Cuarta y última crónica Desde la Ciudad Capital 2 de Mayo (glorioso día en Madrid y en Caravaca de la Cruz)

Como no podía ser de otro modo, la larga semana última fue muy intensa. Todo fueron celebraciones, al menos en apariencia. Almorzamos con doña Cati y don Urbano, viejos conocidos que viven en Salcajá. El es tejedor de las célebres telas de jaspe y su mujer es ama de casa. Ambos están muy vinculados al Hogar, en donde prestan servicios de diversa índole y frecuencia. Conocen bien a las muchachas y estaban entre los que se preocupaban por el destino de las egresadas. Juntos comimos una comidita muy rica, con un menú que viene a ser el de las fiestas: Ensaladilla rusa, carne a la brasa acompañada de puré de papa y un postre de frutas con crema y un sirope; pero lo más importante fue escuchar su análisis de las situaciones que todos conocemos y, de alguna manera, confirmar nuestras propias impresiones y análisis.

En la distancia y aunque parezca que la estancia es larga, debemos ser conscientes de que hay muchas cosas que uno no puede objetivar de manera adecuada, así que es conveniente contrastar con otras personas y sobre todo con aborígenes (esto no va con mala idea, me encanta esta palabra) su propia visión de los acontecimientos.

En este mismo sentido fue para nosotros muy productiva la charla con la Directora del Hogar. Estuvimos algo más de dos horas y también nos reafirmó en nuestro análisis de las cosas y en las posibles soluciones de algunos problemas. Creemos que es una mujer inteligente, con mano recia, pero guante blanco y nos parece que puede llevar las cosas adelante, que no son fáciles, con acierto. En cualquier caso, se ha establecido un vínculo sincero y de colaboración y eso es lo que importa. Ninguna empresa humana es perfecta y cuando se trata con material delicado, más fácil es cometer errores y, especialmente, cuando faltan los medios. Una vez más quisiera que os hicierais cargo, los que esto leéis, de que en el Hogar se vive al borde de la subsistencia, con los medios casi por debajo de lo indispensable, de ahí nuestro interés en esta obra. En el fondo, ayudar a estas niñas a que alcancen un nivel de dignidad humana es lo mejor que podemos hacer por ellas, por su futuro y por el de este país tan hermoso y tan complicado.

En medio de estas circunstancias, tuve a bien fastidiarme una rodilla, por si no fuera poco lo del túnel carpiano que me viene dando la lata desde antes de salir de casa, di un mal paso, luego hice un par de excesos de caminar y subir escaleras (al Calvario en Cobán) y se me hinchó la rodilla. Esto me asustó un poco, especialmente pensando en las horitas de avión. Así que me fui a ver al Dr. Gilton (sic) y me dijo que era del cartílago y del ‘deterioro de la edad’ (¡qué cruz!), me dio un antiinflamatorio y ahí voy, mejorando. No puedo hacer pasos de ballet, pero ya no voy arrastrando la pierna.

Otro día fuimos a tomar café con don Marco Vinicio (se llama así, lo juro) y a su esposa, Carolina. Viven cerca del Hogar. El es militar retirado, pero en un país como éste, mejor no preguntarle por su pasado. Ahora está reconvertido en granjero experimental y hace cosas muy interesantes con plantas, flores y todo tipo de cosas, especialmente deshidrata frutas y verduras con un ingenio de su invención y selecciona plantas medicinales con sus diversas aplicaciones. Su mujer cocina para eventos, además; lo que en nuestro pueblo se llama tener un catering (aquí me parece mucho llamarle así).

Esta pareja está también vinculada al Hogar en el asesoramiento de la gestión del invernadero y están verdaderamente volcados en apoyar a las niñas. Con ellos es posible que también se logre alguna ayuda estatal al Hogar. Pero esto está por ver.

El día de mi Santo 27 de abril, la Virgen de Montserrat, me cantaron las niñas Las mañanitas, pero costó que entendieran que celebraba a mi patrona y no el cumpleaños. Fuimos a misa a la catedral y nos encontramos con el señor obispo de presidente (misa de diario, pero ilustrada). El actual obispo de Quetzaltenango es don Mario Molina y es panameño y de una congregación, pero no sé cual. Es un hombre fino y elegante y da la impresión de que nunca ha trabajado con las manos por lo bonitas y cuidadas que las tiene. Aquí casi todo el mundo tiene las manos feas (por qué será).

Luego las hermanas y nosotros fuimos a comer a un restaurante (invitaba yo). Que yo saque mi tarjeta y pague es una cosa que les llama mucho la atención a ellas y a los meseros. Charlamos y lo pasamos bien. Compramos unos pasteles para las güiras y aunque eran dos tartazas, duraron  el tiempo de un suspiro en la cena.

