Archivo por días: 14 mayo, 2019

Una tarde de política provechosa

Ayer, día 13 de mayo, acudí a uno de los espacios culturales que funcionan en esta ciudad de Murcia con las más variadas ofertas.

En el día de referencia, se trataba de la presentación de un libro; Una historia de aquí. Crónica política. 2014-2019 de Manuel Ponce Sánchez, editado por la Fea Burguesía, editora murciana que está llevando a cabo una más que digna labor de difusión de lo que se cuece en las letras y el pensamiento murciano actuales y rescatando la obra de autores prominentes del inmediato pasado.

Me envió la invitación mi amigo y editor, Paco Marín. Sea por esto o porque el presentador de la obra era Ramón Luis Valcárcel, ex-presidente de la Región de Murcia, y estos personajes siempre mueven la curiosidad, allá que me fui, quizá con no otra intención que la de estar presente.

Sin embargo, he de decir en honor a la verdad que lo que allí se desarrolló me enganchó. El editor planteó cuestiones interesantes, no digamos el autor del texto que le hizo una entrevista muy atinada al ex-presidente, pero la estrella fue sin duda el señor Valcárcel.

Me sorprendió, dicho sea de paso, que no asistieran en masa representantes del PP , más cuando nos hallamos en periodo electoral y con lo que parece le está lloviendo a ese partido. Pero, curiosamente, allí no había sino familiares y amigos cercanos del presentador del texto y contándonos nosotros no creo que se llegara a las dos decenas de personas. Una pena de verdad.

Como muchos que me conocen saben, yo no me siento cercana a la orientación ideológica del señor Valcárcel, tampoco he vivido en Murcia durante su mandato, bien prolongado por cierto, ni he seguido su trayectoria en las instituciones Europeas en los últimos cinco años, de manera que no tengo más que unos muy leves prejuicios hacia su persona. Por eso considero que su intervención brillante, y no dudo en calificarla así, aunque no compartiera cosas que dijo, fue algo que es lo que yo espero de un político que se pueda llamar tal cosa: Espero que me haga reflexionar, sacar conclusiones y me permita establecer cuáles son mis posiciones respecto a cuestiones políticas de calado.

Por ejemplo, por su declarada europeidad, me empujó a sentir que, efectivamente, lo que sigue siendo de imperiosa actualidad es que todos tengamos una conciencia clara de pertenecer a un continente, que goza de unos valores y unos principios inalienables y que no se dan con tanta claridad y definición en ninguna parte del mundo, aunque haya voces (muy ruidosas, por cierto) que se empeñen en negarlos o ponerlos en cuestión (léase los defensores del Brexit, por ejemplo). Europa es un lugar en donde no existe la pena de muerte, en donde funcionan (con deficiencias posiblemente) las leyes de la democracia, la participación ciudadana y la separación de poderes. No hay dictaduras, no hay manipulaciones y aunque pueda haber intentos, las propias leyes e instituciones se encargan de atajarlos y ponerlos en evidencia.

En Europa nos unen una Historia común, una cultura común, unos intereses económicos comunes, al tiempo que poseemos una gran variedad de identidades que enriquecen el panorama. Siendo mucho lo compartido, es mucho lo diferente y esa realidad nos presenta como un continente rico, vivo y en constante ebullición y progreso.

Otro ejemplo fue su clara opción por una visión global, al tiempo que ‘nacionalista’ por su  pertenencia a una región concreta, a la que sin duda aprecia y ama. Es decir, me planteó definirme como nacionalista, pero al tiempo que me considero ciudadana de Europa y habitante de un espacio más amplio que este continente, por lo que me siento concernida por lo que acontece en cualquier parte del planeta. Por sus afirmaciones, me sentí identificada con mi rechazo a los regionalismos y nacionalismos excluyentes, trasnochados y decimonónicos, que han perdido ese ‘glamour’ romántico que podían tener a finales de 1800.

Los riesgos de la fragmentación, de los populismos y los nacionalismos de miras estrechas, el rechazo a las migraciones, la política de cierre y encastillamiento, todo eso, nos dijo, son cosas rechazables y me di cuenta de cuánta razón tenía, pues me siento identificada con ese discurso de apertura a lo global, a las fronteras permeables, a los mestizajes y las mezclas, a las convivencias con las diferencias. En cualquier caso y dados mis orígenes y mi realidad actual, difícilmente podría yo encastillarme en ningún recinto, considerándolo propio y excluyente.

Cuando acabó la sesión, me atreví a preguntarle qué pensaba acerca de ese movimiento que pretende crear un ejército europeo único y, como si oyera mi propia voz, me respondió: No es conveniente ni oportuno. No creo que se haga. A otra de mis preguntas me contestó: Ojalá se le abran los ojos a mucha gente y se den cuenta de que no podemos estar al albur de lo que ocurre más al occidente de nosotros ni más al oriente de nosotros. Que no se cieguen por los populismos y por las revoluciones radicales. También a mí me pareció que, más que contestando, me estaba diciendo lo que yo pienso y que, además, me causa gran extrañeza; cómo es posible que en un tiempo en que parece más polarizado el mundo en extremos provocadores, no seamos capaces de ofrecer la solución del equilibrio, la democracia, la tolerancia y el sentido común, que son los valores europeos primeros.

Europa está llamada a aportar al mundo un modelo de paz, libertad, prosperidad, contención y sentido de la responsabilidad. Si todos los que abren la boca en los mitines políticos hoy en alza, por aquello de convencer al elector, abogaran por ese modelo, en lugar de azuzar las más bajas pasiones, el revanchismo y el todo vale, probablemente lo tendríamos muy difícil para votar, porque ese modelo sería único.

No crean, los que se atrevan a leerme, que yo tendría, después de oír al señor Valcárcel, la tentación de votar al PP. No. Yo soy una persona leal. Pero creo que el discurso de este señor es un discurso que puedo respetar, agradecer  e incluso apoyar, si se presentara la ocasión. No el tan manido recurso al miedo, la amenaza y la descalificación del contrario.

De manera que gracias al autor por su libro, gracias al editor, por invitarme y gracias especiales al señor Valcárcel por hablar con tanta claridad, aunque yo no compartiera con él más que lo que he dicho, que no es poco.