Archivo por meses: octubre 2018

Qué poco vale la vida de algunos

Un señor entra en un edificio oficial y sale, al parecer, troceado. Unos miran de lado, otros sueltan mutantes excusas y otros ‘lamentan el suceso’. Mientras esto ocurre en un lado del mundo, en otro se organiza una caravana de miles de personas que atraviesan ríos, montes y quebradas, para acercarse al sueño de una vida mejor o al menos escapar de una vida más bien mala.

No importa si mueren por el camino. En su tierra no tenían mucha esperanza de sobrevivir. Pero hay quienes les dicen que regresen a sus casas, porque no tienen derecho a  aspirar a una vida mejor. Por otra parte, es más cómodo que mueran en sus casas que no en el camino, en donde se va a enterar más gente de su negra suerte.

Saltan otros las alambradas y alguno muere en el intento. Nadie se para a pensar en la cantidad de sufrimiento que se ha derrochado hasta llegar allí, para luego morir de cualquier manera. El parte dice: parada cardiorrespiratoria. ¡Cómo si hubiera otra forma de morir! nadie que respire y le palpite el corazón está del todo muerto.

Pero si estas muertes, que no tienen más causa que el egoísmo colectivo y la indiferencia, son malas, la primera a la que me refería, esa depende sólo de una voluntad. De la de alguien que considera que es dueño y señor de la vida de otro ser humano. Si no procede de una voluntad única, sino más bien de la de un subalterno; ‘estricto cumplidor con su jefe’, es todavía peor. Alguien que se ha deshecho de su conciencia y la ha sustituido por la orden de su superior y llevado por el ‘exceso de celo’ se ha excedido en el empleo de la fuerza, causando la muerte de otro ser humano.

A dónde hemos llegado que estas cosas pasan y no son más que anécdotas en los noticiarios. Con lo difícil que es ser civilizado, el esfuerzo que exige no dejarse llevar por la fuerza bruta, el ejercicio del poder o los instintos más básicos. Todo aquello que significa la ‘virtus’ es decir, el dominio de uno mismo y de sus pasiones; eso es ser civilizado y lo estamos perdiendo a marchas forzadas, sin beneficio para nadie, además.

Despedida del verano

Como otros veranos, hemos celebrado el fin de año a mediados de septiembre. No es que adelantemos el calendario, sino que nos despedimos así de las vacaciones de verano que son tan agradables.

Como siempre nos hemos despedido con una comida y muchas risas y en el marco de la celebración de los Majos del Miño. Este año, por unanimidad, hemos quedado designados Majos a perpetuidad nosotros. Realmente se había agotado un ciclo y era volver a repetir y empezar por el principio. De todos modos, nos sentimos muy halagados porque, siendo los últimos llegados a esta comunidad de vecinos y amigos, hemos sido muy bien acogidos y nos sentimos muy orgullosos de haber sido los últimos Majos y quedar un poco como Majos eméritos, para los restos.

La tarea de los Majos consiste fundamentalmente en propiciar encuentros durante el otoño, el invierno y la primavera con el fin de mantener vivo el espíritu que nos alienta en el verano. Así que nos comprometemos solemnemente a que esta buena costumbre se convierta en tradición y se mantenga a través de los años. Tal como acordamos en el mes de noviembre y en fecha por acordar esperamos poder juntarnos en Orihuela, en honor de la primera pareja de Majos; Isabel y Manolo.

Aqui va el testimonio gráfico del encuentro de cierre del verano de 2018.

Las chicas haciendo el tonto

Todos en la escalera, para que los bajitos parezcan altos

El equipo