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Una entrada cultural sobre El Salvador

Si habéis leído con atención mis relatos anteriores de las andanzas por El Salvador, recordaréis que dejé pendiente hablar de la celebración de los quince años. Pues este es el momento de hacerlo.

Para las mujeres, en la cultura precolombina y en estos pueblos de pertenencia maya o azteca, la mayoría de edad la suponía el cumplir los quince años. En esta edad se incorporaban de pleno a la sociedad, evidentemente estaban ya en edad de matrimonio que era la forma de acceso directo a la presencia pública de la mujer. Con el advenimiento de una cultura cristiana esta costumbre se mantuvo como forma de acceso a la vida social.

La celebración de los quince años se ha ido transformando con el paso del tiempo y es en realidad una especie de ‘presentación en sociedad’ aunque en la mayor parte de los países la edad de la mayoría sean los dieciocho años. En cualquier caso y signifique lo que signifique, es un rasgo cultural diferenciador e identitario que se mantiene vivo en los países de origen y, especialmente, en los lugares de emigración. Las familias, incluso las más modestas, hacen todo lo posible por festejar de manera adecuada el evento. Los papás visten las mejores galas, acompañan a la celebrante sus amigas como damas de honor, todas ataviadas de igual modo, algún varón hace de acompañante de la quinceañera y se completa el cortejo con niños y niñas que portan flores o el anillo que se le regala a la que cumple años.

Posiblemente el cortejo de damas todas ataviadas iguales venga de una influencia norteamericana y sea una especie de copia del cortejo de las bodas. En los vestidos tanto de la homenajeada como de sus acompañantes debe figurar el color rosa y el vestido de aquella ha de ser largo, mientras que las acompañantes van de corto. Podréis observar como el rosa está presente en el vestido largo y vaporoso de la cumpleañera, en los fajines y las flores de las damas y en las camisas de los caballeretes o en sus corbatas. El papá y la mamá, aunque no aparecen en la foto también portaban colores semejantes.

La Iglesia católica, reconociendo la importancia familiar y social que tiene el acontecimiento, ha establecido una ceremonia de celebración con un ritual especial para esta ocasión. Se inicia como si se tratara de una eucaristía, se proclama la palabra y el presbítero hace una homilía alusiva a los nuevos deberes de la quinceañera como ya adulta, pero también en relación con los valores familiares, con la alegría de ver crecer a los hijos, etc. Luego se bendice el anillo, la primera joya que luce la quinceañera y se le impone solemnemente. Se bendice a todos y se despide la ceremonia.

Ya en el festejo privado, con comida y baile uno de los actos más importantes es cuando el papá de la quinceañera, que, a pesar de su traje de gala, ha ido todo el tiempo con sandalias o zapato sin tacón, va y le cambia los zapatos por unos con tacón alto, signo de sus primeros zapatos de mujer.

Todo el festejo tiene un cierto corte patriarcal que podemos reprochar en estos tiempos, pero que debe entenderse en su contexto y que, sin duda, responde a un muy antiguo rito de paso.

Siguiendo con la información cultural vamos a otro asunto de interés. Si recordáis mi libro de relatos de Centroamérica tiene el título genérico De la ceiba y el quetzal. Este título llamó mucho la atención de algunos lectores que se preguntaban qué era. Bueno, pues era simplemente el nombre de un árbol emblemático de esta área del mundo, la ceiba, y un pajarito que es el ave nacional de Guatemala y también en cierto modo de Costa Rica.

He explicado en ocasiones que siendo las repúblicas centroamericanas países relativamente recientes en cuanto a su independencia, necesitan de símbolos y señas de identidad. Por supuesto han generado sus banderas nacionales, también sus himnos, pero son demasiado parecidos en hábitos, costumbres, formas de habla y poblaciones que no les basta con ello y, por eso, aunque muchos elementos también son comunes han escogido todos ellos árboles, aves y flores que los identifiquen.

