Archivo por meses: mayo 2019

La identidad de las mujeres

El viernes pasado, en el diario El País aparecía un artículo de opinión firmado por Eva Borreguero, experta en asuntos políticos y profesora en la UCM. No conozco personalmente a esta investigadora y analista política y no creo que ella sepa nada de mí, aunque su artículo se titulaba Mujeres del Isis, verdades incómodas. El tema que abordaba, con acierto,  ya lo he tratado yo en muchos de mis escritos sobre la mujer y el islam. Lo he hecho desde perspectivas diversas; literatura, política, religión, historia y alguna más,  llegando a la misma conclusión de la señora Borreguero: es una cuestión de identidad el hecho de que una mujer se adhiera a algo como el Isis, y yo añadiría, es algo que tiene que ver con el empoderamiento femenino y su participación en el espacio público.

Esto, como digo, lo he dicho ya en múltiples ocasiones y por eso creo que esta Profesora no me ha leído, lo cual no es de extrañar; muchas veces el conocimiento se encierra en compartimentos estancos o padecemos el prejuicio que consiste en creer que si alguien habla desde un enfoque filológico, pongamos, sus conclusiones nada tienen que ver con la política o al contrario. De todos modos he de decir que me conforta ver que investigadores más jóvenes se esfuerzan en entender lo que parece incomprensible y llegan a conclusiones semejantes a las que yo llegué en su día. Caminamos en la buena senda, pues.

Pero lo que me mueve ahora a hablar de estos asuntos no es reivindicar mi derecho sobre un ‘análisis brillante’ de la realidad y reclamar derechos de autoría. No. Me mueve a comentar este asunto la perplejidad que me produce hallarme con mujeres españolas, inteligentes, bien formadas, de clases acomodadas que se adhieren y defienden discursos de ultraderecha que son, precisamente, aquellos que niegan el espacio a la mujer, que niegan los derechos de la mujer en asuntos bien sensibles y que no han de ser tratados a la ligera o que si la colocan en sus filas, me da la impresión de que lo hacen para mostrar que hasta las mujeres están de acuerdo con su lenguaje machista y retrógrado. Es decir, las están utilizando de manera descarada.

Pues bien, en esta campaña electoral cada día me encuentro con alguna de estas mujeres que ha tomado partido por esa posición que, claramente al menos para mí, va en contra no sólo de sus derechos sino de sus intereses más básicos.

Creo, sinceramente, que en esta sociedad en la que se diluyen los valores, en la que la conciencia personal se vuelve realmente el último o único referente de nuestros actos y pensamientos (y eso es algo muy agobiante y opresivo), hay una necesidad de tener referentes , sean los que sean, que nos doten de una identidad definida y nos coloquen en el espacio público apareciendo bien diferenciadas de la masa: No hay mejor definición que la de un burka para ocupar un lugar ‘diferente’ en medio de la masa que viste de color o a cara descubierta.

Es casi tan provocador como desnudarse en un lugar público o significativo. Las mujeres que se adhieren a movimientos de derecha radical también están haciendo la revolución feminista; desde mi punto de vista, por la vía equivocada. Pero se están dando a ver en una sociedad que, no nos engañemos, considera a las mujeres como ciudadanos de segunda clase, aunque intenta disimular que ese sea su planteamiento y donde, por desgracia, aún hay muchas mujeres que favorecen que esos clichés de la ‘tontita’, solo buena para peinarse, se perpetúen.

Esta historia me trae a la memoria un caso sobre el que aún no he reflexionado lo suficiente pero que creo que puedo ya enunciar. Resulta que en Guatemala, donde saben muchos de los que leen esto, hemos estado apoyando a una señorita que gracias a ese apoyo y tras muchos avatares ha conseguido no solo graduarse de enfermera, sino que ha logrado un puesto oficial en una institución sanitaria con una remuneración con la que sueña el 90% de la población guatemalteca (hombres y mujeres). Esta señorita quedó embarazada de un novio que tenía y que se dio a la fuga en cuanto supo de la responsabilidad que se le venía encima (cosa que allí hace un alto porcentaje de varones). En la situación privilegiada de la enfermera, con la tan ansiada independencia económica, se entiende mal que, cuando se ha consolidado su situación profesional, el padre a la fuga haya regresado y le haya pedido vivir juntos. Dicho sea de paso, él tiene un empleo muy inferior, cuando consigue trabajo que no es siempre.

