Archivo por meses: septiembre 2019

Todos extraños en Mérida

El pasado miércoles en Mérida tuvo lugar la presentación de Todos extraños, editada por Tirano Banderas (se puede encontrar en Libros del Sur)

Los responsables de la Asociación cultural La enredadera programaron esta presentación entre sus variadas actividades de difusión de la cultura, el pensamiento crítico, la solidaridad y el compromiso social. Gente joven entusiasta que quiere dar vida y movimiento al espacio cultural de la bella ciudad de Mérida, proponiendo un nuevo lugar abierto al debate, la curiosidad y el encuentro.

La presentación de los participantes la hizo Montserrat Girón quien señaló algunas de las características del libro e hizo una glosa acerca de la autora y de Eladio Méndez, poeta, el presentador y crítico de la obra, quien con su sensibilidad y buen hacer dijo una serie de cosas verdaderamente interesantes y que se incluyen aquí.

Antes de escuchar las palabras de Eladio Méndez, se proyecto un precioso video, elaborado por Francisco Cánovas Almagro, el muy conocido pintor murciano que, generosamente, se había ofrecido a hacer una interpretación en imágenes de la novela. Como era de esperar el resultado final es de una finura exquisita, tanto en la música como en la imagen y sumamente sugerente. Los asistentes que aún no habían leído la novela ni sabían siquiera cuál era su contenido de manera aproximada, tras oír a Eladio Méndez volvieron a ver el video completo y, entonces, pudieron darse cuenta de la hondura y acierto de sus imágenes y de la composición.

He aqui el texto de Eladio Méndez:

Todos extraños. Es una novela híbrida, donde la autora nos muestra a su familia describiendo y conjugando con sutil maestría la narración histórica con la más verosímil de las leyendas.

Aunque el hilo conductor de la novela es la evocación de su propia familia, no es menos importante el recorrido que la autora hace en paralelo sobre la cultura árabe y la historia de la España más sencilla, que abarca casi un siglo.

Historias cotidianas, sí, ese tipo de historias que pasan inadvertidas para los eruditos analistas y que sucumbirían irremediablemente en el anaquel del olvido si no fuesen contadas por este tipo de heroínas anónimas (como es el caso) empeñadas en haceros saber que dentro de la historia subyacen infinidad de pequeñas historias y no por ello menos trascendentes parael común de los mortales.

La novela está constituida en cuatro núcleos estructurales:

Por un lado la autora nos narra las vicisitudes de la rama materna de la familia, en la que por diversos motivos se ven abocados a un exilio interior para salvar la vida el cabeza de familia (abuelo de la autora) un hombre luchador, hecho a sí mismo y que allá por los años veinte del siglo pasado regentaba en Barcelona un almacén de leña, que compar¡tibilizaba con otros negocios, entre ellos el desguace de barcos, la venta de chatarra y el poseer una báscula para la pesa de mercancías, circunstancias estas que lo pusieron en la mura de los revolucionarios más extremos que en el primer cuarto del siglo pasado pululaban por Barcelona.

Un itinerario en Barco como puede ser el de Barcelona a ceuta y que hoy nos parecería una travesía anodina y carente de interés sobre todo para los autóctonos del levante español, la autora nos lo muestra a través de los ojos de a infancia de sus antepasados y en apenas un par de páginas como una verdadera aventura por países exóticos. Las escalas en Valencia, Cartagena y Málaga antes de arribar a Ceuta bien podrían haber sido en las Antillas, el Caribe o las Filipinas.

Cuando habla de su abuela, nos advierte la autora sobre sus dudas entre lo que puede ser historia o simplemente una leyenda familiar, por eso creo que acertadamente enlaza con soltura historia y ficción, mezclando ambos conceptos para conseguir un halo de intriga y romanticismo logrando que el lector no sea capaz de discernir con seguridad cuando comienza y termina realidad y ficción.

El segundo núcleo de la novela lo conforma la biografía de su padre y utilizando la autora el mismo criterio que anteriormente esgrimió con su abuela, nos describe las circunstancias en las que su padre emigra desde su aldea natal situada en el interior del Líbano hasta Ceuta, al valerse la autora indistintamente de realidad y leyenda consigue mantener en el punto más alto la atención del lector.

En el tercer apartado la autora nos va desgranando la vida en común de la ya familia Diab-Carles, con todos los acontecimientos en los que se vieron envueltos mientras residían en la ciudad de Ceuta y que ocupaban desde la génesis de los nuevos negocios familiares hasta su marcada neutralidad en el conflicto fratricida  que fue la guerra civil.

Culmina la autora el cuarto núcleo de la novela con una autobiografía narrada en tercera persona, donde además de describirnos las peripecias y traumas normales que todo niño de una u otra manera arrastra como bagaje hacia la madurez, nos muestra como ajena a los circunloquios y entresijos de los mayores va perdiendo la candidez de su infancia más tierna, y asumiendo esos cambios, acepta con naturalidad que lo que antes podría ser una selva donde vivir innumerables aventuras, ahora era solo un balcón con macetas donde había muerto un pajarillo enjaulado y había desaparecido la tortuga, o el descubrimiento de quienes eran en realidad los Reyes Magos, estas circunstancias sin ella saberlo iban moldeando su carácter e introduciéndola en la madurez.

