Archivo por meses: septiembre 2017

Fin de temporada

Cuando se acaba el verano y quizá por una acumulación de sol en la cabeza, se producen visiones y reacciones curiosas ante hechos cotidianos que tienen lugar al borde del mar. Aquí van algunas de esas situaciones:

I.- Estoy sentada en mi silla, leyendo un libro. Muy cerca, en la orilla del mar, una joven madre excava un hoyo y construye a su alrededor un pequeño muro, que compacta cuidadosamente con manos expertas una y otra vez. La obra avanza lentamente. La niña, para la que sin duda todo aquello está destinado, revolotea alrededor y de vez en cuando se agacha a compactar la arena del muro con movimientos idénticos a los de su madre. Un tiempo después, ambas gritan alborozadas. Han echado varios cubos de agua dentro del hoyo. la niña hace que sus pies chapoteen en aquel pequeño charco, defendido por el murete. Yo siento un impulso irresistible de pisotear el murete y destrozar la obra. Avergonzada por este pensamiento destructor, me levanto y me tiro de cabeza al agua.

II.- Poco a poco empieza a soplar un viento recio del sur. Llevamos ya mucho rato en la playa y decidimos que el viento se está volviendo molesto y que es mejor marcharse. Comienzo a recoger mis cosas; la esterilla, la toalla, mi vestido, el libro que leo y voy colocando cada cosa en su lugar. Mientras, mi marido desmonta la sombrilla. Es de un color amarillo chillón. Mientras hace los gestos habituales, yo le veo elevarse al cielo, llevado por el arrastre de la sombrilla. Parpadeo en el mismo momento en que empezaría a gritar. Mi marido sigue con los pies en tierra, doblando los pliegues de la sombrilla para que entre en su funda.

III.-Estoy en la orilla dejando que las leves olas me acaricien los pies. El agua está fresca, transparente e invita al baño. Una voz conocida perteneciente a una señora que es habitual en esta playa me llega de repente: En septiembre siempre está el agua fría. Hoy está helada. Sin embargo, ella permanece dentro del agua sin apenas moverse por un tiempo no menor a media hora. Yo me voy a dar un paseo al otro extremo de la playa para no estrangularla una vez más.

IV.- Una mamá llega acompañada de un enjambre de chiquillos. Cuento hasta cuatro; tres niños y una niña. Los pequeños , según  sus edades, cogen sus cacharros de playa; cubitos, palas y rastrillos, y se dedican a sus obras de ingeniería. Alguno, un poco más mayor, se pone donde rompen las diminutas olas a saltarlas con gran decisión. Entre tanto, la mamá coloca varias sillas y bolsas, extiende toallas, planta la sombrilla y finalmente se sienta. Saca el teléfono móvil y se enzarza en una conversación tras otra y en contestar mensajes. Con un cierto ritmo levanta la vista del aparato y grita: No os vayáis tan lejos.  Eso es todo.

V.- Un caballero y su pareja que hablan una lengua para mí incomprensible ocupan un lugar cercano sobre la arena. Ponen sus sillitas-tumbona y se dejan caer a tomar el sol. De vez en cuando, como hacemos casi todos, se levantan, se pasean o se bañan. Ella es joven y esbelta. El tiene buena planta y es algo mayor. En una de las ocasiones en que alzo la vista de mi libro, veo como él se levanta, echa una rodilla a tierra, se gira parsimonioso y apoyándose con ambas manos en el reposa brazos de la silla de su mujer se levanta con gran esfuerzo. Luego da un par de pasos titubeantes y rígidos hacia el mar. En ese momento, se da cuenta de que le miro y se detiene. Poco después prosigue su marcha y consigue llegar al agua. Lamento no saber qué lengua habla y no conocerla. Le podría decir: No se preocupe, a mí me pasa lo mismo todas las mañanas en cuanto me levanto de la cama. Los idiomas son muy importantes. Siento que se alza un muro de incomprensión entre nosotros, cuando en el fondo yo me siento totalmente solidaria con su artrosis. Es frustrante.

