Archivo por días: 14 enero, 2017

De la gratitud y la gratuidad (Para José Rubio en ocasión de su último poemario)

Hay veces en que, a pesar de lo que pueda parecer, el mundo se presenta a nuestros ojos como un verdadero regalo. Me ha ocurrido hace poco. Un bendito día, sin ninguna razón aparente, de manera gratuita, la más absolutamente gratuita, un poeta me regala su última colección de poemas. No sólo eso, sino que me obsequia un ejemplar en el que con su mano ha corregido esas erratas que sólo el autor puede detectar, pues la edición es muy cuidada, y me lo dedica porque, según dice, soy buena lectora.

¡Qué cosas!, me digo, y permanezco ensimismada y temerosa durante varios días, pues no me atrevo a abrir el libro, ya que se espera de mí que sea una buena lectora y eso me aterra. Luego, puede más la curiosidad…

El poemario se apoya en un poema, el último, que pretende dar una respuesta a una interrogación de otro poeta; un poeta de hace siglos y en apariencia lejano. Comienzo, entonces, a percibir el peligro de ser filóloga y de dejarme llevar por esas pedanterías propias de la profesión que te impelen a categorizar, a hacer tipologías, a rellenar los vacios de una poesía sugerente con erudiciones que no sirven para nada, a no ser para que las evalúe la ANECA.

Pero los hados, no cabe duda, están de mi parte y, casi sin darme cuenta, consigo apartarme de la tentación de señalar este texto como una sucesión de elegías, que a ratos se interrumpen por esas piezas de orfebre que son los haikus y otras se desvían del tiempo, de la añoranza y la ausencia para cantar presencias, entre las que quizá la más evidente sea la de la naturaleza, seguida o precedida, no sé muy bien, por el vigor de los sentimientos fraternales y por la expresión de toda clase afectos íntimos, raros hoy, pero universales.

Desprendida por mi buena estrella de todas estas tentaciones, simplemente me siento y leo, a ratos en silencio y a ratos en voz alta, esquivando siempre el análisis de una sintaxis poética compleja que intenta seducirme, y envolviéndome en el sentido profundo de estos versos termino por saber, con toda certeza, que, En qué abril de José Rubio, es la expresión magnífica de la gratitud de un alma agradecida y sensible y de un tenaz escribidor que consigue una palabra limpia, con los adornos justos, que parece simple y espontánea, pero que, en este libro, a diferencia de los otros dos que conozco, deja transparentar el esfuerzo y la laboriosidad.

José Rubio es un gran poeta, sin duda, de los pequeños instantes y de los sentimientos cotidianos que, por sabidos, pasan sin pena ni gloria. Él les da presencia y cuerpo, dejando sin embargo en silencio lo que en silencio ha de quedar. Es el poeta de la gratitud, en un tiempo en que esta no es una virtud frecuente, y por eso, porque sabe a ciencia cierta lo que le llega gratuitamente, me ha regalado sus versos y yo le doy las gracias.