Archivo por días: 1 marzo, 2017

El momento de partir

Tengo un reciente amigo poeta al que acuso de pesimista. El, a regañadientes, lo reconoce, para afirmar enseguida que es muy vitalista, pero que el mundo está fatal y aunque a él le vaya bien, al momento siente que aquellas cosas que lo enfadan, que lo entristecen o que le hacen dudar de la sanidad mental de la raza humana le asaltan inmediatamente aguando la fiesta de su alegría de vivir.

Ahora que estoy a punto de marcharme y de pasar algo más de mes y medio alejada de televisiones, periódicos o cualquier otro medio de comunicación que me pueda poner en contacto con lo que ocurre más allá de lo que mis ojos puedan ver y mis oídos oír; ahora que me enfrento a un tiempo en el que la realidad me va a golpear de manera directa, sin la mediación de intereses, interpretaciones u opiniones ajenas, casi estoy a punto de recomendarle a mi amigo el poeta que haga algo parecido. Que permanezca un mes y medio sin recibir más información que la que él mismo sea capaz de percibir con sus propios sentidos.

Sin embargo, mientras no me he alejado de mi espacio habitual, sigo leyendo periódicos, oyendo la radio y viendo los telediarios y, claro, me asaltan esas noticias absurdas que aceptamos con toda naturalidad. Por ejemplo; una señora, casada con un británico, pero nacida en el extranjero, resulta que es expulsada porque no ha permanecido en el UK el tiempo suficiente para mantener su residencia. La buena señora había pasado en su país de origen mucho más tiempo del permitido cuidando a sus ancianos padres. Mientras tanto sabemos de otra señora que, junto con su familia y para evitar el pago de impuestos, reside en un país vecino y aquí la tenemos y nadie la priva de su residencia, ni de su pasaporte ni de nada de nada. Me dirán que son casos distintos y que las normas que afectan a unas cosas, no afectan a otras o les afectan unas diferentes. Cierto. Así es. Mientras tanto hay un señor que nos taladra los oídos con el cumplimiento de la ley que es igual para todos, cuando, a poco que nos fijemos, no cabe duda de que no es igual para todos o, si lo es en principio, luego empiezan a sumarse circunstancias y consideraciones y termina resultando que a unos se les imponen castigos ejemplares, por aquello de la alarma social, mientras que otros pasan silbando porque no parece que haya nadie alarmado.

Hace muchos años, cuando todavía alguien se ocupaba del conflicto árabe-israelí,  – aquí no hay más remedio que hacer un largo excurso;  desde mi punto de vista no es tal, mas bien se trata del conflicto en que han metido sin solución a los palestinos los israelíes y del que parece nadie quiere hacerse cargo para solventarlo, si bien ahora tenemos la excusa, como antes hubo otras, de que hay conflictos mayores en la zona- decía yo que hace años un rabino, citando a otro como suelen hacer, afirmaba que la justicia sin misericordia no es justicia.

Así pues, la ley que ha de ser igual para todos pues si discrimina no es justa, tampoco lo es sino es misericorde. Pero estas virtudes, la misericordia y la justicia, son muy antiguas y ya nadie espera que tengan presencia en este mundo.

Para darnos cuenta de lo fútiles y lábiles que se han vuelto nuestras convicciones (que son las que darían quizás cancha a la justicia y la misericordia) pondré solo un ejemplo: Resulta que llevamos algo más de cuatro semanas oyendo a un señor muy poderoso decir barbaridades en un tono además agresivo e impertinente. Hoy va y da un discurso ante los representantes de todo su país y lo que se valora es que ha sido más moderado. Dicho de otro modo, ha dicho las mismas barbaridades sin gritar tanto y sin emplear expresiones vulgares y todo el mundo parece haber respirado tranquilizado.

Ustedes saben qué sufrimiento va a ser tener la seguridad, mientras transcurre el tal mes y medio, de que no me voy a enterar de todo esto, de cómo avanza y retrocede aparentemente la estulticia en el mundo, planeando sobre nuestras cabezas, cómo la justicia inmisericorde se enseñorea y la verdadera justicia huye por la puerta de atrás. Pero, no sufran por mí. Mirando a mi alrededor, a una Centroamérica asolada por la desigualdad, la violencia y la falta de perspectivas de futuro, me consolaré, porque, a pesar de todo y sin duda, de este lado se está algo mejor.