Archivo por meses: junio 2017

Talón alado

Se conmemoran los cuarenta años de la Constitución y cada cual hace su lectura, según el papel que le ha tocado representar en el presente y en las circunstancias actuales. Por ello, para unos se trata de un tiempo perdido para hacer justicia a los que eran perdedores de la guerra fratricida; otros piensan que no llegó a ser una revolución y por tanto engulló a sus líderes, dejando sólo a los que se adaptaron y siguieron en lo suyo; otros, en fin, están convencidos de que se trata de la mejor obra de los últimos dos siglos y eso, para ellos, significa que no hay que retocar en absoluto el cuarto de baño, aunque esté dotado de una turca.

Me indigna un poco que esto sea así, lo de los unos, los otros y los de más allá. Sobre todo porque en un número importante no vivieron aquella época. Alguno incluso habla de abuelos, equivocándose, porque eran sus padres realmente, a tanto llega su lejanía de aquella realidad. Y a pesar de no haberla vivido y de tener cerca a gente lúcida, que la vivió en plena juventud y dominio de su mente y cuerpo, se permiten interpretar los sentimientos (no ya las acciones) y hablan de miedo y de otras cosas que, desde luego, puede que alguien sintiera, pero que no representan el sentimiento general.

Los que vivimos aquella época, nos sentíamos esperanzados, nos sentíamos alegres e ilusionados con un futuro que estábamos construyendo, procurando dejar de lado las rencillas y resquemores. Teníamos la perspectiva de que había que construirlo todo de nuevo y que, a lo mejor, nos iba a quedar habitable, pero que en su momento lo tendríamos que modificar, porque cambiarían las circunstancias y las necesidades. No teníamos la idea de que aquello era palabra de Dios, intocable e iluminada. Era la labor de encaje de tendencias incluso centrípetas, pero que creían en el futuro. De hecho sólo se descolgaron de ella, se enrabietaron, los inmovilistas que sacarían las garras en 1981. Tan evidente fue que no eran representativos de la mayoría que el asunto no prosperó.

Hoy, en que seguimos inmersos en una crisis que nadie sabe resolver, cuando las distintas tendencias ideológicas parecen más ocupadas en sus propios intereses que en buscar soluciones y proponer cambios y sentimos que nos fallan la ilusión y la esperanza, por favor, no lean la historia privándola a ella también de la ilusión que ellos mismos han contribuido a desbaratar y a arrebatarnos. Pues con aquella ilusión se construyeron logros y hoy ni siquiera los han sabido mantener.

Me sentía deprimida, me sentía tocando fondo viendo este desazonador espectáculo, pero como soy mercuriana, mi talón alado me está sirviendo para remontar la pendiente en que nos han sumido. Parece por otra parte, que la evidencia de que están tocando el bombo está llevando a algunos a enmendarse y a buscar aspectos que conviene plantear y desarrollar. De lo que no parecen darse cuenta es de que sólo tienen que reconstruir, porque el edificio es sólido y no necesita sino reparaciones menores de aggiornamento. Pero ellos creen que están descubriendo la pólvora y yo me consuelo pensando en que soy mercuriana.

 

Murcia sorprendente

Parece que ya me voy acostumbrando a vivir en esta ciudad. Tanto es así que ya me sorprenden pocas cosas. Es decir, me parecen normales sus plazas, su clima, sus calles, la alegría y la tranquilidad que se respiran, a pesar de que los políticos, al menos algunos, sigan haciendo de las suyas. Pero no quiero dedicarles ni una sola línea a esas criaturas que parecen venir de otro planeta.

Quiero hablar de lo que resulta sorprendente y pone de manifiesto que esta es una ciudad viva, contrastada y hasta se podría decir que paradójica. Desde los primeros meses en que me asenté aquí, me llamó la atención la viveza cultural; numerosisimas manifestaciones de todo tipo, desde las más cultas a las más populares. Desde el ballet clásico, pasando por conciertos, exposiciones, hallazgos de todo tipo, exposiciones, hasta la música en las calles o en las fiestas de los barrios.

A todo se acostumbra uno y ya no parece sorprenderse.  Sin embargo, de vez en cuando, la coincidencia de un par de hechos lo sacude a uno, lo despabila y cae en la cuenta de esa vivacidad cultural sorprendente y enriquecedora, que hace que puedan darse a un tiempo dos manifestaciones que satisfacen a públicos de gustos e intereses bien diferentes, de edades distintas o a aquellos otros que somos curiosos de todo lo posible, aunque con la edad nos hayamos ido volviendo algo selectivos.

Hace menos de una semana, se presentó en el Museo de la Ciudad una antología de verso, prosa y textos de viajeros sobre la ciudad de Murcia y sus huertos y jardines, compilada por ese espíritu superior, sabio y sensible (las tres eses que culminan en la ese de su nombre), Soren Peñalver. Un libro exquisito en su contenido, compilado con mimo y erudición, y en su formato, pues el color, la presentación y el papel hacen honor a la delicadeza de lo que encierra.