Al día siguiente, después de visitar al Dr. Gilton, fuimos de nuevo a Quetzaltenango a comer con una de las egresadas y la señora que la tiene acogida. Fuimos en bus de los normales, es decir en parrillera, zarandeados y apretujados en unos asientos incómodos, pero fue como ir en el bus turístico, porque como no sabíamos muy bien dónde bajarnos, hicimos casi la ruta completa, dándole a la ciudad toda la vuelta, incluido el Calvario, el Cementerio y algún lugar más. Antes de comer queríamos ir a la Universidad Landívar que es la de los jesuitas porque queríamos buscar un par de libros escritos por padres idem. Pensando en que tendrían una librería, allá que nos fuimos (advierto que yo iba con la pata chula y pensando que en cualquier momento me tendría que sentar en la banqueta (acera) y esperar a los bomberos voluntarios que aquí son como el Samur). Craso error, los jesuitas no tienen librería en esa ciudad, sí en la ciudad capital (¿alguién se acuerda del centralismo? pues eso). Así que sin libros y con la pata a la ‘virulé’.

Pero el esfuerzo mereció la pena. La señora que cuida de Yoselin, la egresada, es una mujer estupenda. Tiene treinta y un años, se casó con catorce, tiene dos hijas de 11 y 9 años. El marido la abandonó y luego tuvo a bien morirse. Ella es cocinera de profesión, pero es inmigrante y no puede arreglarse los papeles porque son caros, unos 500€ al cambio, de manera que sigue ilegal, con lo que en cualquier sitio en que trabaje, la explotan (bueno, esto es estar como en casa). Así que trabaja en lo que sale. A ratos vende manualidades en el mercado, a ratos cose zapatos en casa (a los de Caravaca les traerá recuerdos), a ratos hace de corredor de fincas y a ratos guisa para otra gente. Con eso se mantiene ella, sus dos hijas, seis perros, una amiga que está en condiciones parecidas y de momento, hasta que no gane algo, nuestra egresada. Bien, aquí un sueldo medio ronda los 120€. No haré comentarios, pero si este país no lo levantan mujeres como esta, es que no tiene arreglo. Por eso nuestro interés en que las muchachas se preparen y sepan hacer cosas, las que sean, pero que puedan ser independientes. ¿Dónde están las sufragistas?

Esta comida que os he contado por lo rápido, fue lo mejor de la semana, sin duda. Ver que hay tanta gente buena, acogedora, que vive con lo mínimo y aún acoge a otros, es muy consolador, os lo aseguro y, al menos a mí, me devuelve la confianza en la raza humana y me alienta para seguir teniendo esperanza.

Finalmente y tras estas emociones, llegamos al jueves por la noche, día 30 de abril. Nos dieron una fiestecita de despedida en la que hubo disfraces (incluidas las hermanas, con gran regocijo de las patojas), bailes, juegos, tartas y regalitos para nosotros. Nos reímos mucho y lo pasamos bien. Nos fuimos a la cama sobre-excitados y tardamos en dormirnos. Nos levantamos a las tres y media, recogimos las últimas cosas y nos dispusimos para el viaje a la ciudad capital, acompañados de una de las hermanas, manejando don Julio y con el acompañamiento de su esposa, doña María que es una persona muy agradable, elegante (de huipil y corte) y que sabe mucho de flores. Ibamos medio dormidos, pero fue un viaje agradable. Finalmente, sobre las ocho y media, llegamos a la zona 6 donde las monjas tienen una casa de transeúntes y donde residen las aspirantes a las que teníamos que darles los talleres.

Son cuatro muchachas en el entorno de los veinte años, tres son guatemaltecas y la cuarta de Honduras. Ella nos conocía porque cuando estuvimos en Tegucigalpa, dimos una charla a catequistas y ella estaba presente. Una de las muchachas se llama Mérida y cuando le dije que mi hija vive en una ciudad de España que se llama así se quedó muy sorprendida.

Tras desayunar y descansar como media hora iniciamos el taller de relaciones humanas y estuve dos horitas hablando. Luego almuerzo, descanso y vuelta. Allí Luisito habló sus dos horitas, como un valiente, sobre liturgia. A las ocho de la tarde me fui a dormir y no he amanecido hasta las seis de la mañana. Mientras escribo esto, hago tiempo para el desayuno. Luego vuelta al taller. Tarde libre y domingo. El lunes vuelta al tajo y el martes ¡¡¡ a casa!!!

Esto es todo, amigos.

Cuando tenga un rato y haya reflexionado, os contaré mis impresiones generales, pero puedo adelantar que si el año pasado me volví algo desinflada, por no decir deprimida, este año creo que hemos hecho avances interesantes y prometedores. Estamos satisfechos.

Ingenio para deshidratar vegetales y otras cosas
Ingenio para deshidratar vegetales y otras cosas
En la banqueta, esperando el bus
En la banqueta, esperando el bus
Tecnificación de las hilaturas
Tecnificación de las hilaturas
Altarcito frente a mi puerta, el día de mi santo
Altarcito frente a mi puerta, el día de mi santo
Con las pequeñas
Con las pequeñas
Con las medianas
Con las medianas
Con la comunidad, aunque no parezca
Con la comunidad, aunque no parezca
Con las mayores, que posan bárbaro
Con las mayores, que posan bárbaro
Las aspirantes
Las aspirantes

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