Esta muchacha a la que yo aprecio, pues la conozco desde que era casi una niña, me hablaba con cierto desprecio de su pareja, como alguien que depende de ella y se sitúa en un nivel inferior. Al principio no noté la forma sarcástica y despectiva porque el acento guatemalteco enmascara mucho estos matices para mi oído acostumbrado al español de España, pero al fijarme en ello, me di cuenta incluso de que lo consideraba como a alguien provisional y, por supuesto, no tenía ningún interés en formalizar su situación con él, a pesar de la insistencia del muchacho y de su familia. Creo que voy entendiendo lo que pasa en esta pareja o, más bien, lo que ella hace: Por un lado, al tener a un hombre a su lado, que además es el padre de su hija, esta muchacha legitima su estatus en la sociedad en la que vive, pero al mismo tiempo es consciente de que él es un parásito y al hablar despectivamente de él, lo pone en el lugar que le corresponde, afirmando su propia identidad. Qué difícil es todo en las relaciones interpersonales, cuando una parte no tiene clara su identidad.

Este ejemplo me ha venido pues a la cabeza porque es bastante evidente: No tiene nada que ver una opción de vida retrógrada con la falta de formación o con pertenecer a un nivel de vida deprimido. No. Tiene que ver con una identidad mal construida y necesitada de visibilidad. Es igual que aquello de que hablen mal de mí, pero que hablen. Lo que apunta  a una autoestima deficiente, favorecida por un entorno que en cuanto puede la rebaja aún más.

Gracias a la señora Borreguero he entendido algo que yo ya sabía.

Una tarde de política provechosa

Ayer, día 13 de mayo, acudí a uno de los espacios culturales que funcionan en esta ciudad de Murcia con las más variadas ofertas.

En el día de referencia, se trataba de la presentación de un libro; Una historia de aquí. Crónica política. 2014-2019 de Manuel Ponce Sánchez, editado por la Fea Burguesía, editora murciana que está llevando a cabo una más que digna labor de difusión de lo que se cuece en las letras y el pensamiento murciano actuales y rescatando la obra de autores prominentes del inmediato pasado.

Me envió la invitación mi amigo y editor, Paco Marín. Sea por esto o porque el presentador de la obra era Ramón Luis Valcárcel, ex-presidente de la Región de Murcia, y estos personajes siempre mueven la curiosidad, allá que me fui, quizá con no otra intención que la de estar presente.

Sin embargo, he de decir en honor a la verdad que lo que allí se desarrolló me enganchó. El editor planteó cuestiones interesantes, no digamos el autor del texto que le hizo una entrevista muy atinada al ex-presidente, pero la estrella fue sin duda el señor Valcárcel.

Me sorprendió, dicho sea de paso, que no asistieran en masa representantes del PP , más cuando nos hallamos en periodo electoral y con lo que parece le está lloviendo a ese partido. Pero, curiosamente, allí no había sino familiares y amigos cercanos del presentador del texto y contándonos nosotros no creo que se llegara a las dos decenas de personas. Una pena de verdad.

Como muchos que me conocen saben, yo no me siento cercana a la orientación ideológica del señor Valcárcel, tampoco he vivido en Murcia durante su mandato, bien prolongado por cierto, ni he seguido su trayectoria en las instituciones Europeas en los últimos cinco años, de manera que no tengo más que unos muy leves prejuicios hacia su persona. Por eso considero que su intervención brillante, y no dudo en calificarla así, aunque no compartiera cosas que dijo, fue algo que es lo que yo espero de un político que se pueda llamar tal cosa: Espero que me haga reflexionar, sacar conclusiones y me permita establecer cuáles son mis posiciones respecto a cuestiones políticas de calado.

Por ejemplo, por su declarada europeidad, me empujó a sentir que, efectivamente, lo que sigue siendo de imperiosa actualidad es que todos tengamos una conciencia clara de pertenecer a un continente, que goza de unos valores y unos principios inalienables y que no se dan con tanta claridad y definición en ninguna parte del mundo, aunque haya voces (muy ruidosas, por cierto) que se empeñen en negarlos o ponerlos en cuestión (léase los defensores del Brexit, por ejemplo). Europa es un lugar en donde no existe la pena de muerte, en donde funcionan (con deficiencias posiblemente) las leyes de la democracia, la participación ciudadana y la separación de poderes. No hay dictaduras, no hay manipulaciones y aunque pueda haber intentos, las propias leyes e instituciones se encargan de atajarlos y ponerlos en evidencia.

En Europa nos unen una Historia común, una cultura común, unos intereses económicos comunes, al tiempo que poseemos una gran variedad de identidades que enriquecen el panorama. Siendo mucho lo compartido, es mucho lo diferente y esa realidad nos presenta como un continente rico, vivo y en constante ebullición y progreso.

Otro ejemplo fue su clara opción por una visión global, al tiempo que ‘nacionalista’ por su  pertenencia a una región concreta, a la que sin duda aprecia y ama. Es decir, me planteó definirme como nacionalista, pero al tiempo que me considero ciudadana de Europa y habitante de un espacio más amplio que este continente, por lo que me siento concernida por lo que acontece en cualquier parte del planeta. Por sus afirmaciones, me sentí identificada con mi rechazo a los regionalismos y nacionalismos excluyentes, trasnochados y decimonónicos, que han perdido ese ‘glamour’ romántico que podían tener a finales de 1800.

