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Felices veinte

Parece que fue ayer cuando las mujeres se acortaron las faldas y se peinaron como hombres, a la garçon. Pero han pasado cien años e iniciamos la década de los veinte del siglo XXI. Sin embargo, cada vez están más presentes, de manera necesaria, las feministas y otras que no lo son de manera declarada, reivindicando su derecho a la igualdad de trato, al respeto, a la dignidad de seres humanos. Cien años  y repitiendo los mismos mensajes como si el mundo no hubiera dado ninguna vuelta sobre sí mismo.

Si miramos hacia otro lado, resulta que las Naciones Unidas, siguen reuniéndose y votando resoluciones que casi nadie acata. Se recomienda contención en el desarrollismo salvaje que se carga la Naturaleza y todavía hay quienes no se preocupan del daño que causan, simplemente por incrementar sus beneficios o por simple comodidad.

Si volvemos la mirada hacia otro de los rumbos, allí están los poderosos de la Tierra haciendo lo de siempre; amenazar con la fuerza a aquellos que se resisten a su dominio e intereses. Yo quiero ser más que tú, se gritan unos a otros. Yo quiero estar solo porque solo soy más fuerte y tengo más importancia. ¡Necios!

Un rumbo más allá, nos peleamos por vender más, por consumir más, por usar y tirar y despreciamos olímpicamente a los pobres, a los que no pueden consumir, a los que solo quisieran tener la seguridad de un techo, de una comida caliente, de un trapo con el que cubrirse. Tenemos la desfachatez de decir en público que esos hambrientos y harapientos, que apenas se sostienen en pie, son gente peligrosa, que nos quitan lo que tenemos, que contaminan nuestros hábitos y nuestro habitat. ¡Estúpidos!

Seguimos encubriendo crímenes, escapamos de la cárcel por los pelos, después de haber robado durante años a manos llenas. No respetamos a las instituciones, nos importa un pito la necesidad y la tranquilidad de los antes llamados súbditos y ahora, quién sabe con qué aviesa intención, llamados ciudadanos. Posiblemente con la de cargar sobre ellos la culpa de los desastres y de la incuria de los que se arrogan el derecho a dirigir a los demás. ¡Insensatos!

En fin, derribamos estatuas, como ya hacían hace cinco mil años los asirios o los egipcios de aquellos vetustos imperios. Pero al menos ellos hicieron avanzar el mundo, por algo los llamamos la cuna de la civilización. Oh, se me olvidaba… Nosotros somos el siglo de la Tecnología que, de momento y en buena medida, solo sirve para que unos cuantos poderosos espíen a todos los ciudadanos y sepan donde están a cada instante, cuáles son sus hábitos de todo tipo y así poder manipularlos a su antojo. También proveen de medios para que millones de insensatos escriban sus eslóganes o cuenten las chorradas que se derraman de sus cerebros a cada momento, sin medir las consecuencias de sus burlas, escarnios o insensateces.  ¡Qué gran avance!

En fin, dudo de que, en el futuro, los historiadores puedan llamar a estos veinte, los segundos felices veinte. Aquellos no lo fueron tanto; solo un paréntesis entre una mortífera guerra y otra aún más insensata (si es que alguna vez hubo una guerra sensata). Pero aquellos produjeron libertades, arte y cultura, alegría de vivir y de explorar el mundo. Ojalá aprendiéramos de la historia y no repitiéramos hasta el aburrimiento las mismas miserias.

Deseo a todos unos felices veinte de verdad en que seamos más humanos, en que cultivemos más el espíritu, en que seamos más solidarios, más capaces de ponernos en el lugar del otro, en el que hagamos silencio y reflexión con más frecuencia, en que seamos conscientes de la hermosura del mundo y de nuestro deber de mantenerlo bello y equilibrado, que seamos confiados y veamos en los demás lo que vemos al mirarnos en el espejo cada mañana.

Persigamos la felicidad con ahínco. Persigamos la paz y la concordia con tesón y el agradecimiento por lo que hemos recibido de la Naturaleza, de Dios, del azar o de lo que sea, pero demos las gracias por ello, porque no merecemos nada y se nos da todo. Empezando por la vida.

Ánimo, si somos perseverantes, se dirá dentro de cien años que estos fueron los verdaderos felices veinte.