Es honesta la autora con ella y con sus lectores, ni se engaña ni pretende engañarnos, no es su intención ensalzar las proezas heroicas de sus antepasados (aunqueseguro que alguna habría) sino ser objetiva a la hora de enfrentarse a unos hechos que vienen siendo transmitidos oralmente de generación en generación, ya que en varias ocasiones asevera que «lo que ocurre en el seno de una familia, a lo largo de tres o cuatro generaciones, debe ser necesariamente entendido como una gran ficción». Y así, con sutileza lo desliza a través de las páginas de este libro (Eladio Méndez, 25 de septiembre de 2019, Mérida)

Tras las palabras de Eladio, la autora hizo un breve comentario acerca de cuáles habían sido sus objetivos para escribir esta novela, sus perplejidades y la cantidad de ficción que necesariamente tuvo que colarse en la narración para hacerla verosímil, de manera que lo que eran recuerdos o leyendas familiares se convirtiera en una gran estructura literaria que diera cuenta de la vida de unos personajes, en medio de determinadas circunstancias históricas. Las dos grandes guerras, la guerra civil, la emigración, la mezcla de culturas y las vidas comunes se entrelazan componiendo un cuadro que pueda resultar convincente y veraz al lector.

Tras esta intervención hubo un pequeño coloquio y, finalmente, se volvió a proyectar el precioso video de Almagro que, desgraciadamente, este formato no permite colgar para que todos los que leéis estas líneas lo disfrutéis. Pero, sin duda, lo podréis ver si asistís a la presentación en Caravaca, el día 10 de octubre, o en Murcia, cuya fecha se anunciará oportunamente.

Gracias a Eladio, a Almagro, a Montse Giron y los responsables de La Enredadera. Fue agradable compartir ese rato con todos vosotros y bebernos unas cerveza en compañía. Mucho éxito a vuestra labor cultural.

 

Vecinos y, sin embargo, amigos

Como cada año, cuando llega el mes de septiembre celebramos en la ‘urba’ de la playa, alias el Miño,  la despedida del año. El fin de año playero, se entiende.

La tradición, mantenida a lo largo de más de treinta años y de la que nosotros participamos gracias a la generosidad de los veteranos desde hace unos veinte, consiste -cómo no- en quedar a comer, más bien cenar, tocar las doce campanadas a la hora correspondiente, tocadas con una mano de mortero y una olla,  y comerse las doce uvas para iniciar un nuevo año en el que, si llegamos hasta el verano siguiente, nos volveremos a encontrar. Esta cena solía componerse a base de los platillos que cada cual aportaba.

El paso del tiempo, sin embargo, ha introducido ligeras variantes. Da mucha pereza ponerse a guisar, de manera que buscamos un restaurante en algún sitio y allá que nos vamos a que nos echen de comer. Generalmente la cosa sale muy bien, porque en todas partes en esta zona se come bien por precio módico. La juerga ya la ponemos nosotros. Como estamos en un lugar público, ya no nos atrevemos a llevar el caldero y la mano de mortero y tocar las campanadas. Tampoco se comen las uvas y una de las asistentes, que vive en Orihuela, ya no trae dulces navideños típicos de ese lugar.

Esta misma amiga comentaba, precisamente el viernes pasado en que tuvo lugar  la cena de fin de año, que esto ya no era lo mismo, que ya no nos divertíamos como antes. Como si de un conjuro se tratara, a partir de ese mismo instante no dejamos de reírnos a mandíbula batiente por las salidas ingeniosas de unos y otros, por alguna de esas cosas graciosas que te hacen soltar la carcajada y, luego, cuando intentas contarlo, quién sabe por qué han perdido la gracia.

Tras la cena que fue esplendida y asequible, nos fuimos a un nuevo lugar de ocio y copas, en el que aún a riesgo de salir volando, porque soplaba un levante poderoso y eso esta casi a la orilla de las dunas, nos tomamos unas ricas copas, hicimos el tonto como convenía a la ocasión, sin importarnos nada lo que opinaran los de alrededor y disfrutamos de un camarero que era una computadora. No solo fue capaz de repetir lo que cada cual había pedido y no éramos pocos, sino que supo a quién debía darle cada cosa. Un hacha, el muchacho.

En fin, una vez mas fue una noche agradable, sin nada especial, pero sí cargada de afecto, de risas y de aprecio mutuo. Es hermoso llegar nuevo a un lugar, aunque ya haga veinte años, y que te acojan como si fueras de la familia, cuando a los residentes les unían ya muchos lazos; unos de familia real, otros de vecindad y amistad desde la infancia. Dice mucho y bueno de los que acogen y obliga a los acogidos a ser agradecidos y a  tener en consideración que, además de vecinos ocasionales, solo del verano, son todos amigos a los que se aprecia y se valora.

Gracias por una velada tan agradable y divertida. Es muy de agradecer que te hagan reír, en este tiempo en que a donde mires no ves cosas agradables. Gracias por acogernos y querernos. Sois totalmente correspondidos.

Ah, se me olvidaba. Los unicornios. Se me ocurrió, porque así lo sentía, lamentar el desprecio generalizado que supone al mito de la joven virgen y los unicornios, el que hayan convertido a estos animales fabulosos en un flotador de proporciones monumentales, que los hayan convertido en toda clase de adornos cursis para habitaciones infantiles. Gracias a Dios, un levante fuerte se los llevó de la playa y pude descansar de mi enojo. Como el día 3 de septiembre cumplí años, estos amigos, de los que hablaba, tuvieron la genial idea de comprar un unicornio como regalo de cumpleaños. Menos mal que una voz sensata lo impidió, y le quedo eternamente agradecida. Pero, quien tuvo la genial idea me inundó el ‘guasa’ de unicornios y creo que merece que los recoja aquí, para que sepa que no le guardo rencor, a pesar de todo.

Bueno, un año más y un fin de año más; todos con salud y alegría, a vivir hasta el año próximo.