Hace un par de días nada más, en la Biblioteca Regional se presentó un cómic de Chema Lajarínez, titulado La Afroyaya. En la imagen podéis apreciar las diferencias formales que son sumamente significativas.

Que no despiste el envoltorio. Pues si el primero tiene todo el aspecto de una obra académica y erudita, porque lo es, el segundo no es menos erudito en otro orden de cosas y no menos digno de figurar en una academia de la ilustración contemporánea; qué derroche del autor y qué gozada de los amigos colaboradores y la variedad de todos sus estilos y propuestas en torno a un mismo tema. Es decir, también es una completa antología.

Si los jardines de Murcia presentan con rara habilidad un universo en donde la sensación que produce esta tierra es muy semejante a lo largo de los siglos y, aunque cargada de matices, ofrece un panorama que revela su esencia, esa Yaya, heroína de cómic, al menos en apariencia, refleja una identidad en el habla, en los valores, en la preocupación por la realidad contemporánea y alguno de sus oscuros aspectos que también revela una esencia cargada de ética.

Que estos dos libros aparezcan en el plazo de una semana es en sí mismo un ‘signo profético’. Es decir, algo que revela cuál es la esencia de esta ciudad plural, en la que confluyen generaciones diferentes , la de Soren y la de Lajarínez, con medios y métodos diferentes, pero preocupadas por la esencia de su tierra, por conservar sus valores y sus señas de identidad, sin chauvinismos trasnochados o patrioterismos funestos, con delicadez y sentido del humor.

Una experiencia sorprendente que hace que cada día me sienta más feliz de haber venido a parar aquí.

Unas fiestas solidarias: Las fiestas Patronales de Vistalegre

En las dos últimas semanas del mes de mayo y en torno a la advocación de Santa María Madre de la Iglesia, se han celebrado las fiestas del barrio de Vistalegre.

 

El barrio de Vistalegre, como todos los naturales de Murcia saben es un barrio que se articula en torno a un gran hospital público, el Morales Meseguer. De las antiguas alquerías de huerta murciana, se ha pasado a una cuadrícula de calles que empezó a ser una prolongación del núcleo urbano de la capital, aunque conserve sus rasgos de pequeña transición entre la urbe clásica y la más moderna. Muchos de los vecinos que aún habitan el barrio recuerdan esos orígenes huertanos y cómo fueron surgiendo edificios y manzanas de casas, en calles perpendiculares, no muy anchas, que protegen a los viandantes del sol.

Los vecinos de este barrio poseen un espíritu alegre y festivo y han venido celebrando con entusiasmo sus fiestas patronales durante algo más de treinta años. Pero este año 2017 y al calor de una nueva hornada de vecinos más jóvenes y que quieren revitalizar el barrio en su comercio y en su estética, las actividades lúdicas se han disparado. Desde carreras casi profesionales, hasta desfiles de carrozas, pasando por un concierto de rock o un verdadero festival de folklore huertano, sin dejar de lado experiencias culinarias para los más pequeños, demostraciones de yoga o concursos de ajedrez y de pintura en la calle, danzas preparadas por amateurs, la gran comida de paella gigante o el mercadillo de segunda mano, se puede decir que ha habido de todo. Se ha paseado a la Virgen por las calles en solemne procesión, con el apoyo incondicional de la Cofradía de la Virgen de la Fuensanta ‘La Peregrina’, se han tirado cohetes y quemado fuegos artificiales. Ha habido reinas de las fiestas, con sus respectivas cortes de honor y hemos visto a las autoridades presidir y participar en los festejos.

 

Sin embargo, dos cosas son muy importantes en estas celebraciones y dignas de ser destacadas. La primera de ellas, es que han sumado sus esfuerzos todos los grupos organizados  del barrio, desde la Parroquia y sus fieles con la Cofradía de la Fuensanta  ‘La Peregrina’, la Junta municipal, las Asociaciones de Comerciantes, de Scouts, de Vecinos, de la Tercera Edad y de la mujer, hasta la Peña El zaragüel, que lleva años conservando la tradición folclórica de la zona, o la recientemente implantada en el barrio Asociación Tacaná que se dedica a la ayuda al desarrollo en Centroamérica. La segunda cuestión digna de ser señalada, es que si bien el objetivo primero era el de festejar a la Patrona y divertirse de paso, las fiestas han tenido un fuerte componente solidario del cual se ha beneficiado un proyecto de la Asociación Tacaná.

Gracias al apoyo de todos los grupos implicados en las Fiestas patronales, se ha podido sacar adelante el proyecto denominado ‘Una puerta a la esperanza’, que consistía en conseguir los fondos para financiar un taller especial de terapia psicológica para cuatro de las residentes en el Hogar Luis Amigó de Urbina-Cantel (Guatemala).