En el caso de Guatemala como decía el quetzal es el ave emblemática y la monja blanca, una variedad de orquídea, su flor nacional.

En el caso de El Salvador, tenemos como flor nacional el izote que es la flor de una variedad de yuca. No sólo es una flor hermosa, sino que además es comestible y la ejecución de platos con izote se la disputan Guatemala y El Salvador, aunque se come en todas partes incluido México.

El árbol nacional de El Salvador es el  maquilishuat, nombre nahuatl que significa cinco pétalos, porque el árbol florido tiene una hermosa flor rosada de cinco pétalos.

 

Por último el ave nacional de El Salvador es el torogoz, también llamado talapo, que posee un brillante y variado plumaje, comparable en belleza al del quetzal.

Por último, disfrutemos de la bella estampa de la ceiba y el quetzal y, si aún no habéis leído mis relatos, no dejéis de hacerlo y no olvidéis regalar el librito.

Crónicas de Centroamérica

Queridos amigos, por fin parece que tengo una conexión que funciona, incluso antes de lo previsto. Empezaré por colgar aquí los relatos de la estancia en El Salvador. De momento dos relatos, de los dos primeros días allá. Luego, si la cosa sigue funcionando, colgaré los relatos de los días siguientes y también de la estancia en Guatemala.

Espero que os resulten entretenidos. Los encontraréis pinchando en los PDF que salen a continuación.

Iª crónicadeElSalvador

IIª crónica

Hasta pronto

Queridos amigos y lectores más o menos asiduos:

Como en los últimos años, nos vamos de nuevo a Centroamérica. Este año tenemos previsto pasar la mayor parte del tiempo, unas cuatro semanas, en el Hogar de Guatemala. Una semana en El Salvador, por primera vez, probablemente colaborando con una parroquia y conociendo el lugar y sus necesidades. Otra semana la dedicaremos a visitar a los becarios que tenemos dispersos aquí y allá, dentro de Guatemala. Como fin de fiesta y con el animo de aprovechar para descansar y encontrarnos con viejos amigos pasaremos seis días, antes de volver, en Mexico, visitando a un antiguo compañero de la Facultad al que apreciamos mucho y al que hace ahora ya casi diez años que no vemos.

Como otras veces pasaremos del frío del Altiplano guatemalteco al calor tórrido de El Salvador, así que hacer maleta resulta complicado, sobre todo contando con que no puede uno exceder el peso si no quiere pagarlo a peso de oro, nunca mejor dicho.

Este año, aunque siempre en el momento previo al viaje nos ataca la pereza, nos vamos contentos porque realmente se ha implicado bastante gente nueva en la tarea y gracias a su generosidad hemos recaudado algo mas de dinero que nos ha permitido acometer proyectos puntuales pero útiles y positivos, sobre todo para las niñas del Hogar. El barrio de Vistalegre se ha movilizado en varias ocasiones, aportando algo más que un grano de arena y, en particular, nos han prestado simpatía , amistad y apoyo moral que, para estas cosas, es casi más importante que el ‘mardito parné’.

Mantener la tensión de la solidaridad no es posible si no notas el aliento cálido de los que se sienten tocados por la iniciativa. Es verdad que nos gusta y nos compensa moralmente ir para allá, pero sin el empuje de los que nos arropan con su donativo y su ánimo, sería casi imposible, porque, como os digo, en casa se está muy bien y da bastante pereza dejar el confort y marcharse a corretear por el mundo, ya cuando uno va teniendo una edad y no se va de puras vacaciones. En definitiva, aunque seamos nosotros dos los que nos vamos, todos vosotros vais con nosotros y sentimos vuestro calor y apoyo. Gracias y seguid así. Mientras tanto echadnos de menos y nos volveremos a ver, Deo volente, a finales de abril.

En la medida en que lo permitan las conexiones, no siempre fáciles, os mandaremos relato de lo que vayamos haciendo y si no puede ser los colocaremos aquí.

Un fuerte abrazo.