En el año de Gracia de 2017 (Parte II)

Celebrada la cena tal como se refirió en la Parte I, los asistentes se lanzaron a danzar una melodía que, por gentileza de J.R. representaba muy bien al colectivo ‘Gallinero playuqui’ con que se conoce a este vecindario mundialmente.

En las imágenes se puede observar como un catedrático emérito de Lengua y literatura hebreas de la UCM se desmelena y presenta una actitud poco conveniente a tan conspicuo docente. Pero, estas son cosas que ocurren en verano, con la caló. Normalmente se trata de un señor muy serio para sus cosas y de ello no se debe inferir iguales actitudes en miembros del colectivo de catedráticos de Universidad.

 A la voz de. ¡Cari, vamos a deliberar! Los majos salientes, en actitud un tanto desenfadada y poco conveniente ante las miradas de los asistentes, quienes no dejaron de lanzar sus interjecciones y vítores, se reunieron muchísimo a deliberar y a traición le colocaron la banda a los nuevos majos que instantes antes estaban así de contentos y despistados.

Tras la investidura, se procedió como no podría ser de otro modo (frase que dicen últimamente mucho los políticos, aunque, por otra parte, cualquier cosa puede hacerse de muchos modos diversos, pero esta es una discusión para otro lugar…) a los discursos de ambos nuevos majos. De sus palabras y expresiones se deduce claramente, como no puede ser de otro modo (insisto) la emoción que los embargaba y que además se contagió a los asistentes, que corearon frases, lanzaron vítores y aplaudieron a rabiar, mostrando en cualquier caso un gran interés por las palabras de los oradores, casi mayor que el que les prestaban sus alumnos, cuando aún ejercían la docencia.

Este ambiente, en el que los sentimientos estaban a flor de piel, provocó en algunos de los asistentes actitudes de gran fraternidad, aunque juraban que sólo habían bebido cerveza 0/0.

A continuación se procedió a la toma de algunas imágenes muy originales en las que posaron los miembros del ‘Gallinero’ con los Majos recién nombrados. (No se puede hablar de elección, porque no fue precisamente eso, sino una designación a dedo. Aquí no nos andamos con tonterías de hacer que pase por democrático lo que es meramente impositivo. A ver si empezamos a llamar a las cosas por su nombre) (Perdón, que me he ido por otro lado… es que llevamos una racha…)

Para finalizar se llevó a cabo la tradicional fotografía de familia. Por una caída involuntaria, se produjo un escorzo violento, digno del mejor Barroco, que le dio a la imagen una cierta originalidad como se puede apreciar.

Una vez concluidos los actos protocolarios, dos manos inocentes convocaron a la lluvia y se armó… Aunque siempre hay quien tiene a mano un paraguas. Por otra parte el que alguien aparezca en un balcón, acodado en la barandilla con aire inocente no debe llamar a engaño al buen observador que verá a los pies un precioso barreño azul celeste.

Así, un poco pasada por agua, acabó la velada. pero todos parecían contentos y felices y no se produjeron daños mayores que camisetas empapadas.

Por fin, los agradecimientos: A los miembros del ‘Gallinero’ en su conjunto por confiarnos la honorable tarea de representarlos en toda clase de actos. Procuraremos hacerlo con dignidad. A Manolo que, mientras yo estaba distraída hablando con su señora, la Teo, nos trajo sendos montaditos con su tomate y todo. Estos son los detalles que hacen que una no pierda la fe en la Humanidad. A Isabel que hizo unas rosquillas aptas para celíacos, diabéticos, intolerantes a la lactosa y otros intolerantes, sin que por ello, milagrosamente, dejaran de saber como las de la abuela. A los autores de las imágenes, Mario y J.R. sin cuya colaboración no hubiera sido posible esta crónica o, al menos, habría quedado más deslucida.

Pedir disculpas a los posibles afectados; como Cristina y Jose que no aparecen más que de refilón. También están desparecidos Teo y Manolo y bien que lo siento, porque siempre he sido de estómago agradecido. El chino ‘malaleche’ de mi ordenador los ha suprimido, quién sabe por qué y no encuentro su foto por parte alguna.

