Miércoles Santo y un intenso Jueves Santo

El miércoles fuimos de recados por la mañana y por la tarde tuvimos la celebración de la Pascua Judía. Fue un día cansado porque hacía mucho calor y nos pasamos la tarde cocinando la Hna Marta y yo. El jaroset fue una mezcla de manzana y crema de maní, muy poco parecida a la mezcla de manzana, almendra y dátil, pero el colorcillo recordaba muy bien a los ladrillos que el pueblo de Israel hacía en Egipto. Esa celebración es muy bonita y quedó bien, finalmente. Los niños leyeron su parte con gran soltura y nos juntamos unas veintitrés personas, contando a las hermanas y a nosotros dos. Rabí Luis dirigió la cosa con gran propiedad.

El Jueves Santo fue un día intenso. A Luis le encomendaron la prédica en una de las comunidades, Cuje, a mí me queda la de Viernes Santo. Fuimos a repartirnos por las diversas comunidades: La hna. Inés en Sto. Domingo, la Hna. Marta en Sabana Grande, la Hnas Marta (Corrales) en Verapaz y luego la hna Marlene en Cayantú y Luis y yo a Cuje.

El camino que seguimos desde Verapaz hasta Cayantú no es el que baja a la carretera y luego sube, sino que nos fuimos a través del monte, por una trocha que algo más arriba de Verapaz se pone imposible. Así que nos traqueteamos bastante y llegamos con los huesos molidos a Cayantú. Luego, nos dejaron solos y Luis y yo subimos con el carro hasta Cuje, un poco con la sensación de estar perdidos porque a derecha e izquierda salen otras trochas y teníamos la sensación de no haber cogido la buena. Finalmente habíamos acertado y llegamos con bien. La celebración de la Palabra y del Lavatorio de los pies, representado, estuvo muy bien y el coro se esmeró cantando con sones de mariachi; es decir los típicos valsecitos que a mí, particularmente, me encantan. Fue una bonita celebración. El predicador estuvo inspirado, aunque el llanto de varios infantes berreones  a ratos lo despistaba un poco. En ir, venir, recoger hermanas y demás se nos pasaron buenas cuatro horas.

A eso de las cinco y media estábamos de regreso en Totogalpa, bien traqueteados, sudados y cansados, amén de polvorientos. Ni pensar en darse ducha, que no hay casi agua y con suerte lo conseguimos por la mañana.

A las ocho de la tarde, hora de aquí, allí las tres de la mañana, teníamos la misma celebración, pero con eucaristía. Esperamos al padrecito (este ordenado) algo más de veinte minutos. Contando con que uno va con anticipación a coger sitio, la cosa duró desde las siete y media hasta las diez de la noche.

Estuvo bien. La homilía dispersa y no había llantos. El coro estupendo, se lo había trabajado en serio y estuvo magnífico. Evelyn, la cito porque es mi amiga, la madre de la menuda mujer de Jerusalem, cantó con verdadera unción y voz hermosa y modulada el salmo. Finalmente y tras todo el ceremonial, se llevó a reservar el Santísimo en el monumento (obsérvese la paloma, cuyo diseño, copiado de un modelo, me correspondió hacer y que remató con gran pericia la Hna. Marta Corrales que es un hacha haciendo estas cosas, pero, en lo que a mí toca, me quedé muy realizada y, aunque sea vanidad, me permito presumir de ello, ya que si no lo digo yo, quién os lo va a contar). En el momento de la adoración se cantó el Tantum ergo que sólo inició el cura, le siguió un seminarista que lo acompañaba y dos grillos más (Luis y yo) Nadie se sabe aquí este canto. No me pareció que las hermanas se lo supieran y desde luego el coro nada. ¡Por Dios! qué ha sido de los latines que se trajeron para acá en tiempos de Colón.

Tras la adoración se preparaba la Procesión del Silencio que iba acompañada de una representación de la Oración en el Huerto y el Prendimiento. A todo esto eran ya casi las once de la noche. Como los Apóstoles, yo no pude velar ni una hora más y me fui a la cama. Justo castigo a mi debilidad, he dormido a trompicones esta noche. estaba tan cansada que me costaba conciliar el sueño y me dolían todos los huesos (cosas de la edad y de los caminos de piedras). Así que Luis sacó unas fotos y asegura que estuvo todo muy propio. Juzgaréis por las imágenes.

Estos días de celebraciones dobles son matadores para el cuerpo, pero casi más para el espíritu. Siempre me ha emocionado y hecho pensar la Semana Santa, pero con doblete, se me queda el alma hecha un guiñapo. Menos mal que resucitaremos dentro de nada. Aunque hoy es el gran día de la ausencia, hasta la puesta del sol de mañana. Los ausentes se hacen más presentes que nunca, aunque sepamos que gozan de la perpetua luz de Dios. El mundo se queda sin Dios y yo recuerdo a mis padres, mis amigos y parientes. No quiero ponerme triste. Además, debo estar serena, que esta tarde a las tres, en los oficios de Viernes, me toca predicar. No os preocupéis, me lo he preparado y aún así, me pongo en manos del Espíritu. Creo que cuando uno se lo prepara, el Espíritu Santo te echa  una mano de mejor grado. (Vaya para algunos que se fían demasiado de la inspiración divina).

Bueno, ahí van, por su orden, las imágenes.

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Jueves Santo en Cuje
Jueves Santo en Cuje

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Reserva en el monumento
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El juicio de Jesús, precedido de la Oración en el Huerto de los Olivos y el Beso de Judas
El juicio de Jesús, precedido de la Oración en el Huerto de los Olivos y el Beso de Judas

 

 

 

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