Archivo por días: 4 abril, 2017

CRÓNICA DE UN ROBO

 

Como muchos sabéis a Luis le robaron su celular. Él mismo os cuenta lo que sucedió:

El día amaneció clarito pero fresco. El plan era salir en buseta a las 6,00 de la mañana para llegar a misa de 6,30 en la parroquia de San Luis de Salcajá. Y el plan se cumplió. Después de misa y de saludar al párroco con ofrecimiento para dar alguna charla si lo consideraba oportuno salimos por la zona del mercado que estaba a esa hora instalándose porque era martes. En la esquina de la iglesia había ya un puesto en el que vendían relojes y que yo fiché… luego veremos por qué. Por el trayecto encontramos a Don Adonal, amigo de otros años y colaborador del Hogar. Tras alegrarse de ‘encontrarles de nuevo por aquí’ rápidamente se excusó de que a su paso por España en el mes de mayo no nos había llamado por teléfono. El caso es que hizo un viaje de peregrinación a Tierra Santa con escalas de varios días en España e Italia, pero ya se sabe que ‘en los viajes organizados no hay tiempo para nada’. En Roma concretamente estuvieron a pocos metros del papa, porque el organizador de la peregrinación, precisamente el P. Mario párroco de San Luis al que acabábamos de saludar, ‘había estudiado en Roma y tenía allá sus conocimientos’.

Sin más retrasos regresamos al Hogar a desayunar y cada uno a su tarea. De repente vi que se organizaba otra bajada a Salcajá y me apunté. Rápidamente me asignaron tarea de acompañar a una joven alemana que está haciendo aquí un voluntariado de 6 meses y todavía no se defiende demasiado en español y que quería comprar unas láminas para aprender los nombre de las partes del cuerpo, los utensilios de cocina y cosa de casa… etc. Pero mi objetivo era comprar un reloj por un motivo muy concreto: el lunes 20 había cumplido 13 años una jovencita del Hogar, Lordan, que sin que se enteren las demás residentes diré que es mi favorita. Es una chiquilla muy inteligente, avispada e interesada por cosas variadas, va bien en los estudios y lleva la escolarización en su año. Este curso termina la primaria. Debe de llevar en el Hogar 4 o quizá ya 5 años. Todos los años nos hace regalos, nos pinta dedicatorias y demás.

También es un poco (!) trasto. Muy ‘muchachote’, poco femenina. Según se nos dijo es una niña no querida, porque su madre quería un varoncito, y no dejó nunca de decírselo a la pobre criatura que en su subconsciente ha adoptado esas actitudes ‘masculinas’ para hacerse querer de su madre. Otros problemas habría que no conocemos cuando el juzgado la sacó de su casa y la mandó a una institución de protección. En la última revisión del caso hace un mes le dijo al juez con claridad que no quería volver con su madre que una vez más la reclamaba y que se quedaba en el Hogar.

Este año se le ha celebrado un cumpleaños en toda regla, con música mañanera, estas son las mañanitas… y otras lindezas, y cena especial por la noche con una gran tarta comprada y otro dulce hecho en la casa. Ha contrastado mucho con lo que se hizo el año pasado que fue tan ‘discreto’, por no decir raquítico, que ni nos enteramos. Por suerte ha habido cambios en la dirección. No queríamos que se quedara sin un regalo nuestro y le pregunté qué quería. Me pidió tiempo para pensarlo y unas horas después me dijo que un reloj de esos ‘que dicen la hora’ (tras alguna indicación más entendí que quería que fuera digital), resistente al agua, con luz y con alarma. La chiquilla sabía lo que quería y yo como abuelo complaciente me dispuse a dárselo. Se lo comenté a la directora por no hacer nada que no fuera oportuno y me dijo que la misma niña se lo había dicho ya y que le parecía muy bien.

Después de pasar por la papelería con la alemana que se llama Rica, volví al puesto de relojes y le compré el típico Cassio que reúne todas las condiciones requeridas y que me costó la increíble suma de 7 euros, previo un poco de regateo. Con la compra hecha atravesamos el mercado que estaba atestado, pero en un momento concreto se formó un tapón en la estrecha calle entre los puestos de frutas y verduras, hubo apretujones y empujones y noté que me trasteaban el bolso que llevaba en bandolera por mi costado derecho, pegué un tirón y en ese momento me dieron un empujón a la vez que el tapón de gente se disolvía. La cremallera del bolso estaba apenas abierta y vi que me habían quitado los 40 quetzales de la vuelta del reloj. Respiré tranquilo al ver que el billetero con más dinero y tarjetas de crédito descansaba tranquilo, o asustado no sé, pero allí estaba en el fondo del bolso y también el pasaporte. Con el reloj de la niña no hubo problema porque lo llevaba puesto en la muñeca.

Fuimos al lugar convenido para el encuentro y de nuevo en el carro subimos al Hogar. Hasta las 6 de la tarde no caí en la cuenta de que me faltaba el móvil. Buscamos por todas partes, hicimos llamadas… y saltaba el contestador. Total que me lo habían robado con gran arte y oficio de carteristas profesionales, y seguro que eran más de uno porque el bolso lo llevaba a la derecha y el móvil en el bolsillo izquierdo del pantalón.

Pille un gran berrinche. Pero ahora, 24 horas después se me ha pasado. Cierto que es un trastorno; aunque el aparato era ‘smart’ pero malucho me servía para recibir por guasap las fotos de mi nieto que cada día está más guapo y gracioso… y la gran suerte es que llevaba instalada una tarjeta prepago de Guatemala mientras la mía de Vodafone está guardada en la maleta, de forma que no me afectará cuando vuelva a casa. Seguiré teniendo el mismo número y todos los datos almacenados en la tarjeta.

En resumen que el reloj resultó algo más caro y me robaron un móvil. Solo espero que la estadística me dé por amortizado y no me toque de nuevo en mucho tiempo… o mejor nunca.