Y esto es todo, si alguna falta hemos cometido, sabed disculparla.

Feliz fin de verano a todos y buen otoño.

En el año de Gracia de 2017 (Parte I)

Introducción:

Este artículo, dada la importancia de su contenido, merece ser dividido en dos partes, al menos, para que ninguno de los grandes acontecimientos vividos en la noche del ocho de septiembre de este año del Señor de 2017 quede sin reseñar con toda la hondura que se merece.

En este año de Gracia, por fin, hemos alcanzado el honor de ser los Majos del Miño. Ha costado lo suyo y sobre todo mucha paciencia. Los procedimientos de elección no son exactamente democráticos, sino más bien dediles y tienen en cuenta la antigüedad y el capricho de los Majos salientes. Los méritos de nada valen, aunque no deja de sorprender la capacidad de algunos para prometer cosas, antes de la elección.

Nuestra elección, por otra parte justa ya que somos los últimos llegados a la comunidad electoral, hay que decir que no ha ido precedida de sobornos y falsas promesas. Incluso ha quedado bastante claro que no pensamos hacer nada de provecho por el conjunto de los ciudadanos que integran esta comunidad. Cada cual que se apañe, como así ha venido siendo. Ante todo se han de preservar las tradiciones.

De cualquier forma, sea justo o no el procedimiento o el resultado, porque eso ya vemos que no importa a nivel general y mucho menos ha de ser relevante a nivel tan local, lo cierto es que la velada contó con una serie de procesos a cual más importante, que se cumplieron con gran dedicación y participación de todos los presentes.

Hay que señalar como interesante la circunstancia de que el resto de vecinos, incluso aquellos que vienen a pasar el fin de semana, tuvieron la delicadeza de no personarse el viernes por la noche y sólo asomaron tímidamente el sábado a mediodía, cuando ya no quedaba ni rastro de los desmanes (¡uy, se me ha escapado!) de la noche anterior. He querido decir restos de la convocatoria. Es posible que la ausencia de personas de orden facilitara el desarrollo de los acontecimientos tal y como a continuación se detallan e ilustran gráficamente.

Convocados pertinentemente, utilizando el medio del boca a oído y también las últimas tecnologías, y hechos los preparativos de adquisición de condumio, a saber; pan, carnes diversas, tomates y bebidas, además de los sabrosos productos de Martínez (patatas, aceitunas y cascaruja) a quien Dios dé larga vida y prosperidad, los encargados de mantener el fuego vivo prepararon las planchas de hierro (elaboradas en la competente empresa de Mariano) sobre los fuegos de butano. Se hizo acopio de las bombonas convenientes, tras proteger las baldosas del patio de las salpicaduras.

Las carnes aportadas en forma de pinchos morunos, brochetas de pollo, hamburguesas, lomitos, chorizos y morcillas, amén de panceta (perdón, bacon, que es más adecuado) fueron cayendo sobre las planchas ardientes, tostándose convenientemente y derramando su estimulante olor por todos los rincones. El aspecto de todo ello quedó como sigue: Se poblaron las mesas de condumio y comensales. Manos iban y venían, llevando ya botellines, ya vasos de plástico, ya viandas a la boca de cada cual en un trajín incesante que no impedía, aunque digan lo que dicen las normas de urbanidad, que se hablara a gritos, se contaran chistes o se alabara la labor de quienes sudorosos atendían el fuego.

Para rebajar la intensidad de las grasas, también estuvo presente el humilde tomate. ¡Qué hubiera sido de la cultura mediterránea, si no se llega a descubrir América! Por eso, en este punto, estimo conveniente y agradecido lanzar tres ¡hurras! por Don Cristóbal Colón.

Entre los que manejaban el fuego es justo destacar la figura grácil de Isabel que conociendo la importancia nacional e internacional del evento debería haberse procurado un mandil más a la moda, aunque este puede que pase, por el efecto vintage. Es sin embargo de ley decir que no afeaba su natural donosura y elegancia.

Continuará…