Desde aquí y a pesar de las crisis económicas, de la brecha creciente entre ricos y pobres, de las pérdidas en coberturas sociales, nos cuesta trabajo hacernos cargo de que nuestro bienestar no es comparable con el de las personas que viven en determinadas regiones desfavorecidas. Se nos hace difícil a unos padres que cuidamos de nuestros hijos y nietos comprender que haya gente que no puede atender a sus hijos, que no sabe cuidarlos, que los explota o que los agrede sistemáticamente. Cuesta trabajo ponerse en el lugar de quienes no tienen cobertura sanitaria gratuita, de quienes no tienen acceso al agua o la electricidad. Muchos miran a las carencias que tenemos cerca y ya no son capaces de ver que las cosas pueden ser mucho peores en otro lugar. Es verdad que renegamos de nuestros políticos, de nuestros gobernantes, que nos hiere su incuria y su falta de honradez. Pero qué podemos decir de esos otros que han tomado a sus países como si fueran una finca de su propiedad, que no aplican la ley, que solo trabajan sistemáticamente en provecho propio sin que nada les ponga coto, que ejercen la violencia y no la atajan.

Por todo eso, es verdaderamente digno de poner de relieve, cuando los vecinos de un barrio son sensibles a estas realidades lejanas y son capaces de ser generosos con gente a la que ni siquiera conocen, fiados en la palabra de otros vecinos a los que, en realidad, acaban de conocer. No sé si nos damos cuenta de que es un caso raro o al menos poco frecuente el que se ha producido en este mundo en el que todos desconfían de todos.

Estas fiestas de Vistalegre han sido especiales, no cabe duda, por ambas razones; la unión de todos y la solidaridad.

 

Pentecostes

Con frecuencia los no creyentes, al menos aquellos que dicen no creer en el seno de una confesión organizada, acusan a los creyentes de aceptar mitos y planteamientos absurdos, que no resisten el mínimo análisis crítico. También suelen acusar a los creyentes de no ser espíritus libres y estar sometidos al poder, haciéndole el juego a los hombres de religión que se han erigido, apoyados en un pensamiento mágico, en la conciencia de todos.

Si se profundiza en ese tipo de acusaciones aparece, con cierta frecuencia, una cierta incapacidad para asumir las propias limitaciones con alegría o para entender el lenguaje simbólico. También rezuma, por debajo del discurso racionalista, un cierto olorcillo a anticlericalismo muy semejante al que ya se daba en el siglo XIX.

Dicho en lenguaje familiar: acusan a los creyentes de creer en patrañas o en los curas. Como si la actitud del creyente fuera ciega o poco ilustrada. Como si el creyente no fuera capaz de distinguir lo que es mágico de lo que es empírico, como si aún permaneciera en la edad infantil y tuviera su conciencia delegada en otros.

Los hay que, con un lenguaje sumamente ingenioso, reducen al absurdo dogmas y creencias, proponiendo lecturas que o bien encierran una gran violencia o son puro sofisma. No hace mucho alguien decía, con respecto a  esto de las primeras comuniones, que a los niños se les enseñaba a ‘comer carne humana y a beber sangre’.

No me considero una persona lerda, ni poco formada, ni violenta, ni fanática. Pero me considero una persona creyente y, sin duda, me molesta que con toda alegría se me tache de todo eso, de manera explícita o velada, y se me invite a entrar en polémica apelando a mi primaria reacción violenta.

Por eso, aquí y aprovechando la venida del Espíritu Santo, en este domingo de Pentecostés, voy a decir algo. Una de las consecuencias de la venida del Espíritu, tal como se narra en los textos revelados (esos mitos y patrañas), es que cada uno de los que recibieron el Espíritu hablaba lenguas y todos los que los escuchaban, los que venían de Siria, los árabes, los de Panfilia o de Capadocia y muchos otros lugares, los entendían sin esfuerzo. La pregunta no es ¿qué hablaban; esperanto? No. Hablaban el lenguaje común de los seres humanos. De repente se habían dado cuenta, por la fuerza del Espíritu, de que las diferencias las habían creado los hombres, pero que no existen tales diferencias entre los seres humanos. Todos somos personas y entendemos perfectamente el gesto de una mano tendida, de una sonrisa, de una actitud de acogida.

Además, si eso es así y somos capaces de entender este otro tipo de lenguaje, es porque Dios, que nos ha creado, nos ve a todos como iguales. Cualquiera, se diga religioso o no, se diga creyente o no, que lea esto de otro modo, simplemente está atendiendo a sus intereses terrenos y no a la construcción del Reino de Dios, que es otro ejemplo de lenguaje simbólico para decir que el mundo es de todos y nadie tiene derecho a convertirlo en su coto privado.

En virtud de estos razonamientos, ruego a los que consideran que me hallo en la edad infantil por mi fe que, por favor, se abstengan de negarme la capacidad de raciocinio que yo no les niego a ellos.