En cada generación de artistas, sean pintores, escritores, músicos o lo que sea, hay alguno que se dedica simple y llanamente a la provocación, al menos en alguna época de su vida. Yo entiendo la provocación como la ruptura con un mundo hipócrita, acomodaticio y que se vanagloria de sí mismo, ensimismado en sus poderes.

Manzoni en su célebre enlatado de Merde d’artiste juega con el equívoco. ¿Todo lo que sale del artista es arte, incluidos sus fluidos o sus excrementos? O más bien se trata de enfrentar a la sociedad alienada, acomodaticia y seguidora de modas con su propia vacuidad. No sé. No tengo respuesta, pero cualquiera de estas puede ser válida. Lo podemos entender como una provocación a la estulticia, como un desafío a los poderes fácticos que consagran y derriban a los sabios y los artistas, o un acto de suprema humildad, no exenta de sentido del humor, como debe ser, acerca de la inanidad de lo que cada cual somos  capaces de hacer, sea arte o cualquier cosa.

En cualquier caso, no se cómo hubiera evolucionado Manzoni; puede que si hubiera vivido más hubiera entrado en una burla de la burla, en una especie de bucle neurótico semejante al de la aventura por la aventura, la violencia por la violencia o el arte por el arte. Lo que lo hubiera situado en ese espacio inútil de lo simplemente artesanal o esteticista. Como los grandes héroes, Manzoni supo morirse a tiempo de no defraudarse al menos a sí mismo.

Y si tengo que tomar postura, creo que era un hombre responsable y comprometido y a falta de poder observar su evolución no me merece ningún reproche.

El problema empieza cuando alguien no sabe dar cuenta de sí mismo ni de lo que hace. Simplemente, me gusta pintar, por ejemplo. O yo siempre estoy dibujando. Me preocupa más la textura, el tamaño, la impresión, los materiales que el efecto en el espectador, porque cada cual es libre de ver o de hacer lo que quiera. ¡Ojo! ese es un discurso que pretende ser buenista y liberador, pero no es el que se debe esperar de un artista.

Tampoco me interesa que se diga que este pertenece a este ‘ismo’ o a este otro. Sólo puede señalar a las costumbres el ‘costumbrista’ o el poeta ‘social’. No se puede decir que se está en el ámbito del arte y desconectar de la realidad circundante. Es verdad que cuando no hay ‘tesis’, ya eso es una ‘tesis’. Pero no me basta. No son sólo los poderes económicos o políticos los que influyen en los comportamientos y las percepciones generales. El arte, la música, la literatura, expresiones del pensamiento humano, son portadoras de ideas y a veces más fuertes que una consigna. Generan símbolos.

Otro día más, Carmen.

La responsabilidad del arte

Ayer, como otras veces, asistí a una charla sobre pintura. Ya saben los que me siguen que es una de mis pasiones y también que, en ese tipo de actos, posiblemente por un cierto tic heredado de mi época asamblearia, suelo levantar la mano y preguntar cosas.

Al socaire de una alusión a Delacroix y de la responsabilidad del arte expresada en la ‘moralidad’ de lo caro de una pieza artística o un montaje, que salieron de las bocas de los intervinientes, se produjo mi pregunta.

Haré un inciso para que se entienda cuál era el sentido de mi pregunta sobre todo porque puede ser que alguien no esté muy familiarizado con la figura de Delacroix. Este señor, además de francés y gran pintor, fue embajador de  su país en una misión diplomática a Marruecos en torno a 1832, inmediatamente después de que se estableciera la colonia francesa sobre Argelia. En aquel momento, romanticismo, estaba poniéndose de moda el interés en Europa por el buen salvaje, las culturas primitivas y el exotismo de vestimentas y costumbres ajenas (entre los exóticos figuraba España, casualmente), muchas de esas cosas inspiradas en la visión que proporcionaban las Mil y una noches traducidas al francés. El señor Delacroix llevó a cabo dos tipos de obras; unas menores que figuran en sus cuadernos de viaje; son apuntes del natural que reflejan la realidad que estaba mirando, casitas blancas y chumberas, mujeres cargadas con haces de leña, hombres de toscas chilabas sin teñir montando a mujeriegas sobre asnos diminutos, etc. etc. Las otras obras son de gran tamaño, como el encuentro con el sultán de Marruecos ante las murallas de Fez o las célebres y múltiples odaliscas y mujeres en el baño tantas veces difundidas.

