Archivo por días: 26 agosto, 2018

Filosofía

Podría parecer contradictorio que ubicara un escrito que lleva el pomposo título de ‘Filosofía’ en un apartado que yo misma he titulado como ‘asuntos baladíes’. Alguien, incluso, podría sospechar que no tengo ni idea de qué significa ‘baladí’ y que uso la palabra porque es eufónica, porque es bonita -que lo es- o por aquello de su origen árabe que tiene resonancias de mis propias raíces. Pero, no. Sé perfectamente lo que significa ‘baladí’.

Se califica de tal aquello que carece de importancia, que es insignificante, incluso grosero o propio del pueblo llano e iletrado. No en vano la palabra procede de balad  que se refiere a pueblo.

Es cierto que he escamoteado al lector un dato importante porque si no lo hubiera hecho, realmente no serían necesarias todas estas líneas que llevo escritas. Ya se sabe que los escritores -y me atrevo a pensar que lo soy- solemos escoger algo mínimo que pasa ante nuestros ojos y sobre ello elaboramos todo un texto que puede ser más o menos ingenioso, intrigante, lacrimógeno o divertido, según la inspiración del momento.

La cuestión es que, por una vez, voy a revelar mis fuentes para que se comprenda por qué la ‘Filosofía’ puede llegar a ocupar un lugar bajo un etiquetado general de ‘asuntos baladíes’.

Con frecuencia oigo en la radio una cuña publicitaria en la que un individuo, posiblemente muy experto -no me siento capaz de juzgar ni sus conocimientos ni su capacidad de transmitirlos- se presenta a sí mismo como competente en materia de organización de negocios y se ofrece a enseñar a cualquiera que se dedique a la empresa, al comercio o a actividades relacionadas. Para convencer a los oyentes de su capacidad, desarrolla un apresurado curriculum en el que, entre otros títulos de instituciones extranjeras o al menos con nombre inglés, se denomina a sí mismo como coach, palabra que últimamente está de moda y que ha servido para desplazar a múltiples posibles equivalentes de larga raíz en español como entrenador, mentor, consejero, maestro, orientador y algunas más.

Y finalmente, se define como ‘filósofo comercial’. Aquí ya me quedo varada y no sigo escuchando el anuncio. Al revelar este calificativo, me parece que se entenderá perfectamente por qué acabo de incluir a la Filosofía en el epígrafe de ‘asuntos baladíes’.

El resto de comentarios que podría desarrollar sobre el asunto lo dejo al ingenio del posible lector. Así como dejo a su capacidad de análisis reflexiones acerca de cómo se degradan las cosas más nobles con el paso del tiempo. No me siento en este momento con ánimo para desarrollar este último asunto, que lo es y de largo aliento, porque hace mucho calor ya que aún estamos en verano.