Los riesgos de la fragmentación, de los populismos y los nacionalismos de miras estrechas, el rechazo a las migraciones, la política de cierre y encastillamiento, todo eso, nos dijo, son cosas rechazables y me di cuenta de cuánta razón tenía, pues me siento identificada con ese discurso de apertura a lo global, a las fronteras permeables, a los mestizajes y las mezclas, a las convivencias con las diferencias. En cualquier caso y dados mis orígenes y mi realidad actual, difícilmente podría yo encastillarme en ningún recinto, considerándolo propio y excluyente.

Cuando acabó la sesión, me atreví a preguntarle qué pensaba acerca de ese movimiento que pretende crear un ejército europeo único y, como si oyera mi propia voz, me respondió: No es conveniente ni oportuno. No creo que se haga. A otra de mis preguntas me contestó: Ojalá se le abran los ojos a mucha gente y se den cuenta de que no podemos estar al albur de lo que ocurre más al occidente de nosotros ni más al oriente de nosotros. Que no se cieguen por los populismos y por las revoluciones radicales. También a mí me pareció que, más que contestando, me estaba diciendo lo que yo pienso y que, además, me causa gran extrañeza; cómo es posible que en un tiempo en que parece más polarizado el mundo en extremos provocadores, no seamos capaces de ofrecer la solución del equilibrio, la democracia, la tolerancia y el sentido común, que son los valores europeos primeros.

Europa está llamada a aportar al mundo un modelo de paz, libertad, prosperidad, contención y sentido de la responsabilidad. Si todos los que abren la boca en los mitines políticos hoy en alza, por aquello de convencer al elector, abogaran por ese modelo, en lugar de azuzar las más bajas pasiones, el revanchismo y el todo vale, probablemente lo tendríamos muy difícil para votar, porque ese modelo sería único.

No crean, los que se atrevan a leerme, que yo tendría, después de oír al señor Valcárcel, la tentación de votar al PP. No. Yo soy una persona leal. Pero creo que el discurso de este señor es un discurso que puedo respetar, agradecer  e incluso apoyar, si se presentara la ocasión. No el tan manido recurso al miedo, la amenaza y la descalificación del contrario.

De manera que gracias al autor por su libro, gracias al editor, por invitarme y gracias especiales al señor Valcárcel por hablar con tanta claridad, aunque yo no compartiera con él más que lo que he dicho, que no es poco.

Un encuentro familiar

Con ocasión de la restauración de este retablo del siglo XV, dedicado a Santa María y todos los Santos, que se halla en la capilla de Gonzalo González de Cañamares de la Catedral de Cuenca y en la que la familia Girón, cuyo escudo figura en la reja, tiene el privilegio de enterramiento, mi cuñada María Isabel tuvo la feliz idea de organizar un encuentro familiar de todos aquellos que descienden de algún Girón. Este encuentro ha tenido lugar el pasado día 4 de mayo.

Con tan fausto motivo, ya que el retablo es una auténtica preciosidad y ha quedado estupendo, ocupando el lugar del altar mayor de la capilla, nos reunimos en Cuenca aproximadamente ochenta descendientes de Girón, contando a las esposas e hijos. Algunos de ellos tienen el apellido como tercero o cuarto, pero aún así siguen teniendo memoria de pertenencia a un mismo árbol genealógico, lo cual es muy bonito en estos tiempos que corren de tanto desarraigo e individualismo.

Tras una misa, celebrada en la Capilla Honda y una oración por los difuntos en la capilla familiar, se reunió la familia a comer en un restaurante cercano al río.

Por la tarde, tras la comida se fue de visita al Convento de la Concepción Francisca del cual mi cuñado (q.e.p.d.), antes mi suegro (q.e.p.d.), y ahora mi sobrino José Joaquín ostentan el patronazgo. Como siempre las religiosas de clausura nos acogieron con gran alegría, escucharon nuestras noticias y se interesaron por nuestras actividades y nos contaron cuáles son sus tareas de cada día y como se ganan la vida encuadernando libros y cosiendo, pues hacen arreglos y transformaciones o confeccionan prendas a demanda.

Nosotros, al día siguiente fuimos a oír misa en el convento y charlamos un rato con las religiosas, firmamos en el libro de visitas y nos hicimos esta foto a demanda de ellas, que son muy cariñosas y alegres. Pasamos un rato sumamente agradable, además cantan muy bien.

Así acabó felizmente nuestra estancia en Cuenca y el encuentro con los parientes. Una feliz idea muy bien organizada. Tres ¡¡¡ hurras!!! por María Isabel, la organizadora.