Lo que hacía el señor Delacroix era ver una realidad y tomar nota, para luego literaturizar otra realidad y pintarla a gran tamaño. Su pintura contribuyó en buena medida, junto a la de otros artistas, a crear una imagen de los árabes tocada de exotismo y sensualidad, pero tuvo aún un efecto mayor; los propios árabes se reconocieron en esa pintura manipulada y manipuladora. El contribuyó a crear los símbolos que acompañaron a la mentalidad colonial. El le dio el poder de la imagen a muchas palabras.

Mi pregunta, tras este inciso un poco pedante, era: ¿Qué responsabilidad tiene el artista? Y van y me contestan que esa es pregunta para un filosofo, que eso no le concierne al artista, que este está mas preocupado de la luz y el color, de los materiales y del tamaño de su obra. Que su influencia social es nula y que más responsabilidad tienen los políticos y los banqueros.

¡Toma ya! Es lo único que se me ocurre que no suene feo en boca de una señora.

Balance anual

Este año, de pronto, me he dado cuenta de que no quiero hacer balance del año. Otras veces he procurado no sólo ocuparme de aquellas cosas personales que me fueron bien, sino de las pérdidas, pero sin olvidar tampoco las cosas buenas y las malas que ocurren a nuestro alrededor y de las que parece que no somos responsables. No obstante este año necesito toda mi energía para otra cuestión.

Necesito toda mi fuerza y mi dedicación a luchar contra la fragilidad, contra la falta de esperanza, contra la desidia que se apodera de mí, precisamente en el momento en que intento hacer balance de lo que ha pasado; tantos muertos, tanta violencia, tantos ahogados, tanta gente sin hogar, tanta indiferencia e insolidaridad, tanto mirar para otro lado o acusar con el dedo a esos que son los malos y no a nosotros mismos que, calentitos debajo de nuestra bata de lana del Pirineo y pegaditos al brasero, somos tan inocentes de lo que ocurre como un niño no nacido.

Es verdad que no hemos ahogado con nuestras manos a ninguna criatura, es muy posible que algunos de los que vagan merodeando junto a nuestras fronteras sean mala gente o por lo menos tan responsables como nosotros, pero da mucha pereza pensar en todo eso y cargar con una culpa tan difusa y a la que no podemos poner el remedio del arrepentimiento ni del propósito de la enmienda, porque no sabemos muy bien en qué nos hemos equivocado.

Ahora están de moda los mantras (hace unos años sólo los especialistas sabían lo que eran) y todo el mundo afirma que los repetimos tal cual como si de jaculatorias se tratase (que es lo que vienen a ser) y sobre todo como verdades inamovibles, sin darnos cuenta de lo contradictorios que pueden resultar entre sí. Me refiero a que todo el mundo envía en estas fechas postales cálidas llenas de luces de colores y una de esas frases que se repiten; Feliz Navidad, Paz y Buenos deseos. Acto seguido esas mismas personas envían manifiestos contra los que son diferentes, alegando, en otro mantra, que vienen en contra de nuestra civilización, que son un peligro y que hay que arrojarlos lo más lejos posible de nosotros. Sin duda, algunos hechos dan razón de esta última realidad; hechos sangrientos que nos ponen la carne de gallina y nos atemorizan, confirmando el riesgo que corremos. Pero no nos damos cuenta de que, desde el legítimo miedo, lo que hacemos es propagar el recelo, el odio y los deseos de venganza, al tiempo que decimos desear paz para todos y luces de colores.

O tal vez yo no lo haya entendido bien y la paz es para todos y las luces de colores, siempre y cuando se aguanten con lo que les ha tocado y nos dejen en paz. No nos pidan solidaridad, si luego van a venir a ponernos una bomba o a arrollarnos con un camión.

No sé, pensar en todo esto me cansa muchísimo y no estoy para hacer balances. Necesito toda la fuerza que me queda para soportarlo.