Archivo por días: 7 octubre, 2017

Macarrones boloñesa

Ingredientes:
Pasta Integral (hay poca variedad, solo macarrones o tallarines, cualquiera de ellos vale para esta receta)

Tomate triturado, cebolla, ajo, orégano, un huevo crudo, queso parmesano o de gratinar, el que se prefiera, sal y pimienta negra.

Muslo de pavo

Se deshuesa el muslo y se pica la carne, quitada la piel. Estas dos acciones las puede llevar a cabo el pollero. La carne picada de pavo se mezcla con el huevo batido, sal, orégano, cebolla picada, ajo picado (optativo en la carne), y pimienta negra. Todo ello al gusto.

Se pone cebolla a rehogar, aquí si conviene el ajo picado, se añade el tomate triturado y el orégano, y se deja que se haga. Cuando se estima que la salsa de tomate está al punto y tras pasar por la sartén la carne aderezada, removiendo para que no se haga una torta, se vierte en la salsa de tomate y se le da un hervor. Se cuece la pasta al dente o un poco más (en España siempre la comemos un poco menos crujiente que en Italia). Se vierte en una fuente de hornear, se añade la salsa de carne y se espolvorea con queso. Se mete en el horno a gratinar.

El resultado es una boloñesa que, salvo un poco por el tacto de la carne, está igual de rica que la de carne de ternera o mezcla y evitamos las carnes rojas. El pavo que sabe a bien poco, está estupendo así disfrazado.

 

Recetas para débiles

Con este título genérico que, en adelante, será el de recetas, simplemente, se inicia una nueva sección en esta página.

Al llegar a ciertas edades, todos, pero en particular las mujeres tenemos tendencia a engordar y esa gordura no se reparte uniformemente por todo el cuerpo. No. Se acumula allí donde más molesta: La tripa. A ello contribuyen los cambios hormonales, la vida más sedentaria o menos activa. Ya se sabe que como el refranero es listo existen múltiples evidencias en él de estos hechos: ‘Elegir entre la cara y el culo’; ‘o te ajamonas o te amojamas’ y muchos más.

Por otra parte, los instintos van perdiendo fuerza y queda como único refugio en el que dejarse llevar el de la gula. Pero no se quema todo lo que se consume y, entonces, sube el colesterol, el azúcar, la tensión; todo, menos las pensiones.

Vas al médico y este te recomienda que te comas las cosas a la plancha, que elimines las carnes rojas, que no comas mucho tomate ni patatas ni bollería ni harinas refinadas y por supuesto que no ingieras alcohol.

Te pasas, para morir más sano que nunca, a las harinas y pastas integrales, a las galletas, helados o bebidas sin azúcares añadidos (es decir con edulcorantes que igual son peores) y a los sucedáneos de la cerveza (0/0) o del tinto de verano (sin azúcar y 0/0). La vida se vuelve más pesada, mas monótona y por ende más triste. Estos años en que ya no tienes grandes obligaciones y responsabilidades y que podrían ser los mejores de tu vida, te los pasas esquivando alimentos que te alegraban el paladar y la existencia y tirándote de cabeza al insípido pavo. Aún así las analíticas siguen casi en donde estaban, a pesar de tanto sufrimiento y tanta pastillita, y empiezas a notar que te entran ganas de tirarlo todo por la ventana y morirte de un atracón, pero al menos contento.

Es terrible empezar a sentir esa tentación, de manera que lo mejor es buscarse la vida y emprenderla con trasformaciones en tus recetas. Eso es lo que vamos a hacer aquí. Ya que no queremos suicidarnos, pero tampoco estar tristes, vamos a modificar algunas recetas habituales y colocarlas en el ámbito de la ortodoxia. Si con ello aliviamos esta tensión a alguien, habremos logrado el objetivo.

Todos sabemos que el primer día de curso y el último a los niños les dan macarrones con tomate o hamburguesas. Bien, pues empecemos con los macarrones boloñesa.